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Conclusiones e interrogantes: navegar es preciso, vivir no es preciso

En Argentina hemos asistido a la creación de legislaciones que colaboran en la ampliación de derechos, delineando horizontes hacia donde navegar. Al mismo tiempo que nos interesa poder defender lo conseguido, nos urge avanzar en la instrumentación y operacionalización de dichas normas. Para que pueda tomar cuerpo la intervención necesita estar sostenida por subjetividades que puedan habitarla. El acceso a la justicia, o a instituciones de salud, muchas veces se hace dificultoso y no siempre se interviene en forma acertada, oportuna y respetuosa. Las instituciones destinadas socialmente a dar respuestas y los profesionales que las encarnan pueden ser reproductores de esas violencias, y sostener la impunidad reforzando las estructuras de desigualdad. O por el contrario, pueden ser agentes formados y lúcidos que formen parte de la transformación colectiva necesaria para que se garanticen dichos derechos. Consideramos que las contribuciones provenientes de los saberes y prácticas de la perspectiva de género nos interpelan acerca de qué es lo que el psicólogo debe saber y hacer8; al tiempo que nos brindan andamiajes conceptuales y prácticos de mucha utilidad tanto para el análisis de las diferentes problemáticas contemporáneas en su complejidad, como para el ejercicio de nuestra profesión.

De modo sintético y antes de concluir es oportuno detallar las herramientas conceptuales propias de la Psicología Institucional empleadas que consideramos útiles para analizar la institucionalización de ciertos modo de ser de las sociedades, de las instituciones, de las subjetividades de cada tiempo histórico social: las relaciones de poder, la microfísica del poder, los focos de saber-poder, la regla de polivalencia táctica de los discursos (Foucault,1978 ); la dinámica de lo instituido e instituyente, los atravesamientos y transversalidad en tanto interpenetración en la sociedad de las fuerzas instituidos e instituyentes, la implicación institucional, las fuerzas productivas, reproductivas y antiproductivas (Lourau (2001), Baremblit(2005)); la creación propia de lo imaginario, las instituciones transhistóricas, la elucidación crítica, el proyecto de autonomía (Castoriadis,2001); entre otras.Dando uso de las herramientas conceptuales mencionadas se planteó un dialogo con las argumentaciones y las categorías provenientes de autoras inscriptas en la perspectiva de género, en el intento de

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lograr articulaciones teóricas por las cuales dilucidar las complejas relaciones entre las vidas singulares de las personas y las sociedades, en particular la producción y reproducción de desigualdades. Asimismo se realizó un recorriendo por nociones y categorías fecundas en la posibilidad de sus articulaciones: producción de subjetividad, aparato psíquico, deseo y poder (Bleichmar, 2006; Fernández, 2014; y Guattari, 2006).

Sin intención de ser taxativos, pensamos que en el interjuego que nos permiten herramientas conceptuales como las indicadas, podemos reconocer posibles colaboraciones de los psicólogos para la construcción de diálogos fluidos con otros campos de saber, y para el abordaje conjunto de problemáticas de género o exclusión social o infancias. Tanto en lo referido a la promoción de la salud, o para el diseño de políticas, o la intervención sobre problemas que atañen a la numerosidad social, o en el abordaje del padecimiento mental que no pueden pensarse por fuera de las relaciones de poder, de significación y de producción.

Nos propusimos en este trabajo reflexionar acerca de la especificidad aportada por la perspectiva de género al momento de constituir e intervenir problemas. Partiendo de la inquietud que nos generaba cierta desinformación o pérdida del sentido político transformador de este enfoque.

Presentamos diferentes conceptualizaciones en relación al género y su articulación con lo histórico social, en las cuales puede reconocerse su sentido ético-político. Dicho sentido está y seguirá presente en la medida que la producción teórica se encuentre vinculada al interés de cambiar las realidades de los sufrimientos de las minorías que le dieron punto de partida; siempre y cuando se constituya como parte de la interpenetración en la malla social de la fuerza instituyente de los colectivos de mujeres y otras minorías.

La perspectiva de género portaría una especificidad no sólo por situar las particularidades que adquieren en diferentes momentos socio-históricos las relaciones de poder entre los géneros, sino fundamentalmente en la medida que se juega una implicación política por el apremio de poder dar respuestas transformadoras a partir de la producción de esas teorías.

