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De la defensa a la conquista (1909).

absoluto en público; por lo tanto, tampoco debajo del título de su publicación” (carta de Freud a Abraham del

2.3.5. De la defensa a la conquista (1909).

Aunque, tras Salzburgo, quedan sentadas las bases para crear un movimiento psicoanalítico verdaderamente internacional, existen, sin embargo, importantes cuestiones pendientes que ponen en riesgo el proyecto.

En Zurich las cosas no van bien. Bleuler ve con creciente recelo la actitud “militante” de Jung y no desea comprometerse de esa manera con el psicoanálisis. Para él, tal actitud no es compatible con una posición científica y rechaza la beligerancia con la que Jung está abrazando el psicoanálisis368. En 1909 se materializa la ruptura entre Bleuler y

Jung, que es apartado de sus funciones docentes, quedando tan sólo al frente del laboratorio experimental. En este difícil momento, Freud volverá a darle ánimos a través de una carta de la que extraemos los párrafos más significativos:

Querido amigo:

Ya sé que, una vez superados los primeros éxitos, a todo aquél que trabaja en psicoanálisis le sobreviene una época amargamente mala en la que maldice del mismo y de sus creadores. Pero luego la cosa se aplaca y se llega a un “modus vivendi”. ¡He aquí la realidad! Cést la guerre.

(…) De todos modos tan sólo se aprende luchando contra dificultades y por ello no me ha enfadado que Bleuler le haya quitado una misión docente. De todos modos, está usted predestinado a maestro y más pronto o más tarde recibirá bastante al respecto, si se ve uno forzado a la experiencia psicoanalítica. (…) Es bueno no tener más remedio. Con frecuencia me digo, para tranquilizar mi conciencia: ¡no querer curar, sino aprender y ganar dinero! Estas son las más útiles representaciones conscientes de la meta369.

368 No deja de sorprender esta posición de Bleuler que, como Director de la Clínica Burghölzi, sostenía la

bandera del movimiento higienista antialcohólico heredada de su predecesor Forel.

369 Carta de Freud a Jung del 25 de Enero de 1909 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, pp. 249-250).

Después de Salzburgo, el psicoanálisis sale convertido en un incipiente movimiento internacional. A Zurich y Viena, se unirá pronto Berlín, y además por fin existe una revista internacional de psicoanálisis. Freud tiene ya algo más que unas teorías: tiene una técnica concreta para relanzar la terapia (que ya no se limita sólo al tratamiento de la histeria) y un buen grupo de partidarios organizando grupos psicoanalíticos más allá de Viena y organizándose entre sí. “La causa” comienza tomar forma, aunque habrá que esperar hasta 1910 para la verdadera institucionalización del movimiento psicoanalítico internacional.

Jung está inmerso en una profunda crisis personal370. Su relación con Sabina Spielrein

se le ha ido de las manos y, lo que es peor en el puritano ambiente social de Zurich, ha empezado a trascender.

Aquello no hizo sino empeorar su maltrecha relación con Bleuler, que estába temeroso del posible escándalo. Además, Jung no se decide a sincerarse con Freud, pese a que éste le refiere estar al tanto de los rumores. Su silencio, materializado en el retraso y espaciamiento de sus cartas, despierta recelos en Freud, que desconoce realmente lo que está sucediendo, aunque le llegan algunos rumores y su inquietud aumenta: teme un nuevo “Fliess”.

El año siguió avanzando y la Clark University vuelve a insistir en la oferta del viaje a Columbia, que Freud termina por aceptar.

Mientras, Jung ya no puede más y decide sincerarse con Freud. En una carta371 le cuenta el “asunto Spielrein”, aunque, nuevamente, su confidencia es parcial. Por fin, se decide a visitarlo personalmente. En marzo de 1909, se produce su segunda visita a Viena (Jung, 1961, 161):

370 Jung, tras el nacimiento de su hijo Franz, ha querido romper su relación con Sabina Spielrein. Han tenido

una violenta pelea y Jung está desesperado: “Buscó a una persona que puede amar sin castigar, apresar ni consumir al otro; buscó este tipo de persona aún no inventado que sepa separar el amor de la ventaja o la desventaja social, para que el amor pueda ser siempre un fin en sí mismo, no tan sólo un medio para alcanzar otro fin (…) Por desgracia para mí, mi vida no significa nada sin el gozo del amor, del amor tempestuoso y siempre cambiante (…) Corresponda en este momento de necesidad una parte del amor, la culpa y el altruismo que pude darle durante su enfermedad. Ahora soy yo quien está enfermo” (J. Kerr, 1983, p.199).

