El III Congreso Psicoanalítico Internacional: Weimar, 1911.
3.3. CONSECUENCIAS INMEDIATAS DE NUREMBERG.
3.3.1. Consecuencias científicas.
Desde lo puramente científico, podemos dividir estas consecuencias en dos apartados: a) lo teórico y b) lo técnico.
- a) lo teórico:
Freud se centrará en apuntalar los elementos básicos de la teoría psicoanalítica: la etiología sexual de las neurosis, la sexualidad infantil y la estructuración del psiquismo a través del complejo de Edipo. Para ello, como siempre, se apoyará en la clínica. El caso de “el Hombre de los lobos” le ofrecerá la constatación de estos principios frente a las especulaciones de Adler y Jung, que amenazaban con cuestionar la sexualidad infantil, y con desplazar a la sexualidad del eje de la investigación y de la teoría psicoanalítica.
La necesidad de extender la clínica más allá de las neurosis (el estudio de las psicosis, y en especial de la paranoia), le llevará al descubrimiento del narcisismo. Ello tendrá efectos paradójicos: por un lado, le permite demostrar que la sexualidad está también en la base de la etiología de las “psicosis narcisistas”, en contra de las posiciones de Jung, que ya intentaban relativizar el papel de la libido sexual; por otro lado, introducirán a Freud en el estudio de la metapsicología y le llevarán a tener que reformular sus teorías sobre el aparato psíquico y, tras el descubrimiento posterior de la pulsión de muerte, elaborar la “segunda tópica”.
- b) lo técnico:
En Nuremberg, Freud hacía público su compromiso de escribir una “metodología general del psicoanálisis”, proyecto que llevaba tiempo acariciando y que ya había comenzado a escribir:
En una «metodología general del psicoanálisis» me empeñaré próximamente en tratar todas estas constelaciones importantes para entender la cura467.
Poco después del Congreso abandonará definitivamente éste proyecto y lo sustituirá por una serie de ensayos breves sobre técnica, los conocidos como Escritos técnicos. ¿Por qué abandona Freud este proyecto ya iniciado?
467 Carta de Freud a Ferenczi del 26/11/1908 (E. Brabant, E. Falzeder, y P. Giampieri-Deutsch, 1993a, pp. 70-
Entre otros motivos, como el temor a que sus seguidores iniciaran una práctica de aplicación de reglas fijas y rígidas, el descubrimiento de la “contratransferencia” será decisivo para el abandono del proyecto de escribir una metodología general. La contratransferencia complejiza enormemente la técnica analítica, la pone en cuestión, y pone sobre el tapete la cuestión de la formación y la enseñanza de la técnica. Además su reconocimiento público supondría un arma demoledora en manos de los enemigos del psicoanálisis, sobre todo teniendo en cuenta que su descubrimiento viene de la mano de su puesta en acto por parte de sus discípulos.
Antes de Nuremberg, Freud no ha hablado públicamente de la contratransferencia, y mucho menos escrito. Pero en su correspondencia con Jung ya había aparecido468. En
Nuremberg, volverá a ocuparse de la contratransferencia, y lo hará por primera vez públicamente (Freud, 1910a, 1566):
Otras innovaciones de la técnica atañen a la persona del propio médico. Nos hemos visto llevados a prestar atención a la «contratrasferencia» que se instala en el médico por el influjo que el paciente ejerce sobre su sentir inconsciente, y no estamos lejos de exigirle que la discierna dentro de sí y la domine. Desde que un número mayor de personas ejercen el psicoanálisis e intercambian sus experiencias, hemos notado que cada psicoanalista sólo llega hasta donde se lo permiten sus propios complejos y resistencias interiores, y por eso exigimos que inicie su actividad con un autoanálisis y lo profundice de manera ininterrumpida a medida que hace sus experiencias en los enfermos. Quien no consiga nada con ese autoanálisis puede considerar que carece de la aptitud para analizar enfermos.
Freud da un importante salto, de enormes consecuencias futuras, al relacionar por primera vez la superación, o dominio, de la contratrasferencia al “autoanálisis” y, por tanto, al análisis del analista469.
