Una vez definido el uso del sistema financiero como aspecto clave, es necesario concretar la forma más apropiada de medirlo. Para ello, tal como veíamos en el Capítulo 2, es habitual remitirse a indicadores agregados de volumen de activos financieros o intermediación, considerando que un aumento en estas variables indicará un mayor uso del sistema financiero.
Sin embargo, en términos de desarrollo, y demostrado el peligro de los datos agregados, el estudio del uso del sistema financiero, y del cumplimiento de sus funciones, nos lleva a la necesidad de medirlo en términos de población que utiliza estos servicios. Un elevado volumen de activos financieros, con un alto grado de asimetría en la utilización del sistema, puede implicar en términos de desarrollo una exclusión para la mayor parte de la población, y hacer del sistema financiero una barrera más para el desarrollo, entendido en términos de reducción de la pobreza o de equidad. En esta línea, el trabajo de Unceta y Gutiérrez-Goiria (2009) apunta a la necesidad de diferenciar entre un sistema financiero profundo (en el que una parte elevada del PIB se financia a través del Crédito Privado) y un sistema financiero incluyente, que atienda a las necesidades de la mayoría de la sociedad. Aunque los indicadores de estos dos conceptos se relacionen positivamente en términos generales, una visión más cercana -agrupando países de rentas comparables- nos indica que miden aspectos diferentes.
Pese a la conveniencia de disponer de esta información, no hay demasiados estudios ni datos sobre la utilización del sistema financiero en términos desagregados, aunque se están desarrollando recientemente. Principalmente se estudian variables relacionadas con la utilización de servicios de ahorro y crédito, que son los más habituales, y los primeros que se van desarrollando a medida que el sistema financiero crece. A raíz de los esfuerzos de Banco Mundial y CGAP, comienzan a conocerse y sistematizarse estos datos.
El informe ya citado de acceso a nivel mundial de CGAP (2009b) supone un esfuerzo pionero en este sentido, recogiendo datos de una encuesta a reguladores de 139 países. Entre sus limitaciones está la dificultad de recoger datos de cooperativas (57 por ciento de los casos) o de Instituciones Microfinancieras (44 por ciento). Por otro lado, frente a la información sobre el número de cuentas, CGAP reconoce que el número de depositantes y prestatarios es un dato más interesante, pero solo es aportado por el 20 por ciento de los participantes en la encuesta. En total, y aunque
sea mediante estimaciones, CGAP calcula que 2.700 millones de adultos en los países en desarrollo no utilizan los servicios bancarios79.
La Tabla 3.4 muestra el número de cuentas de depósito y préstamo por cada mil habitantes, según datos del regulador o banco central. Aunque, como se ha explicado, no van a ser objeto de este estudio, se incluyen también los datos de países de renta alta como referencia.
Tabla 3.4. Cuentas de ahorro y préstamo por mil habitantes según niveles de ingreso (valores promedio)
Nº Préstamos por mil hab.
Nº Depósitos por mil hab.
Ingreso alto 449,70 2.012,82
Ingreso medio-alto 249,43 1.061,97 Ingreso medio-bajo 74,10 553,10
Ingreso bajo 21,71 120,71
Fuente: Elaboración propia con datos de BM (2008), a partir de Beck et al. (2007c).
En la Tabla 3.4, los préstamos incluyen los concedidos por entidades bancarias de depósitos a particulares, empresas u otros, siendo de todo tipo (hipotecarios, de consumo, a estudiantes, para negocios, comercio, agricultura etc.). Por su parte los depósitos incluyen datos de cuentas corrientes, de cheques, ahorro y depósitos temporales para particulares, empresas u otros. Se trata de datos reales (obtenidos por estudio y encuesta) aunque presentan el problema de reflejar totales de cuentas, con lo que podrían inducir a confusión si tratamos de aproximarlo a términos de población incluida80.
