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Una de las consecuencias de la aprobación de los ODM, y en directa relación con ellos, fue la celebración de la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo en Monterrey (México) en marzo de 2002. El documento conocido como Consenso de Monterrey, fue aprobado en la Conferencia y es clave para entender las propuestas actuales de financiación del desarrollo desde el ámbito institucional.

Partiendo de la necesidad de una alianza entre países desarrollados y en desarrollo, el Consenso se apoya en los valores de la Declaración del Milenio, y establece seis grupos de medidas para hacer frente a los problemas a largo plazo de la financiación para el desarrollo (Naciones Unidas, 2002):

1. Movilización de recursos financieros nacionales para el desarrollo

El Consenso destaca la importancia del ahorro interno público y privado, la inversión (incluyendo el capital humano) y el fomento de la iniciativa pública y privada. El papel del Estado incluiría políticas macroeconómicas “racionales” sin desplazar las inversiones privadas. Expresamente se habla de la necesidad de inversiones en servicios básicos de infraestructura económica y social.

Se reconoce la necesidad de fortalecer el sistema financiero interno, incluyendo seguros y mercados de bonos y valores que canalicen el ahorro y permitan inversiones productivas. Se busca así facilitar el acceso a pequeñas y medianas empresas a los recursos locales.

Las microfinanzas, incluso en zonas rurales y en particular para las mujeres, se reconocen como importantes para mejorar la influencia social y económica del sector financiero. También los bancos de desarrollo, bancos comerciales y otras instituciones pueden tener un papel para facilitar a las empresas el acceso a la financiación.

Por otro lado, son recomendadas la incorporación del sector informal a la economía estructurada, la disminución de los costes de las remesas e incluso las colaboraciones entre sector público y privado.

En general, la importancia concedida a los recursos internos, su organización y canalización es notoria, lo que supone un reconocimiento al ahorro interno y el sistema financiero que hasta entonces no era tan clara.

2. Movilización de recursos internacionales para el desarrollo: la Inversión Extranjera Directa y otras corrientes de capitales privados

El Consenso se posiciona claramente a favor de estas inversiones como complemento a otros recursos, entendiendo que contribuyen al crecimiento a largo plazo, transfieren tecnología, crean trabajo y contribuyen (a través del crecimiento) a disminuir la pobreza. Consecuentemente, se propone facilitar y promover estos flujos con marcos adecuados en los países de origen y en los destinatarios, que deberían crear condiciones estables y hacer cumplir los contratos, haciendo valer los derechos de propiedad. Se apunta también a nuevos mecanismos público-privados.

En relación a los efectos de estas inversiones, se hacen algunas referencias a la responsabilidad de las empresas, aunque resultan algo vagas, y en todo caso poco vinculantes:

“Instamos a las empresas a que tengan en cuenta no sólo las consecuencias económicas y financieras de sus actividades sino también los aspectos sociales, ambientales, de desarrollo y de género. En este espíritu, invitamos a los bancos y a otras instituciones financieras de los países en desarrollo y desarrollados a que promuevan enfoques innovadores de financiación para el desarrollo. Acogemos con beneplácito todos los esfuerzos que se hagan por promover el espíritu cívico en los círculos empresariales y tomamos nota de la iniciativa de las Naciones Unidas tendiente a promover asociaciones a nivel mundial” (Naciones Unidas, 2002:7).

Como aspecto mejorable, se reconoce la inestabilidad de estas corrientes y la necesidad de reducirla.

3. El comercio internacional como promotor del desarrollo

El documento parte de que el comercio debería beneficiar a todos los países, y reconoce que en muchos casos esta es la principal fuente de financiación externa para el desarrollo. Para lograrlo, se posiciona a favor de la liberalización efectiva como principio, considerándolo un elemento importante para la estrategia de desarrollo de un país.

Se reconocen las discriminaciones que afectan a los países en desarrollo en forma de barreras, subsidios, barreras técnicas y otras, y se recoge la necesidad de un trato preferente para los mismos, y de una menor marginalización de los países menos adelantados en el comercio internacional.

El Consenso recomienda promover los acuerdos e integraciones regionales, y pide que los propios países en desarrollo y en transición46 revisen a la baja las barreras comerciales entre ellos. Por otro lado, se apuesta por la OMC, y la progresiva integración de más países en la misma, apuntándose la necesidad de ayudas para que todos mantengan una participación activa.

