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32Sobre esta relación entre sociedad de la infor- mación, ciudad y planeamiento que aquí se plantea existen opiniones frontalmente opues- tas: «Sin embargo este aparente progreso que ahora se envuelve en vistosos ropajes tecnoló- gicos no es más que una vuelta atrás porque si el sistema de ecuaciones del mercado describía un equilibrio, una cierta racionalidad y una cier- ta permanencia de esa racionalidad que permi- tía el complejo juego institucional de ajustes que algunos han descrito como modelos inter- medios estables de regulación (planificación espacial incluida), los nuevos flujos de informa- ción por los que parece circular toda la savia del sistema nos devuelven a la lucha primordial por su posesión, por su creación y control, a una nueva irracionalidad que recuerda el viejo concepto de “impulso vital”» (Roch, 1993:117).

33Cursiva propia.

El prolífico y eminente Fernández Durán apuntaba también la profunda transformación de las ideas de Castells y le tacha de valedor de la nueva política urbanística en España, que prevalecería durante las dos siguientes décadas:

«El marco teórico marxista en el que se circunscribe la primera etapa de la obra de Castells va dejando paso gradualmente a un enfoque virtual de las políticas urbanas en su conjunto, más armónico y de impronta más bien reformista. En éste el apoyo al cre- cimiento económico sostenido y a la formación de Europa como un sistema de ciuda- des, se cimenta en una política social activa y ‘progresista’ que corrija los problemas y desajustes sociales producidos por los rápidos procesos de cambio de las grandes ciuda- des. Sus reputadas aportaciones no caen en saco roto y se convierte en el ‘principal orga-

nizador, impulsor e ideólogo de la nueva política urbanística, territorial y tecnológica del Estado’ (Fernández Durán, 1993: 219). Su influjo hace que ‘se vaya decantando una nueva política urbanísti- ca para superar las trabas del urbanismo de primero de los ochenta (…) en cierto modo imbuidos por las ideas del ‘urbanismo de austeridad’ de la escuela italiana de los setenta, que ponían el énfasis en la calidad de vida urbana, en el crecimiento limitado de las estructuras urbanas y en una reducida inversión pública en las ciudades. Dando el salto a otra que favorezca al máximo los procesos de crecimiento, con- centración y transformación urbana en la cual una fuerte inversión pública es clave para la creación de las infraestructuras necesarias para la reestructuración de las metrópolis, y para impulsar directamente esta metamorfosis’ (Fernández Durán, 1993:220)» (González Ordovás, 1998:318 y ss.)33. Por tanto, resulta de interés hacer un repaso de sus anteriores posicionamientos y líneas de investigación, para observar el giro copernicano, que encarnó el sociólogo Manuel Castells, y que según se puede observar, desde una visión histórica, representó el Zeitgeist, el espíri- tu de los tiempos. Pero también en qué términos derivaron sus propuestas urbanas de una “sociedad de la información” que el todos mejorarían a través de una igualación relativa. Manuel Castells mostraba en uno de sus primeros libros, La cuestión urbana (1971), su posicionamiento en el análisis de la evolución de la ciudad. Éste se encuentra en la corriente del estructuralismo althusseriano. Althusser es considerado un marxista estruc- turalista. En ese momento, la definición de la cuestión urbana que difunde Manuel Castells, se opone diametralmente a la de Lefebvre. Solo coincide en la visión lefebvria- na de la autonomía del modelo cultural “urbano”, que aparece en el libro El derecho a la

ciudad (Del original francés, Le droit à la ville, Paris. Anthropos, 1968, y también la colec-

ción de ensayos del mismo autor, Du rural à l´urbain, Paris, Anthropos, 1970). En aquel momento hablaba de la perversión del crecimiento urbano a través de la difusión urba- na, cuestión, como se ha indicado anteriormente, de la luego reniega: «La difusión urba- na equivale justamente a la pérdida del particularismo ecológico y cultural de la ciudad. De este modo, el proceso de urbanización y la autonomía del modelo cultural ‘urbano’ aparecen como dos procesos paradójicamente contradictorios» (Castells, 1974:21). A mediados de los setenta – una década antes de la aprobación del PGOUM 1985, Castells se ha propuesto reinterpretar la “problemática urbana” en la perspectiva del materialismo histórico (Castells, 1974:5).