468 En 1909, un año después del Congreso de Salzburgo y tras el fracaso de Jung en el tratamiento de Otto
Gross (y, también, tras la aparición en escena del “asunto Spielrein”), Freud va a hablar por primera vez de contratransferencia, será en una carta a Jung (Freud a Jung 7/6/1909 en W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 280): “Tales experiencias, si bien dolorosas, son necesarias y difíciles de evitar. Tan sólo entonces se conoce la vida y el asunto que se tiene entre manos. Yo mismo no he llegado a incurrir en ello por completo, pero algunas veces he estado muy próximo y logré “a narrow scape”. Creo que tan sólo las penosas necesidades bajo las que se desarrollaba mi trabajo y el decenio de retraso con respecto a usted con que llegué al psicoanálisis me han protegido con respecto a experiencias análogas. Pero no perjudican. Así se le endurece a uno la piel, cosa necesaria, se domina la “contratransferencia” en la que queda uno cada vez implicado y se aprende a desplazar las propias emociones y a situarlas convenientemente. Es a blessing in disguise…”
Sólo unos meses antes, Ferenczi le contaba a Freud su tendencia a hacer suyos los sentimientos de sus pacientes: “todavía me tomo muy a pecho los asuntos de los enfermos”(Ferenczi a Freud 22/11/1908 (E. Brabant, E. Falzeder, y P. Giampieri-Deutsch, 1993a, p. 69).
Freud volverá a hablar de contratransferencia en otra carta a Jung, una vez superado el asunto Spielrein, tras el viaje a América, y a poco más de dos meses del Congreso psicoanalítico de Nuremberg (Freud a Jung 2/2/1910 en W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 345): “Yo habría considerado como completamente imposible el análisis de la mujer propia. El padre del pequeño Hans me ha demostrado que se puede hacer muy bien. Pero la premisa técnica que recientemente me preocupa, “la superación de la contratransferencia”, resulta demasiado difícil en este caso468.
¿Qué propone Freud realmente con “la superación de la contratransferencia”? En cualquier caso, desgraciadamente para Jung, esta propuesta técnica no le ayudaba demasiado para comprender lo que le había ocurrido con Otto Gross y con Sabina Spielrein.
469 Ferenczi recogerá inmediatamente este reto y se lanzará a su propio autoanálisis, que supervisará
Hacia finales de 1910, Freud cree que va encontrando el camino: la técnica no podrá aprenderse en los libros, sino solamente en el propio análisis. El problema de la contratransferencia queda así estrechamente ligado al análisis del analista (Freud, 1910b, 1574):
Al médico no le basta, entonces, conocer algunos de los resultados del psicoanálisis; es preciso familiarizarse también con su técnica si quiere guiarse en la acción médica por los puntos de vista psicoanalíticos. Esa técnica no puede aprenderse todavía de los libros y, por cierto, sólo se la obtiene con grandes sacrificios de tiempo, trabajo y éxito. Como a otras técnicas médicas, se la aprende con quienes ya la dominan.
Poco después, abandona para siempre la idea de escribir una metodología general del psicoanálisis que, en estos momentos, quizás entrañe más peligros que beneficios. A principios de 1911, cuando se prepara para iniciar una serie de artículos sobre técnica (que ocuparán el lugar de la tan esperada metodología general), Ferenczi le comunica que está muy preocupado
por Elma, la otra hija470 de su pareja Gisella Palos, y consulta a Freud. La contratransferencia vuelve a entrar en escena:
(…) una comprensión demasiado indulgente le hace a uno muy propenso a tomar partido por el paciente (es decir, por la fantasía) y contra los familiares (es decir, la realidad). Por tanto, hay que tener en cuenta aparte de la contratransferencia, el peligro de “ser inducido” por los pacientes. (Quizá no sea más que una forma de contratransferencia)471.
Ferenczi a Freud del 5/4/ 1910 y del 17/4/1910 en E. Brabant, E. Falzeder, y P. Giampieri-Deutsch, 1993a, pp. 202-204 y pp. 208-209; y carta de Freud a Ferenczi del 6/10/1910, también en E. Brabant, E. Falzeder, y P. Giampieri-Deutsch, 1993a, 265): “Es una falta de educación por mi parte molestarle con estos asuntos estrictamente personales que podría solucionarlos por mí mismo. Pero como conoce mi insatisfecha necesidad de apoyo, le parecerá comprensible y perdonable. (…) quisiera exponer mi hipótesis de que la práctica psicoanalítica continuada incrementa esta necesidad de apoyo. Ya antes de que usted fijara su exigencia de la “supresión de la contratransferencia”, todos lo hacíamos instintivamente, y esta supresión permanente necesariamente se acumula para formar un ente perturbador, cuando se está, como yo, tras 10-12 horas de trabajo, completamente solo y falto de objeto de amor Efectivamente, es, sobre todo, por las noches cuando me duele en esta soledad” (5/4/1910, p.203).