A mediados de enero de 1909 la madre de Sabina recibe una carta anónima (probablemente enviada por Enma Jung), que le informa de las relaciones de Jung y su hija. La madre de Sabina escribe a Jung y éste le devuelve una terrible y canallesca respuesta: “Dejé de ser su médico para convertirme en su amigo cuando dejé de relegar mis sentimientos a segundo término. Me resultó más sencillo renunciar a mi papel de médico porque no me sentí obligado desde el punto de vista profesional, ya que nunca le cobré honorarios. Ello establece con claridad los límites impuestos a un médico. Comprenderá, por supuesto, que un hombre y una muchacha no pueden continuar indefinidamente una amistad sin que surja la probabilidad de que algo más entre a formar parte de su relación. Pues ¿qué impide a los dos arrostrar las consecuencias de su amor? Por otro lado, un médico y su paciente pueden hablar de las cuestiones más íntimas cuanto deseen, y la paciente tiene derecho a esperar que su médico le dedique todo el amor y el interés que requiere. Pero conoce sus límites y nunca los transgredirá, porque cobra por sus esfuerzos. Ello le impone los límites necesarios. Por lo tanto para permanecer en la posición del médico, como usted desea, le propongo fijar un honorario adecuado por mis prestaciones. De esta manera, usted estará absolutamente segura de que cualesquiera sean las circunstancias respetaré mi deber del médico (…) mis honorarios ascienden a 10 francos por sesión” (J. Kerr, 1983, p. 200).

371 Carta de Jung a Freud del 7 de Marzo de 1909: “Espero que no haya tomado a mal mi prolongado silencio

(…) Por último, desgraciadamente, me está atormentando terriblemente en la actualidad un complejo; se trata de una paciente a la que hace años la arranqué, con la mayor entrega, de una gravísima neurosis y que ha traicionado del modo más doloroso posible mi confianza y mi amistad. Me armó un terrible escándalo, exclusivamente, porque renuncié al placer de engendrar en ella un hijo. He permanecido siempre a su respecto en los límites del gentlenman, pero ante mi algo demasiado sensible conciencia no me siento completamente limpio de culpa y ello es lo que más me duele, pues mis intenciones siempre fueron puras. Pero ya sabe usted que el diablo puede utilizar incluso lo mejor para la fabricación de porquería. He aprendido muchísimo en cuanto a la sabiduría relativa a llevar el matrimonio, pues hasta ahora y a pesar de todo autoanálisis no tenía sino una idea por completo insuficiente acerca de mis componentes polígamos. Ahora sé cómo y dónde hay que agarrar al diablo” (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, pp. 254-256).

Mientras Freud exponía sus argumentos, yo sentí una extraordinaria sensación. Me pareció como si mi diafragma fuera de hierro y se pusiera incandescente. Y en ese instante sonó un crujido tal en la biblioteca, que se hallaba inmediatamente junto a nosotros, que los dos nos asustamos. Creímos que el armario caía sobre nosotros. Tan fuerte fue el crujido. Le dije a Freud: “esto ha sido un fenómeno de exteriorización de los denominados catalíticos”.

“Bah-dijo él -, esto sí que es un absurdo”. “Pues no”, le respondí, “se equivoca usted, señor profesor. Y para probar que llevo razón, le predigo ahora que volverá inmediatamente a oírse otro crujido”. Y, efectivamente: ¡apenas había pronunciado estas palabras, se oyó el mismo crujido en la biblioteca!

No sé aún hoy por qué tenía tal certeza. Pero sabía con toda exactitud que el crujido iba a repetirse. Freud me miró horrorizado. No se qué pensaba o qué miraba. En todo caso este hecho despertó su desconfianza hacia mí y yo tuve la sensación de haberle hecho algo. Nunca más volví a hablarle de esto.”

