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IV. ESTRUCTURA DE LA TESIS DOCTORAL

1. LOS PROCESOS DE DESARROLLO Y LOS PROBLEMAS

1.1. EL PLANTEAMIENTO INICIAL DEL PROBLEMA: LA NECESIDAD DE

1.1.1. El diagnóstico: la escasa capacidad de ahorro y de formación de

Uno de los primeros diagnósticos sobre los problemas de los países insuficientemente desarrollados7 fue el llevado a cabo por Rosenstein-Rodan. Su punto de partida fue el enorme desperdicio de mano de obra en el campo, donde una parte importante de la población estaba desempleada o subempleada. Este recurso no era necesario, y podía utilizarse para aumentar el producto nacional, pero en la práctica no podía salir del campo porque no había máquinas, herramientas ni fábricas (capital, en suma) para que trabajase. La solución podía ser la emigración (llevar los recursos a donde hay capital) o bien (de forma más realista) traer la industrialización a estos países.

Ragnar Nurkse, economista estonio con una amplia trayectoria internacional, es uno de los autores que más profundamente estudiaron la problemática del crecimiento en el entorno de países con insuficiente nivel de desarrollo, siendo considerado el promotor de la teoría del círculo de la pobreza, que hace referencia al carácter de retroalimentación de los propios procesos de subdesarrollo, convertidos en trampas de las que resulta difícil salir. Partiendo de una situación de pobreza, la capacidad de ahorro interna es muy limitada, dado que la mayor parte de los ingresos se destinan necesariamente al consumo para subsistir. La falta de ahorro nos lleva a una inversión insuficiente, sin avances tecnológicos y con una utilización escasa de capital en la producción, lo que a su vez lleva a mantener los bajos niveles de productividad y a perpetuar el estado de estancamiento y pobreza.

En realidad, la idea del círculo de pobreza era contemplada por Nurkse (1955) tanto desde el lado de la oferta (ya explicitado) como desde el de la demanda, a la que concedía una importancia crucial. Así, el aspecto clave era la pequeña dimensión del

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Dado el carácter histórico de la revisión que estamos realizando, se utilizarán términos como “países insuficientemente desarrollados”, “países menos desarrollados” o “países pobres” que corresponden al pensamiento de la época, sin que ello implique un alineamiento con estas denominaciones, que en la actualidad se han modificado por otras como “países en vías de desarrollo”, “países emergentes” o “países empobrecidos” según los casos y sensibilidades. Se ha preferido seguir la nomenclatura de los autores de esta época sin entrar a juzgar su oportunidad. Así mismo, la utilización más adelante de la distinción habitual en términos de “países en desarrollo” y “países desarrollados”, no presupone tal como se ha mencionado ya un alineamiento con esta dicotomía.

mercado local, que suponía una falta de estímulo para invertir en atenderlo, lo que de nuevo nos llevaba a un círculo de baja productividad y pobreza8. La ampliación del mercado interno precisaba de un aumento de la productividad, lo cual dependía de la intensidad con la que se utilizara el capital (maquinaria y equipos más avanzados), y esto dependía a su vez de la magnitud del mercado.

El análisis insistía en la diferencia entre ahorro e inversión, requiriendo esta última algo más que capacidad de ahorro. Si tomábamos una empresa o sector en particular en un país poco desarrollado, según su esquema, no encontraríamos incentivos para invertir en atender al reducido mercado interno. En lo que respecta al ahorro privado interno, tendería como consecuencia a destinarse a otros fines, entre los que podían encontrarse los bienes raíces, metales preciosos, o bien actividades productivas menos interesantes para el desarrollo del país. En este sentido, sí podíamos encontrar incentivos para invertir en atender el mercado exterior, que era mayor que el local, aumentando las exportaciones. De hecho, la inversión extranjera (ahorro externo) se había centrado históricamente en atender a los mercados exteriores, lo que en su opinión de resultaba lógico desde planteamientos puramente económicos, y no necesariamente negativo para el desarrollo. Sin embargo, no parecía que la vía del comercio internacional (que en el siglo XIX fue motor de crecimiento) fuera tan prometedora, en un contexto en el que la demanda de productos primarios de los países industriales (y su población) no se expandían como en épocas anteriores. Por todo ello, el acento se ponía en lograr que la inversión atendiera a los mercados internos, encontrándose con ese problema básico de falta de incentivos9.

