Diez ejercicios visuales para aprender a mirar
5.10. Color Fields: mirar el corazón de las cosas
Entre las prácticas de sensibilización visual hay una que para algunas personas reviste una especial dificultad: posiblemente un cuadro abstracto es de las cosas más difíciles de mirar que existen (además del mal). Y sin embargo, creemos quela abstracción
pictórica es una de las escuelas más sofisticadas para aprender a mirar. A sabiendas
de las dificultades y hasta rechazo que causa en algunos –y quizás por ese motivo–, proponemos que sea este el décimo ejercicio. Nuevamente hagamos Pensamiento Visual y exploremos qué nos lleva a pensar la pintura abstracta.
Quizás una primera forma radical de acercarnos sea visitar unos instantes la Rothko Chapel91. La Rothko Chapel recibe cada año la peregrinación de 80.000 personas de las más distintas creencias desde lugares alrededor de todo el mundo. Ubicada en Houston, es un templo ecuménico, que busca integrar a todas las tradiciones espirituales –incluidas las seculares–. Se accede a ella por un largo paseo que rodea un estanque (que en la arquitectura religiosa mediterránea representa el encuentro con la divinidad en esa lámina que une aire y agua). En el centro de ese estanque, sobre una pirámide hay un monolito esculpido por Barnet Newman cuyo título es «Obelisco roto», en memoria del pastor Martin Luther King, Jr. Al entrar en la capilla –una sencilla caja de una sola planta– se encuentran los catorce monumentales murales de Mark Rothko cubriendo las paredes como enormes ventanales. Pero son lienzos de negro silencio. La capilla fue instituida en 1971 con dos vocaciones: contemplación y acción. No es un museo, sino un santuario vivo donde se celebran numerosas ceremonias de distintos credos. A su vez, hay muchas personas sin credo que se quedan allí en silencio, haciendo una experiencia de belleza y meditación. Esa vivencia contemplativa se combina con un activo fórum en el que se desarrolla el compromiso del proyecto con la paz, la libertad y la justicia social en todo el planeta. El pintor letón Mark Rothko, de origen judío, creaba como un medio para expresar la religiosidad y sus cuadros son fruto de sus experiencias místicas. Están pensados como obras para meditar, silenciar y a la vez vibrar en las tonalidades más extremas y cálidas, sentir oceánicamente, experimentar lo liminar y fronterizo, los bordes difuminados, suspenderse en la pura interioridad envolvente de todo. La pintura de Rothko es amable, llena de deseo de infinito y en comunicación con lo que carece de límites. Su obra tiene su culmen en la Rothko Chapel, donde hace una creación total y una de las cumbres del arte del siglo XX.
Con frecuencia vivimos procesos de abstracción visual de los que no tomamos conciencia. Por ejemplo, la visión periférica de nuestros ojos simplifica todo aquello en
lo que no ponemos el foco central dirigido por la pupila. Es decir, que los laterales de nuestra visión son cercanos a la abstracción. No nos fijamos con precisión en la periferia de nuestro campo de visión, sino que nuestra mente aplica una simplificación de colores,
planos y relieve. Es fácil de comprobar. Fijen la mirada en un punto y háganse conscientes de lo que están viendo lateralmente. Se darán cuenta de que se abstrae.
Otro ejercicio que nos acerca a la abstracción se produce cuando tenemos un paisaje o un fondo mucho tiempo ante nosotros. Por ejemplo, si uno mira mucho tiempo a un fondo, los elementos acaban fusionándose. ¿No han tenido ustedes la experiencia de estar viendo la fachada de la casa de enfrente mucho tiempo y que se convierta en un solo plano en el que los detalles se reducen en favor de una superficie homogénea?Hay
más vivencias cotidianas en las que la mente usa la abstracción o es capaz de acercarse a superficies que tienen características comunes con ella. Por ejemplo,
cuando vemos una camiseta monocolor nunca percibimos puramente ese único color, sino que, cuando la viste una persona, captamos no solo relieves sino distintas tonalidades dadas por la posición en relación al foco de luz, las sombras, el viento que la mueve, etc.
