El III Congreso Psicoanalítico Internacional: Weimar, 1911.
3.3. CONSECUENCIAS INMEDIATAS DE NUREMBERG.
3.3.2. Consecuencias políticas
Después de Nuremberg podemos decir que el sistema institucional del movimiento psicoanalítico está verdaderamente instaurado: ya existe una Asociación Psicoanalítica Internacional consolidada, que puede decir quién es psicoanalista y quién no es psicoanalista, y que puede decir qué es psicoanálisis y qué no lo es. La asociación puede crear también un sistema oficial y reconocido para hacerse analista. El primer grupo psicoanalítico en afiliarse a la recién creada Asociación Psicoanalítica Internacional, fue la Sociedad Psicoanalítica de Berlín, con Abraham como Presidente y con nueve miembros, entre los que se encontraba Max Eitingon. La elección de Jung tenía una importancia capital, pues no sólo suponía incorporar al joven y brillante discípulo de Eugen Bleuler (probablemente, junto con Kraepelin, el psiquiatra más reconocido en todo el mundo en aquel momento), sino conseguir el respaldo del mundo cristiano y el reconocimiento de Zurich y del Hospital Burghölzli (la clínica psiquiátrica más avanzada en ese momento). Allí se habían formado también personajes fundamentales en la, aún corta, historia del psicoanálisis: Ernest Jones, Karl Abraham, Max Eitingon y Abraham A. Brill. Además, Zurich abría para el psicoanálisis las puertas del mundo académico y universitario. Años después recordará Sandor Radó (1948, 185):
En esa época todos estaban convencidos de que la Clínica Zurich-Burghözli llegaría a ser el primer hogar académico del psicoanálisis. Sin embargo, la secesión de Jung en 1913 puso fin a ese sueño.
Freud no había perdido la esperanza del reconocimiento académico, aunque supiera que éste nunca llegaría en Viena. Su reciente experiencia en la Universidad de Clark, había hecho renacer en él las esperanzas de lograr que el psicoanálisis entrara en la universidad. El golpe de timón dado en Nuremberg había sido muy fuerte para un movimiento tan precario e incipiente. El precio lo pagó en su propia casa, en Viena. Al regreso de Zurich, le escribía a Ferenczi el 3/04/1910485:
No hay duda de que fue un éxito extraordinario, pero usted y yo personalmente hemos corrido la peor suerte. Mi conferencia pareció perder, no sé por qué; contenía mucho que hubiera valido el interés. Quizá delatara demasiado mi cansancio interior. Y su alegato enérgico e ingenioso tuvo la mala suerte de provocar tanta oposición que se olvidaron de agradecer la importancia de la propuesta. Toda sociedad es ingrata, eso no importa. Pero usted y yo tenemos parte de la culpa por no haber previsto el efecto en los vieneses; fácilmente podríamos haber prescindido de las alusiones críticas y haber asumido la libertad de pensamiento en la ciencia, por lo cual les habríamos puesto más difícil la oposición. Supongo que mi aversión, largo tiempo reprimida, contra el Círculo de Viena y el complejo fraterno de usted han contribuido a estrecharnos las miras.
Pero esto no es lo esencial. Es más importante que hayamos culminado un gran trabajo que influirá decisivamente en el desarrollo del futuro. Me complace constatar que entre usted y yo haya habido una armonía imperturbable, y le agradezco sinceramente su apoyo, que a pensar de todo ha sido afortunado (...) Me he dado cuenta de que ahora es el momento de poner en práctica una decisión que llevo mucho tiempo incubando. Voy a renunciar a la presidencia del grupo de Viena, con lo cual me retiro de todo cargo oficial. Cedo a Adler la presidencia, no por afinidad o satisfacción, sino por ser la única personalidad y porque esta posición puede que le obligue a unirse a nosotros en la defensa del terreno común. Él ya está avisado, a los demás se lo comunicaré oficialmente el próximo miércoles. Ni siquiera creo que se vayan a lamentar (...) ¿No le interesa acaso anunciar un curso para médicos y estudiantes, como hizo Abraham?486 (...) En general, las
condiciones personales son mucho más respetables en los zuriqueses que aquí en Viena, donde uno se pregunta muchas veces en qué ha quedado la influencia ennoblecedora del psicoanálisis en sus prosélitos. El Reichstag de Nuremberg pone fin a la infancia de nuestro movimiento; ésa es mi impresión. Ojalá empiece ahora una juventud próspera y bella487.