El encanto y la confianza se habían roto definitivamente entre los dos. Jung, al borde del derrumbe psíquico deja su puesto en el Hospital Burghölzli a finales de marzo. e inicia un viaje por Italia en bicicleta.

Poco después, a finales de mayo de 1909, Freud recibe una carta de Sabina Spielrein, que remite al propio Jung solicitándole aclaraciones (Kerr, 1993, 210):

¡Qué extraño! ¿Qué es esta mujer? ¿Una entrometida, una tarabilla o una paranoica? Si sabe algo acerca de la autora de la carta o tiene alguna opinión sobre el asunto, le ruego me envíe un breve telegrama, pero en caso contrario no debe preocuparse. Si no tengo noticias suyas, supondré que no sabe nada.

Jung, acorralado, decide contarle por fin la verdad y explicarle su relación con Sabina ante su temor de que ella cuente todo, aunque su confesión no deja de ocultar aspectos esenciales de dicha relación372. Freud acepta la “abreación” de su discípulo y le da su consejo y consuelo. En su carta de respuesta aparece un nuevo término, que hará historia, “contratransferencia”:

Tales experiencias, si bien dolorosas, son necesarias y difíciles de evitar. Tan sólo entonces se conoce la vida y el asunto que se tiene entre manos. Yo mismo no he llegado a incurrir en ello por completo, pero algunas veces he estado muy próximo y logré a narrow escape. Creo que tan sólo las penosas necesidades bajo las que se desarrollaba mi trabajo y el decenio de retraso con respecto a usted con que llegué al psicoanálisis me han protegido con respecto a experiencias análogas.

372 Carta de Jung a Freud del 4 de Junio de 1909 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, pp. 277-278):

La Spielrein es la misma persona de la cual le he escrito a usted, el caso está abreviadamente escrito en mi conferencia de Ámsterdam. Era, por así decir, mi primer caso psicoanalítico, por lo que conservé especiales consideraciones y afecto hacia ella, ya que sabía que recaería si le negaba mi apoyo. La relación se prolongó durante años y me consideré finalmente casi moralmente obligado a otorgarle ampliamente mi amistad, hasta que me dí cuenta de que con ello se había puesto inintencionadamente en marcha una determinada rueda, por lo cual rompí finalmente con ella. Ella, naturalmente, había proyectado mi seducción, lo cual consideré como inoportuno. Y ahora busca venganza. Recientemente ha difundido acerca de mí el rumor de que me voy a separar dentro de poco de mi mujer y me voy a casar con una determinada estudiante, lo cual causó cierta conmoción entre algunos de mis colegas. Lo que proyecta hacer lo ignoro. Sospecho que no será nada bueno; podría tratarse de abusar de usted para una tentativa de mediación. No creo preciso insistir en que he cortado definitivamente toda relación.

Pero no perjudican. Así se le endurece a uno la piel, cosa necesaria, se domina la

contratransferencia en la que queda uno cada vez implicado y se aprende a desplazar las propias emociones y a situarlas convenientemente. Es a blessing in disguise. Es el más

grandioso espectáculo natural el que ofrece la capacidad de estas mujeres para sacar a relucir, como encantos, todas las perfecciones psíquicas imaginables, hasta que han logrado su objetivo. Cuando ha sucedido esto último o queda confirmado lo contrario, se asombra uno ante la constelación opuesta373.

Jung se tranquilizó. Temía la descalificación y la ira de Freud, incluso su rechazo, y encontró al amigo y padre comprensivo. Aunque tampoco se lo ha contado todo y eso no deja de inquietarle, pues tarde o temprano puede enterarse definitivamente. Afortunadamente, Jung también ha sido invitado a la Clark University y tendrá tiempo de poder hablar con Freud personalmente y contarle toda la verdad sobre su relación con Sabina. Aparentemente lo peor ha pasado. Agradece a Freud su comprensión y parece que sus relaciones se restablecen374. La perspectiva del viaje a Estados Unidos

le abre grandes esperanzas, pues durante el viaje podrá sincerarse plenamente y contar toda la verdad de su relación con Sabina, y Freud, “Herr Profesor”, sabrá cómo ayudarle. Ciertamente espera una relación de análisis mutuo que se verá frustrada375. Freud, por su parte ya daba por zanjado este asunto, tras disculparse por carta con Sabina Spielrein376.

