fomento de una sociedad de propietarios
6El sector de la construcción ha sido muy potente en Europa durante el siglo XX, prin- cipalmente en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Inglaterra es uno de los países que despliega el patrón industrial en dicho periodo, con el paradigmáti- co Programa de Nuevas Ciudades de Inglaterra se dio de 1946 a los años setenta. La apuesta por el sector de la construcción por parte de los países europeos en dicho periodo es un sistema de institucionalización del sistema productivo. Después apare- cieron los promotores privados, en España antes que en Reino Unido7, y antes aun en otros países occidentales como los Estados Unidos de América.
«[Sobre la suburbanización de EEUU tras la Segunda Guerra Mundial] Lo único que se podía hacer con esa inmensa capacidad de producción de los EEUU era suburbanizar. Crear un paisaje urbano que absorbiera grandes cantidades de plus- valía de capital. No me refiero solo a autovías, casas, y centros comerciales. Se trata de un estilo de vida consumista en el que la gente compra todo tipo de acce- sorios para el hogar, neveras, aires acondicionados, etc. El proceso de urbaniza- ción es el que embebe toda esta inmensa cultura consumista. Este elemento se repite a lo largo de toda la historia de la acumulación de capital» (Harvey, 2008).
4.2.1.1.La situación en España 1950-1977
Si se centra la situación en España, la política de vivienda ha sufrido numerosas variacio- nes a lo largo del tiempo, pero a grandes rasgos se pueden diferenciar dos grandes perio- dos: la política del periodo franquista, principalmente a partir de la creación del Ministerio de Vivienda en 1957, y la del periodo democrático, objeto de estudio en capítulos poste- riores, y como adelanto, bastante homogénea durante más de treinta años8.
El Régimen Franquista apostó por la acción pública en materia de vivienda y la gene- ralización de la vivienda en propiedad, lo que constituyó el modelo desde el desarro- llismo de los años sesenta hasta los años setenta. En ese momento, se consideró peli- grosa la posibilidad de un parque de vivienda pública en alquiler, por los eventuales conflictos que se podrían dar entre inquilinos-Estado, en un momento en que la polí- tica de vivienda se ejercía de una manera totalmente centralista. «Esto es precisamen- te lo que acabó por decantar la línea política del periodo, bien recogida en la célebre declaración del entonces ministro de la Vivienda: “España: un país de propietarios, no de proletarios”» (López y Rodríguez, 2010:272). Esta idea de sociedad de propietarios nos acompaña hasta la fecha, aunque en la última década se ha depurado hasta límites no conocidos.
La construcción de estas nuevas viviendas era directamente pagada por el Estado Franquista, lo que supuso un gran trasvase de rentas públicas a empresas privadas, que fueron constituyendo el germen del actual sector inmobiliario.
En esta época, aparecieron algunos rasgos que nos acompañarían hasta ahora, como el enfoque de la vivienda como bien en sí mismo sin importancia de su entorno, con el impacto que esto supone. «En materia de suelo, […] incluso se fomenta la ilegali- dad como claramente revela la lapidaria frase pronunciada por un Ministro de Vivienda: “Primero Vivienda, después Urbanismo”» (Gaja i Díaz, 2005b:10). Analizando en detalle el proceso de constitución y despliegue de la hegemonía inmo- biliaria se observa cómo desde los primeros momentos, dicho sector fue beneficiado hasta el punto de constituirse como base del crecimiento económico de todo tipo incluido el industrial:
«En los primeros años, el Régimen apostó por la consolidación de su victoria mili- tar, construyendo un Estado Dictatorial en el que existía un férreo control desde la cúspide. La reconstrucción del país se abordó desde las propias fuerzas del Régimen dado que las apuestas internacionales del General Franco salieron derro- tadas en la II Guerra Mundial, por lo que se vieron obligados a soportar un largo período de bloqueo de la Comunidad Internacional. Desde los primeros momen- tos, el sector inmobiliario se constituyó en uno de los principales grupos sociales beneficiados de la política económica del Régimen, convirtiéndose en un sector clave para el proceso de acumulación del capital que sirvió de base al crecimiento industrial y económico en los años sesenta» (Cortés, 1995:99).