“Soy consciente de que la cura definitiva de una persona implica su capacidad de autoanálisis total y la solución de sus conflictos interiores sin ayuda externa, y me he propuesto seriamente no hacer uso de su invitación a escribirle cuanto quiera y las veces que quiera, más que para referirle los resultados de mis autoanálisis; (…) Si estuviera en mis manos, les aconsejaría a todos nuestros compañeros de trabajo que lo hicieran de forma parecida” (17/4/1910, p.208).
“No soy el superhombre psicoanalítico que se ha forjado en su imaginación ni he superado la contraransferencia. No he podido tratarlo de tal modo, como tampoco podría hacerlo con mis tres hijos, porque los quiero demasiado y me sentiría afligido por ellos. Usted no sólo ha advertido, sino que lo ha comprendido también, que ya no siento necesidad alguna de poner completamente al desnudo mi personalidad y ha comprendido también cuál es el hecho traumático en que se origina esta actitud. Después del caso Fliess, en cuya superación me ha visto recientemente ocupado, aquella necesidad se ha extinguido”.
470 Gisella Palos tenía otra hija, mayor que Elma, Magda, que estaba casada con Lajos Ferenczi, hermano
menor de Sandor Ferenczi.
471 Carta de Ferenczi a Freud del 7/2/1910 (E. Brabant, E. Falzeder, y P. Giampieri-Deutsch, 1993a, 297-p.
Freud en esos momentos está inmerso en el conflicto con Adler y no se da por enterado. Por si fuera poco, Ernest Jones, que se había afincado en Toronto, es denunciado por abuso sexual por una paciente y, asustado, paga 500 dólares para tapar el posible escándalo.
En la segunda mitad de 1910, la situación empeora: Adler se marcha de la Sociedad Psicoanalítica y tras él la mitad de sus miembros; para Jones, la situación en Toronto se hace insostenible y decide regresar a Europa. Jung y Ferenczi, pese a los deseos de Freud, no se ponen de acuerdo para trabajar juntos en sus investigaciones sobre ocultismo. Sabina Spielrein llega a Viena a formarse como analista y Elma Palos empeora su estado, ante lo que Ferenczi decide tomarla en tratamiento:
Fíjese que he decidido acoger en tratamiento psicoanalítico a su hija (Elma); las circunstancias se han vuelto sencillamente insoportables. Por el momento las cosas marchan bien y el efecto es favorable. Naturalmente tiene que hablar mucho más conmigo que otros pacientes, pero esto no resulta ser necesariamente un obstáculo472
Freud, esta vez sí responde:
(….) le deseo mucho éxito en la nueva empresa con la señorita Elma. En realidad, temo que vaya bien hasta un determinado momento y después empeore todo. No sacrifique por exceso de bondad muchos de sus secretos473
Freud recomienda prudencia a Ferenczi, prudencia en el manejo y superación de su contratransferencia. El análisis de Elma, en un principio, parece funcionar, pero en octubre se suicida uno de sus pretendientes y su situación empeora de nuevo.
Mientras, Jung está atravesando una profunda crisis. Su mujer, Enma, preocupada le escribe a Freud y le cuenta que teme un distanciamiento entre ellos474. Jung está terminando Símbolos y transformaciones de la libido (Jung, 1912), mientras que Freud está inmerso en la redacción de Tótem y tabú (Freud, 1913c)475.
Sabina Spielrein y Freud ya se conocen personalmente y ella ya ha sido presentada en la SPV, participando activamente en las reuniones: “La Spielrein ha presentado ayer un capítulo de su trabajo (…) es muy buena y comienzo a comprender”476. Freud relata epistolarmente los avances de Sabina en Viena a Jung, todo lo cual, evidentemente, no mejora precisamente la predisposición de Jung hacia Freud, aunque éste parece no darse cuenta.
