Eso le permitió dejar una amplia discografía: Acuérdate de mi; Adiós, te vas; A la gran muñeca; Al compás del corazón;
OSVALDO PUGLIESE
N
ació el 2 de diciembre de 1905, en la calle Canning 392 (hoy Scalabrini Ortiz), hijo de Adolfo Pugliese y Aurelia Terragno. Siempre recordó que de chico oía hablar del tango, porque su padre, que era flautista, y uno de sus tíos, que tocaba el violín, eran músicos. Empezó a estudiar violín, pero su padre un día le dijo que había muchos violinistas en la familia, y se apareció con un piano vertical alemán. Así pasó a estudiar este instrumentno.En su infancia, siempre volvía enojado del colegio, donde estudió hasta 4° grado, porque sus compañeros le decían ratón, debido a que el guardapolvo, confeccionado por su progenitora, le llegaba hasta los zapatos. El motivo de la longitud de la prenda era, según le decía su madre cuando se quejaba, que como eran una familia humilde le debía durarle todos los años que fuera a la escuela.
La de Osvaldo Pugliese fue la orquesta que más años perduró en el horizonte tanguero. Tocó desde 1939 hasta que falleció, el 25 de julio de 1995, y durante todo ese lapso no dejó un solo día de practicar muchas horas en el piano. Había debutado, a los 14 años, en un trío compuesto por el bandoneonista Domingo Faillac, Alfredo Ferrito en violín y él al piano. De allí en más profundizó sus estudios de música y pasó a integrar el sexteto Vardaro-Pugliese, en el que tocaban Aníbal Troilo, que tenía 16 años y Alfredo Gobbi, que tenía 18, luego de distintas experiencias en otras agrupaciones de la época, primero con Pedro Maffia y luego con Pedro Laurenz.
A los 18 años, en 1924, compuso su obra magistral, el tango Recuerdo, estrenado ese mismo año por Juan Bava en el café Mitre. Para muchos de los músicos de la época no era fácil de tocar, especialmente su variación final. Pugliese lo grabó en más de una oportunidad, incluso en una cantado por Jorge Maciel. Pero la primera, la más recordada y con la que se hizo popular fue en 1949, con Osvaldo Ruggiero como primer bandoneón y Enrique Camerano como primer violín.
En agosto de 1939 se decidió a formar su propia orquesta, con la que creó su propio estilo, que muchos vieron inspirado en el de Julio De Caro, pero con una fuerte influencia de Juan Carlos Cobián y de Agustín Bardi, enriquecido además por una fuerte influencia del folclore pampeano. Debutó el 11 de agosto en el café El Nacional y desde sus inicios nunca abandonó esa forma de tocar, que mantuvo durante más de 60 años.
Esa primera orquesta estaba integrada por Enrique Alessio, Alberto Armengo y Osvaldo Ruggiero en bandoneones, Enrique Camerano, Julio Carrasco, Enrique “El Chino” Tursky en violines, Aniceto Rossi en contrabajo, él al piano, y el cantor era Amadeo Mandarino.
La última vez que tocó fue el 17 de junio de 1995, en La Casa del Tango, en el barrio de Almagro, con Alejandro Prevignano, Walter Castro y Fabio Lapinta en bandoneones, Diego Larandegui, Gabriel Rivas y Marcelo Prieto en violines, Merei
Brain en viola y Juan Angel Bonura en contrabajo, con Abel Córdoba como cantor. Respecto de la decisión de formar su propia orquesta un día dijo: Yo me metí en el tango
porque me gustaba. Después vino la evolución. A medida que aprendía cosas se me ocurrían otras nuevas. Las ensayaba y se las proponía al público. Si el público las aprobaba entonces eso quería decir que yo había interpretado su sensibilidad, sus aspiraciones. Y la idea quedaba. Así se fue formando eso que la gente llamó el estilo Pugliese.
Se la conoció como a la “Orquesta de los compositores”, debido a que prácticamente todos sus integrantes eran autores, de tangos que lograron éxitos que aún hoy son
reconocidos como grandes obras musicales. Tanto era así que Pugliese iniciaba casi todas sus presentaciones en los últimos 15 años de actuación, inclusive en la memorable noche en que tocó en el Teatro Colón, con Arrabal, de José Pascual, uno de sus músicos, porque consideraba que era una obra magistral.
