• No se han encontrado resultados

Contextura ética de la acción humana: “Presentness”

Sección 2. La reflexión estética en los escritos tempranos de Stanley Cavell

2.2. Antropología, ética, y filosofía de la mente: empatía, reconocimiento, teatralización

2.2.7. Contextura ética de la acción humana: “Presentness”

Sostiene Cavell que constituye uno de los “hechos de la vida” el que la contextura de la acción ética humana sea de contingencia y de primado del momento presente, del ahora49. Es además un contexto de radical finitud epistémica, ya que, aunque en sí el presente no contiene nada que quede absolutamente oculto e inaccesible a la mirada del agente, sí alberga múltiples aspectos, pero no todos los aspectos de lo que está ocurriendo en un instante determinado son verdaderamente relevantes para lo que ocurrirá después, y la capacidad de atención del agente, que debe discriminar entre los que son relevantes y los que no los son, no puede abarcarlos todos.

Al efecto de caracterizar la experiencia que ofrece tal contexto, introduce Cavell50 el término continuous presentness, que no es simplemente el “presente”. Presentness es una noción compleja (a la que ya hemos aludido en relación con la “pérdida del mundo”), que tampoco es exactamente la “presencia” (o al menos, no una presencia de cualquier tipo), y que abarca varios aspectos. Designa en principio una experiencia anticipativa, retrospectiva y direccional del pasado y el futuro desde la situación dada en el momento presente, que es en realidad el “hecho de la vida” del primado del presente en la acción ética que acontece dentro del tiempo histórico de la existencia humana. Presentness, pues, es en primer lugar el tiempo direccional (pero no determinista) y cargado de dinamismo de la acción humana, donde pasado y futuro se anudan en el presente (y que es también el tiempo del discurso musical tonal, y de la acción dramática teatral51). Pero también es la actitud del agente ético que es adecuada a esta experiencia. Es asimismo la relación de presencia de nuestro propio mundo vital a nosotros, y un rasgo del medio pictórico, y de otros medios artísticos.

Cavell denomina continuous presentness a la experiencia de esa contextura de la acción ética (una vivencia, pues, subjetiva); la cual determina actitud adecuada al hombre que asume la contextura modal y temporal propia de su acción en tal contexto52, que describe así:

48

MWM: 306, 333. Convertirse en actor queda así vinculado a la idea de ser visto por otros con actitud de espectadores que no se revelan ni comprometen; la condición de “espectador” queda asociada a la censura moral de irresponsabilidad; pero también es diagnosticada como reacción a una experiencia de falta de veracidad o autenticidad en aquello que ve quien se convierte, por ello, en mero espectador.

49

MWM: 321,322, 334.

50

En principio, lo introduce en referencia a la experiencia de direccionalidad de los eventos melódico-armónicos en la música tonal, que sería “imitación” de un “hecho de la vida”; cfr. MWM: 331.

51

También otro aspecto de esta noción señala un rasgo característico del medio pictórico; cfr. TWV: 109, 111, y nuestro apartado 2.4.1, “Presentness y medios artísticos diversos”.

52

Que resultará ser también la que Fried, y el propio Cavell, prescriben como la actitud del crítico de arte responsable y competente (también del espectador genuino, no espectacularizado ni teatralizado).

Dejar que el pasado se vaya y que el futuro se tome su tiempo, de modo que no permitamos que el pasado determine el sentido de lo que ocurre ahora (pues algo distinto pudiera haber surgido de él) y que no anticipemos lo que ha de venir a partir de lo que sucedió. [MWM: 322]

Esto no implica la negación de toda memoria y de toda actitud de anticipación; se trata más bien de no asumir predicciones deterministas sobre el presente deducidas a partir de acontecimientos anteriores, así como evitar formularlas respecto de lo que sucederá después sobre la base de lo que conocemos ahora; es decir, que implica actuar aceptando la contingencia y asumiendo toda responsabilidad sobre el error.