Recientemente tuvimos una experiencia en Líbano, en la que se trataba de generar un documento común de conclusiones para un grupo muy numeroso de personas de sesenta países que habíamos estado muchos días trabajando juntos en torno a varios temas. Desde el equipo redactor se buscó inspiración y se preguntó a la asamblea:¿Qué
ritmo y color debería tener el documento?La gente asumió con mucha creatividad y
seriedad el reto. Algunos fueron describiendo colores: algunos simples y otros complejos. Alguno dijo el amarillo y otros dijeron los colores de un ave al vuelo. En cuanto a los ritmos, los participantes fueron reproduciendo distintos tipos de ritmo: en algunas sugerencias el ritmo era percusión y progresión, y en otros se proponía la lógica del jazz. Podemos decir que el grupo había hecho en un pequeño rato un cuadro abstracto que expresaba con color y ritmo el sentir profundo al que había llevado esa asamblea mundial de la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) en Beirut. Háganse una pregunta similar en este momento: ¿Qué ritmo y color, qué forma y tonalidades, qué movimiento y textura tiene lo que han sentido a lo largo de todo su día? Si están en un grupo, podrían tratar de definir cuál es el color, textura, forma, etc. que ha vivido el grupo durante los últimos días o una temporada más larga.
Para nosotros, hay una conexión muy directa entre la pintura abstracta y la identificación y observación de los movimientos interiores de las personas o el sentir de un grupo. Generalmente, un ánimo o sentimiento tiene más bien la forma de una pintura abstracta y requiere una aproximación contemplativa en ciertos aspectos similar.
Les animo a hacer el recorrido de la pintura abstracta, en la que se busca lo esencial, lo interior de las cosas y los acontecimientos. No hay periodo mejor para hacerlo que el arte estadounidense de mitad del siglo XX. En la Nueva York de las décadas de 1940 y 1950, el proceso de abstracción pictórica dio un giro del que surgieron dos variaciones: el Expresionismo Abstracto (cuyo máximo exponente es Jackson Pollock) y elColor Field
totalmente el espacio del cuadro o lo comparten con otra. Incluso la gente que gusta de la pintura no figurativa admite que cuando se encuentra ante un cuadro que aparentemente es de un único color, su sensibilidad y fe se ponen a prueba. Incluso si somos de esas personas, hagamos el esfuerzo de meternos en ese escenario que se nos ofrece.Estos
campos de color no suelen ser homogéneos, sino que muy sutilmente presentan un diálogo internoentre distintas tonalidades que pasan inadvertidas al primer vistazo.
Aunque un campo parezca a simple vista que es monocolor y homogéneo, el pintor ha ido creando sutiles diferencias internas, caminos y masas, nubosidades o capas. Pero la habilidad del pintor abstracto puro es capaz de hacernos sentir la arrogancia de juzgar rápidamente, despreciar su facilidad o ver solo homogeneidad. ElColor Field Stylees una escuela que nos enseña a ser capaces de discernir lo plural allí donde todo parece homogéneo, la presencia de lo sutil; nos entrena a identificar lo discreto y el susurro, lo liminar y las lógicas de lo borroso. En un mundo en el que el grito y lo grosero crecen para sobresalir llamando la atención entre tantas voces y tanta oferta, la escuela de la abstracción pura es imprescindible para el discernimiento de lo sutil. Nos exige frenar el fácil juicio que resta valor a ese estilo pictórico. Ha sido objeto de chanza y quizás también de fraudes92.
