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33 conjunto de enlaces intratextuales para establecer las relaciones semánticas que

precisa un texto para constituirse como unidad de significación” (230).

Según lo expuesto, cohesión y coherencia están ligadas íntimamente, aunque son de naturaleza distinta, pero sería incorrecto tratarlos como sinónimos, porque son conceptos diferentes. Algunos autores como Halliday y Hasan prescinden de hablar de la coherencia, porque conciben la cohesión como el conjunto de relaciones semánticas que indican las condiciones socioculturales donde se desarrolla la comunicación. Van Dijk (1983) llama a la cohesión coherencia textual. Charolles M. (1978) hace coincidir los mecanismos de la cohesión con los procedimientos para lograr coherencia, al formular las siguientes reglas para que un texto sea considerado coherente:

- Regla de repetición: en su desarrollo lineal, las proposiciones se encadenan

gracias a elementos de recurrencia como la referencia (anáfora y catáfora) y la sustitución léxica.

- Regla de progresión: el desarrollo del texto debe producirse con la constante

aportación de información nueva. La progresión semántica se lleva a cabo a través de la articulación tema-rema y los conectores.

- Regla de no-contradicción: es necesario que no se introduzca ningún

elemento semántico que contradiga un contenido establecido previamente, sea explícito o implícito.

- Regla de relación: los hechos referidos deben estar relacionados en el mundo

real o imaginario representado. Los conectores se usan para desempeñar esta función.

En síntesis, digamos que la coherencia se refiere al significado del texto en su totalidad, a los lazos globales que existen para su unidad. Es una propiedad textual y de naturaleza pragmática porque deriva de la combinación de elementos lingüísticos, concretamente los mecanismos de cohesión que la aseguran, y los factores extralingüísticos, como el conocimiento del mundo y el contexto situacional y cultural compartido por el emisor y el destinatario a los que recurren para establecerla. El contexto facilita las inferencias adecuadas para que el discurso sea interpretable y pertinente. La cohesión se refiere a los lazos lineales del texto que guían al receptor en su proceso de comprensión e interpretación del discurso. Es una propiedad puramente textual constituida por elementos de orden gramatical, léxico y

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gráfico. No obstante, no es la única e indispensable condición de la coherencia, porque un mismo texto con marcas cohesivas puede resultar coherente en un contexto e incoherente en otro, y un texto sin esas marcas puede ser perfectamente aceptable e interpretable en una situación determinada. Por ejemplo, un texto ensayístico tendrá más conexión explícita que un telegrama pero ambos son coherentes.

En este estudio adoptamos el uso de los términos cohesión y coherencia tal como vienen definidos en esta síntesis, con el fin de evitar la ambigüedad y la confusión.

Debido a la importancia fundamental de la cohesión y la coherencia en construir el significado y el sentido de un texto, a través de las relaciones que se establecen entre sus proposiciones, el traductor debe tenerlos en consideración en el proceso de restitución textual, con el fin de crear la misma coherencia interna, utilizando los elementos lingüísticos que mantienen las mismas relaciones entre las proposiciones y guían de modo similar al nuevo receptor en su proceso de interpretación del significado pretendido por el autor original. Lo que garantiza mantener la orientación del texto original es que el traductor evite la interferencia de su universo de creencias y valores en la producción de su versión. Para ello, su proceso interpretativo debe ser muy cuidadoso y objetivo.

Los conceptos teóricos y metodológicos de las teorías del texto como la

cohesión, la coherencia y la progresión temática nos resultan operativos a la vez que

complementarios para describir el funcionamiento frástico y discursivo de los marcadores del discurso y su papel en el paso del texto original al texto traducido.

1.2.2. Tipología de los mecanismos de cohesión

Se ha establecido un número considerable de clasificaciones del conjunto de mecanismos cohesivos. Muchas han tomado como punto de partida la tipología de Halliday y Hasan (1976). A continuación presentaremos algunas de estas propuestas, tomando como criterio de selección que las unas ofrecen una interesante aportación respecto a las anteriores. Nos limitamos a exponer solamente tres propuestas por cuestiones de espacio.

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1.2.2.1. Tipología de Halliday y Hasan (1976)24

Para estos lingüistas, aunque la cohesión se refiere a las relaciones de tipo semántico, se materializa, como todos los componentes del sistema lingüístico, en el nivel léxico-gramatical, a través del léxico y de la gramática. De esta forma, establecen la siguiente clasificación de las relaciones cohesivas que implican correferencia:25 - Cohesión léxica: las relaciones léxicas abarcan dos aspectos:

 Reiteraciones: la repetición referencial consiste en que una expresión constituya una “repetición de un referente ya mencionado recurriendo a un

elemento léxico que mantiene con el término que indicó en primer lugar este referente una relación formal de diferentes grados de variación” (Rocío I.

García Rodríguez, 2006, 2). Se distinguen diferentes tipos en este grupo heterogéneo: repetición (sin más, de una palabra ya empleada), sinónimo o

cuasi-sinónimo, hiperónimo26, nombres generales (“los autores ofrecen como

ejemplo de este tipo de relación sustantivos como hombre, lugar, idea, añadiendo que suelen ir precedidos de un artículo u otro determinante que exprese su uso referencial” (García Rodríguez, R. I., 2006, 2) y formas pronominales.

 Colocaciones:

[...] no queda claro qué entienden exactamente por colocación: aluden tanto a la frecuencia de coaparición de dos palabras como a su tendencia a compartir los mismos contextos verbales -es apreciable, entonces, la combinación de dos nociones distintas en su concepto de colocación-; esta inexactitud en la delimitación del término se refleja en la serie de ejemplos que ofrecen: hombre-mujer (complementarios), amor-odio (antonimia),

coche-freno (metonimia), mesa-silla (cohipónimos), otros conjuntos más o menos

cerrados como los días de la semana (términos ordenados) o los colores (no ordenados), y también los enlaces entre palabras pertenecientes a un mismo campo semántico (ladrillo-

albañil) (Rocío I. García Rodríguez, 2006, 3).

- Cohesión gramatical, en la cual consideran:

 La referencia: las formas pronominales de referencia obligan al lector a buscar su interpretación en otro lugar, fuera de ellas.

24 El modelo de cohesión de Halliday y Hasan no tiene “como objeto formular una descripción que dé

cuenta de cómo se comprenden los textos. Su interés se centra, más bien, en examinar los recursos lingüísticos de que disponen hablantes y escritores para señalar las relaciones de cohesión. Su examen de estos recursos es rico, interesante y agudo” (Brown y Yule, 1993, 251-252).

25 Las formas correferenciales son aquellas que “en vez de ser interpretadas semánticamente por sí

mismas... hacen referencia a algo más para su interpretación” ([Halliday y Hasan] 1976:31); (Brown y Yule, 1993, 238),.

26 Hipónimo y hiperónimo son dos palabras correferenciales que se conectan a través de una relación

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