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EL ORIGEN: EL FIN DEL PERIODO DEL “SPLENDID ISOLATION” 95

2 1902-1910: DE FREUD A LA ASOCIACIÓN PSICOANALÍTICA INTERNACIONAL (IPA) EL CAMINO DE LA

2.1. EL ORIGEN: EL FIN DEL PERIODO DEL “SPLENDID ISOLATION” 95

Es un hecho conocido que Freud alteró la fecha de publicación de La interpretación de los sueños96, para hacerla coincidir con el nacimiento del nuevo siglo97. “1900” fue la

fecha elegida por Freud para publicar la que creía que iba ser la obra que le daría la gloria y la inmortalidad98. En 1902 Freud ya sabe que, al menos por ahora, ese deseo no se va a cumplir. Como recordará años después, en 1914 (Freud, 1914a, 21):

(…) pero la ciencia no repararía en mí mientras yo viviese. Algunos decenios después, otro, infaliblemente, tropezaría con esas mismas cosas para las cuales ahora no habían madurado los tiempos, haría que los demás las reconociesen y me honraría como a un precursor forzosamente malogrado. Entretanto, me dispuse a pasarlo lo mejor posible, como Robinson en su isla solitaria. Cuando desde los embrollos y las urgencias del presente vuelvo la mirada a aquellos años de soledad, quiere parecerme que fue una época hermosa, una época heroica; al splendid isolation no le faltan ventajas ni atractivos. No tenía ninguna bibliografía que leer, ningún oponente mal informado a quien escuchar, no estaba sometido a influencia alguna ni urgido por nada.

95 “Espléndido aislamiento”. Freud usó esta expresión por primera vez para referirse a su completo aislamiento

científico, personal y social en Viena, en una carta a Wilhelm Fliess del 7/5/1900. Parece ser que anteriormente Fliess la había utilizado para consolar a Freud. La frase, que era muy popular entonces, proviene de la política aislacionista característica de Inglaterra durante el siglo XIX, en que, tras las guerras napoleónicas, se aisló de la política continental europea. Inglaterra, con su enorme imperio y protegida por el mar y su flota naval, se bastaba a sí misma. La paternidad de la expresión se atribuye al político canadiense Sir George Foster (1847-1931) y a Lord Goschen (1831-1907). Freud (1914a, p. 21) volvió a utilizar esta expresión en Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico.

Curiosamente, Jung también utilizó esta expresión al referirse a Jones en una carta a Freud del 30/11/1907 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 141): “Durante los últimos días ha venido a verme el Dr. Jones, de Londres, un joven extremadamente inteligente y activo, sobre todo para hablar conmigo acerca de las investigaciones de usted. Debido a su “splendid isolation” en Londres no ha penetrado aún demasiado profundamente en los problemas que usted plantea (…)”.

96 Se publicó en realidad en 1899, aunque Freud hizo que se imprimiera “1900”.

97 A finales del siglo XIX, se produjo la polémica acerca de si 1900 era el primer año del siglo XX o era el

último del siglo XIX, polémica que hemos revivido hace poco, acrecentada por ser el año 2000 final o comienzo de milenio. Freud tomó partido y era de los que sostenían que el 1 de enero de 1900 era el primer día del nuevo siglo (S. J. Gould, 1998, p. 112): “La versión del decenio de 1890 exhibe la división más clara de alta cultura frente a cultura popular. Unas cuantas autoridades de la alta cultura se alinearon tras el favor popular por 1899-1900. El káiser Guillermo II de Alemania declaró oficialmente que el siglo XX había comenzado el 1 de enero de 1900. Unos cuantos barones del saber, incluyendo la extraña pareja formada por Sigmund Freud y Lord Kelvin estuvieron de acuerdo. Pero la alta cultura prefirió, de forma abrumadora, el imperativo dionisíaco de 1900-1901”.

98 Basta recordar la carta a Fliess del 12/6/1900 (J. M. Masson, 1985, p. 457): “¿Crees tú por ventura que en la

casa alguna vez se podrá leer sobre una placa de mármol “Aquí se reveló el 24.Julio.1895 al Dr, Sigm. Freud el secreto del sueño”? Hasta ahora las perspectivas son bastante escasas”. La realidad fue bien distinta, y tuvieron que pasar diez años para que se vendieran los 600 ejemplares de la primera edición (J. Riedl, 1992, p. 97).

Volverá a recordar este periodo más adelante, en 1924 (Freud, 1924a, 45):

Tras mi separación de Breuer, por más de un decenio no tuve partidario alguno. Estaba totalmente aislado. En Viena se me hizo el vacío, en el extranjero no se me tenía en cuenta. La interpretación de los sueños, editado en 1900, apenas mereció reseñas en las publicaciones especializadas.