Pero, más allá de la discusión popular, tras elColor Field Stylehay una disciplina de gran profundidad. Distintos artistas han dedicado toda su carrera a investigar y crear en esa línea de trabajo. Mark Rothko es el más conocido. Vamos en cambio a proponerles fijar su atención en los dos artistas que más nos apasionan de ese estilo y los que desarrollan la obra más pura y radical: los neoyorquinos Ad Reinhardt (1913-1967) y Barnett Newman (1905-1970). Es una experiencia muy interesante ver en grupo cuadros de Reinhardt y Newman –quizás proyectados en una pantalla o con láminas, aunque en el caso de este tipo de cuadros las reproducciones difícilmente muestran esos matices tan esenciales– y comentar juntos qué impresiones nos producen.
Quizás ayude no entrar directamente en Reinhardt y Newman sino ir un paso atrás para ver el proceso que llevó a los Campos de Color. Si buscamos un autor que anteceda a Reinhardt y Newman y en el que se vea ese proceso de progresiva abstracción, podemos fijarnos en Milton Avery (1885-1965), que fue el último modernista neoyorquino y maestro del grupo artístico en que participaban Rothko, Reinhardt y Newman. Si nos vamos al comienzo de la carrera de Milton Avery, nos encontraremos un cuadro tituladoMoon over Marsch93, realizado en 1925 (Hobbs, 1990). Es un cuadro hecho en el tiempo final de la tradición posimpresionista. En un gran azul común, cielo y mar están unidos formando una extensa superficie en la que tan solo la luna extiende una luz distinta sobre un marjal. Veinticinco años después ya podemos observar cómo en sus creaciones ha ido buscando progresivamente la esencia de las cosas, la pureza de formas y colores. Se distinguen nítidamente las figuras pero estas ya han ido integrándose en pocos planos y menos colores. Si se observan los cuadros de 1950,March in
red94(Haskell, 1983) oSummer reader95(Hobbs, 1990), se puede ver en ambas composiciones a una mujer. En los dos viste un traje marrón. En uno está sentada y en el otro está leyendo. La mujer es bicolor y su presencia tiende a unificarse en un solo plano. Cuatro años después, nos encontramos ya al borde de la pura abstracción al contemplar su sombrilla roja en una playa.
Les recomendamos que busquen ese cuadro, que Avery pintó en 1954, tituladoRed
umbrella96. En él, el mar está reducido a una superficie monocromática, integrada aunque llena de matices. También la playa ha sido sintetizada ysu diversidad visual está
ahora contenida en matices casi imperceptibles dentro de ese mismo color y tono.
Tan solo una figura central revela que no es un cuadro abstracto: la sombrilla roja. Si la quitáramos, el cuadro estaría totalmente dentro de la abstracción pura. Los colores están magníficamente combinados y la sombrilla abrocha mar y playa como si fuera un botón rojo.Red umbrellanos parece un cuadro asombroso, pintado justo en el límite de uno de los mayores saltos de la historia del arte, y su valor es extraordinario. Es un cuadro carente de pretenciosidad, en el que nada es forzado, sino que el realismo de la sombrilla roja y el carácter abstracto de todo el paisaje logran una perfecta armonía, a la vez que son intensamente sugerentes.Red umbrella, de Milton Avery, es uno de los más claros puntos de inflexión de la historia del arte.
Tan solo seis años después, en 1960, Avery ya había entrado en la abstracción, aunque conservando el soporte figurativo. El cuadroSeabirds on sandbar97(Hobbs, 1990) tiene un bastidor figurativo sobre el que tiende los planos abstractos y tan solo una discreta fila de aves marinas sobre una barra de arena en medio del mar conserva un rastro naturalista. La marea de la abstracción había subido y cubierto la estética de toda una generación. Si vemos seguidos esos cuatro cuadros a los que nos hemos referido (Moon over marschde 1925,Summer readerde 1950,Red umbrellade 1954 ySeabirds
over sandbarde 1960), percibiremos con gran facilidad la evolución pictórica que llevó la
historia del arte hasta Reinhardt y Newman. Vayamos ahora a esos autores tan radicales. Ad Reinhardt nos ofrece unaesencializaciónradical: cuadros de un solo color en
los que solo tras una paciente mirada se descubren matices. Pero sus cuadros no son
puro geometrismo ni un objetivismo frío y distante, sino que están creados con un cálido humanismo. Reinhardt es la pureza que surge de la cordialidad. El pintor –y con él el espectador– alcanzan la simplificación de la vida y la mirada, la integración de todas las cosas en un sentimiento principal expresado con un color. La pintura de Reinhardt es una viva experiencia de humanización. Y, sin embargo, a alguno le parecerá fría y alejada de las pasiones de las figuras que se mueven vivazmente o dejan sentir el calor de su paisaje.
