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Miradas interesadas: «El show de Truman» y el mago de las naranjas

Mirar nunca es neutral. De igual modo, retirar la mirada es obvio que tampoco lo es. Cuando no queremos ver una realidad o a la persona que duerme bajo un escaparate o cambiamos de canal para no ver algo doloroso, estamos haciendo política visual. La ingenuidad podría llevarnos a pensar que la mirada es solo un cristal que capta la realidad tal cual es. En cambio, lo lingüístico estaría dándole forma a la realidad desde el primer momento, ya que la codifica en palabras y las tiene que organizar. La mirada parece más pasiva y la palabra más activa. Pero no es así. Nuestra mirada es una forma de razonar y cuando vemos, estamos pensando. No hay órgano sensorial ni percepción humana que carezca de intención. Al mirar, seleccionamos lo que vemos.Hay cosas que nos pasan

desapercibidas porque estamos programados para ello. Estamos entrenados a que

ciertos colores nos atraigan y otros nos causen alarma. Los colores no son culturalmente neutros, sino que tienen significado. Lo visual no depende solo de cómo nosotros vemos la realidad. En el famoso poema de Campoamor se nos decía que «todo es según el color del cristal con que se mira»21. En efecto, cuando miramos, tenemos poderosos cristales ante nosotros, puestos por nosotros mismos, por la cultura en que nos movemos y por todos aquellos que compiten por que veamos de tal o cual forma. ¿Cuántos cristales median entre nosotros y las cosas?No solemos ser conscientes de todos los cristales

que tenemos ante nuestra mirada.

Lo que vemos puede ser peligroso para determinados intereses. En la

películaThe Truman Show(Peter Weir, 1998), a su protagonista, Truman Burbank, le evitan que vea aquellas cosas que puedan crearle la duda de que la realidad no es tal como se la están haciendo ver. Es una gran película sobre lo visual: todos lo ven a él 24 horas al día mediante cámaras ocultas y Truman no ve nada porque todo lo que tiene ante sí es mentira (decorados y actores). Hasta el día y la noche son mentira: mera iluminación de los estudios. El mundo de Truman era del tamaño de los estudios en los que le querían hacer vivir. Solo el amor romperá la conspiración de la simulación. Truman se enamora de una actriz que hacía de extra –llamada Sylvia– en vez de enamorarse de aquella que estaba escrita en el guion –Meryl–. Sylvia es despedida rápidamente y entonces ella, también enamorada de Truman, comienza desde el exterior una campaña llamada «Liberad a Truman»,Free Truman. Lo único verdadero en todo eseshowes el propio Truman –su nombre significaTrue-Man–, pero incluso él se ve a sí mismo casi como le han condicionado para que se vea. «Elshowde Truman» es evidentemente una metáfora sobre el riesgo de vivir engañados, dando por real un falso mundo construido por otros. No es necesario que nos confinen en Seahaven –la ciudad en que vivía Truman y que significa literalmente «refugio en el mar»–, sino que las propias convenciones y manipulaciones culturales bastan, y quizás pueden ser muros de contención más eficaces que cualquier esfera de hormigón en la que nos pudieran encarcelar, como en elshowde Truman, que era de todos menos de Truman.

Lo visual es determinante en las luchas culturales, precisamente porque las personas le otorgan una gran veracidad a lo que ven. Si se ven pobres es que hay pobreza y, por mucho que insistan en que haya pobreza, si la persona no la ve, no será tan verdad para él. Vivimos bajo elsíndrome de Tomás: creemos lo que vemos.En solidaridad, nos

movemos por lo que vemos: si no lo veo, no me muevo. La contaminación visual, el

acoso visual y la pobreza visual forman parte de un orden visual de las cosas.Hay una

política de lo visual que busca montar un determinado orden social.

Nuestra forma de mirar es un modo de estar en el mundo (ILUSTRA CIÓN4). ¿Qué miramos y qué pasa desapercibido para nosotros? ¿Qué vemos y qué miramos en realidad? ¿Qué está ante nosotros y no vemos? Los magos nos muestran continuamente cómo vemos lo que ellos nos hacen ver. La habilidad clave de los magos no es ser rápidos, sino gobernar nuestra mirada. El truco no está escondido a nosotros, sino que nosotros mismos lo ocultamos, siguiendo sus indicaciones. El conejo no está en el sombrero de copa ni en las mangas del mago sino tras nuestros ojos. Todos habremos asistido en vivo en alguna ocasión a algún espectáculo de magia. Sacan a un espectador y ante él suceden cosas que no ve y todos los demás sí. La primera vez que nosotros lo vimos nos quedamos realmente asombrados. Salió como voluntario un maestro de escuela. Lo sentaron en una silla de espaldas al público. Ante él, el mago iba a hacer desaparecer una naranja. Primero lo hizo sigilosamente. Distrajo su mirada de algún modo hasta que lanzó la naranja hacia atrás y esta cayó en una red para cazar mariposas que su ayudante sostenía al fondo del escenario. Lo hizo de tal forma que todo el público lo pudimos ver y causó una gran risa y ovación. El pobre maestro era el único en la sala que no había visto nada. Como Truman en Seahaven. El número siguió evolucionando, y cada vez el mago hacía desaparecer la naranja ante sus propias narices de forma más descarada. Incluso el ayudante la recogía de una forma llamativa. El mago le preguntaba cada vez: –¿Has visto cómo ha desaparecido la naranja?–. –No–, contestaba el maestro. –¿Cómo lo has hecho?–. –Lo voy a hacer otra vez, pero, por favor, presta atención–. Y de nuevo tomaba una naranja en su mano. –¿Ves la naranja?–, preguntaba el mago. –Sí–, contestaba atento el maestro. Pero atento a lo que el mago quería que viera, no a la naranja en sí. Si el mago aplicaba algún efecto hipnótico, no lo sé. No sé en qué punto – la mano, la cara del mago, etc.– el maestro fijaba la vista con tanta concentración, pero el caso es que el mago decía una, dos y tres y la naranja salía de nuevo lanzada como una pelota de béisbol para atrás a la red. –¿Y ahora lo has visto?–, provocaba el mago. –No–, decía, confiado y engañado, el espectador ante la risa y la incredulidad de todo el público. Al final del número, el mago acabó tomando una naranja en cada mano y las lanzaba por encima de su cabeza trazando una gran parábola que casi tocaba el techo del escenario. Lanzaba una tras otra: –¿Lo has visto ahora? ¿Y ahora? ¿Y ahora? ¿Y ahora?–, iba diciendo una y otra vez seguidas, mientras las naranjas volaban. Parecía imposible que no las viera. Pero el espectador era compañero de los doscientos maestros del colegio al que nos habían invitado. Era imposible que fuera un cómplice. El número