Freud está más solo y aislado que nunca. Tras el “incidente de Achensee”99 en 1900, no cuenta ya tampoco con el apoyo de su amigo Fliess. En 1903, al escribir un capítulo para un libro del profesor Lowenfeld lo tituló significativamente: El método psicoanalítico de Freud (Freud, 1903 [1904]). Poco antes, en el verano de 1901, consciente del rechazo a sus teorías, del relativo fracaso de La interpretación de los sueños y de la Psicopatología de la vida cotidiana (Freud, 1901a), ya lejos de la amistad y protección de Breuer y casi rota su amistad con Fliess100, se decide a cumplir

uno de los deseos más anhelados de su vida: viajar a Roma, “un punto culminante de la vida”101. El viaje es de enorme importancia personal para Freud y va a cambiarle totalmente, tomando el carácter de “viaje iniciatico” (Clark, 1980, 113 y Schorske, 1991, 9-29). En marzo de 1902 le escribe a Fliess (Masson, 1985, 501): “Cuando regresé de Roma, el gusto en vivir y en producir había aumentado algo en mí, se había reducido el gusto por el martirio”.

2.1.1. Sigmund Freud en 1902.

En 1902, a su regreso del viaje a Roma, Freud decide cambiar su estrategia frente al mundo102 una vez ganada una mayor libertad interior que le permitirá una “nueva flexibilidad para la maniobra política y social” (Marinas, 2008, 21). Tiene proyectos bien definidos:

- Elevar su categoría profesional y social, consiguiendo un puesto en la Universidad;

- Ganar más dinero para él y su familia; - Volver a Roma103;

- Lograr difundir el psicoanálisis.

99 Freud y Fliess tuvieron una airada discusión cerca del lago Achensee, donde celebraban uno de sus

“Congresos” particulares, así llamaban a sus periódicas reuniones. Posteriormente, Fliess llegará a decir que Freud, loco de envidia, le atacó violentamente y quiso matarle (consultar: E. Rodrigué [1996a, p. 337] y E. Porge [1994, p. 135]).

100 Aunque aún mantienen la correspondencia hasta 1904, entonces surge otro “incidente” entre los dos: Fliess

acusa a Freud de haber revelado a Swoboda (“discípulo” de Freud y amigo de Otto Weininger), la idea de la “bisexualidad” humana, de la cual Fliess se consideraba descubridor. Swoboda se la habría trasladado a Weininger, que la había convertido en uno de los ejes de su exitoso libro “Sexo y carácter” (O. Weininger, 1903) (ver las 4 últimas cartas entre Freud y Fliess en J. M. Masson [1985, pp.508-516]).

101 Ver carta a Fliess del 19/9/1901 (ibid. pp. 493-495).

102 “He tenido éxito allí donde fracasan los paranoicos”, le dirá Freud a Ferenczi años después, nada más

fundar la IPA. (carta de Freud a Ferenczi del 6/10/1910 (N. Caparrós, 1997, pp. 207-208).

Primero, centrará todos sus esfuerzos en conseguir un puesto en la Universidad, aunque para ello tenga que recurrir a movilizar las influencias de sus antiguos profesores, maestros e incluso pacientes. También decide retirar de la imprenta, y guardar de momento en un cajón, el “caso Dora”104, pues tenía muchas posibilidades de ser un nuevo escándalo (Decker, 1997, 286-288).

En marzo de 1902, Freud consigue su propósito: es nombrado profesor de la Universidad. Para ello, ha tenido que poner a su favor la influencia de sus antiguos profesores Exner, Nothnagel y Krafft-Ebing; de una antigua paciente, Elise Gomperz, esposa de un alto cargo, el “Consejero áulico” Theodore Gomperz; y la decisiva influencia de una paciente actual, Marie Frestel, esposa de un diplomático105.

El puesto que Freud consigue no es muy relevante: “profesor extraordinario” (Dozent), que no le permite formar parte del claustro de profesores. Pero ese nombramiento le supone volver a ser “honorable”, ser recibido e invitado; incrementar su clientela y sus ingresos; y tener a su disposición una tribuna pública y prestigiosa desde la cual difundir y defender el psicoanálisis, “la causa”, pues, como profesor extraordinario, estaba autorizado a dar clases y conferencias en la Universidad de Viena cuando quisiera:

Muchos, que iban a contemplar al escandalizador convertido en profesor, con la esperanza de escuchar una retahíla de chifladuras, sentían sorpresa y luego fascinación al advertir su aspecto manso y razonable106.