472 Carta de Ferenczi a Freud del 14/7/1911 (E. Brabant, E. Falzeder, y P. Giampieri-Deutsch, 1993a, p. 340).
473 Carta de Freud a Ferenczi del 20/7/1911 (E. Brabant, E. Falzeder, y P. Giampieri-Deutsch, 1993a, p. 341). 474 Carta de Enma Jung a Freud del 6/11/1911 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, pp. 521-522).
475 Freud esperaba que ambos fueran textos complementarios, pero la realidad será que ambos textos marcarán
el inicio de su separación teórica y la confirmación de la personal.
Pero aún aumentarán las preocupaciones: la pareja de Jones, Loe Kahn, empeora en sus problemas físicos y en su adicción a la morfina. Jones pide a Freud que la trate en Viena. Además, lo que Freud preveía está sucediendo: el tratamiento de Ferenczi con Elma empieza a descontrolarse:
Como proceso paralelo, se produjo un aparente desprendimiento libidinoso de la Señora Gisella. Este fue propiciado por la cura de su hija, que estaba en tratamiento conmigo y se encuentra en fase de transferencia. Pensaba en serio que le seguía fiel a la Sra. G. únicamente por piedad, y tenía fantasías de matrimonio con Elma.477
Freud se alarma al darse cuenta que el tratamiento de Elma está desbordando a su amigo. Del “Querido amigo”, que encabezaba sus cartas, pasa al “Querido hijo” en su respuesta: “(…) admito de buen grado que preferiría un amigo independiente, pero si da tantos problemas le tendré que adoptar como hijo478. El intercambio posterior es
dramático y conmovedor. Al poco tiempo, el 3 de marzo de 1912, Ferenczi ha perdido totalmente las riendas del tratamiento, se ha enamorado de Elma y pide ayuda a Freud479, que no abandona a su amigo y asume el mando de la situación, tomando una decisión drástica y rápida: pide a Ferenczi que interrumpa el tratamiento y vaya a visitarle inmediatamente a Viena. Además Freud escribe directamente a Gisella Palos pidiéndola que acepte la situación y renuncie a Ferenczi, que está decidido a casarse con Elma480.
477 Carta de Ferenczi a Freud del 14/11/1911 (E. Brabant, E. Falzeder, y P. Giampieri-Deutsch, 1993a, p. 357). 478 Carta de Freud a Ferenczi del 17/11/1911 (ibid., p. 359).
479 Carta de Ferenczi a Freud del 3/12/1911 (Ibid. pp. 363-364), que reproducimos completa:
“Querido profesor:
Todavía no tengo derecho a declararme adulto; la urgente necesidad de relatarle los sucesos que me conciernen personalmente es señal certera de la postura infantil. Ha bastado con que mencionara con una palabra su comprensión por mi difícil situación para que me ponga a contárselo todo.
Las cosas suceden más de prisa de lo que me imaginaba. No he sabido conservar frente a Elma la fría superioridad del analista, de modo que mostré flaquezas que propiciaron inevitablemente una suerte de acercamiento que trascendía la benevolencia del médico o del amigo paternal (….) Quizá, al fin, mi juicio se ofuscara por la pasión -al menos no descubro en el carácter de Elma nada que me hubiera disuadido interiormente del acercamiento-. Mi situación se ve aliviada -y agravada-por el tratamiento insuperablemente amable, permanentemente complaciente y cariñoso que me dispensa la Señora G., que está enterada de todo. Le guardo los sentimientos más tiernos, y me da muchísima pena.
Ella sabe que le escribo y le pide a través de mí que me apremie a tomar una decisión. Desde el punto de vista analítico, debo interpretar el asunto en el sentido de que Elma se volvió especialmente peligrosa para mí cuando -tras el suicidio de ese joven- necesitaba urgentemente a alguien que le apoyara y la ayudara en su dolorosa situación. Yo lo hacía demasiado bien, aunque a veces me esforzara en moderar mi ternura. Pero la brecha estaba abierta, y ahora parece que entra victoriosamente en mi corazón. Usted me conoce, conoce mi deseo de tener una familia, conoce también a la Señora G., sus virtudes y su único defecto, así como el punto débil de mi organismo. Quizá pueda dar algún consejo que me ayude en la lucha de la decisión.