En su planteamiento, Nurkse entendía que la imitación del consumo de los países ricos por parte de los pobres suponía otro obstáculo importante para el ahorro interno. Con un énfasis que resulta algo exagerado, explicaba que, al menos en parte, los aumentos de ingreso no se traducían en ahorro por el aumento de la propensión al consumo de los países pobres, que estaba motivada por el efecto imitación. Esta tendencia se veía favorecida por las mejores comunicaciones, que ponían de manifiesto el nivel de vida y consumo de los países desarrollados10.

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El ejemplo que ponía Nurkse (1955:16) es muy gráfico: en Chile, un taller de laminación moderno podía hacer en tres horas las hormas de hierro necesarias en el país durante todo un año. Era evidente la falta de estímulo para instalar un equipo de este estilo con esa demanda.

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Siguiendo la lógica keynesiana, además, el volumen de comercio dependería de los niveles de ocupación y demanda, por lo que el pequeño tamaño del mercado interno llevaría en todo caso a una baja participación en el mercado internacional.

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Este efecto no se daba solo en los países menos desarrollados. Nurkse (1955) hablaba de las modas y los inicios del marketing y decía que en EE.UU. el 75 por ciento de la población no ahorraba en absoluto, y no era por no poder hacerlo.

Las ideas de Lewis, y especialmente su teoría en torno al crecimiento económico (Lewis, 1955) reflejaban un planteamiento similar al de Nurkse y Rosenstein-Rodan. Para Lewis, las economías con problemas de desarrollo se caracterizaban por tener dos sectores claramente diferenciados: el rural y el urbano. El primero era poco productivo y concentraba a la mayoría de la población, mientras en la ciudad podía darse un círculo virtuoso que incluyera la llegada de trabajadores poco productivos del campo, su contratación, la mejora de su productividad, la generación así de excedentes, y la posterior reinversión de los mismos generando mayor producción y nuevo empleo. Según este proceso, las zonas rurales se irían despoblando (lo que para Lewis no suponía una gran pérdida) y la economía saldría paulatinamente del subdesarrollo.

A partir de estos primeros diagnósticos, que pusieron el énfasis en aspectos parcialmente distintos pero que, en todo caso, resultaban complementarios, la preocupación de los llamados pioneros pasó a ser el logro de un aumento sostenido de la renta per capita. Tal como señala Bustelo (1998), los medios para lograrlo –en cuyo estudio centraron buena parte de sus análisis- se concretaron en promover la acumulación de capital, la industrialización, y la atención al mercado interior, contando para ello con la intervención del Estado.

Así, la cuestión del ahorro, y la acumulación de capital, se convirtieron en el centro de la problemática para todos estos autores, que incluso llegaron a cuantificar los niveles de ahorro e inversión necesarios para lograr el desarrollo.

En esta línea, Lewis (1954) situó como problema central de la economía del desarrollo el estudio del proceso por el que se pasaba de ahorrar el 4 o 5 por ciento del PIB a economías donde el ahorro voluntario podía llegar al 15 por ciento. Para Lewis, el desarrollo económico era básicamente acumulación acelerada de capital (si bien matizando que debía incluir capacitación y conocimiento).

Por su parte, Nurkse (1955:10) centró gran parte de su estudio en la acumulación de capital hasta el punto de llegar a considerar que:

“La esencia del proceso es, pues, la desviación de una parte de los recursos de la sociedad corrientemente disponibles, al propósito de aumentar el acervo de bienes de capital con objeto de hacer posible una expansión de la producción consumible en el futuro. Ésta es la característica fundamental de la acumulación de capital sobre la que se concentrará nuestra atención”.