«Pues aunque es cierto que el ‘pensamiento urbanístico’, en sus diferentes versiones, entre las cuales la ideología del medio ambiente parece ser la más acabada, es patri- monio de la tecnocracia y de las capas dirigentes en general, sus efectos se dejan sen- tir en el movimiento obrero y, más aún, en las corrientes de revuelta cultural y polí- tica que se desarrollan en las sociedades capitalistas industriales. Así, junto a la influencia de los diferentes aparatos de Estado sobre los problemas del ‘marco vital’, se asiste a una creciente intervención de la práctica política en los barrios, los equi- pos colectivos, los transportes, etc. y a la penetración de la esfera del ‘consumo’ y de ‘la vida cotidiana’ por la lucha política y la discusión ideológica. Ahora bien, con

mucha frecuencia, este desplazamiento de objetivos y de prácticas se hace sin cam- biar de registro temático, o sea, permaneciendo dentro de la problemática ‘urbana’. De lo que se desprende que se hace urgente un esclarecimiento de la ‘cuestión urba- na’, y no tan solo como un medio de desmitificación de la ideología de las clases dominantes, sino también como instrumento de reflexión para las tendencias polí- ticas que, al abordar problemas sociales nuevos, oscilan entre el dogmatismo de for- mulaciones generales y la captación de estas cuestiones en los términos, invertidos, de la ideología dominante» (Castells, 1974: 5 y ss.).

Lo urbano, según esa visión de Castells, es una circunstancia dentro del modo de pro- ducción capitalista. No considera la preexistencia de ideología urbana, o de un hecho urbano, por lo que busca explicar el proceso urbano que fundamenta la organización del espacio lo que no se reduce a situar el fenómeno urbano en su contexto (Castells, 1974: 14). Como se indicaba en la cita de Roch, «curiosamente de aquel discurso [posterior al PGOUM 1985] había desaparecido lo urbano, no se fuera a convertir en un obstáculo que nos hiciera perder el tren del progreso» (Roch, 2002b).

En cuanto a su idea central de “sociedad de la información” fracasa en la práctica por- que no cumple su objetivo clave de igualar al alza los niveles sociales en un contexto urbano, que él justifica, ya que pueden existir ciertos desequilibrios en la puesta en mar- cha de el modelo urbano que propone:

«Sin embargo, en opinión de Castells, el proceso latente en las sociedades informacio- nales es el de la ‘igualación relativa de los niveles sociales de los distintos espacios resi- denciales, de forma que los distritos que más elevan su nivel social son aquellos que parten de un nivel más bajo’ (Castells, 1975: 17-64), al contrario de lo sucedido hasta 1975 cuando la dualidad social existente acentuaba en términos espaciales la segrega- ción residencial entre los distintos grupos sociales. Como él dice, ‘está claro que en el primer momento de despegue se han producido desequilibrios territoriales en la región de Madrid, sobre todo una concentración cada vez mayor de las densidades de usos en el centro; y por otro lado se ha producido una cierta tendencia a un aumento de la desigualdad que no es lo que mismo que la dualidad. La desigualdad puede aumentar con todo el mundo estando mejor. No digo que sea ése el proceso, porque los datos no permiten decir nada en un sentido o en otro. Lo que sí quiero señalar es que está claro que es ese modelo social y económico hay tendencias que apuntar a una posible desigualdad’ (Castells, 1975: 36)» (González Ordovás, 1998:320).

