3.3 CINE INDEPENDIENTE
3.3.3 JOHN CASSAVETES
Director, guionista y actor, John Cassavetes es considerado el pionero del cine independiente al haber popularizado el uso de cámaras handheld y de técnicas de estilo del cinéma vérité en sus películas. Como estilo documental de producción cinematográfica, el cinéma vérité combina las técnicas naturalistas con dispositivos fílmicos estilizados de edición y movimientos de cámara, locaciones planeadas, y el uso de la cámara misma para provocar a los sujetos (Enciclopedia Británica, 2011). Su significado en francés es el cine de la verdad, por tomar una postura provocativa con relación a los temas que maneja.
Nacido en 1929 en Nueva York, el caso de Cassavetes es único en muchos sentidos. A pesar de ser conocido principalmente como actor -participó en películas comerciales como “Rosemary’s Baby” y “The Dirty Dozen”-, su verdadero legado se encuentra en la producción independiente. Obsesionado con traer a la pantalla los “pequeños sentimientos” que la sociedad norteamericana intentaba suprimir, el trabajo de Cassavetes hizo énfasis en los actores sobre todos los demás elementos de producción, favoreciendo el análisis de personaje sobre una narrativa tradicional, todo con el propósito de explorar las realidades de la condición humana (The New York Times, 2011). Un pionero del autofinanciamiento y la autodistribución, abrió el camino a otros realizadores para liberarse del control de Hollywood.
La carrera de Cassavetes como director comenzó de manera inesperada. En 1957, durante una entrevista en un programa de radio para promover una de sus películas como actor, anunció públicamente que sentía que dicha película era una decepción y que él podía realizar un mejor trabajo, por lo que al final del programa, invitó a los radioescuchas interesados en una alternativa a las fórmulas hollywoodenses a enviarle un dólar para financiar sus aspiraciones, prometiendo realizar “una película sobre personas” (2011). En los siguientes días, la estación de radio recibió alrededor de dos mil dólares y Cassavetes, sorprendido por el inusitado interés de la audiencia, comenzó la producción de su primera película como director. Con ayuda de algunos alumnos de un taller de actuación que impartía, Cassavetes inició la realización de “Shadows”, una película sin guión ni equipo profesional. A base de prueba y error, el joven realizador completó este proyecto improvisado sobre una familia de músicos negros. La interesante reflexión social en torno al amor y la identidad le valió un premio en el Festival de Venecia y tras alcanzar el éxito y la aceptación de la crítica especializada, consiguió distribución en los cines de Estados Unidos mediante una productora inglesa (2011).
Después del éxito de “Shadows”, Cassavetes fue invitado a trabajar en Hollywood, pero la constante censura y el control del contenido por los altos ejecutivos de los estudios lo llevaron a buscar otras formas de financiamiento alejadas del sistema. En los 60’s, trabajó como actor en diversos proyectos comerciales para reunir dinero para sus propias producciones y fue hasta 1968 en que volvió a dirigir una película: el exitoso largometraje “Faces”, protagonizado por su esposa, Gena Rowlands. Un drama filmado en el estilo de cinéma vérité, “Faces” fue nominado a varios Óscares, además de ganar cinco premios en el Festival de Venecia. Esto le trajo nuevas ofertas de Hollywood, pero Cassavetes aceptó solamente aquellas donde se le permitiera absoluto control creativo y edición final del producto. Su obra maestra, “A woman under the influence”, le consiguió una nominación al Óscar a su esposa en la categoría de Mejor Actriz (The New York Times, 2011).
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Cassavetes nunca se interesó en trabajar con actores que se preocupaban más por su físico que con los personajes que interpretaban. Rara vez tenía actores reconocidos, ya que como él mismo lo decía, él buscaba poner a los actores en una posición donde pudieran burlarse de sí mismos sin sentir que estaban revelando cosas que serían utilizadas posteriormente en su contra (en Gelmis, 1971, p.80). Por tal motivo, utilizaba principalmente a sus amigos y personal del set en las filmaciones, generalmente con un modesto sueldo o sin pagarles. Sus personajes eran seres difíciles cuyos deseos internos eran difíciles de comprender, en oposición a la simplicidad de muchos personajes hollywoodenses. Respecto a su técnica de cinéma vérité, Cassavetes prefería utilizar cámara en mano e iluminación general, como un estilo de documental, para facilitar la espontaneidad de sus actores y construir una sensación de realismo y cotidianeidad (The New York Times, 2011).
Algo que Cassavetes decía y que me llamó mucho la atención fue lo siguiente: “Lo más difícil para un cineasta, o una persona como yo, es encontrar gente que realmente quiera hacer algo. Deben trabajar en un proyecto que sea suyo” (en Gelmis, 1971, p.79). Este pensamiento contrastó radicalmente con el tipo de dirección prefabricada encontrada en las producciones de Hollywood de gran presupuesto. A final de cuentas, todo se resume al deseo de libertad creativa de los realizadores sobre los proyectos filmados. Como estudiante de Comunicación que produce contenido audiovisual, me identifico ampliamente con el comentario de Cassavetes porque al igual que él, lo que más me atrae de este medio es la capacidad de contar historias a través de imágenes y sonidos, por lo que la libertad de expresión es, más que una simple ventaja, un requisito para el desarrollo íntegro de mi visión como director.