Se considera entonces que «la única y verdadera solución al problema de la vivienda es construirlas. Toda política que consiga un aumento de la cifra total de viviendas en política parte de un principio acertado» (Gómez-Morán, 1972:118)9.
En esta línea, se observa cómo la vivienda y la construcción de las mismas en régimen de protección, no es solo el instrumento económico y social sancionado por el Régimen sino que viene acompañado, como no podía ser de otra forma, de crecimien- to urbano, y sobre todo, arrastra también a la promoción privada que poco a poco pasará a ser la parte mayoritaria:
«El crecimiento urbano de los años sesenta va configurando gran parte del modelo territorial de la sociedad española. Las necesidades funcionales del sistema capitalis- ta español, en el que el sector inmobiliario juega un importante papel, se articula espacialmente a través de las políticas urbanas, las cuales responden a los intereses de las clases sociales dominantes que se expresan a través del Estado. El desarrollo
ciudades españolas, por lo que el sector urbanizador-inmobiliario puede jugar un papel dominante en el proceso de acumulación de capital, dirigido y controlado por la intervención estatal que ejerce un papel determinante» (Leira, Gago, y Solana, 1981)10.
El papel de la intervención estatal se ejerce principalmente a través de los Planes de Vivienda que se suceden desde el año 1957, y que a la vez que existe un aumento cons- tante de la demanda, también existe la potencialidad de la política de vivienda como política económica y como factor de acumulación del sistema capitalista que estaba despegando:
«Los Planes de Vivienda de los años sesenta lograron incrementar la producción de viviendas, convirtiéndose en el auténtico comodín de la política económica de los distintos Gobiernos. Sin embargo, este incremento no respondió únicamente a la voluntad del Estado, pues en gran parte se debió al incremento constante de la demanda, y sobre todo a la consideración del mercado inmobiliario como uno de los factores de acumulación más importantes, que al verse favorecido por las propias ayudas estatales podía funcionar con tasas de beneficios superiores a las que encontraba el capital en otros sectores económicos» (Tarrago, 1976)11. De ahí que el modelo inmobiliario español en la democracia no pueda ser considera- do como una nueva apuesta de desarrollo urbano y económico, sino que se puede considerar en esencia heredera de aquella practicada en el Régimen Franquista:
«El modelo inmobiliario español no fue fruto del libre albedrío de los mercados, sino de un devenir histórico muy particular que hunde sus raíces en el franquis- mo. Pues fue durante ese régimen cuando se dio un giro copernicano al modelo inmobiliario y se dejó atada y bien atada una política de vivienda que ha perma- necido, en lo fundamental, hasta nuestros días» (Naredo y Montiel: 2011:8). Tal y como se ha señalado en el anterior apartado, el sector público apuesta por la vivienda desde los Planes de Urgencia Social, en el caso de Madrid en el año 1957, pero no es hasta los años sesenta y parte de los setenta cuando hace su principal des- pliegue, con un importante número de viviendas construidas, cambiando con el paso de los años el régimen de tenencia, hasta quedar las viviendas en alquiler en algo mera- mente anecdótico:
«La presencia del sector público en estos años es notable. De las más de 3.900.000 viviendas terminadas en España entre los años 1962 y 1975, el 65% de ellas fue- ron construidas al amparo de los diferentes regímenes de protección puestos en marcha. La participación pública fue disminuyendo, pasando de representar el 88% de las viviendas terminadas entre 1962-1965, al 63,1% en 1965-1970 y al 54% al final de este periodo (1970-1975). Hay que destacar que del total de las viviendas protegidas, solamente el 19% fueron ocupadas en régimen de alquiler, disminuyendo estos porcentajes desde el 29% en el periodo 1962-1965, hasta un paupérrimo 5,4% en los últimos años (1970-1975)» (Cortés, 1995:102).
