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Las perspectivas teóricas que acompañan el proceso de intercambio en el aula La problematización de las desigualdades

Han habido avances en materia de Derechos Humanos -DDHH- a escala internacional y nacional, sin embargo podemos afirmar junto a Bauman (1992) que la contradicción entre la universalidad formal de los derechos de los ciudadanos y la posibilidades efectivas de acceder y ejercer esos derechos por una inmensa cantidad de personas, es uno de los “tramos más débiles que decide el destino del puente entero” (Bauman, 1992, 9)

El autor subraya que los derechos políticos son necesarios para establecer los derechos sociales; los derechos sociales son indispensables para que los derechos políticos sean “reales” y se mantengan vigentes. Ambas clases de derechos se necesitan mutuamente para su supervivencia, y esa supervivencia solo puede emanar de su realización conjunta. Cuestión que está lejos de plasmarse en los órdenes democráticos actuales, que responsabilizan y depositan en los individuos la capacidad de acceder a sus derechos por sus propios recursos, de los cuales carecen.

Este análisis entra en consonancia con la caracterización que Foucault (1978) establece acerca del nuevo orden social. El advenimiento de un Estado que economiza el ejercicio de poder a través de la construcción de consensos por los medios de comunicación y por sus propios agentes, los individuos. Se configura un modo de control estatal que se presenta a la vez como desentendido y condescendiente. Serán los propios interlocutores económicos y sociales los encargados de resolver los conflictos y las contradicciones, las hostilidades y las luchas que la situación económica provoque.

Otra caracterización sobre las sociedades actuales útil para tomar dimensión de cuáles son los desafíos a los que nos enfrentamos es la que propone Guattari (2006), quien sitúa que las sociedades capitalistas se sostienen en una axiomática de discriminación subjetiva, “si los negros no existiesen, sería preciso inventarlos de alguna manera” (Guattari & Rolnik, 2006, 96). Los procesos de marginalización atraviesan el conjunto de la sociedad en formas terminales como son las prisiones, los manicomios, los campos de concentración, hasta las diferentes formas de encasillamiento social. Y propone para poder operar sobre ellos partir del nivel en el que se articula la producción de subjetividad:

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El nivel de todo ese racismo entre hombre y mujer (impuesto casi desde el nacimiento), de todas esas dicotomías en las relaciones de semiotización (como actividad lúdica versus actividad escolar), de todos esos sistemas de punición que hacen que sólo sean seleccionadas las actividades rentables para un cierto sistema de jerarquía social. El nivel de la proyección de todos esos fantasmas colectivos de la peligrosidad de los llamados marginales («los locos son personas peligrosas», «los negros tienen una sexualidad extraordinaria», «los homosexuales son perversos polimorfos», etc.). Esa manera de captar los procesos de singularización y encasillarlos inmediatamente en referencias —referencias afectivas, referencias teóricas por parte de los especialistas, referencias de equipamientos colectivos y discriminadores. En esos devenires es en los que se da la articulación entre el nivel molecular de la integración subjetiva y todos los problemas políticos y sociales que hoy recorren el planeta” (Guattari & Rolnik, 2006, 96-97)

Desde esta perspectiva se lee en “el tramo más débil que decide el destino del puente entero”, una promesa: la promesa de las minorías. Para Guattari (2006) éstas no sólo representan polos de resistencia sino también potencialidades de procesos de transformación que, en una etapa u otra, son susceptibles de ser retomados por sectores enteros de las masas.

En convergencia con estas ideas la existencia de las significaciones imaginarias sociales emancipadoras de los movimientos de las minorías como las mujeres, o los trabajadores en la modernidad es pensada por Castoriadis (2006) como gérmenes de autonomía.

Para investir la libertad y la verdad, es necesario que éstas hayan ya aparecido como significaciones imaginarias sociales. Para que los individuos pretendan que surja la autonomía, es preciso que el campo social-histórico ya se haya auto-alterado de manera que permita abrir un espacio de interrogación sin límites (…).Para que alguien pueda encontrar en sí mismo los recursos psíquicos y en su entorno los medios para levantarse y decir: nuestras leyes son injustas, nuestros dioses son falsos, es necesaria una auto-alteración de la institución social, obra del imaginario instituyente” (Castoriadis, 1997, 13)

Aportes teóricos como los mencionados nos permiten construir una perspectiva desde donde pensar políticamente nuestra praxis. Poder situar analíticamente las relaciones entre la existencia de los individuos y la de las sociedades, poder tener una mirada más integral de su

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compleja imbricación, nos permite pensar lo que hacemos y saber lo que pensamos, elucidar críticamente nuestro lugar como agentes de salud y sujetos políticos.

Posicionarnos desde una perspectiva de pensamiento crítico frente a las injusticias, desigualdades y malestares de nuestro tiempo, puede permitirnos diseñar estrategias de intervención acordes a la multidimensionalidad de los problemas. Por ejemplo, poder entender como el espacio domestico continua siendo un espacio privilegiado de reproducción social patriarcal funcional al capitalismo, que la violencia contra las mujeres excede las esferas doméstica e individual porque es estructural y sistemática. Que las infancias en proceso de exclusión social se han convertido en el objetivo principal de las políticas punitivas, como respuesta monolítica y corridas de las intervenciones comunitarias e integrales.

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