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Donde hay poder hay resistencia Tensiones entre lo nuevo que surge…

El 3 de junio del 2015 miles de personas caminan por las calles del país bajo la consigna “Ni una menos”. Se aparece como un grito colectivo en contra de las violencias contra la mujer. En el recorrido por las calles se levantan carteles que, en el marco de la protesta, reclaman por la desnaturalización de discursos que profundizan la desigualdad de géneros y la violencia machista.

En este apartado, analizaremos las frases plasmadas en algunos de los tantos carteles sostenidos por varones y mujeres aquel 3 de junio, dado su valor como enunciados que

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interrogan la reproducción de los discursos inmanentes al sistema patriarcal, provocando de algún modo a quienes lo leen.

Castoriadis (2001) en relación a las Significaciones Sociales Imaginarias, afirma que ellas mismas animan a las instituciones. Tales significaciones una vez creadas se cristalizan o solidifican formando el imaginario social instituido, con el que es posible asegurar la continuidad de la sociedad, la reproducción y la repetición de las mismas formas que regulan la vida de las personas. Es a través del magma de significaciones imaginarias sociales que lo social instituido, aquello que era impensable e indecible en otro momento histórico, en la actualidad se ponen en discusión. Así, la marcha constituye una práctica transformadora, movilizadora de sentidos instituidos, en la que se intenta visibilizar las relaciones de poder que históricamente se producen y reproducen entre géneros y las prácticas violentas que dichos posicionamientos sociales conlleva.

Se nos vuelve innegable la dimensión política que cobra la mencionada convocatoria; quienes caminan las calles, al levantar carteles, levantan la voz en contra de la legitimación del sistema patriarcal. En cada frase, en cada enunciado, no sólo se reflexiona sino que se emite una denuncia frente a dichos discursos; es una visibilización de prácticas y discursos legitimantes en el grito de “basta de femicidios”, y la exigencia de una respuesta frente a las consecuencias que la invisibilización de la violencia machista ha tenido.

Foucault (1983) define al poder como juego de fuerzas no igualitarias, omnipotente, inmanente a todas las relaciones sociales. El poder es una multiplicidad de fuerzas, y donde hay poder, hay resistencia. Es de esta manera que frente a la reproducción de lo instituido encontramos a la convocatoria de Ni Una Menos como un foco de resistencia en este juego de fuerzas.

Comenzando con el análisis de los carteles, en uno de ellos se lee: “Si me violan ahora,

¿dirás que lo provoqué?”. Esta oración nos lleva a reflexionar acerca de los discursos que

múltiples medios masivos de comunicación enuncian sobre la mujer cuando éstas son víctimas de violación o abuso sexual. Estos medios hablan de una mujer culpable, de una mujer que si la violaron, seguramente no estaba vestida de manera adecuada o debió haberse comportado de un modo lo bastante provocativo como para que eso sucedería; una mujer que tendría que haberse cuidado, o tomar las precauciones necesarias para evitar que alguien la viole. Sea cual fuere el caso, algo habrá hecho, ella es la culpable. Todos discursos que culpabilizan a la mujer de tal acto, que corren el foco de que lo que sucede resaltando las características y actos de la mujer violada. Consideramos que los invisibles forman parte de la misma estructura que los visibles. Donde hay cuestiones que se resaltan hay otras que permanecen ocultas.

Gabriela Castellanos, al reflexionar sobre la culpabilización de las víctimas, de los subordinados por razones diversas como género, clase o raza, propone no pensar en términos de culpa ya que ésta constituye un mecanismo de dominación. La autora afirma que se trata más bien de ir más allá de explicaciones moralistas “para acceder a una concepción de las

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relaciones de poder que nos acerque a sus mecanismos ocultos, escondidos, muchas veces, en los resortes más íntimos de los saberes y los discursos cotidianos”(2006, 8)

Continuando con el análisis de los carteles, en una foto podemos ver una mujer con un bebé en brazos, sosteniendo a su vez un cartel que dice “Criemos hombres no machos”. Consideramos que éste intenta reflexionar acerca de los modos esencialistas de pensar a la mujer y al varón.