A pesar de sus limitaciones81, estos indicadores de utilización del sistema financiero muestran las grandes diferencias en países con diferentes niveles de renta. Los préstamos por cada mil habitantes, por ejemplo, pasan de 450 por cada mil habitantes
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Chaia et al. (2009) con una metodología diferente, llegan a conclusiones similares, que muestran que 2.500 millones de adultos en todo el mundo (más de la mitad) no utilizan ningún servicio bancario formal o semi-formal. Geográficamente, aunque la mayoría se sitúen en Asia, el caso africano es especialmente llamativo, con un 80 por ciento de población desatendida.
80
Así, aunque en los países de ingreso alto, por ejemplo, se den 2.012 cuentas de depósito por cada 1.000 habitantes (lo que da una media de dos por persona) esto no excluye el hecho de que haya personas sin cuentas de depósito, ya que muchas personas tendrán más de dos cuentas, reduciendo el número total de depositantes.
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La principal limitación del estudio es el número de países, siendo 54 en el caso de los depósitos, y 44 para los préstamos. Por otro lado, estos datos provienen de las entidades reguladoras centrales, por lo que son más restrictivos y abarcan menos entidades que otros, al contar solo con las entidades reguladas.
en los países de mayor renta, a 22 en el caso de los más pobres, o 74 en el grupo inmediatamente superior. En el caso de los países de ingreso medio-alto el salto es considerable, llegando a un punto intermedio (249 por cada mil). Conclusiones similares se obtienen en el caso de las cuentas de depósitos. Con las limitaciones que supone trabajar con la media, es llamativo que apenas el 12 por ciento de la población, en los países de renta más baja de la muestra, pueda disponer de una cuenta de depósito en una entidad formal regulada (y esto suponiendo que se diera el mejor de los casos, y que cada cuenta correspondiera a una persona).
Los datos más recientes de CGAP (2009b) refuerzan estas cifras orientativas, mostrando que los países desarrollados triplican el número de cuentas de depósito por persona respecto a los países en desarrollo. En el caso de los préstamos la proporción es de cuatro a uno.
Desde otro punto de vista, más cercano al día a día de los hogares pobres, Banerjee y Duflo (2007) realizan encuestas en 13 países82 para entender cómo se vive con menos de uno o dos dólares al día. Como era de esperar, comprueban que, para este grupo de población que vive en situación de pobreza o extrema pobreza, el acceso al sistema formal es muy reducido, aunque la financiación informal sea más habitual. En lo que se refiere a los préstamos, son habituales entre esta población, con cambios en función de los lugares. Sin embargo, exceptuando en México e Indonesia, menos del 7 por ciento del total de los mismos se realizan con el sistema formal, acudiendo normalmente a prestamistas, familiares o similares. En el caso de los depósitos, la situación es peor y, exceptuando el caso de Costa de Marfil, menos del 14 por ciento de los hogares en pobreza extrema tienen una cuenta de este tipo (en Perú o Panamá no llegan al uno por ciento). Para los seguros, donde solo se dispone de información de 7 países, el uso es aún menor, y menos del 6 por ciento de los hogares más pobres tienen algún tipo de seguro de salud, exceptuando el caso de México.
Profundizando en la información sobre utilización, la Tabla 3.5 muestra datos recientes de un indicador más amplio de uso del sistema financiero, que incluye otras entidades además de las reguladas.
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Costa de Marfil, India (Udaipur, UP/Bihar, Hyderabad), Indonesia, México, Nicaragua, Pakistán, Panamá, Papua Nueva Guinea, Perú, Sudáfrica, Timor Leste, Tanzania y Guatemala.
Tabla 3.5. Uso efectivo del sistema financiero según niveles de ingreso (valores promedio) Uso Efectivo (%) Ingreso alto 87,15 Ingreso medio-alto 49,52 Ingreso medio-bajo 30,28 Ingreso bajo 19,65
Fuente: Elaboración propia con datos de BM (2008), a partir de Honohan (2006).