Sin embargo los datos son crudos, y según González Ordovás, se refrenda que no exis- tió igualación relativa de los niveles sociales, por lo que una vez queda demostrado que no se cumplen las “profecías”del trickle down34:

«El resultado de las investigaciones de Castells sobre la pobreza en Madrid contras- ta con los de la encuesta de Cáritas al respecto, si bien las conclusiones de ésta no serían de recibo, en su opinión, al estar ‘predeterminadas por la ideología de sus autores’ u detectarse serios ‘defectos metodológicos’. Con todo, los resultados de esa encuesta se ven refrendados por otros trabajos como “Ciudad y calidad de vida”,

Documentación social, 67, 1987, o “La vivienda es un problema”, Documentación social,

85, 1991. Pero no solo la perspectiva de de Cáritas Española reniega de la ‘iguala- ción relativa’ de Castells, sino que, con base en otros trabajos de investigación empí- rica, se sostiene la ‘agravación de las desigualdades sociales’, especialmente refleja- das en el acceso a la vivienda durante los años ochenta y principios de los noventa. […] Asimismo, y abundando en las divergencias, las bolsas de pobreza son ‘poco relevantes’ según Castells al coincidir en la segunda mitad de los ochenta con un incremento de renta y patrimonio para todos los grupos sociales, imposibilitan a jui-

34Efecto “goteo”; que a nivel político se define porque las inversiones o privilegios en ciertas ubicaciones o a las clases más favorecidos, repercuten favorablemente en toda la sociedad.

cio de otros autores ‘el consenso en la metrópoli (…) y dejan constancia que no hay una ciudad sino varias’. A consecuencia de lo cual, la inquietante propuesta de ‘dua- lizar la ciudad dual puede ser la concreción de la insumisión contra un orden urba- no preocupado excesivamente por laminar las contradicciones, por erradicar cual- quier muestra de antagonismo’, Pere López: “Dualizar la ciudad”, Viento Sur, 13, 1994, pp. 77-85. Ciertamente parece difícil eludir el terreno ideológico y circunscri- birse únicamente al campo científico cuando se trata de urbanismo» (González Ordovás, 1998: 320).

Se observa por tanto que la alternativa al PGOUM 1985 propuesta por Manuel Castells no está basada en hechos probados sino todo lo contrario. Sus propuestas de crecimien- to y progreso para todos “por goteo” solo obtienen más polarización, una ciudad dual. Por último, en este apartado de críticas al PGOUM 1985, y en otro orden de cosas, cabe indicar que existían otro tipo de críticas centradas no tanto en el modelo que proponía y su falta de “futuro” para la ciudad en el contexto internacional, sino en la “escasa” clasi- ficación de suelo urbanizable del PGOUM 1985 había tenido consecuencias directas sobre el fulgurante aumento de precio de la vivienda; además, se relacionaba la exigua cla- sificación de urbanizable con la redacción del plan en un contexto de crisis económica. Según la lectura del Ayuntamiento de Madrid cuando se estaba en la revisión del PGOUM 1985, que desembocaría en el nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997 (PGOUM 1997), se estimaba que el PGOUM 1985 había infravalora- do las necesidades de vivienda y la clasificación del suelo urbanizable debido al contex- to de crisis en el que se redactó:

«La crisis económica imperante en nuestro país durante el periodo de redacción del vigente Plan General de Madrid venía arrastrándose desde hacía años y tenía su ori- gen en la llamada crisis del petróleo. La duración de esta larga etapa que arranca en 1973 y llega hasta la aprobación definitiva del Plan hizo pensar a sus redactores que se trata de una crisis estructural del modelo capitalista.