acabó con el público en pie aplaudiendo al mago, al maestro y sin que este viera ni una vez por dónde se había ido ni una sola naranja.Este mago hacía desaparecer naranjas,

pero hay otro tipo de «magos» políticos y culturales que nos hacen desaparecer mundos ante nuestras narices.

Sin embargo, hay cosas que necesitan ser vistas. Y hay cosas en el mundo que queremos que la gente vea. Necesitamos liberarnos de determinadas formas de mirar. Hay cristales que necesitamos romper o limpiar. Y hay miradas que necesitan unas gafas con la graduación óptica precisa para poder ver con claridad. Hay una construcción visual de la realidad. Las cosas no solo están ahí ante nosotros para ser vistas, sino que han sido puestas. El panorama de todo lo que vemos suele ser diseñado por otros. Vivimos en un escenario gran parte del cual no hemos pintado. Solemos decorar nuestros hogares, seleccionamos nuestra ropa,tuneamoslos coches ycostumizamosdistintos objetos que usamos a diario. Parte de la evolución industrial conlleva una progresiva personalización de la estética de los objetos de consumo a gusto del comprador: eso sí, lo que hace en general el consumidor es seleccionar entre un número limitado de opciones. Sin duda, hay también una creación original de lo visual a nuestro alrededor, a medida de la persona y fiel a la realidad –obras auténticas–. Pero todo el mundo mediático está sometido a una fuerte presión dirigida a proporcionar las imágenes adecuadas a la intención.A través de las imágenes también se editorializa. Esto es típico de los periódicos que usan su portada para poner una única gran imagen, por lo general fotográfica. Esas fotos de portada son el editorial principal del día.

Las imágenes dan forma a la realidad. Lo que vemos existe y lo que no vemos es invisible, no existe. El mundo es tal como lo vemos y lo que no vemos no es mundo. Como decía el jesuita Joseph Samuel Bois (1966), los modelos mentales que las personas usan están siendo conformados también por aquello que vemos. Las imágenes son «palabras», son iconos, y esos iconos tienen unos patrones internos. Si vamos a un restaurante y vemos que todos los camareros y cocineros son afroamericanos pero el encargado y elmaîtreque dirige la sala son blancos, ahí hay un patrón. Lo vemos, lo adquirimos y nos conforma nuestros modelos mentales cotidianos inadvertidamente, porque se presenta bajo la apariencia de normalidad –incluso naturalidad–. Las imágenes tienen patrones que forman patrones mentales. Las palabras tienen fuerza para transformar la realidad.Aquello que vemos nos hace pensar en determinada

dirección.

Hay unaconstrucción social de la realidad(Berger y Luckmann, 1967), unaconstrucción lingüística de la realidad(Grace, 1987), y hay también unaconstrucción visual de la realidad. De ahí que le demos tanta importancia en nuestro método a la conciencia y preparación de la mirada. Hacer Pensamiento Visual requiere tomar conciencia de la relevancia de la mirada. La primera forma de hacer Pensamiento Visual es descubrir aquellas imágenes que nos hacen pensar y con qué orientación lo

hacen. Si, además de examinar, hacemos imágenes, estamos dando forma al mundo.Al

elaborar imágenes como método de Pensamiento Visual, estamos creando visiones que, de algún modo, dan forma a la realidad. Participamos en la construcción visual

de la realidad. Hacemos nuestra aportación a las búsquedas y luchas culturales en las que tantas imágenes pugnan por establecer qué es real y qué no. El grupo que hace ejercicios de Pensamiento Visual debe tener conciencia de que está creando mundo y está posicionándose: hay cosas que nadie ve que van a aparecer representadas, y otras que están bajo cierta apariencia que van a ser transformadas.El método Mural de

Pensamiento Visual busca generar grupalmente conocimiento, cambio y compromiso. Inevitablemente conecta con el ideario estético y el programa cultural del

muralismo mexicano y con las prácticas de arte comunitario posteriores (Doss, 1995; Goldstein, 2005; Kepferer, 2008). Nuestra propuesta de Pensamiento Visual Mural tiene sus raíces en esa tradición de arte comunitario.