• No se han encontrado resultados

Como ya se ha planteado, para Goldsmith (1969) la estructura financiera consistía en una combinación de instrumentos e instituciones financieras, con diferente peso en diferentes lugares y países. El desarrollo financiero, desde su punto de vista, representa la evolución de esta estructura. En la bibliografía posterior se va estableciendo una separación entre los conceptos de estructura financiera y desarrollo financiero. Al referirse a la estructura, se piensa generalmente en alguno de estos aspectos:

• La importancia relativa del sistema bancario respecto al mercado de valores.

• El peso relativo del sector privado respecto al total (privado y banco central).

• La importancia de los diferentes tipos de instituciones (específicamente bancos frente a otro tipo de intermediarios financieros…).

• La importancia relativa de los intermediarios financieros extranjeros.

Sin embargo, tal como hemos visto, a pesar del tiempo transcurrido no hay una definición comúnmente aceptada de estructura financiera, algo que ya el propio Goldsmith planteaba como una de las dificultades de base de su estudio.

Algo similar ocurre al estudiar lo que se entiende por desarrollo financiero. Como ya se ha indicado, desde el inicio en este tipo de estudios, Goldsmith entendía que el Ratio

de Interrelación Financiero (RIF) era el que mejor representaba el nivel de desarrollo financiero, ya, que medía el tamaño del sector financiero respecto al real.

Este salto, que lleva a medir el nivel de desarrollo financiero a través simplemente del tamaño del sector financiero, o del volumen de intermediación financiera se ha mantenido a lo largo del tiempo, posiblemente por la accesibilidad de esos datos y su comparabilidad. En este sentido, es todavía habitual la utilización del ratio M2 sobre el PIB, o del Crédito al sector privado sobre el PIB para representar el desarrollo del sistema financiero.

Entre este tipo de indicadores, el ratio de Crédito Privado es el que se ha ido imponiendo con el tiempo, siendo preferido por la mayoría de autores, que lo utilizan exclusivamente o junto a otros (Beck et al., 2007a; Clarke et al., 2006; De Gregorio y Guidotti, 1995; Demirgüç-Kunt y Levine, 2001; King y Levine, 1993; Rajan y Zingales, 1998; Westley, 2001). Este ratio representa el crédito concedido por intermediarios financieros al sector privado, dividido por el PIB, lo que excluye el crédito otorgado por el banco central y los bancos de desarrollo, así como el crédito otorgado al sector público, a empresas de propiedad pública y los créditos cruzados entre grupos de intermediarios. Por tanto, esta medida representa la cantidad de crédito canalizado a través de intermediarios financieros a empresas privadas, incluyendo normalmente los créditos de intermediarios que no son propiamente bancos de depósitos.

Aunque la utilización del Crédito Privado, y no de M2, evita algunos problemas70, estas variables miden solamente aspectos que tienen que ver con la intermediación, y están muy relacionadas con el sistema bancario y su tamaño. Sin aparente relación con ellas se encontrarían aspectos relacionados con otro tipo de intermediarios financieros (como las bolsas, pero también las aseguradoras u otros), con la eficiencia y la buena asignación de recursos y, por supuesto, con la accesibilidad de los servicios financieros.

En este marco, ya se ha mencionado que algunos estudios, y especialmente los de Levine (1997; 2005) tratan de introducir otra lógica, comenzando por definir las funciones del sistema financiero (facilitar medios de pago, mejorar la selección de inversiones, canalizar ahorro, gestionar riesgos…). Desde este punto de vista, el sistema financiero estaría más desarrollado en la medida en que cumpla mejor sus funciones, siendo el tamaño un aspecto menos relevante. Así, Demirgüç-Kunt y Levine

70

FitzGerald (2007) muestra la poca fiabilidad de M2 para medir la profundidad, dados sus valores muy cambiantes en función de países y/o políticas monetarias, y a que puede asociarse a burbujas financieras tanto como al propio desarrollo financiero. A pesar de ello, es la base de varios de los estudios citados.

(2001) proponen ampliar el número de variables que representan el desarrollo financiero, incluyendo la proporción de activos financieros que pertenecen al banco central, los bancos tradicionales u otras entidades financieras, medidas de la concentración del mercado, entrada de bancos extranjeros, medidas de eficiencia, o inclusión de aspectos bursátiles.

En todo caso, y desde un punto de vista de desarrollo económico y social, el estudio del sistema financiero y su evolución no puede reducirse a cifras agregadas o a la consideración de su tamaño. Ya hemos visto que, precisamente, el énfasis otorgado al crecimiento económico, sin considerar su finalidad o su destino desagregado, está en la base de profundos replanteamientos de las políticas sobre desarrollo. Por este motivo, y siguiendo a autores como Levine (2005) entendemos que es clave que el concepto de desarrollo financiero se asocie asimismo al cumplimiento de las funciones del sector, y que estas funciones se entiendan con un enfoque amplio y no solo agregado.

Desde esta óptica, y con un enfoque de desarrollo, es necesario que la provisión de esas funciones y los servicios financieros sean accesibles a los diferentes agentes económicos, lo que nos obliga a ir más allá de los términos agregados para profundizar en el nivel microeconómico. En este sentido, la falta de acceso de grandes capas de población a los servicios financieros básicos puede considerarse un buen reflejo del insuficiente desarrollo del sistema financiero, pero no es un aspecto que se señale hasta tiempos muy recientes. Los estudios de Honohan (2006; 2008) y Claessens (2006) resultan un avance en este sentido, y abren nuevas perspectivas de trabajo a partir de la medición de variables que amplían el concepto de desarrollo financiero.

2.3.2. La problemática de las relaciones entre lo financiero y lo real, y los

diferentes efectos según los casos

Además de las dificultades para definir los conceptos de desarrollo financiero y real, se encuentran en los estudios problemas para determinar con exactitud la dirección de causalidad, y los canales que relacionan estos dos ámbitos. A esta cuestión se une la evidencia de efectos diferentes en función de los casos, que complican la búsqueda de una coherencia global.