Más tarde, tras el reajuste del sistema económico internacional, la realidad demos- tró el carácter coyuntural de esta situación de crisis económica. La incorporación de España a la CEE, la necesidad de acometer cambios profundos en nuestro aparato productivo, la recuperación económica general, la toma de posiciones de los grupos internacionales que pretenden un desembarco en nuestro país, la quiebra de los sis- temas político-económicos de planificación central, el nacimiento del neoliberalis- mo en muchos países de nuestros contexto próximo, le resurgimiento de la desre- gulación y toda una serie de transformaciones complementarias han puesto de manifiesto a los pocos años de la aprobación del Plan General del 85, la filosofía y los objetivos de este documento regulador del urbanismo de Madrid son hoy insu- ficientes para llevar a cabo las transformaciones que necesita nuestra ciudad» (Departamento de seguimiento y análisis urbano, Ayuntamiento de Madrid, 1991:66).

Además, las propuestas se basaban en la premisa de que Madrid había entrado en un periodo estacionario, por lo que a nivel físico el crecimiento tendría que ser coherente con el crecimiento poblacional, es decir, no crecimiento. Esta cuestión es atacada desde el Ayuntamiento por las distorsiones que provocan en el mercado de suelo al mermar la oferta.

«El Plan [PGOUM 1985] adoptó una hipótesis de carácter estacionario en cuanto a la dinámica demográfica y económica que sirvió de fundamento a toda una serie de

decisiones básicas. Estos planteamientos de partida están generando distorsiones en el mercado del suelo y problemas de funcionamiento de la ciudad por errores en el dimensionamiento de ciertas infraestructuras básicas. Se comentaba textualmente: “No se prevé un ulterior crecimiento demográfico y se redacta pues un Plan para el acabado de la ciudad en términos físicos...” (ap. 18.3.V de la Memoria). Evidentemente, un Plan de estas características no puede resolver en su globalidad los problemas de Madrid actualmente.

El Plan se proponía básicamente “terminar la ciudad”, colmatarla morfológicamen- te, y para ello, se pretendía reconducir los procesos de transformación urbana muy controlada, eliminando la flexibilidad y limitando la libertad de acción de los agen- tes urbanos. Esto ha derivado hacia un proceso de desarrollo poco plural, a una pro- funda distorsión del mercado del suelo y a la pérdida de algunas importantes opor- tunidades de transformación y mejora de la ciudad» (Departamento de seguimien- to y análisis urbano, Ayuntamiento de Madrid, 1991:66).

Uno de los puntos en concreto de confrontación entre el PGOUM 1985 y el nuevo equipo de gobierno de Ayuntamiento tras el cambio de gobierno, es la falta de previsión de infraestructuras viarias, asociadas a un desarrollo físico posterior no previsto.

«La filosofía y las estrategias asumidas por el Plan del 85 en cuanto a viario parten de la reiterada voluntad de “acabar la ciudad en términos físicos, con la consiguien- te ampliación acotada de suelo para esponjamiento y colmatación de la ciudad”. En este contexto, se plantean fundamentalmente actuaciones de mejora, adecuación y conservación de lo existente y se señala textualmente “No planteada su necesidad no se hacen reservas específicas para viario exterior del continuo edificado. El esta- blecimiento de reservas específicas de viario respondería a una presunción de even- tual crecimiento futuro de la ciudad que este Plan no considera ni previsible ni con- veniente”. Con esta filosofía de partida, las propuestas de viario del Plan del 85 fue- ron muy escasas en cuanto a su dimensionamiento y desfasadas en cuanto a las pre- visiones de su ejecución”» (Departamento de seguimiento y análisis urbano, Ayuntamiento de Madrid, 1991:67).

El PGOUM 1985 es un plan que no propone ni incluye apenas infraestructuras (se podría decir coloquialmente “que se queda corto de infraestructuras”) ya que solo se centra en la metrópoli central existente. Pero no se trata de una falta de previsión sino de una apuesta política. Se puede definir que existe una crisis metropolitana porque se busca una identidad. Efectivamente existe un cambio de filosofía política en una apues- ta muy central basada en el bienestar, la calidad de vida de los barrios y la movilidad res- tringida, donde incide la falta de planificación de viario; es un plan de cercanía que va entrando por debajo a las cuestiones.