Lamentablemente, otro de sus músicos, Roberto Peppe, murió en un hecho insólito y absurdo. Una noche, terminada su actuación, varios integrantes de la orquesta de Pugliese fueron hasta la Costanera Norte, frente al Aeroparque. Roberto Peppe no tuvo mejor idea que subirse al murallón, y mientras caminaba haciendo equilibrio se resbaló y cayó al Río de la Plata, donde murió ahogado ante la impotencia y desesperación de sus compañeros por salvarlo.
Osvaldo Pugliese tuvo una gran cualidad: supo respetar lo que su público quería, el que no le fallaba cuando tocaba en los bailes, en los cafés o confiterías. Al igual de lo que ocurría con la orquesta de Carlos Di Sarli, eran infaltables los gritos de ¡Al Colón, al Colón¡ Era una correspondencia mutua, entre la orquesta y su público. Decía que siempre tuvo en claro que el tango es una mezcla del tinte ciudadano y lo campero, y que su base hay que buscarla en lo que compusieron Agustín Bardi, Eduardo Arolas y Juan Carlos Cobián, y que la culminación de esa etapa fueron las composiciones de los hermanos De Caro.
Resulta casi imposible no rescatar por su excelente contenido la explicación que dio Osvaldo Pugliese sobre su tango Recuerdo. La idea del tango Recuerdo me nació viajando en el tranvía 96 desde Córdoba y Canning hasta el café La Chancha, que estaba en Córdoba y Godoy Cruz. Tenía 14, 15 años...La segunda parte y el trío se me ocurrió dos o tres años después, cuando vivía en la calle Acevedo. Uno compone un motivo, lo deja, a la larga lo retoma y le da otra vuelta y así va hilando la cosa. Bueno, eso pasó con Recuerdo. Lo completé en 1924. En ese entonces yo estudiaba piano, siete u ocho horas por día. Y después de estudiar me entretenía tocando algunas cositas que eran de mi autoría. A veces mi padre y mi hermano me pedían ‘Tocate el tango ése’. Era Recuerdo, pero todavía no tenía nombre. De repente, mi viejo, que era flautista, se quedó sin trabajo y comenzó a corretear partituras musicales. Un día me propuso editarlo. Yo le contesté: Bueno, agarrátelo ¿para qué lo quiero yo? El viejo lo editó y como yo lo había sugerido, le puso su nombre. Así salieron las primeras partituras. Después se lo llevó a Juan Bava, que era primo de mi mamá y fue Bava quien lo estrenó, con un cuarteto, en el café Mitre, que estaba en Triunvirato y Acevedo. Después yo fui a tocar con Enrique Pollet, a quien le decían “El francesito”, en el café ABC, que todavía existe, en Corrientes y Canning. Ahí hacíamos Recuerdo. Una noche cayó Pedro Laurenz, que era amigo de Pollet, escuchó el tango, le gustó y se lo llevó a Julio De Caro que tocaba con su famoso sexteto en el cine Select Lavalle. Lo grabó en 1927 y, a partir de ese momento, tuvo un gran suceso. A la gente le gustó, sobre todas las cosas, ese diálogo final que hacen los bandoneones. Me preguntan cómo se me ocurrió. ¡Y qué se yo! Se me apareció en la cabeza, en el corazón, y lo escribí. Cuando lo tocaba en casa, mi vieja se acercaba y cuando terminaba me decía despacito ¡Al Colón! ¡Al Colón!. Para aquél entonces, para una persona humilde como mi vieja, como éramos todos nosotros, gente pobre, gente de laburo, llegar al Colón significaba alcanzar la cúspide.
