Mi contestación es que la historia es para el autoconocimiento humano. […] Conocerse a sí mismo significa conocer lo que se puede hacer, y puesto que nadie sabe lo que puede hacer hasta que lo intenta, la única pista para saber lo que puede hacer el hombre es averiguar lo que ha hecho. El valor de la historia, por consiguiente, consiste en que nos enseña lo que el hombre ha hecho
y en ese sentido lo que el hombre es. Robin George Collingwood4
4Collingwood, R. G. (1988): Idea de la historia, México, FCE, p. 20. Citado en: Sánchez Prieto, Saturnino (1995). ¿Y qué es la historia? Reflexiones epistemológica para el profesorado de Secundaria. Siglo Veintiuno de España Editores, Madrid, p. 28.
Terán, 2009:18). En esta definición de “historia urbana” se apuntan las dos cuestiones principales: el espacio (lo urbano) y el tiempo (la historia). Por tanto, para conocer la historia urbana es importante el entendimiento de los hechos urbanos en su doble dimensión espacial y temporal.
En el estudio de los procesos históricos no se ha considerado generalmente que el espa- cio tuviera un papel propio, sino que era considerado, como indica Lipietz, como el telón de fondo de los acontecimientos (Lipietz, 1990:1). A este respecto, Capel muestra que ha existido un desinterés en el estudio del espacio de las sociedades:
«La producción de la forma urbana y sus características, el proceso físico de la urba- nización, la morfología, la lógica de la producción del espacio construido, y otras muchas dimensiones, han estado frecuentemente ausentes de la inquietud de los his- toriadores; y ello a pesar del interés de los factores que influyen en la forma urbana: desde técnicos o culturales a políticos y económicos» (Capel, 2009:6, 1975)5. Más recientemente, empieza a haber un encuentro entre historia y ciudad. La historia urbana o historia de la ciudad no es una disciplina pura de análisis histórico, sino que de partida se incorporan al menos dos cuestiones, el espacio y el tiempo, aunque de hecho, muchas más cuestiones como la sociedad que crea su espacio social, y la polí- tica, ya que todo espacio es político (Lefebvre, 1977)6. Además, el espacio muestra el (paso del) tiempo. Apoya esto el hecho de que los mapas siempre se han podido obser- var como réplicas de poder, es decir, de su distribución y de la segregación que el uso del poder genera en cada momento.
En esta línea, Capel (2009) en un significativo artículo analiza las diferentes disciplinas de análisis y el momento histórico en que la propia historia urbana empezó a cobrar protagonismo:
«En cierta manera la historia urbana es un campo que, en buena parte, se ha ido des- arrollando desde fuera de la disciplina histórica. Concretamente, desde el derecho, desde el urbanismo, desde la geografía y desde la historia del arte surgieron en las primeras décadas del siglo XX diversas líneas de interés por las ciudades como un fenómeno específico. Sucedió de manera similar en diversos países. Por ejemplo, en Europa, a comienzos del siglo XX, los sociólogos franceses de la escuela de Durkheim, y especial- mente Maurice Halwbachs, descubrieron la importancia de la investigación histórica sobre la ciudad. Podría decirse que, con algunas excepciones, solo en los años diez y veinte del siglo XX los historiadores empezaron a volverse hacia el hecho urbano, sien- do en este sentido la obra de Henri Pirenne especialmente significativa» (Capel, 2009:5). A este respecto es importante destacar, en palabras de Capel, cómo ha existido un debate sobre si la historia podría ser urbana, o siempre sería historia, aunque su obje- to de estudio se focalizase en las ciudades:
«Hay historiadores que niegan la necesidad, e incluso la posibilidad, de una historia urbana, al igual que algunos sociólogos han rechazado a veces la existencia de la sociología urbana. Para muchos historiadores no hay una historia específica de la ciu- dad, ya que ésta no puede tomarse como variable explicativa de hechos histórico: sería el sistema socioeconómico el que influiría de forma general en las característi- cas espaciales y en los comportamientos sociales de los individuos y los grupos. Es decir, la ciudad sería una variable dependiente o secundaria del proceso social. […]
Se entiende así que otros especialistas no duden en considerar la ciudad como una variable independiente. Sin duda, lo era para los sociólogos de Chicago que ela-
5Sobre el concepto de polis, ver apartado anterior.
boraron el concepto de cultura urbana, derivada de las condiciones ecológicas de la ciudad (tales como el tamaño y la densidad)» (Capel, 2009:7).
En cuanto se empieza a configurar una historia urbana, surgen diferentes formas de aproximación o análisis. «Posibles enfoques de la historia urbana son los que conside- ran 'urban as site', un lugar donde ocurren los sucesos, y 'urban as process'» (Herchberg, 1983:433)7. Como se observa, el primer enfoque “urban as site”, sería el que se ha des- arrollado secularmente en el análisis histórico “convencional”, y el segundo “urban as
process”, sería el que al incluir el análisis del espacio de las sociedades en la historia, con-
sidera el espacio tiene un papel en la consecución de los acontecimientos.