Se exige, pues, una actitud coherente con la experiencia de la contingencia y del primado del presente en el tiempo histórico de la acción ética, una actitud de máxima atención a cuanto ocurre a cada momento y en aquel lugar donde se está; es decir, a las condiciones dadas, concretas, bajo las que hay que actuar, considerando que en el más mínimo de los detalles, de entre la multiplicidad de los mismos que cada instante abarca y nos muestra, podría estar lo decisivo; y siendo conscientes de la limitación humana para captar todos esos matices (el riesgo de que justamente el detalle decisivo pueda pasar desapercibido), y de que es necesario arriesgarse e imposible exigir certeza, con la consiguiente posibilidad permanente de error. En esta situación, nada puede darse por sentado: las apuestas y envites de la acción han de ser renovados a cada momento (de aquí la idea de “continuidad”). Es esta una actitud heroica, que exige actuar lo mejor posible, haciendo frente a la incertidumbre y la posibilidad de fracaso, y mantenerse ecuánime respecto de las consecuencias, sin pretender descargarse de su responsabilidad con la excusa de que estaban ya predeterminadas.

La belleza estética del arte compartiría algo de la fragilidad de esa situación de la acción, de la transitoriedad del presente en el que se juega; el hecho de que la belleza se dé en esta obra concreta es, según Cavell,

...una declaración sobre la belleza: que no es más temporal de lo que lo es el mundo; que no hay seguridad física de su permanencia; que es momentánea sólo del modo como lo es el tiempo, como régimen de momentos, y que ningún momento ha de dictarnos su significado, si hemos de reclamar autonomía, hacernos libres. [TWV: 116]

y de hecho, Cavell atribuye al moderno arte abstracto que él admira una capacidad de invitarnos a restablecer nuestra relación dañada con el mundo, con nuestra finitud y con los otros; capacidad que las formas artísticas premodernas, figurativas y representativas, basadas en la proyección perspectiva del mundo, ya habrían perdido para nosotros, hombres de la época contemporánea. Este arte abstracto ofrecería una “revelación sin representación”:

...la distancia de la naturaleza ya no es representada por la perspectiva, que nos sitúa en relación con ella, sitúa la naturaleza ante o lejos de nosotros, y falsifica nuestro conocimiento de que estamos perdidos para la naturaleza, estamos ausentes de ella, no podemos afrontarla. Luego, sobre un terreno tan poco prometedor, un arte que revela sin representación podría darnos perspectiva. Por ejemplo, podría mostrarnos que un cuadro puede ser visto solo, desde el único lugar que uno ocupa cada vez en cualquier momento – un reconocimiento que no es directamente el de que uno debe ver las cosas por sí mismo, sino el de que uno debe tomarlas una a una cada vez. [TWV: 115]

Yendo más allá de la cobertura legitimadora que cualquier marco teórico formalista pudiera ofrecer, Cavell reclama para ese arte (cualquiera que sea la capacidad de persuasión de tal pretensión) una autenticidad fundada en su capacidad de reconducirnos a nuestra condición humana y nuestro vínculo vital con el mundo, de una manera no distorsionada53.

53

El escepticismo y el fracaso de las pretensiones epistemológicas de conocer con certeza la realidad del mundo, según entiende Cavell, demuestran que el mundo no puede ser conocido, que sólo cabe su aceptación; demuestran que en el ámbito histórico de la acción humana no cabe predicción ni es adecuado el primado de la actitud cognitivo-predictiva, y que por tanto, hemos de ser ecuánimes al afrontar las consecuencias de nuestros actos54. Conforme a lo que el escepticismo revela del fracaso de la pretensión moderna de conocer y demostrar con certeza la realidad mundana y personal de lo humano, la actitud heroica de máxima atención a la contingencia del presente de la acción y de renuncia a la certidumbre y las verdades asentadas, implica contar con la modalidad cognitiva del reconocimiento, que es la exigida en el tiempo histórico de la acción humana; y que es la opuesta al primado del conocimiento en la exigencia predictiva y determinista impuesta por la mentalidad cientifista moderna. Esta última exigencia, en su fracaso, arrastra al sujeto a la pérdida de la capacidad de presentness, a la pérdida de su absorción en el mundo de la vida, y al escepticismo. Frente a ello, es justamente lo que no podemos propiamente conocer aquello que puede salvarnos; pero esto es algo que sólo nos cabe reconocer. Y como señala Cavell, eso mismo es aquello a lo que la religión llama “gracia”55.

54

MWM: 322, 324.

55

Outline

Documento similar