El año 1973 supone un punto de inflexión en este proceso, ya que por una parte se inicia un elevado número de viviendas, y por otra parte se está entrando en la deno- minada “crisis del petróleo”, que condicionaría las políticas durante muchos años. «En concreto, en el año 1973 cuando se inició la construcción de más de 410.000 vivien- das, lo que produjo que fuera precisamente el año 1975 cuando se llegó al nivel máxi- mo de terminaciones, por encima de las 370.000 unidades» (Cortés, 1995:104).
10Citado en Cortés, 1995:103. 11Citado en Cortés, 1995:103.
Por ello, y como ha ocurrido en la presente crisis económica, la fuerte apuesta por un determinado sector, tiene consecuencias importantes en la economía del país cuando la dinámica de crecimiento constante no se puede continuar:
«Desde el punto de vista de la vivienda, estos años significan, como se ha indicado anteriormente, la crisis del sector. Ésta se manifiesta por el aumento del desempleo entre sus trabajadores, lo que implica una reducción progresiva de la capacidad pro- ductiva del sector. En la crisis se combinan dos elementos interrelacionados: un exce- so de oferta de viviendas sin vender, y una demanda bloqueada por la pérdida de poder adquisitivo y la inestabilidad laboral, cuando no el paro» (Cortés, 1995:107). A partir de 1973 ya casi no se construyen viviendas de promoción pública, y se empie- za a fomentar otro tipo de intervención que ha continuado durante más de tres déca- das: la acción pública se limita al fomento de las actuaciones privadas, a través de la intro- ducción de distintos regímenes de protección, entre los cuales destaca la Vivienda de Protección Oficial (VPO).
La promoción del mercado hipotecario12, que supone ligar a la propiedad a grandes franjas de la población, obteniendo transferencia de rentas hacia finanzas que necesi- tan liquidez y transferencia de los riesgos de los mercados financieros a las familias, se puede considerar que se inicia en España en los Pactos de la Moncloa. En todo caso, el capital no entraría del todo en el sector de la construcción hasta que se libere el cré- dito, dentro del periodo democrático. Hasta ese momento los préstamos para la vivienda protegida se daban en el Banco Hipotecario, que era la banca pública, y para la vivienda libre en las Cajas de Ahorro.
Los Pactos de la Moncloa, en el año 1977, supusieron un acuerdo político para el equi- librio del sistema, principalmente en empleo y salarios. Fueron pactados por todas las fuerzas políticas. Es el acuerdo más importante de la transición. Asimismo, en el año 1977 con el Pacto de la Moncloa se hizo un inventario de planeamiento urbanístico. Por último, y a modo de resumen, cabe destacar que una de las cuestiones urbanas más importantes del desarrollismo fue el surgimiento de la empresa inmobiliaria. «La Administración asume una función subsidiaria respecto del sector privado, facilitando mediante los encargos de trabajo, la capitalización del sector, e incentivando su ‘des- pegue’» (Gaja i Díaz, 2005:10).
La empresa inmobiliaria vino asociada al proyecto de sociedad de propietarios que buscaba el Régimen Franquista, con el objetivo era convertir a todo obrero en propie- tario, y además «los diversos grupos sociales…(convirtieron) en patrimonio familiar su propia pertenencia a un lugar determinado de esa división social del espacio» (Roch, 1999b: 98)13.
El instrumento con el que fomentó dicha política fue con la construcción de vivien- das sociales a través del crédito a promotor a fondo perdido, de ese modo, y por vez primera en cuestiones urbanísticas, se hizo un trasvase de fondos del sector público al sector privado, sin mecanismos de recuperación alguna de los mismos.