John Cassavetes fue un realizador polémico por su posición rebelde con respecto al sistema hollywoodense. Conocido como el primer “joven enojado del cine” (Leydon, 2009), Cassavetes se convirtió rápidamente en la eminencia de los cineastas independientes, una deidad virtual para cada estudiante de cine que deseaba ser alguien en el medio sin entrar en el mercado comercial de Hollywood. Su labor a favor de la democratización del cine rendiría frutos varias décadas más tarde, con el establecimiento del video como nuevo formato de producción cinematográfica y la creación de nuevos espacios de exhibición en Internet.
A continuación reflexionaré en torno a una entrevista con Cassavetes realizada en 1985 que refleja eficazmente su carácter fuerte y su espíritu aventurero y libre. Al preguntarle sobre la vida como uno de los motivos recurrentes en su obra, el realizador contestó: “¿Te refieres a cómo veo la sentencia de muerte que nos ha sido puesta a todos nosotros? Bueno, yo creo que de eso está hecho el buen drama: de vida y muerte. Quiero decir que si no es vida o muerte, es una comedia. Todo lo pasional, todo lo que se relaciona con el amor y el odio, todo lo que es importante, se relaciona con alguien diciendo. Ésta es la última vez. Esto es, ahora mismo, este día que estamos viviendo es el momento” (Leydon, 2009).
Cassavetes tenía una postura muy particular con relación al quehacer cinematográfico, que quizás ayude a entender mejor su pasión por el séptimo arte y la calidad de cada uno de sus proyectos: “Creo que estoy influenciado por el hecho de que cuando hago películas, yo y toda la demás gente involucrada trabajamos como si fuera la última vez, como si fuera la última película, como si no hubiera otro filme después. Por tal motivo, creo que los personajes se llenan de ese sentimiento, también. En la escritura y en la ejecución” (2009). Esta frescura e inmediatez en el proceso de
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filmación es lo que pretendí aplicar a mi proyecto de tesis, donde los actores dejaran de preocuparse por elementos secundarios a su interpretación, como el vestuario, el maquillaje o la escenografía, y se concentraran únicamente en actuar. Recuerdo una conversación con uno de los actores de mi película, quien tras haber participado en diversos cortometrajes profesionales y comerciales de televisión, estaba acostumbrado a una determinada rutina que incluía prueba de vestuario, ensayos, rol de maquillaje y preparación del set. El día en que grabamos su participación en “Engendro”, me explicó que estaba preocupado por el tipo de ropa que usaría y los colores que se pondría, a lo que le respondí: “La película es en blanco y negro, y no me importa qué tipo de ropa sea, qué marca, qué corte, mientras sea ropa casual y no llame demasiado la atención”.
Retomando la entrevista de Cassavetes sobre la urgencia e inmediatez de sus propuestas, es curioso ver cómo en el sistema hollywoodense, esa sensación de hacer una película como si fuera la última vez no existe, porque los proyectos cinematográficos se planean, realizan y distribuyen con un fin económico en mente. Más que un medio expresivo, el cine es una de las principales industrias en Estados Unidos, por lo que los realizadores, lejos de pensar en términos de reflexión social, opiniones sobre temas relevantes para la ciudadanía o la comunicación de intereses personales, las películas actuales miden su éxito por las ganancias en taquilla, por la cantidad de productos que logren vender -DVD’s, Blu-Rays, películas, pósters, novelas, ropa, juguetes de acción, entre otras cosas- y por las secuelas, remakes y proyectos relacionados que logren lanzar al mercado masivo. Las compañías productoras ven cada película como una película más y como un porcentaje de sus ganancias en todo un año de trabajo. No hay una sensación de pertenencia hacia cierto proyecto, los mismos directores entran y salen de un largometraje como si su trabajo fuera fácil de reemplazar.
La solución ante este problema persistente en Hollywood se encuentra en todos los cineastas jóvenes e independientes que han encontrado voz en el video, en el Internet, en los festivales de cine locales y en los programas de edición de uso común. Como Sardá (2007) lo explica en su artículo sobre el séptimo arte y el Internet, actualmente se está produciendo “una revolución que ya ha tocado el corazón de miles de aspirantes a cineastas, quienes han encontrado allí el elemento que le faltaba a la explosión democratizadora que supuso la aparición de sofisticadas cámaras digitales a precio asequible: la distribución”.
La democratización del séptimo arte -asequible gracias al desarrollo tecnológico y a la aparición de cámaras de calidad profesional a precios accesibles al usuario común- permitió a muchos realizadores jóvenes y nuevos en la industria, encontrar maneras alternas de realizar películas, con bajo presupuesto y sin el respaldo de los grandes estudios. Con esto se les dio voz y se les permitió expresar su punto de vista sobre los temas que consideraran relevantes. El cine, antes que un medio de entretenimiento, o un medio de reflexión, o un medio de denuncia, es un medio de expresión. La capacidad del séptimo arte para sacar una lágrima o una carcajada, para sacudir a los espectadores ante una escena trágica o conmoverlos con un inocente romance, todo eso queda supeditado a la posibilidad del realizador de expresar una idea. Retomando esta idea, en uno de los primeros borradores de mi guión, mi personaje principal abría la película diciendo: “¿Qué es el cine? ¿Una profesión, una industria, un arte? El cine es un medio de expresión”.
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3.3.4 CINE DE ALTO PRESUPUESTO VS. CINE DE BAJO PRESUPUESTO