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CINE DE BAJO PRESUPUESTO

In document Engendro -Edición Única (página 34-36)

3.3 CINE INDEPENDIENTE

3.3.2 CINE DE BAJO PRESUPUESTO

A la par del cine independiente, una película de bajo presupuesto se define como aquella que es realizada por directores jóvenes o desconocidos al no contar con un financiamiento por parte de un estudio cinematográfico -ya que nadie se arriesgaría a invertir en un producto de temática delicada o sin potencial de éxito comercial-. En realidad, no hay algo que clasifique con claridad a un filme como una producción de presupuesto limitado, porque mientras una comedia de 20 millones de dólares podría considerarse como un filme de presupuesto medio, una cinta de acción realizada por el mismo dinero sería considerada de bajo presupuesto. Es preciso distinguir esta definición de cine independiente, ya que mientras el cine de bajo presupuesto hace alusión a la cantidad de dinero invertido en una película, el cine independiente se determina por el financiamiento o no de un estudio comercial. Son dos acepciones distintas cuya comprensión cabal ayuda a entender mejor mi propuesta de tesis.

Dentro de los mismos estudios cinematográficos, se apoya constantemente la creación de películas de bajo presupuesto, como un esfuerzo por salirse del molde impuesto por la industria, de ahí que suelan ser producidas con personal no afiliado a los sindicatos de arte. De igual manera, dichas películas no cuentan con la participación de directores o actores reconocidos, y no invierten demasiado dinero en efectos especiales, vestuarios o locaciones. De acuerdo al sitio Film Schools (2009), el cine de bajo presupuesto se enfoca principalmente en contar historias reales y cotidianas que resulten más próximas a la audiencia.

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En lo personal, veo al cine de bajo presupuesto como una gran oportunidad para la democratización definitiva del séptimo arte. Como se observó en el apartado anterior con la historia del cine independiente, el medio en cuestión ha tendido siempre hacia la manipulación y la regulación monopólica de unos cuantos productores. Lo que comenzó con la MPPC en contra de productores independientes y continuó con el sistema de estudios de Hollywood es prueba fehaciente de que, al menos hasta hace unos cuantos años, el cine era un medio elitista porque respondía sólo a unos cuantos grupos sociales de posición relativamente acomodada. Para hacer una película se requería de mucho dinero, de los contactos adecuados, del apoyo de una compañía productora o de cualquier otro negocio afín. Hasta hace apenas unas cuantas décadas, era impensable que alguien pudiera realizar una película en su casa con sus propios recursos, a menos que trabajara en el medio y tuviera acceso al equipo adecuado. El cine de bajo presupuesto en Estados Unidos se nutrió de la Gran Depresión de 1929, porque afectó la concurrencia a las salas de cine y permitió la creación de nuevas formas de expresión (Film Schools, 2009). De esta forma surgieron las películas B, realizadas con muy pocos recursos, en períodos muy breves de filmación y con actores poco conocidos. Al contar con un presupuesto reducido, los directores y productores podían tomar más riesgos y no temieron a la innovación en el tratamiento de temas prohibidos para la sociedad.

En la actualidad, el cine independiente es visto cada vez con mayor respeto, gracias a los festivales de cine, al desarrollo de tecnología cada vez más barata -como la popularización del video de alta definición-, a la facilidad de transmisión de material por Internet y a fenómenos como YouTube y Vimeo, donde muchas personas publican sus videos caseros y generan un seguimiento masivo con un simple clic. En festivales de cine, el cine de bajo presupuesto tiene mejor reputación que las grandes producciones de Hollywood, porque sus historias son más inteligentes, menos prefabricadas y sin una necesidad obligada de generar secuelas y productos alternos.

La creatividad es un factor esencial en el desarrollo de cualquier proyecto de bajo presupuesto. Los realizadores independientes que realizan películas con poco dinero deben ser capaces de adaptar su propuesta a los recursos disponibles, o bien, encontrar maneras alternas -y más baratas- de producir lo que tradicionalmente costaría mucho. Por ejemplo, en una película de terror, en lugar de utilizar costosos efectos especiales para representar la transformación de un hombre lobo -como lo hacen muchas películas hollywoodenses que prefieren los gráficos animados por computadora a los efectos prácticos en el set-, es posible recrear la misma sensación de espanto con un montaje frenético del actor en una habitación en penumbras, agitándose y gritando a la vez que la cámara enfoca ciertas partes de su cuerpo con prótesis caseras hechas a base de látex -que simulen partes del hombre lobo-. La sangre falsa se hace con miel y colorante, la niebla con hielo seco, y las heridas y moretones con maquillaje, algodón, látex y cinta adhesiva. Las opciones son muchas siempre y cuando se tenga imaginación. Para recrear una explosión, por ejemplo, pueden utilizarse miniaturas grabadas al nivel del suelo y en cámara lenta, para que al hacer estallar dicha maqueta con pólvora se vea más grande e impactante de lo que es en realidad. En relación con estas prácticas de cine de bajo presupuesto, explicaré el trabajo de John Cassavetes, considerado el padre del cine independiente, para entender el largo camino que han recorrido las películas de bajo presupuesto hasta convertirse en las aclamadas e innovadoras propuestas que vemos hoy en los festivales de cine.

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