Los datos de la variable Uso Efectivo –porcentaje de población adulta con acceso a una cuenta bancaria- muestran un claro y progresivo aumento de la media según pasamos a grupos de países con mayores ingresos. Estos valores de Uso Efectivo son calculados para 148 países a través de información directa e inferencia, suponiendo un método novedoso desarrollado por Honohan (2006) para avanzar en la provisión de información de este tipo83. Las diferencias son en todo caso muy elevadas, pasando de situaciones donde apenas uno de cada cinco habitantes utiliza el sistema financiero, a una utilización del 87 por ciento de los países de ingreso alto. Aunque no se han incluido aquí los datos desagregados, se observa una distribución relativamente homogénea en los países de renta alta, con elevados porcentajes de Uso Efectivo, y más dispersa en los demás grupos.
En definitiva, y desde diferentes fuentes, la información disponible sobre la utilización del sistema financiero nos ofrece una realidad coherente con los problemas de barreras de acceso y dificultades de accesibilidad estudiados. A medida que los países tienen menor renta per capita aumentan las barreras, las condiciones de accesibilidad empeoran, y el uso del sistema financiero va siendo menor. Por último, debe mencionarse que las barreras o condiciones de accesibilidad parecen ser más condicionantes en lo que respecta a explicar el nivel de uso en los países de renta más baja, lo que da idea de las posibilidades que, en términos de inclusión, tienen las
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Concretamente mide el porcentaje de población adulta que tiene acceso a una cuenta en una institución financiera, y está calculado utilizando: 1) encuestas que miden directamente el acceso y uso en los hogares y 2) inferencias a partir de datos de intermediarios financieros (estos datos son agregados). La metodología de Honohan permite testar la adecuación de las predicciones para los países de los que se dispone de datos reales, con resultados aceptables. Los datos son tanto de entidades financieras y reguladoras como de instituciones microfinancieras cuando han podido recogerse. El indicador es por tanto compuesto e incluye una encuesta a reguladores bancarios, información del CGAP sobre microfinanzas en 148 países, datos de encuestas y datos de la Comisión Europea. A pesar de las limitaciones, y de la complejidad de cálculo e inferencia, este indicador de uso es un primer esfuerzo para recoger este tipo de datos y se ha tomado como referencia a falta de otros datos a nivel internacional.
entidades que aporten cercanía y disminuyan estas barreras en estas zonas (Unceta y Gutiérrez-Goiria, 2009).
3.1.2. La financiación informal como alternativa ante las carencias del
sistema formal
Además de las dificultades de acceso al sistema formal, para entender y contextualizar las microfinanzas es necesario estudiar también las posibilidades de la financiación informal, que sustituye o complementa al sistema formal.
Al igual que en otros ámbitos de lo económico y social, la realidad formal habitualmente reconocida en el sector financiero viene acompañada de otro ámbito paralelo, que más que ser ilegal se encuentra sin regular. El sector financiero informal supone en parte un antecedente de los servicios microfinancieros tal como los entendemos actualmente, y convive con otros programas más estructurados en muchos países.
En este subapartado estudiaremos la problemática y variedad del sector informal, y aportaremos los limitados datos disponibles sobre su alcance.
3.1.2.1. Caracterización y problemática de la financiación informal
Las evidentes dificultades de acceso al sistema formal han hecho que, desde hace siglos, se den alternativas informales para cubrir las necesidades de servicios financieros.
Aunque estas prácticas se dan en todos los lugares y grupos de renta, son más habituales en el caso de zonas rurales y población de bajos ingresos. Su importancia tiende a disminuir a medida que se dan procesos de desarrollo y formalización de la economía aunque, dado su carácter informal, es difícil cuantificar y explicar estos servicios.
Con ligeras variaciones, podemos encontrar en diferentes fuentes los siguientes tipos de instituciones financieras informales (Banerjee y Duflo, 2007; CGAP, 2009b; Ledgerwood, 1999; Naciones Unidas, 1999a):