La misma lectura del Departamento de seguimiento y análisis urbano del Ayuntamiento de Madrid la comparte (como no podía ser de otra forma, ya que el Departamento, cita- do en los párrafos anteriores estaba al servicio del Ayuntamiento y, en esa época de la revisión del PGOUM 1985) el Director de la Oficina del PGOUM 1997, Luis Rodríguez-Avial:

«Donde yo creo que sí influyó la crisis económica fue en la redacción del Plan General de 1985, cuando estábamos inmersos en el momento más álgido de la cri- sis económica del petróleo que había empezado en 1973 pero que a España llegó justamente en 1978, 1979, en el peor momento posible cuando nos encontrábamos en la Transición Política y elaborando la nueva Constitución. Entonces los redacto- res del Plan General de 1985 sí fueron muy sensibles a esa crisis económica y, entre otras cosas, en la propia memoria del mismo se decía que esa crisis económica no

era coyuntural sino estructural y que, por tanto, no se iba a salir nunca o se iba a tar- dar mucho tiempo en salir y, en consecuencia, el plan fue muy poco optimista de cara a prever nuevos desarrollos y nuevas infraestructuras, y lo que hizo fue volcar los recursos económicos en la mejora de la ciudad existente» (Rodríguez-Avial, 2009; anexo IV).

Otros expertos, citan la crisis del petróleo como catalizador de un cambio en los plan- teamientos y por ende, en el modelo, pero no desde un punto de vista de falta de visión sino de las propuestas medición apropiada para los nuevos desarrollos» (Leal y Cortés, 1991:87) y aprovechamiento de lo existente:

«La crisis económica suscitada por la elevación de los precios del petróleo, lleva a un cambio de planteamientos respecto a la vivienda, actuando un nuevo modelo que se podría denominar “modelo de austeridad”. Los principios de ese modelo son el aprovechamiento a ultranza de lo existente y la medición apropiada para los nuevos desarrollos evitando el triste despilfarro de los espacios yermos de las periferias urbanas en los que solo se cultiva la especulación. Esto lleva al fomento de la reha- bilitación de las viviendas del centro, la remodelación de las periferias de infravivien- da, y el acabado de los espacios vacíos existentes en el casco urbano con la dotación adecuada de los mismos» (Leal y Cortés, 1991:87).

También lo consideran como un plan que regulariza todos los “procesos más o menos irregulares de planeamiento” heredados del desarrollismo en el periodo del Régimen Franquista:

«Es un Plan – injustamente vapuleado más tarde, desde nuestro punto de vista – que, confinado a los límites del municipio de Madrid, intenta diseñar mecanismos de acabado (“remates”, “suturas”, pequeñas y medianas actuaciones residenciales, reequipamiento, etc.) que terminen por configurar la forma de una ciudad de 3 millones de habitantes: cuyas dos terceras partes (en extensión) habían sido genera- das por procesos más o menos irregulares de planeamiento, contando frecuente- mente con niveles de urbanización y de equipamiento muy deficientes» (López de Lucio, 2000).

Sobre la discusión de la idoneidad de la contención de la extensión urbana, uno de los directores del PGOUM 1985 es tajante:

«Tuvo una ”lectura” de sus planteamientos bastante frívola, bastante banal, tratan- do de presentarlo como un Plan que trataba de detener un crecimiento (por enton- ces prácticamente inexistente), propiciando el “crecimiento cero”, el crecimiento nulo, como consecuencia puramente ideológica de negación de todo crecimiento, cualquiera que fuese su naturaleza o contenido, sin mayores distinciones». […] (Gago, 2010; anexo IV).

Y para incidir en esto, indica la principal acusación al PGOUM 1985 y principal causa de que no pudiera funcionar correctamente, el incremento de los precios de la vivienda:

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