Fue un prolífico autor. Compuso Adiós Bardi, Alaska (shimmy), Allá en el campo, A los artistas plásticos, Amigo camionero, Amorando, Aquella tarde, Ausencia, Barro, Bendita madre (pasodoble), Bicho colorado, Brizna, Carlitos, Cardo y malvón, Casita de barro, Corazoneando, Che, colectivero, De otros tiempos, Don Atilio, El encopao, El frenopático, El Negro Cambambá, El japanga, Entre criollos anda el juego, Figurón, Gauchita, Hermosa japonesita, Judía, Igual que una sombra,
Juventud, La Beba, La biandunga, Llegaste con tus alegrías, La “V” de la victoria, La yumba, Las marionetas, Malandraca, Marino argentino, Marga, Mi mariposa nocturna, Milonguero moderno, Muchachita del amanecer, Navidad, Negracha, Negra, Noche de mayo, No juegues a la guerra, Para Eduardo Arolas, Pichona, Primera categoría, Prenda querida, Porque me llamas, Quiero saber, Recién, Recuerdo, Retoños, Se largó el clásico, Sendero, Sentimental, Una vez.
Lamentablemente, su madre nunca supo que su hijo un día llegó al Colón. Y en la noche memorable, el 24 de diciembre de 1980, en que el sueño de su madre y de sus seguidores, que desde la década de 1940 en los bailes gritaban ¡Al Colón!, se hizo realidad, tocó en el mayor escenario lírico de la Argentina, con Abel Córdoba y Adríán Guida como cantores.
Con su tradicional humildad se dirigió a los asistentes que lo ovacionaba y muy emocionado dijo: Es una noche de público, de una masa popular amante de nuestro género, de nuestro querido género, el tango. Nosotros somos un poroto de la máquina tanguera, un tornillo de esta máquina, nada más, que en algún momento podemos ser útiles, y en otro momento no. El final fue a toda orquesta, con todos los que habían sido sus músicos en otra época.
Cuando para formar el Sexteto Tango se fueron de la orquesta músicos que habían sido puntales, Osvaldo Ruggiero, Víctor Lavallén, Oscar Herrero, Julián Plaza, Emilio Balcarce, y el cantor Jorge Maciel, llegaron en su reemplazo otros grandes, como Daniel Binelli, Arturo Penón, Rodolfo Mederos, Juan José Mossalini, pero con otras ideas, y ya se transformó en un conjunto con un estilo más apiazzollado.
Según Daniel Binelli, cuando le tocó pasar la prueba que le hizo Pugliese tuvo que demostrarle que, aparte de sus condiciones de buen músico, también era arreglador porque a todos les daba lugar como arregladores. A Rodolfo Mederos, el ingreso en esa orquesta le significó volver a ponerme traje, y tener un rigor de orquesta típica, que en ese momento yo lo sentí como un retroceso, pero estaba equivocado, porque años después comprendí que, por lo menos en la parte artística, una de las cosas que mejor me pasaron en mi vida fue haber estado 5 años en la orquesta de Pugliese.
Beba Pugliese, su hija, opinó que, cuando se produjo ese recambio se agarró para el otro lado, con toda la milonga que ya estaba impuesta, pero con una orquesta más sinfónica.
En 1989 se unieron en Holanda con sus ideas, su música y su sonido, Osvaldo Pugliese y Astor Piazzolla, en un concierto que fue memorable. Durante una entrevista que les hicieron en la televisión holandesa en esa oportunidad, Piazzolla confesó que en sus 60 años de músico el orgullo más grande de su vida fue tocar en un concierto junto con esa orquesta, y compartir un escenario con quien consideraba que había sido su maestro. Contó entonces que cuando tocaba con Aníbal Troilo en la década de 1940, durante los intervalos se escapaba del cabaret para ir a ver actuar a Pugliese. Para él, esos eran los más lindos recuerdos de esa parte de su vida, que marcaron una etapa importante, porque toda su música estuvo influída por lo que hizo Osvaldo Pugliese, que con algunas de sus creaciones, como Negracha, La yumba, Malandraca o Recuerdo, rompió con los moldes tradicionales del tango.
Para reafirmar esa idea, dijo que él siempre pensó que lo que hizo Count Basie en el jazz lo hizo Pugliese en el tango, le dio otro sabor. Entonces Pugliese contestó que si él era Count Basie, Piazzolla era Mile Davis, porque siempre se distinguió por ser un muchacho muy inquieto, buscador de nuevas formas. Como ejemplo dijo que si le ponían una Itaka en las manos, barría con todo. .