Otro asunto inquietante para el naciente movimiento, es la situación de la revista psicoanalítica, el Jahrbuch, que no marchaba nada bien. Ni a Freud ni a Jung les satisfacen los trabajos enviados desde Viena, y la enemistad y rivalidad entre Jung y Abraham no hace sino empeorar las cosas. Los celos y la desconfianza entre los dos, hacen que la ruptura sea sólo cuestión de tiempo.

Hemos de añadir que las tensiones en el seno del grupo de Viena se van haciendo insostenibles, pues Adler y sus seguidores no terminan de encajar lo que entienden como una injusta preponderancia de Jung y del grupo de Zurich. Los vieneses se sienten traicionados y despechados por la elección del suizo. En lo personal, Adler que encabeza la oposición, va tomando una actitud de beligerancia plena, reclamando la prioridad y originalidad frente al anterior “comunismo intelectual” que regía las reuniones del grupo vienés. Su relación con Freud, que nunca fue de amistad pero sí de respeto mutuo, se va tornando muy conflictiva y, para Freud, francamente desagradable.

373 Carta de Freud a Jung del 7/6/1909 (W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, p. 280).

374 Curiosamente es Sabina quién más claramente percibe la trágica relación entre Freud y Jung. En su diario

escribirá al recibir la carta de Freud: “¡Le quiere! ¡si pudiera comprender todo esto!”(J. Kerr, 1993, p. 213). Ver también el libro de N. Kress-Rosen (1994): Tres figuras de la pasión.

375 Hago aquí referencia a la técnica que Ferenczi propondrá hacia el final de su carrera y que sólo pudo ser

conocida de manera póstuma con la publicación del Diario Clínico (Ferenczi, 1932 [1988]). Las conexiones entre Jung y Ferenczi (interés centrado en la técnica, pioneros en el análisis de niños, estudio de la telepatía, etc.), amigos que tuvieron que separarse dolorosamente, serían un muy interesante tema de estudio que lógicamente excede este trabajo.

Desde la psiquiatría oficial, especialmente en Alemania, la oposición al psicoanálisis va creciendo y entre 1909 y 1910 se organizó una verdadera campaña oficial contra el psicoanálisis (Peters, 2004). Por si fuera poco, Otto Gross tras escapar de Zurich, ha vuelto a Munich y se ha enfrentado directamente a Kraëpelin, intentando denunciarle por su boicot a la práctica del psicoanálisis en su clínica, lo cual no ha hecho mucho por mejorar la situación377. En Berlín, Abraham trabaja lento pero seguro y en 1910 abrirá un Instituto de psicoanálisis. Su grupo crece, pero no consigue apoyos oficiales, ni en el mundo académico ni en los ambientes médicos.

Mientras, en Budapest, Ferenczi consigue reunir un interesante grupo de intelectuales, no sólo médicos, a su alrededor: poetas, escritores, músicos… Ferenczi tiene buenos contactos, pero su vida personal y profesional como analista empieza a complicarse cuando accede a tomar en tratamiento a Elma Palos, la hija de su amante Gisela. Jones tiene también problemas importantes. Recibe una acusación de abuso a menores que, aunque no prospera, le convencerá de que lo mejor es poner tierra de por medio y decide emprender su propia aventura americana: aceptará la dirección de una futura clínica psiquiátrica de la Universidad de Toronto.

2.3.5.1. Estados Unidos: la conquista del “nuevo mundo”.

La invitación de la Universidad de Clark llega poco antes de acabar 1908. Stanley Hall, a la sazón Rector de la Clark University de Worcester, es quien se dirige directamente al “Professor Freud”. La Universidad que dirige tiene sólo veinte años de existencia y la invitación viene dada por esa conmemoración378.

377 Carta de Jones a Freud del 27/6/1908 (R. A. Paskauskas, 1993, p. 51).

378 Santiago Ramón y Cajal, diez años antes, estuvo también invitado en la Clark University en 1899 para la

conmemoración del décimo aniversario de la universidad, poco antes de recibir el Premio Nobel en 1906. Cajal coincidió entonces con Forel, que acababa de dejar la dirección del Hospital Burgöhzli (S. Ramón y Cajal, 1981, pp. 213-228).