La posibilidad de análisis e intervención de esta perspectiva, son fundamentales para enfrentar realidades tan terribles como el continuum de violencias contra las mujeres. Posibilita entender que dichas crueldades exceden las esferas doméstica e individual, porque son estructurales y sistemáticas, y que la victimización de lo femenino/feminizado, su sufrimiento, tiene una dimensión fundamentalmente expresiva como es la de enunciar un mensaje de poder y apropiación, de dominio y control (Segato, 2015) Librándonos así de esquemas sustentados desde universalizaciones y/o esencializaciones biológicas y/o psicológicas en el que las violencias adquieren un halo misterioso. O de modos de entender lo humano cuasi-místicas que impotentizan nuestras posibilidades de intervención, en términos de Silvia Bleichmar el “espiritualismo deseante” que es funcional al neoliberalismo (Bleichmar, 2006). Pensamos que posicionarnos como psicólogos desde la perspectiva de género amplia nuestra posibilidad de miramiento, de escucha y de búsqueda de resoluciones o alivio del sufrimiento humano.

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Consideramos importante volver a subrayar un aspecto importante sobre el que hemos reflexionado: el comprender que no todo cambio es instituyente. Ciertos cambios en las sociedades pueden responder a fuerzas antiproductivas. Hay reconfiguraciones, mutaciones de la subjetividad que portan formas renovadas de desigualdad, injusticia y opresión. Hablamos de la perfidia del capitalismo neoliberal de fagocitar las críticas feministas como auto- legitimaciones, o el pensamiento crítico en general, como productos de consumo. Permitiendo la asunción de posturas críticas a-críticas. ¿Pero cómo se produce esta posición crítica y a la vez despolitizada? ¿Qué características específicas subjetivas, institucionales y societarias permiten tal producción?

Están presentes en nuestra realidad también, representados por diferentes colectivos, el querer avanzar, profundizar, y afianzar la deconstrucción de las insistentes subalternidades, desde anhelos y deseos de libertades y alegrías políticas que puedan cada vez ser más trascendentes (Fernández, 2014). Elucidar críticamente nuestros posicionamientos como sujetos es imprescindible para poder participar de un proyecto de autonomía que siempre es singular y colectivo.

Notas

1Para un desarrollo pormenorizado que permite distinguir categorías relativas a la perspectiva de género puede recurrirse a Vidal Iara, Fabbri Luciano (2010) Cartilla de género. Secretaria de Derechos Humanos. Provincia de Buenos Aires.

2 Existe una copiosa bibliografía para profundizar en relación a los debates de académicos feministas y queer, puede consultarse Martínez, Ariel (2015). Dimensiones del cuerpo bajo el umbral de los debates feministas. Convergencias y divergencias en Simone de Beauvoir, Luce Irigaray y Judith Butler. Fundamentos en Humanidades, XIV (28): 141-166. Revista de la Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de San Luis (Argentina). ISSN 1515- 4467.

3 Se denomina feminismo de segunda ola al conjunto del movimiento social feminista en Estados Unidos correspondiente a las décadas de 1960 y 1970, el cual es analizado en el trabajo de Nancy Fraiser. Segunda ola, en referencia a la primera ola del feminismo que involucra los movimientos feministas en dicho país y en Inglaterra vinculado a las luchas por el derecho al sufragio durante el siglo XIX y principios del XX.

4 Son malestares de nuestro tiempo ligados a la esfera laboral el fenómeno del “techo de cristal” o “laberintos de cristal” desarrollado por Mabel Burin y el conflicto en una amplia población de mujeres entre maternidad versus desarrollo profesional. Para profundizar puede recurrirse a los textos de Burin, Meler (2008) y Fernández (2014) cuyas referencias están en la bibliografía.

5 Nos referimos a la posibilidad que tienen las mujeres de ciertos sectores sociales de acceder a educación y trabajos mejor reconocidos y remunerados gracias a delegar su trabajo

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doméstico y de crianza a otras mujeres. Por lo que políticas públicas como el llamado “blancamiento” de los empleos domésticos o la jubilación a las amas de casas pueden pensarse como políticas que incluyen la perspectiva de género y de derechos humanos.

6 Este continuum de violencia abarca desde los abusos verbales, emocionales y físicos, hasta la violación, la prostitución y la trata; el abuso sexual infantil incestuoso o extra-familiar, la violencia física y el acoso sexual; maternidades forzadas y operaciones ginecológicas innecesarias o riesgosas por la criminalización del aborto.

7 Para profundizar acerca del dispositivo de sexualidad consultar Foucault (1976) referencias en la bibliografía.

8 En la historia de nuestra disciplina y de nuestra Facultad han ido modificándose el modo de pensarse el rol profesional, hay numerosos trabajos e investigaciones al respecto. Para acercarse a una mirada introductoria al tema puede consultarse Lavarello, M. Laura. “Psicología-Psicólogo- Políticas públicas: aproximación histórica” III Congreso Internacional de Investigación: conocimientos y escenarios actuales, Facultad de Psicología, UNLP (2011).

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Referencias

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Ni una menos, la marcha que conmovió a un país. Una

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