En toda su trayectoria tuvo solamente cinco primeros bandoneonistas: de 1939 a 1944, Enrique Alessio; de 1945 a 1968, Osvaldo Ruggiero; de 1968 a 1984, Arturo Penón; de 1984 a 1993, Roberto Alvarez, y de 1993 hasta 1995, Alejandro Prevignano. Siempre supo elegir sus cantores, que armonizaban con la orquesta. Así pasaron Mario Dorée, Roberto Beltrán, Amadeo Mandarino, Alberto Amor, Augusto Gauthier, Alberto Lago, Omar Ceballos, Jorge Rubino, Roberto Chanel, Alberto Morán, Jorge Vidal, Jorge Maciel, Juan Carlos Cobos, Carlos Olmedo, Ricardo Medina, Carlos Guido, Miguel Montero, Alfredo Belusi, Eduardo Espinosa, Mario Alonso, Abel Córdoba, Adrián Guida, Nelly Vázquez, Gloria Díaz y María Graña.
Su discografía es más que extensa, en los sellos Odeón, Stentor y Philips: Amiga; Adiós corazón; Ahora no me conocés; Así era ella...muchachos; A los amigos; Arrabal; Almagro; Amurado; Adiós, Bardi; A Evaristo Carriego; A la luz del candil; A Orlando Goñi; Andá que te cure Lola; Amigazo; Antiguo reloj de cobre; A Roberto Pepe; Acquaforte; Arrepentido; A mis compañeros; Alma de bohemio; A los artistas plásticos; Abrazo fraternal; Adión pampa mía; Bien de abajo; Bordoneo; Bronca; Buen amigo; Balada para un loco; Barra querida; Bandó; Barro; Bolero; Boedo; Berretín; Bien milonga; Bien compadre; Baldosa floja; Belusi; Bandoneón arrabalero; Buenos Aires-Tokio; Bien de tango; Cómo aprender a quererte; Carmen; Cardo y malvón; Corazoneando; Consejo de oro; Callao 11; Canción para un niño negro; Contrabajeando; Canaro en París; Caminito soleado; Con voz rebelde; Corchito; Cascabelito; Cachá coraje; Caminito; Canzoneta; Coplas; Canción de rango; Contame una historia; Cabulero; Corrientes y Esmeralda; Cadenas; Cafetin; Camandulaje; Cachá viaje; Cómo se pianta la vida; Cobardía; Cabecitas blancas; Cualquier cosa; Callejera; Corrales viejos; Corrientes bajo cero; Candombe blanco; Catuzo; Chuzas; Charamusca; Chiqué; Che Cristóbal; Dicha pasada; Don Atilio; Demasiado tarde; De vuelta al bulín; Dandy; Desde el alma; Dos ojos tristes; Dejame en paz; De floreo; Dónde estás?; Decencia; Decime Dios dónde estás; Didí; Descorazonado; Don Aniceto; Don Agustín Bardi; Derecho viejo; Dos que se aman; Desvelo; Dos amores; De puro guapo; Desilusión; Desencuentro; De mi ciudad; Desencanto; El tango es una historia; El abrojito; En otros caminos; Es preciso que te vayas; El refrán; El monito; El andariego; El pensamiento; El adiós; Esta noche de luna; El pañuelito; Emancipación; El japanga; El africano; El vino triste; Esta ciudad; El arranque; El sueño del pibe; El encopao; El entrerriano; El día que me quieras; El cielo en las manos; Entrada prohibida; El tobiano; El paladín; El mate amargo; El amanecer; El pescante; El tábano; El remate; El día de tu ausencia; El embrollo; El relámpago; El Marne; El motivo; El día que me quieras; El mareo; El buscapié; En secreto; El poncho del amor; El rodeo; El inquilino; El Negro Cambambá; Entrador; Farolito de mi barrio; Frases; Fuimos; Frente a una copa; Flor de tango; Farol; Festejando; Gallo ciego; Gurisa; Gente de teatro; Gente amiga; Galleguita; Hoguera; Hacelo por la vieja; Hasta el último tren; Hoy al recordarla; Inspiración; Ilusión marina; Imagen campera; Julie; Jamás lo vas