Desde otro enfoque, pero con consecuencias similares en relación al camino adecuado para avanzar, Rostow, en su conocida teoría de las etapas -que refleja claramente las ideas sobre desarrollo en esta época- hizo especial hincapié en el ahorro y la inversión, como variables críticas del tránsito de unas a otras fases. Según Rostow (1960) las sociedades podían encontrarse en función de su situación económica en 5 etapas, que iban desde la sociedad tradicional hasta la llamada de “alto consumo de masas”, las cuales debían ir recorriendo en un largo proceso de crecimiento económico y desarrollo. Rostow insistía en la importancia de la productividad (muy unida al acceso a los avances científicos) y la inversión en términos brutos. La primera etapa, por ejemplo, se caracterizaba por una productividad muy baja y fondos destinados mayoritariamente a la agricultura, mientras en las etapas de transición, despegue, y camino a la madurez se iba incrementando la importancia de la inversión. Al pasar de la segunda a la tercera etapa la inversión podía pasar, según sus cálculos, de un 5 hasta un 10 por ciento del PIB, y en la cuarta llegar a ser del 20 por ciento del PIB.

En el marco de estas preocupaciones, Rosenstein-Rodan (1961) estudió la necesidad de apoyar con capital extranjero los procesos de inversión, fijando como objetivo para los países en desarrollo que la tasa de formación de capital interno se sitúe, tras el apoyo, en un nivel auto-sostenible que calculaba en torno a un 12 por ciento del PIB anualmente.

En todos los autores citados, encontramos reflejos de esta preocupación prioritaria por la acumulación de capital, en detrimento del consumo y los aspectos de atención social11, lo que venía a situar las cuestiones relativas a la financiación en el centro del análisis. Ya hemos explicado la preocupación de Nurkse por el aumento del consumo de imitación, que se unía a su constante inquietud por el destino efectivo de los fondos ahorrados por cualquier vía (que podían no dedicarse a la inversión). Para Rostow, el concepto de desarrollo estaba centrado en la producción y su crecimiento y, en todo caso, lo consideraba como prerrequisito para otros fines relacionados con el bienestar. Rosenstein-Rodan (1961) al explicar sus ideas sobre la ayuda internacional establecía, como objetivo de estos programas, la aceleración de su desarrollo económico hasta el punto de lograr una tasa de crecimiento satisfactoria y auto-sostenible. Desde su punto

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Las ideas de los pioneros del desarrollo, tal como vemos, se incluyen dentro de lo que Sen (1998) denomina concepción BLAST (siglas de Sangre, Sudor y Lágrimas en inglés, siguiendo un conocido discurso de Churchill) del desarrollo, basada en el sacrificio actual para lograr la mejora futura. Para Sen, la primacía del concepto de acumulación de capital es una característica del pensamiento económico de posguerra, y esto implicaba que las trayectorias de crecimiento llevaran a la necesidad de limitar el bienestar a corto plazo para obtener mejores resultados futuros.

de vista, no se trataba tanto de mejorar la calidad de vida de los receptores, como de permitir el paso de la situación de estancamiento a la de crecimiento autosostenido, que requería como elemento principal el propio esfuerzo de estos países12.

Para finalizar este breve repaso al diagnóstico realizado por los primeros teóricos del desarrollo, debe señalarse que, más allá de la prioridad otorgada a los aspectos relativos a la acumulación y el crecimiento13, también otras preocupaciones estaban presentes en prácticamente todos los autores. Entre ellas se encuentran la importancia de las instituciones, y la relevancia de los aspectos culturales, sociales y tecnológicos14. Se trató en algunos casos de reflexiones seminales que, con el tiempo, acabarían formando parte del cuerpo central del debate sobre el desarrollo.

1.1.2. Las primeras propuestas: el ahorro interno y la necesidad de captar