Reinhardt siguió una evolución que le hizo experimentar con el incipiente expresionismo abstracto, pero a partir de 1950 da un giro inesperado a la pintura y surge
elColor Fieldmás exigente. A partir de 1952-53, la cruz se convierte en su motivo principal. EnAbstract Painting Blue98, de 1953 (Lippard, 1981), encontramos un lienzo azul en donde solo una mirada atenta puede hallar la cruz. Acuña un estilo muy propio y desafiante. Para el espectador, tras un tiempo de atención y búsqueda, tras dejarse llevar por la obra como si fuera una barca a la deriva en alta mar, la figura de la cruz emerge.Uno se pregunta cómo no pudo verla antesen la primera visión. Lo que antes era una superficie homogénea, ahora es una pintura de campos claramente diferenciados. Arriba, el azul se oscurece para marcar el final de la noche. Abajo, un azul de textura menos tamizada da suelo a la cruz. En medio, tras la cruz, algo se hace alba. Por el madero horizontal hay un rastro de líquido caído. Dentro de ese travesaño hay brazos que se extienden con mansedumbre de un lado a otro. El poste vertical se alza hasta lancear con paz, pero inclaudicable, la noche que se aleja. Vuelve uno la mirada atrás, trata de regresar a la mirada original que veía un solo color y sobre toda esa marejada de movimientos se extiende un velo azul de cielo que le da unidad. Tras experimentar otras composiciones con la misma lógica, de 1960 a 1966, Reinhardt retoma el tema de la cruz y radicaliza la experiencia llevándola al negro. Confecciona una larga serie de pinturas (por ejemplo,Abstract Painting Black99, que se puede consultar en Lippard, 1981) que recorren las distintas variaciones de tonos negros casi imperceptibles. Para el espectador apresurado todo será lo mismo y todo negrura. Un año después, Ad Reinhardt dejaría este mundo.
Su compañero Barnett Newman es un pintor de comienzos, límites y encuentros. Su pureza no objetivista es capaz de convertir un cuadro de mínimos colores en una vibrante narración. El ejercicio que proponemos no es fijar la vista en un único cuadro, sino contemplar un itinerario que vamos a presentarles y que personal o grupalmente pueden comentar. Las imágenes hemos comprobado que se pueden encontrar fácilmente en internet. Comiencen por el cuadroGenesis – The Break100, de 1946 (Shiff, Mancusi- Ungaro & Colsman-Freyberger, 2004). Es un delicioso y suave azul que se abre paso tras la cortina desgarrada de la nada. A continuación, contempleEnd of silence101, de 1949, donde, sobre un granate purpurado y cuarteado por distintas grietas, se eleva una fulgurante columna naranja abriendo en dos la tierra vieja.Horizon Light102, de 1949, es uno de los más bellos cuadros de Newman. Un color de intenso vino es atravesado por una línea en la que el azul seduce al turquesa. El granate se oscurece para abrir un lecho al curso del azul. Ligeras luminiscencias de huellas permanecen si se mira con atención y alrededor florecen movimientos más lejanos. Lo que parecía una superficie plana e inerte, ahora se ha desvelado llena de vida. El horizonte ya no es límite sino un río de luz en el que fluyen esperas y alcances de lado a lado como el tiempo. Un paisaje inspirador en el que se nos trata de comunicar lo esencial. El itinerario sigue por el cuadroAbraham103de 1949: un oscuro cayado de tonos azules apagados deja ver en su
parte superior el asomo de una mano que lo toma de nuevo para ponerse en pie. Como la propia voz que sintió el patriarca, es fondo es borroso, dudoso, pero visto de lejos y globalmente, el cuadro es serio y seguro. A continuación,The Promise104,de 1949, nos
muestra sobre una superficie aparentemente negra dos líneas verticales, algo descentradas a la izquierda. Una de ellas es un trazobeigey marfileño, que parece más rectilíneo que el otro, un camino sin imperfecciones. La otra línea es un muy elaborado azul grisáceo en el que el pintor se sale continuamente de la raya. Uno y otro camino dialogan. La línea infinita del primero se curva imperceptiblemente acercándose a la otra, que tiembla. En 1950,The Voice105presenta un blanco absoluto sobre el que se pronuncia una palabrabeigetan clara que roza el blanco.