a saber; Jueves; La conciencia; Los hermanos; La Beba; La cachila; La última cita; La mascota del barrio; La solita; La yumba; La novia del suburbio; La mentirosa; La tupungatina; La vieja vale más; La abandoné y no sabía; La mariposa; Las tres banderas; La vaquita; La cabrera; La rayuela; La vi llegar; La noche que me esperes; Los largos del pibe; La bordona; La casita de mis viejos; Lágrimas de sangre; La canción de Buenos Aires; La payanca; La cieguita; Las marionetas; La guitarrita; La biandunga; Los mareados; La catrera; La última copa; Lorenzo; La cumparsita; Locura tanguera; Llevame carretero; Llevátelo todo; Llámame; Mi primer gol; Melodía de arrabal; Muchachos comienza la ronda; Muchacha; Marrón y azul; Mala
estampa; Milonga de mi tierra; Malena; Mal de amores; Maleza; Milonguera; Mi fueye rezonga; Marejada; Muchachos, mi último tango; Mi serenata; Milonga del soldado; Mi lamento; Mato y voy; Mentiras; Malandraca; Mirando la lluvia; Manos adoradas; Mala junta; Melenita de oro; Muchachita del amanecer; Muñequita; Mamita; Morena; Malambeao; Mi lejana Buenos Aires; Manón; N.N.; Nochero soy; Nada más que un corazón; Nonino; Ni triste ni solo; No me hablen de ella; Nido gaucho; No me pregunte porqué; No tengo la culpa; Nostálgico; No es más que yo; Negracha; No me escribas; Nobleza de arrabal; No quiero perderte; No juegues a la guerra; Navidad; Norteño; Nueve de Julio; Olivero; Ojos maulas; Ojos tristes; Ojos negros; Olvidao; Orgullo criollo; Pa’la muchacha de 18; Perla fina; Príncipe; Pelele; Pasional; Para dos; Puente Alsina; Pata ancha; Porque no te tengo más; Picaneao; Por qué no has venido; Pa’ la muchachada; Patético; Por pecadora; ¿Porqué?; Pregonera; Porqué canto el tango; Pavadas; Por qué la quise tanto; Por una muñeca; Pa’la guardia; Punto y coma; Para Eduardo Arolas; Puentecito de mi río; Pinta brava; Pastoral; Porque me la nombran; Poema N° 2; Por un cariño; Quinto año; Quiero verte una vez más; Qué solo estoy; Qué te pasa Buenos Aires; Que nunca me falte; Quejumbroso; Quejas de bandoneón; Que pinturita; Qué falta que me hacés; Qué noche; Qué bien te queda; Quien; Remembranzas; Recuerdo; Recién; Raza criolla; Rondando tu esquina; Si sos brujo; San José de Flores; Silueta porteña; Se tiran conmigo; Silencio; Seguime si podés; Sin palabras; Sur; Sentimental y canyengue; Sentencia; Será una noche; Sin lágrimas; Silbar de boyero; Sin gritar; Senda de amor; Si nace chancleta; Si yo pudiera olvidarla; Suipacha; Sueño malevo; Si se calla el cantor; Te quiero como te quiero; Taconeando; Te aconsejo que me olvides; Tu casa ya no está; Tiempo; Tiny; Te estaba esperando; Tortazos; Tu angustia y mi dolor; Toda mi vida; Tú; Te quiero; Testamento de arrabal; Tangueando te quiero; Tiempos viejos; Tierra querida; Tinta roja; Tormento; Un baile a beneficio; Uno; Unión Cívica; Un tropezón; Una lágrima; Un tango para el recuerdo; Universo; Una vez; Un lamento; Vamos tropilla; Volver; Vieja recova; Ventanita de arrabal; Verano porteño; Vayan saliendo; Whisky; Y todavía te quiero; Y no le erré; Y no puedo olvidarte; Yunta de oro; Y con eso dónde voy; Y volvemos a querernos; Y mientes todavía; Yuyo verde; Yo te bendigo; Y no podrás querer; Yo soy del 30; Y sigo esperando; Zorro gris; Zum.