Este desplazamiento del centro del psicoanálisis de Viena a Zurich, sembró el germen de la escisión: un año después, Adler abandonará el movimiento psicoanalítico, creando su propia escuela y llevándose tras de sí a buena parte del núcleo vienés y su conexión con los círculos intelectuales socialdemócratas. Stekel, no tardó en imitarle. Freud no hizo nada por retenerlos, más bien puso en juego todo su poder para que se marcharan.
El II Congreso Psicoanalítico de Nuremberg en 1910 marcará un antes y un después en la historia del psicoanálisis. Como señala Peter Gay (1988, 255), en este Congreso, vemos por primera vez a Freud no sólo en su faceta militante, sino en su faceta de político. En su conferencia El porvenir de la terapia psicoanalítica, se nos muestra como un jefe de estado marcando prioridades, objetivos…, en suma un ambicioso proyecto de expansión científica y social para el movimiento psicoanalítico.
La Asociación Psicoanalítica Internacional pasará a la historia como la gran obra de Freud y Jung pasará como su primer presidente. Pero habrá sido Ferenczi su gran artífice, tanto en la creación como en el origen de la idea. Dieciocho años después de Nuremberg, Ferenczi en una conferencia dada en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, reclamará la paternidad de la idea original (Ferenczi, 1928a, 271): “Hace dieciocho años se constituyó por iniciativa mía, la Asociación Internacional de Psicoanálisis”. Freud, en 1933, tras la muerte Ferenczi, matizará esta versión (Freud, 1933, 227):
(…) en el Congreso de Nuremberg de 1910, lo moví (a Ferenczi) a proponer que los analistas se organizasen en una asociación internacional, tal como lo habíamos meditado entre ambos. Su propuesta fue aceptada con escasas modificaciones y está en vigencia todavía.
486 Abraham acababa de crear el Instituto Psicoanalítico de Berlín.
Danto (2005, 269) apoya la primacía de Ferenczi, recuperando una circular de Fenichel en 1934, antes del Congreso de Lucerna488: “All the reasons that Ferenczi originally
gave for founding the IPA still exist today”.
El recién institucionalizado movimiento psicoanalítico internacional sale de Nuremberg con un programa científico y político; con un líder intelectual (Freud); y con un joven heredero designado que aglutinara las fuerzas leales y que trae bajo el brazo el mundo universitario, la psiquiatría oficial, y el mundo cristiano: Jung. “El suizo nos salvará, me salvará a mí, y también a todos ustedes”(Gay, 1988, 256), les dirjó Freud a los vieneses que estaban amotinándose tras la propuesta de Ferenczi de nombrar a Jung presidente vitalicio con poderes extraordinarios.
Freud a la vez podrá soltar el viejo lastre de aquellos primeros seguidores vieneses que cada vez se le hacían más incómodos. Políticamente, diríamos que es una táctica “revolucionaria”, pues, en lugar de flexibilizarse para aumentar el número de seguidores, se extreman sus posiciones, se cierran filas y no se teme a las escisiones, deserciones o abandonos, es más, se los impulsa. ¿Cómo se ha llegado hasta este punto?
Indudablemente, el viaje de Freud, Ferenczi y Jung a Estados Unidos en septiembre de 1909, ha sido determinante, pues la amistad entre los tres estaba entonces en su punto más álgido. El poder casi absoluto de Jung - con el respaldo de Freud y Ferenczi - es incuestionable, pese a que los otros “hermanos menores”, Jones y Abraham, se mueran de celos en la sombra. Pero nadie, salvo los vieneses, puede objetar nada. Como Ferenczi ha dicho, Jung es quien ha traído a todos los nuevos integrantes que han convertido el movimiento psicoanalítico en verdaderamente internacional
488 Danto cita una de las “Rundbriefe´s” de Fenichel (E. Mühlleitner y J. Reichmayr (edits), 1998): “Las