A mediados de 1909, el naciente proyecto de creación de un movimiento psicoanalítico internacional amenaza con venirse abajo antes de empezar su andadura. Es en medio de esta situación, cuando Freud, Jung y Ferenczi viajarán a Estados Unidos.

Hasta el viaje a Estados Unidos, la dinámica del movimiento psicoanalítico había estado marcada por la búsqueda de la cohesión interna del movimiento y por la defensa frente a la hostilidad externa. El viaje de Freud, Jung y Ferenczi supondrá un cambio de rumbo. El psicoanálisis deja de estar a la defensiva y pasa al ataque. Freud va a Estados Unidos a conquistar un nuevo territorio, territorio casi virgen, para “la causa”.

La invitación era para Julio de 1909 y Freud decide rechazarla, pues las fechas no son compatibles con su consulta y no podría compensar las pérdidas económicas379. Pero

Hall siguió insistiendo380 y ofrece adaptarse a las fechas libres de Freud, a la vez que incrementar las dietas del viaje de 400 a 750 dólares. Además, le garantiza la concesión del título honorífico de “Doctor honoris causa” en Leyes, logrando al final que acepte381. Freud se permite entonces confesar a Jung el entusiasmo que le produce esta invitación:

Admito que esta impresión es para mí la más intensa de los últimos años –aparte de la alegría por el Jarbuch- y que desde entonces no hago más que pensar en ello.382

Freud aprovecha ese momento de recobrada intimidad con Jung y le cuenta una confidencia: en 1886, aún soltero, había pensado en emigrar a Estados Unidos si no era capaz de sobrevivir con su recién abierta consulta en Viena383. Esta confidencia no

es inocente, pues a continuación, cuenta que ha recibido informaciones respecto a esa paciente de la que se le ha quejado, y que dichas informaciones la sitúan como “amante de Jung”384. Freud se ofrece comprensivo al amigo385:

Ser calumniado y quemarnos a causa del amor con que operamos: he aquí los riesgos de nuestro oficio, pero no por ello renunciamos auténticamente al mismo. Navigare necese est, vivere non necese*. Por lo demás: Estás con el diablo y ¿quieres asustarte de la llama? De modo parecido hablaba el señor abuelo**

Aunque aún no se ha hablado públicamente de contratransferencia, ésta se hace ya presente: “quemarnos a causa del amor con que operamos”.

379 Rechazo difícil para Freud, puesto que otro aliciente era que Pierre Janet y Emil Kraëpelin acababan de

visitar Estados Unidos. Por ello, cuando además Jung conoce la invitación y el consiguiente rechazo de Freud, que éste le notifica en la misma carta (carta de Freud a Jung del 30/12/1908), intentará hacer recapacitar a Freud y evitar que pierda esa, a su juicio, magnífica oportunidad que, le señala, han aprovechado Janet y Kraëpelin (carta de Jung a Freud del 7/1/1909 en W. McGuire y W.Sauerlander, 1974, pp. 239-241).

380 Para Hall era un verdadero golpe de efecto lograr llevar al “Profesor Freud” a una universidad con sólo dos

décadas de existencia y aún completamente desconocida en el ámbito académico (J. Schwartz, 1999, p. 171).

381 Carta de Freud a S.Hall del 28/2/1909 (N. Caparros, 1997, p. 21). 382 Carta de Freud a Jung del 9/3/1909 (N. Caparros, 1997, p. 23). 383 Ibid.

384 Los rumores provenían de un colega suizo de Jung, Muthman, a quien la propia Sabina se habría

presentado como amante de Jung (Ibid. p. 24).

385 Ibid.

* “Navegar es necesario, vivir no lo es” cita de Plutarco que enuncia curiosamente las palabras que Pompeyo dirigio a unos marineros cobardes, y que se convirtió en el lema heráldico de las ciudades de la liga Anseática: Hamburgo y Bremen. De Bremen precisamente partirá el barco que llevará a Freud y Ferenczi a Estados Unidos.

** Freud hace referencia a Goethe, a quien la leyenda familiar situaba como abuelo ilegitimo de Jung. La cita de la carta, la extrae de Fausto.

No deja de ser sorprendente que en esta misma carta, Freud se refiera a un pasaje de una carta de Jones que, recientemente instalado en Toronto, habla de su “harén” 386.

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