La visión de Arnheim
2.4. La construcción social de la realidad visual
Las relaciones entre Pensamiento Visual y ciencias sociales no están siendo tan fluidas como, dado el avance de la esfera visual, podría esperarse. Un argumento mayor es que los métodos disponibles no tienen una suficiente perspectiva social. Aunque es cierto que la arteterapia logró desplazarse desde el tratamiento individual a enfoques grupales (Liebmann, 1984), sin embargo, según Huss en 2013, «la perspectiva social permanece marginal en la teoría de la arteterapia, la cual no está informada por las teorías sociales críticas» (Huss, 2013). En cambio, Lupton ya distinguía en 1997una aplicación de
arteterapia política: «La práctica de la arteterapia puede tener lugar en dos niveles
diferentes. Uno es el personal. […] El otro uso de la arteterapia es abiertamente político, en el cual el arte es usado para expresar y criticar el contexto sociocultural en el cual se experimentan el dolor, la enfermedad, la discapacidad, la estigmatización social o la desigualdad. Este tipo de arte es señalado principalmente para su exposición pública con la intención de alentar el cambio social» (Lupton, 1997).
Desde otras disciplinas que usan lo visual, como los estudios culturales, comunicacionales y semiológicos, la perspectiva crítica es más acusada; sin embargo, están más lejos de ámbitos de trabajo social con poblaciones concretas y del desarrollo de herramientas transformativas. En cambio, han creado marcos que orienten la práctica del Pensamiento Visual. Nicholas Mirzoeff, por ejemplo, ha desarrollado la idea de la «contravisualidad» en la que defiende el derecho a «mirar», y a mirar de forma alternativa a la visión dominante34.
El arte y los recursos visuales son usados con frecuencia en el ámbito del Trabajo Social, y es fácil que el lector conozca personalmente algún proyecto de murales, arte urbano o arteterapia. Sin embargo, llama la atención la escasa atención que han recibido en el ámbito académico las experiencias que van más allá de la arteterapia. Hay realizaciones de Arte Público, intervenciones con propósito movilizador o concienciador, operaciones de humanización y embellecimiento de entornos. Sorprendentemente, no han sido objeto de un estudio profundo y no es fácil localizar experiencias sistematizadas, pese a la gran diversidad y vistosidad de muchas de las iniciativas. Aunque existen muchos estudios de arte popular de las minorías (por ejemplo, sobre afroamericanos y latinos en Estados Unidos) o de comunidades empobrecidas, no han sido formulados como métodos de intervención social o construcción comunitaria. Melvin Delgado y Keva Barton creen que «una apreciación sociopolítica de los murales puede ayudar a los trabajadores sociales y a otras profesiones de ayuda a entender mejor a las comunidades latinas desde su propia perspectiva» (Delgado & Barton, 1998). En cuanto a métodos o experiencias de Pensamiento Visual, no hemos hallado fuentes al respecto.
Desde la práctica de la arteterapia, sí existe una tradición de trabajo con personas y comunidades que sufren problemas sociales. Esas prácticas no se reducen a lo
terapéutico sino que tienen funciones expresivas, celebrativas y, aunque no de forma explícita, se da algo deVisual Thinking. Por ejemplo, Marian Liebmann en 1984 relatauna experiencia de pintura grupal en una conferencia pacifista. Fue un evento durante medio día en el que participaron doce personas de mediana edad y los objetivos fueron expresar los resultados a los que llegaron. Del ámbito presidiario hay varias reflexiones. Joyce Laing ha publicado resultados sobreel efecto del arte en prisiones. Según él, reorienta las relaciones de forma que reduce tensiones, agresiones y violencia (Laing, 1984). Elisabeth Day y Gregory Onorato experimentaron con actividades de dibujo y comprobaron que hace que los compañeros de cárcel compartan experiencias comunes. Eso fomenta sentimientos de pertenencia y universalidad. La cohesión grupal que se crea alivia los sentimientos de soledad y desesperación que sufren las personas y reduce los episodios violentos entre compañeros (Day & Onorato, 1989). David Gussak estudió que la actividad artística en prisión hace decrecer los síntomas depresivos, cambia las actitudes y comportamientos e incrementa las habilidades sociales, aumentando la aceptación del otro (Gussak, 2004).
Encontramos otras experiencias. Por ejemplo, se han realizadoexperiencias con
mujeres prisioneras en Nairobi, algunas de ellas sentenciadas a pena de muerte. En
este caso, la propuesta era lo que Simoneaux denominabody-mapping: dibujar cuerpos y pintar su interior expresando los distintos sentimientos que tenía cada una y que compartían. Esosbody-mapsrecogían la proyección del estado en que se encontraban las personas y se lo trasladaban a los administradores de la prisión (Simoneaux, 2011). En 2003, Huss ha realizado experiencias de pintura con mujeres beduinas del Negueb en Israel para expresar y narrar sus problemas. Era un grupo de 15 personas. Cada mujer realizaba sus propios retratos, se formaba un círculo y cada persona contaba su dibujo y los demás preguntaban sobre él (Huss, 2013). Existen fórmulas singulares comoel Arte
de Cocina oKitchen Art. Es un pequeño grupo que comparte su interés por la pintura y
que se reúne para crear lazos de comunidad y defenderse de las presiones externas y del estrés interno (Simon, 1997). Se asemeja mucho a la tradición estadounidense depatchworkgrupal en las casas de los vecinos, o el que realizaban las esclavas afroamericanas. Esospatchworksafroamericanos –como los realizados por Harriet Powers y que podemos contemplar en nuestro querido Museum of Fine Arts de Boston– eran también una técnica de Pensamiento Visual Social en condiciones extremas de esclavitud.
La experimentación ha ido desarrollándose en múltiples direcciones pero necesita ser sistematizada, pensada e incorporada al núcleo metodológico del Trabajo Social. Quizás los paradigmas vigentes no están preparados para apreciar en todo su valor estas prácticas, que impactan directamente en el capital cultural. Sin embargo, las relaciones entre los servicios sociales y la arteterapia sí están bien establecidas. «La arteterapia ha probado ser una intervención útil en los servicios sociales», concluyen Thrasher, Yee y
Zahnstecher en su estudio sobre la atención a familias inmigrantes indias. Ha permitido prevenir la negligencia familiar respecto a los hijos y fomentar su participación social (Thrasher, Yee & Zahnstecher, 1989). Si examinamos tres experiencias en mayor profundidad, podremos ver que principalmente los métodos y recursos pictóricos no son usados para practicarVisual Thinking–un medio para pensar juntos– sino para expresarse proyectando el estado interior en las obras,sensibilizar al público, crear símbolos o
relatos comunitarios, crear actividades de fortalecimiento de los vínculos y aumentar el capital político35(Borwick, 2012), para alcanzar cambios sociales (Goldbard, 2006).