La pintura de Newman se hace mediterránea en los cuadrosArgosyDyonisius106, ambos de 1949, así comoUlysses107yAchilles108, obras de 1953. Los colores se revolucionan y exaltan, sin perder el quietismo. El itinerario hace dialogar las tradiciones bíblica y griega. En medio de esas referencias clásicas, está el cuadroAdam,de 1952. A nuestro parecer, la obra de Newman culmina en la serie Uriel –que, como el lector sabe, es el séptimo arcángel, cuyo nombre significa llama o luz de Dios–. Son cuadros de 1954 y 1955. La serie se abre conThe Gate109, de 1954, que ya presenta la estética de la serie. Dos colores sutilmente trabajados: un azul pálido, delicado y sabio, y un marino arduamente secado al sol, junto a un marrón suave, noble y abierto. Juntos, maridan a la perfección. Son dos colores de diálogo delicioso, que invitan a unirse a ellos. La serie continúa conThe word II110, White fire111yRight here112, todos de 1954. Llegamos entonces al que sentimos como el cuadro cumbre de Barnett Newman y, sin duda, el más conocido de él:Uriel113. Quizás haya quien pueda creer que tan solo son dos campos de color. Al llegar aquí siguiendo el itinerario narrativo que les hemos propuesto, el lector ya sabe que está en el curso de una poderosa narración, quizás la mayor de la historia, aquella que une Grecia e Israel.
EnUrieles difícil buscar la huella de figuras que se han traslucido o han pasado. No hay siquiera una simplificación de los perfiles, aunque queramos ver en el movimiento de líneas del marrón algo del batir de un ala. Creemos que enUrielse llega a plantear la esencia del fenómeno de la pintura abstracta. Este arte puro es la mejor representación del interior de la persona. La pintura abstracta pinta lo que Loyola llamaría mociones, estados interiores. Cuando sentimos algo internamente –esperanza, tristeza, decaimiento o alegría, paz o estancamiento–, ¿qué forma tiene? Sin duda se nos ocurrirán símbolos. Los abstraccionistas más bien recurren al aparecer de los campos de color, losColor
Fields. Por lo tanto, estos artistas no solo nos muestran la esencia de los colores y
formas externas sino, sobre todo, los estados internos de las cosas, de las personas ante las cosas y acontecimientos, del pintor y el espectador juntos ante ello. Uriel es el mapa de mociones de un arcángel y el nuestro frente a él, o son ambos estados juntos
dialogando en el mapa. Cuando el espectador acoge y siente emociones y pensares con Uriel u otros cuadros abstractos, ha llegado posiblemente a una calidad de mirada muy alta, capaz de buscar el interior de las cosas.
Newman culmina su carrera artística con una larga serie denominadaThe Stations of