4. Aumento de la cooperación financiera y técnica internacional para el desarrollo

La AOD se considera importante como complemento de otras fuentes, especialmente en los países que no atraen inversión extranjera. Se reconoce que en muchos países africanos, países menos adelantados y otros, la AOD es la principal fuente de financiación externa, y es imprescindible para lograr los ODM, y el Consenso estima que puede preparar el terreno para el desarrollo:

“La AOD puede ayudar a los países a movilizar un volumen adecuado de recursos internos en un plazo apropiado, y a la vez a mejorar su capital humano y aumentar su capacidad productiva y de exportación. También puede contribuir de manera decisiva a mejorar el entorno para las actividades del sector privado, y de este modo, preparar el terreno para un crecimiento vigoroso. Asimismo, es un instrumento de apoyo de importancia crítica para la educación, la salud, el desarrollo de la infraestructura pública, la agricultura, el

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Recientemente, diversos organismos distinguen, dentro de lo que anteriormente eran “países en desarrollo”, entre “países en transición” (básicamente países del Este de Europa y Asia Central, anteriormente en la órbita de la URSS) y “países en desarrollo”. Al igual que en otras ocasiones, se mantiene esta denominación siguiendo a los autores.

desarrollo rural y el aumento de la seguridad alimentaria” (Naciones Unidas, 2002:10).

Entre las recomendaciones para la AOD se encuentran una mejor asociación entre donantes y receptores y aumentos sustanciales para llegar al 0,7% del PIB, incluyendo un 0,15 o 0,2% con destino a países menos adelantados. El documento insta a tomar medidas para mejorar la eficacia de la AOD, adelantando algunos puntos que se tratarán en la Declaración de Paris (Naciones Unidas, 2005). Entre sus recomendaciones incluye la armonización de procedimientos y el alineamiento con los planes de desarrollo locales, así como la necesidad de incidir en los grupos más pobres y de que la AOD sirva a su vez para movilizar otros recursos locales.

Por último, se reconoce el papel de los bancos regionales para, entre otras cosas, proporcionar recursos a países con escaso acceso a los mercados de capital, así como para atenuar las repercusiones de la inestabilidad de los mercados financieros.

5. La deuda externa

En el Consenso se concede un punto separado a este problema, reconociendo así su importancia. El documento urge a establecer medidas de alivio, que pueden ser claves para liberar recursos que se encaucen al crecimiento y desarrollo. Se pide estudiar cuánto puede influir el alivio de la deuda en el cumplimiento de los ODM así como un esfuerzo de corresponsabilidad:

“Los deudores y los acreedores deben compartir la responsabilidad de evitar y resolver situaciones en que el nivel de endeudamiento es insostenible” (Naciones Unidas, 2002:13).

En relación a las crisis, Se pide establecer principios para su gestión, y se alerta de la importancia de que el alivio de deuda no detraiga recursos de AOD.

“destacamos la importancia de establecer un conjunto de principios claros para la gestión y solución de crisis financieras que prevea una distribución equitativa de la carga entre el sector público y el privado y entre deudores, acreedores e inversores. Alentamos a los países donantes a que tomen medidas para asegurarse de que los recursos que suministren para el alivio de la deuda no menoscaben los de AOD destinados a los países en desarrollo” (Naciones Unidas, 2002:14).

6. Tratamiento de cuestiones sistémicas: fomento de la coherencia y cohesión de los sistemas monetarios, financieros y comerciales internacionales en apoyo del desarrollo

En este punto se reconoce la necesidad de que los sistemas monetarios, financieros y comerciales internacionales sean coherentes y bien gestionados, para resultar un complemento adecuado al trabajo de desarrollo a nivel local. Así, se hace referencia a medidas de reforma de la arquitectura financiera internacional para lograr estabilidad y prevenir crisis. Atendiendo a las consecuencias de las crisis financieras, se propone que las instituciones internacionales, especialmente el FMI, establezcan sistemas de vigilancia y cuenten con recursos para responder antes las mismas.

Respecto al asesoramiento de las instituciones multilaterales, se pide que tengan en cuenta los costes sociales de los ajustes, en clara referencia a los planes de ajuste estructural de años anteriores. Igualmente, en línea con la preocupación por la deuda, se propone establecer mecanismos de renegociación oportunos para casos insostenibles.

Se hace referencia también a la buena gestión pública necesaria para la erradicación de la pobreza y el desarrollo. En términos de participación, se reconoce también la necesidad de una mayor presencia de los países en desarrollo y en transición en los foros multilaterales, que incluirían BM, FMI, OMC, Banco de Pagos internacionales, Comité de Basilea etc.

El documento advierte también de la necesaria coordinación de organismos relacionados con el desarrollo, como por ejemplo Naciones Unidas, OMC y otras instituciones financieras.

Por último, se hacen algunas breves referencias a la necesidad de integrar la perspectiva de género, combatir la corrupción y la repatriación ilícita de fondos, así como el lavado de dinero y la represión de la financiación del terrorismo.

Además de estas seis líneas estratégicas, el Consenso prevé reuniones de seguimiento, y una relación fluida entre Naciones Unidas, BM, FMI y OMC para preparar anualmente un informe sobre la situación del compromiso, que está unido al logro de los ODM.