Impartía sus clases los sábados por la tarde en la Clínica psiquiátrica del Hospital General. Antes de las conferencias daba un corto paseo para organizar el material mentalmente, pues luego hablaba sin notas107 durante un par de horas, improvisando siempre y apoyándose en la experiencia y en ejemplos (Clark, 1980, 17):

Su método expositivo era el de los humanistas alemanes, aligerado por un tono de conversación que quizás había adquirido en París. Sin pomposidad ni afectación. Había cierto contraste entre el fondo y la forma.

Freud ha dado un paso enorme en la lucha por “la causa”, pero el precio había sido grande y, en realidad, aún estaba solo. Buena prueba de ello es que, a pesar de que su relación con Fliess está casi rota, es el aun único a quien puede escribir para contarle estos cambios. Esa carta, con un nuevo encabezamiento, “Dr. Sigm. Freud. Docente de enfermedades nerviosas en la Universidad”, denota decisión, pero también mucha amargura:

104 Que no verá la luz públicamente hasta 1905.

105 Ver R. W.Clark (1980, pp.116-117) para conocer el desarrollo de aquellas gestiones, lo que nos ofrece una

impresión de cómo se movían las cosas en la Universidad de Viena a comienzos del siglo XX.

106 Ibid. 117.

107 Freud siempre habló así en público, salvo en su conferencia en el V Congreso Psicoanalítico Internacional,

celebrado en Budapest en 1918. Allí, por primera y única ocasión, leyó su conferencia. Le molestaba enormemente que alguien leyera e instruyó a sus seguidores de las “Reuniones de los miércoles” en ese sentido.

Desde ahora llueven deseos de felicidad y ramos de flores, como si de repente Su Majestad hubiera reconocido oficialmente el papel de la sexualidad, el significado del sueño hubiera sido refrendado por el consejo de Ministros, y el Parlamento hubiera aprobado por una mayoría de 2/3 la necesidad de una terapia psicoanalítica de la histeria. Es evidente que he vuelto a ser honorable, los admiradores más tímidos me saludan en la calle a la distancia. Yo mismo cambiaría cada cinco congratulaciones por un caso decoroso para un tratamiento prolongado. He aprendido que este viejo mundo se rige por la autoridad, como el nuevo se rige por el dólar. He hecho mi primera inclinación ante la autoridad, teniendo entonces derecho a esperar recompensa (…) Otros son sabios sin tener que “ir” antes a Roma108.

El rebelde Freud se tuvo que inclinar ante el viejo Emperador109, pero lo peor había sido

tener que guardar en un cajón el “caso Dora”, su último y más decisivo descubrimiento: la transferencia como llave de la cura analítica. Esperará hasta 1905, y entonces se atreverá a publicar este descubrimiento que cambiará totalmente la técnica psicoanalítica, sentando las bases definitivas de la cura. Para entonces ya había publicado los “Tres ensayos sobre sexualidad infantil” y había vuelto a ser el diablo escandalizador de Viena. Pero en 1905 Freud ya no está solo. Tiene una tribuna pública desde la que difundir su pensamiento y un grupo de aguerridos, aunque anárquicos, seguidores: desde finales de 1902, todos los miércoles por la noche se reúne en su casa, en la sala de espera de sus pacientes, con algunos jóvenes médicos, judíos y vieneses, que han constituido la “Sociedad psicológica de los miércoles”.

Es el paso decisivo de Freud: en el futuro ya no estará solo, tendrá interlocutores para sus nuevas ideas y descubrimientos. Ya no tendrá que volver a callar o guardar sus avances. Los demás ahora tendrán que escucharle a él y a su “causa”.

2.1.2. Las “Reuniones de los miércoles”

Freud buscará un grupo de interlocutores a quienes contar su trabajo, fecundar al grupo a la vez que él es fecundado por el eco de sus ideas. Ya no busca un amigo colaborador, como fueron Breuer y Fliess, ahora creará un grupo a su alrededor. Un grupo pequeño, pero fuertemente cohesionado, que defienda sus ideas, que escuche y estimule su propia producción. En definitiva, un grupo que le defienda, con el que producir en común110 y que sea el germen para extender el psicoanálisis y para

encontrar seguidores, colaboradores… y un sucesor. Aquel grupo tendrá desde su comienzo las características de una “sociedad secreta”:

108 Carta de Freud a Fliess de 11/3/1902 (J. M. Masson, 1985, p. 503).

109 El nombramiento de “Dozent” suponía también el ser recibido en audiencia por el Emperador, y, por tanto

siguiendo el rígido protocolo de la Corte vienesa, inclinarse ante él.