Siguiendo las conceptualizaciones de Ana María Fernández (1993), a partir de supuestos biologicistas se entienden los atributos por lo que se define lo masculino y femenino como parte de su naturaleza innata. De este modo es como se atribuyen características totalizadoras a uno y otro género y se distribuyen los lugares sociales y posicionamientos subjetivos de cada uno. En nuestra sociedad se han asignado diferentes atributos del ser mujer como la sensibilidad, el instinto maternal, el sentimentalismo, entre otros. Pero, así como la figura de la mujer ha sido construida a partir de ciertos rasgos que, bajo una falacia biologicista, se han entendido propios de su naturaleza, podemos pensar que también existen significaciones que operan en el mismo sentido en torno a la figura del varón: un hombre macho, un ser fuerte, con capacidad de mando, que debe mostrar el poder.

Es decir que, donde se inventa una mujer, también se inventa un hombre. Criar hombres no machos, en cambio, implica correrse de ese sentido universal de entender al varón, implica dejar de recrear cierta imagen del mismo que, lejos de formar parte de su naturaleza, es construida socialmente. Permite la posibilidad de pensar otros varones posibles, entendiendo que ese hombre macho es producto de un proceso socio-histórico y que nada de su realidad natural lo lleva a ser o comportarse como “macho”. Consideramos así que para pensar ni una menos se hace necesario elucidar las categorías de mujer así también como las de varón.

Otra de las oraciones que puede verse en uno de los carteles es “Quien ama no mata, no humilla, no maltrata”. Creemos que aquí se puede visibilizar lo que Ana María Fernández (1993) denominó el mito del amor romántico, en el cual la mujer aparece como “ser de otro”, que produce una subjetividad en clave sentimental. Con mito, la autora se refiere a las cristalizaciones de significaciones, las cuales operan como organizadores de sentido en el accionar, pensar y sentir tanto de los hombre como de las mujeres parte de cada sociedad. Lo que a simple vista resulta una obviedad, nos lleva a reflexionar sobre las tantas prácticas violentas que intentan ser justificadas por una causa de amor.

El mito, al mismo tiempo que visibiliza algunos aspectos deniega otros. Cuántas veces hemos oído en los medios masivos de comunicación “lo hizo por amor”, o la expresión “crimen pasional” para referirse a lo que en verdad es un femicidio, haciéndose invisible la violencia contra la mujer ejercida allí. De allí que consideramos interesante dar cuenta de la eficacia simbólica de significaciones sólidas que son reproducidas día a día en el tejido social. Lo que predomina en estos casos es el ideal amoroso, el aspecto romántico del vínculo de pareja, dejando de lado las relaciones de poder que se producen dentro de la misma. Maltratar, humillar y matar es una historia repetida. Esto mismo es lo que enuncia y denuncia este cartel,

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en un proceso de deconstrucción de las significaciones que legitiman actos de fuerza bajo el mito del amor romántico.

En relación a esto mismo finalizamos este análisis con otro cartel que hace un llamado a la reflexión y al compromiso con los hechos de la actualidad: “La violencia deja marcas, no verlas, deja femicidios”. Se nos vuelve una frase de gran importancia ya que no podemos dejar de dar cuenta que la subordinación de género y la violencia ejercida a partir de ello, deja marcas en la subjetividad de las mujeres. Entonces deconstruir no tiene que ver tanto con una búsqueda del sentido oculto, de lo escondido en la profundidad sino de invisibles que operan de manera eficaz en la construcción subjetiva de cada una de nosotras. Significaciones que impactan en nuestros modos de ser, de sentir, de actuar, que naturalizan el ejercicio de poder, la subordinación y las diferentes violencias sufridas. Y es aquí donde se nos presenta como fundamental poder elucidar y visibilizar los discursos legitimantes de la violencia machista, dado de que su reproducción tiene efectos.

Una mujer cada treinta horas es asesinada por violencia de género, siendo evitables un alto porcentaje de estas muertes, ya que en muchos casos las mujeres han realizado múltiples denuncias previamente. Para que ni una mujer más sea víctima de la violencia machista, se vuelve imperioso un trabajo de dilucidación. Hablamos de una urgencia y de un llamado de alerta sobre la necesidad de comenzar a reflexionar sobre la violencia contra las mujeres

Asimismo, consideramos que son estas marcas las que se convierten en puntos de resistencia cuando miles de personas marchan para decir basta, cuando se alzan los diferentes carteles que llaman a la reflexión sobre aquellos sentidos que se reproducen en la institución de la sociedad. Así, cada enunciado, cada frase escrita se vuelve una apuesta la transformación de las significaciones imaginarias sociales que garantizan el ejercicio del poder en un sistema patriarcal.

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