¡Muchas gracias por su comprensión! Suyo afectísimo, Ferenczi
480 Para conocer a fondo todo este episodio y los pormenores de la relación entre Ferenczi, Freud, Gisella y
Elma conviene leer el capítulo que J. Forrester (1997, pp. 55-116) dedica en su libro Sigmund Freud. Partes de guerra.
Se cierra el año con una carta de Freud a Jung. En ella le comunica que ya ha terminado el primer artículo sobre técnica - El uso de la interpretación de los sueños en el psicoanálisis (Freud, 1911) - y a continuación le manifiesta su preocupación de que se involucre demasiado en los tratamientos. La contratransferencia, cada vez está más presente y se muestra más peligrosa:
La C. me ha contado todo tipo de detalles acerca de usted y de Pfíster481, si es que se puede llamar “referir” a tales insinuaciones, de lo cual deduzco que ustedes dos no han adquirido aún la frialdad necesaria para la consulta, que participan aún demasiado y ponen mucho de personal, a fin de exigir una correspondencia por ello. ¿Es que yo, el honorable y anciano maestro puedo advertir que por lo regular se equivoca uno con esta técnica, que más bien se ha de permanecer impenetrable y en una actitud receptiva? El trabajo sobre Contratransferencia, que me parece necesario, no se debería imprimir, de todos modos, sino que ha de circular entre nosotros en copias482.
En su correspondencia no volverá a hablar sobre contratransferencia hasta 1913, en una carta a Binswanger483, y públicamente sólo hará mención en el último de sus
escritos técnicos, Puntualizaciones sobre el amor de transferencia (Freud, 1914d). La dificultad de controlar la contratransferencia obligará a replantearse sus concepciones sobre el “autoanálisis” del analista484 y abrirá el debate sobre la necesidad de definir cuál debe ser la formación técnica del analista.
El problema sobre la técnica no podría resolverse sin establecer un sistema de formación y éste no podría ponerse en marcha sin consolidar un movimiento institucionalizado. Después del Congreso, Freud reafirmaba que sólo la pertenencia a la IPA podía legitimar al analista (Freud, 1910b, 1574):
481 Oskar Pfister acababa de divorciarse, decisión para la cual había pedido consejo a Freud (W. McGuire y
W.Sauerlander, 1974, p. 512).
482 Carta de Freud a Jung del 31/12/1911(ibid, 1974, 543).
483 Carta de Freud a Binswanger del 20/2/1913 (N. Caparrós, 1997, pp. 476-477): “El problema de la
contratransferencia que evoca es uno de los más difíciles de la técnica psicoanalítica. Desde la teoría pienso que es más fácil de resolver. Lo que se le da a un paciente no debe ser jamás un afecto espontáneo sino que ha de ser expresado siempre de manera consciente en mayor o menor cantidad según las necesidades. En ciertas circunstancias es preciso dar mucho, pero jamás nada que salga directamente del inconsciente del analista. Para mí esa es la regla. Se debe siempre reconocer y superar la propia contratransferencia para ser libre. Dar poco a un paciente porque se le ama demasiado es confundirle, es un error técnico. No es fácil y hace falta experiencia”.
484 Recordamos que en Nuremberg había reconocido públicamente el problema de la contratransferencia,
colocándolo en el centro del autoanálisis del analista (Freud, 1910a, p. 1566): “Otras innovaciones de la técnica atañen a la persona del propio médico. Nos hemos visto llevados a prestar atención a la «contratrasferencia» que se instala en el médico por el influjo que el paciente ejerce sobre su sentir inconsciente, y no estamos lejos de exigirle que la discierna dentro de sí y la domine. Desde que un número mayor de personas ejercen el psicoanálisis e intercambian sus experiencias, hemos notado que cada psicoanalista sólo llega hasta donde se lo permiten sus propios complejos y resistencias interiores, y por eso exigimos que inicie su actividad con un autoanálisis y lo profundice de manera ininterrumpida a medida que hace sus experiencias en los enfermos. Quien no consiga nada con ese autoanálisis puede considerar que carece de la aptitud para analizar enfermos”.
En la primavera de 1910 la Asociación Psicoanalítica Internacional hace publicar los nombres de sus miembros, con objeto de poder rechazar toda responsabilidad derivada de la actuación de aquéllos que no pertenecen a nuestro grupo y dan, sin embargo, a sus procedimientos médicos el nombre de psicoanálisis.