Tomando por válida la existencia de una historia urbana per se, se puede encontrar entonces en la posibilidad de distinguir entre una historia urbana, sobre el espacio social o realidad socio-espacial, y una historia urbanística, es decir, del instrumento a través del cual se han operado los cambios en cierto entorno urbano:
«Desde el urbanismo se ha propuesto la distinción entre historia urbana e histo- ria urbanística. La primera estudiaría la relación de los hechos sociales con el espa- cio, la localización de los mismos en el espacio de la ciudad; y la segunda, en cam- bio, la historia de las intervenciones urbanísticas que han conocido las ciudades a lo largo de su formación. Esta última se estudiaría desde la ciudad actual y sus problemas, e interpretaría 'a partir de esta realidad actual el proceso histórico que ha desembocado en dicha realidad', con el objetivo de 'conocer nuestra realidad actual para cambiarla' (Álvarez Mora, 1992) » (Capel, 2009:14).
Por último, sería de interés analizar la relación del observador o estudioso de la histo- ria urbana cuando éste se encuentra incluido en dicho momento histórico. Dentro de la doctrina filosófica marxista se puede observar algunas de las contradicciones al res- pecto tanto de la ciudad, como de su estudio en el marco de un sistema capitalista:
«El enfoque marxista representado en las figuras de Henri Lefebvre, Manuel Castells, David Harvey y Milton Santos aunque con planteamientos no coinciden- tes, argumentan que las injusticias sociales y sus manifestaciones espaciales son inherentes al sistema capitalista; por consiguiente, solo es posible alterar su forma y el contenido de la ciudad aboliendo el sistema capitalista que descansa en la pro- piedad privada y en la posesión monopolista del suelo urbano. Una consecuencia de este enfoque es que el geógrafo urbano no puede abordar el estudio de la ciu- dad desde una posición de neutralidad con la pretensión de explicar y compren- der la estructura espacial de un modo aséptico, sino que debe tomar parte activa de denuncia y compromiso, contribuyendo así, en su esfuerzo intelectual y la prác- tica política, a la destrucción del sistema capitalista» (Estebánez, 1988:363)8. Por tanto, desde esa visión de la historia, dentro de la sociedad capitalista, solamente sería posible hacer propuesta de eliminación de las injusticias sociales y urbanas, abo- liendo el sistema capitalista en sí.
Esta contradicción que se da en el marco del sistema capitalista, supone además, en el caso de un observador incluido en el sistema analizado9, que el estudioso de la ciudad no puede permanecer neutral en su análisis de la historia urbana, sino que según la doctrina mar-
xista, sus esfuerzos intelectuales deben estar dirigidos en última instancia a la eliminación del siste- ma capitalista. El análisis de esta contradicción necesitaría de un desarrollo específico
por su importancia y relación con el análisis de la historia urbana.
7Citado en Capel, 2009:7.
8Citado en González Ordovás, 1998:303. 9Contrariamente al antiguo planteamiento de
Descartes, que enunció en el libro publicado en 1644 Principios de Filosofía, en el que el obser- vador o sujeto está siempre fuera del objeto de investigación.
Como se ha analizado anteriormente, el concepto de historia urbana unido a la natu- raleza evolutiva de las ciudades y las sociedades urbanas es una cuestión compleja en la que inciden multitud de factores.
En esa línea de la naturaleza ev olutiva de las ciudades, uno de los principales objeti- vos de esta tesis es el análisis de la evolución urbana de un estudio de caso determina- do. Es decir, cómo se ha transformado esa realidad “urbana”. Para ello, es necesaria la provisión de instrumentos de análisis construidos ex profeso para el objeto de estu- dio, a fin de poder tener una aproximación fructífera.
En esta investigación se opta dentro del abanico de instrumentos de las escuelas de aná- lisis de la evolución urbana11, por el establecimiento de una “evolución de modelos urba- nos sucesivos”, lo que conlleva suponer la existencia de ciertos modelos de desarrollo. Por tanto, resulta de interés analizar el concepto de modelo urbano y modelo de desarrollo. Se puede definir modelo como aquel “esquema teórico de un sistema o una realidad compleja que se elabora para facilitar su comprensión y el estudio de su comporta- miento”.
La definición de “lo urbano” es todo lo perteneciente a la ciudad, y por ende, todo lo referente a la urbanización, que conlleva asimismo una sociedad urbana.
Por otra parte, el desarrollo es el procedimiento de hacer pasar una cosa del orden físi- co, intelectual o moral por una serie de estados sucesivos, cada uno de ellos más per- fecto o más complejo que el anterior.
De lo anterior se deduce que un modelo de desarrollo es un sistema de funcionamien- to por el cual se quiere transformar la realidad perfectible, o una parte de ella (políti- ca, economía, etc.) con el objeto de satisfacer cierto fin, que, teóricamente, debiera ser un estado más perfecto que el anterior.
Y también se entiende que el modelo urbano es un esquema teórico de cómo funcio- na el sistema urbano.
Por tanto, se observa cómo el modelo de desarrollo es un sistema de funcionamiento de una sociedad en sí (no solo urbana) que busca mejorar ciertas condiciones o que se postula como mejora de lo existente mientras que un modelo urbano, se considera