4.2.1.2. La situación de la Región Metropolitana de Madrid en el periodo de 1950-1977
Si se desciende a analizar el proceso de la construcción de la hegemonía inmobiliaria unido a la creación de la sociedad de propietarios, en el territorio de la Región Metropolitana de Madrid, se observa la importancia de dicho periodo en el área de
12A este respecto, Haussman inicia las relaciones de la urbanización con el capital financiero. 13Citado en Tamayo, 2010:14.
estudio, ya que su influencia sigue vigente incluso en estos días. «Desde los últimos años de los cincuenta hasta finales de los sesenta, periodo donde se produjo un creci- miento del parque residencial madrileño sin precedentes que todavía hoy tiene una importante presencia en el conjunto de la edificación madrileña» (Tamayo, 2010:2). En la RMM se dio un primer gran ciclo de crecimiento urbano apoyado por políticas y planes de escala estatal principalmente en los años cincuenta, con vivienda protegi- da, y en los años sesenta, con predominancia de vivienda libre:
«El periodo en el que se va estudiar la actuación del sector inmobiliario comien- za con el inicio del primer gran ciclo de crecimiento de la promoción privada de viviendas en Madrid (Roch 1999), coincidente más o menos en el tiempo con la aprobación del Plan de Urgencia Social (1957-59) y con una de las épocas de mayor concentración de construcción de vivienda social (1954-59) (Sambricio 1999) y acaba al final de la década de los años sesenta, momento en el cual ya se habían desarrollado, o estaban en fase de desarrollo, buena parte de las grandes operaciones inmobiliarias realizadas por el sector privado en ese ciclo antes de la crisis de los setenta (Bataller et al., 2004)» (Tamayo, 2010:3).
De hecho, el camino recorrido ya en los cincuenta permite el gran despliegue del prin- cipal periodo de crecimiento de los años sesenta:
«En este sentido se puede afirmar que Roch acertaba al escribir que “cuando empie- za la década siguiente (los años sesenta) la máquina inmobiliaria ya dispone de muchos de los ingredientes necesarios para llevar adelante su labor de modelar el des- pliegue orbital que acompaña al crecimiento de la metrópoli” entre los que el autor encuentra “un tablero social que puede convertirse en patrón del campo de precios con sólo codificarlo en términos salariales” (Roch 1999b:114)» (Tamayo, 2010:13). De hecho la alianza público-privada que se dio permitió ofrecer un nuevo producto inmobiliario a la clase media, innovando en cuestiones como la oferta de precios y de financiación de las mismas:
«Durante el periodo que abarca desde finales de los cincuenta hasta la finalización de la década de los sesenta, el sector inmobiliario desarrolló una actividad en el área metropolitana de Madrid de un calado todavía observable cuarenta años des- pués. Durante estos años, el sector privado, gracias sobre todo a las políticas públicas que se venían desarrollando desde mediados de los cincuenta y a su alian- za con el sector financiero, consiguió, transformar la oferta de viviendas, tanto en lo que se refiere al precio total como a su financiación, y absorber la gran franja social de la clase media» (Tamayo, 2010:7).
14«El desarrollo del fenómeno asociativo se encuentra estrechamente relacionado con la consolidación de las estructuras propias de la modernidad. El asociacionismo surgió en el contexto de la industrialización y de la urbaniza- ción como forma alternativa de recuperar una cohesión social resentida con el debilitamiento de las redes sociales de orden primario (las rela- ciones de parentesco, de vecindad, de amistad, de compañeros), consecuencia de los procesos de alienación propios del avance de las grandes organizaciones despersonalizadas (grandes empresas, Administración del Estado). Las aso- ciaciones se erigen, en consecuencia, en un ins- trumento de mediación y regularización que permite, a la vez, la autonomía y la integración social de aquellos individuos que voluntaria- mente deciden participar y cooperar de forma estable y continuada para la consecución de objetivos de interés común y la satisfacción de necesidades que se encuentran restringidas o son incapaces de satisfacer las grandes estructu- ras del mercado y las organizaciones guberna- mentales» (Alguacil, 2002).