110 Más adelante, desarrollaremos el papel que jugó esa producción grupal que no pertenecía a nadie en

concreto y que, a la vez, era de todos, y que cada uno podía utilizar libremente sin requerir permiso: el “comunismo intelectual”.

- Un líder carismático y un programa basado en la defensa del líder y sus teorías; el grupo no tiene existencia oficial;

- Los nuevos miembros ingresan a través de alguno de los integrantes y han de ser aceptados por los demás;

- Todos deben participar en las reuniones111 y lo que allí se produce es de

todos112.

Desde la notificación, y el consiguiente desahogo, de su nombramiento universitario, la correspondencia de Freud con Fliess se interrumpe, salvo para transmitirle sus condolencias por la pérdida de un bebé al nacer113. El 26 de abril de 1904, tras más de un año de silencio, Freud vuelve a escribirle:

Me gustaría que volviéramos a saber el uno del otro por el siguiente camino: Algunos médicos jóvenes capaces que –no quiero hacerte de ello un secreto- pertenecen al círculo de mis discípulos, piensan intentar próximamente la publicación de una revista científica que se dedicará a la “investigación biológica y psicológica de la sexualidad”. Ellos te solicitarán colaboración y, anticipándome, quiero rogarte que no niegues tu nombre y tus colaboraciones114.

En 1914 glosará aquellos momentos (Freud, 1914a, 24):

Desde 1902, se agruparon en derredor de mí cierto número de médicos jóvenes con el propósito expreso de aprender, ejercer y difundir el psicoanálisis. La iniciativa partió de un colega que había experimentado en su persona el saludable efecto de la terapia analítica. Determinados días se hacían reuniones vespertinas en mi casa, se discutía siguiendo ciertas reglas y se buscaba una orientación en ese campo de estudios extrañamente nuevo, procurando interesar en él a otros investigadores.

Ese “colega” del que parte la iniciativa es Wilhelm Stekel115, a quien ya había citado

Freud en La etiología de la histeria (Freud, 1896b, 206).

111 Para garantizar y convertir en obligatoria la participación de todos, se instituirá la urna en la que se

introducen todos los nombres y de la que sale el turno obligatorio de intervención.

112 El “Comunismo intelectual”. El propio Freud lo definió en una carta a su ya entonces designado sucesor,

Jung: “(…) considero una clase muy digna de economía una especie de comunismo intelectual en el que no se controla angustiosamente lo que se ha dado y lo que se ha recibido (…)” (carta de Freud a Jung del 7/4/1907 en W. McGuire y W. Sauerlander [1974, p. 63]).

113 Carta de Freud a Fliess del 7/10/1902 (J. M. Masson, 1985, p. 504).

114 Carta de Freud a Fliess del 26/4/1904 (Ibid., p. 505). Observamos que en esta carta Freud habla del

proyecto de crear una revista científica, aspecto clave para la difusión de sus ideas, pero que tendrá que retrasarse hasta 1909.

115 Cuando Freud escribía lo anterior, ya había roto totalmente su relación con Stekel, que en 1923, al conocer

la enfermedad de Freud, le escribió intentando una reconciliación, que Freud rechazó de plano. Posteriormente, parece ser que Stekel estuvo implicado en las denuncias a Theodor Reik, alentando la campaña de prensa contra “la práctica no-médica” del psicoanálisis, que se produjo tras el asesinato de la analista Hermine Hug-Hellmuth a manos de su sobrino. Sobre Stekel, Freud le dijo a Edoardo Weiss: “La admiración

En otoño de 1902 Freud envió una tarjeta postal a Alfred Adler, Wilhelm Stekel, Max Kahane y Rudolf Reitler116, sugiriéndoles una reunión en su casa para ocuparse de sus trabajos (los de Freud). A partir de entonces, empezaron a reunirse todos los miércoles por la noche en la sala de espera de la casa de Freud, institucionalizando inmediatamente las reuniones, a las que llamaron: “Sociedad psicológica de los miércoles” (Jones, 1955, 18). La existencia de la “Sociedad de los miércoles” pronto será hecha pública: el 28 de enero de 1903 Stekel comienza a publicar breves reseñas sobre las reuniones, aunque manteniendo el anonimato de sus integrantes117. Después

siguió publicando las reseñas en la edición dominical del Neues Wiener Tagblatt (Jones, 1955, 18).

Anteriormente, ya avanzábamos que el grupo de los miércoles tiene importantes similitudes con una “sociedad secreta”: sus miembros son clandestinos (son nombrados por un “alias” para mantener su anonimato), pero su causa se hace pública, así como la existencia de la Sociedad118. Max Graf, integrante del grupo entre 1905 -1913, describió así el ambiente de las reuniones (Clark, 1980, 121):

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