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Expresión emotiva y comunicación interpersonal

Sección 2. La reflexión estética en los escritos tempranos de Stanley Cavell

2.2. Antropología, ética, y filosofía de la mente: empatía, reconocimiento, teatralización

2.2.4. Expresión emotiva y comunicación interpersonal

La condición corpórea, al determinar la separación interindividual, es lo que produce la dificultad en el conocimiento de las otras mentes, ya que conlleva restricciones a la comunicación y la posibilidad de obstáculos a ella. No porque se trate de “interferencias” en la comunicación de dos “sustancias” separadas, “cuerpo” y “alma” (concepción cartesiana que Cavell rechaza); sino porque hace imposible una comunicación “directa”, sobrenatural, telepática, del pensamiento y emociones de un individuo a otro; pero también es lo que permite remontar esa dificultad, pues hace posible toda comunicación. Esto es así porque el cuerpo es “expresivo”, guarda una relación de expresión con el alma que lo habita; y el cuerpo es el único medio de expresión de que el alma dispone: es la condición limitadora de posibilidad de la comunicación interpersonal. Mundo emotivo y afectivo interno y expresión corporal, conductual, son aspectos solidarios: ni separados, ni opuestos.

A las otras mentes se las conoce por inferencia solamente; por medio de conductas que son expresivas de emociones y que requieren una respuesta. El conocimiento de los sentimientos e intenciones del otro requiere la expresión de esos sentimientos e intenciones por parte de aquél, en términos de lenguaje o de conducta, y ello implica la posibilidad de que esa expresión sea falseada, ocultada o simulada; de hecho, esto último es lo que más a menudo ocurre. No hay otro modo de conocer las otras mentes y su vida interior; un conocimiento directo (sentir uno mismo las emociones del otro como propias) carecería de la distancia constitutiva de la individualidad humana, pero es que esa distancia es constitutiva también de este tipo de conocimiento14.

Cavell apoya esta idea con diversos argumentos propios, así como alusiones e ideas tomadas de las Investigaciones de Wittgenstein, en que no entraremos15. El cuerpo, concluye Cavell, es el “campo de expresión” del alma, y por tanto, es una representación (picture, en el sentido de Wittgenstein) de ésta16. Por ser expresivo del alma interior es por lo que el cuerpo se reconoce como vivo, animado; y eso es un hecho conocido, aunque lo ponga en duda la filosofía (es decir, la filosofía “tradicional”, escéptica). La actitud de relación con el cuerpo de otro que uno reconoce expresivamente como vivo y animado es la misma actitud de relación con un alma17. El comportamiento tiene relación expresiva respecto de la mente; pero ese carácter expresivo no es algo que se “conozca”, sino que es un modo interpretativo de habérselas con o tratar el comportamiento. No cabe “certeza” respecto a él18.

Por sí misma, afirma Cavell, el alma es visible, sincrónicamente transparente, absolutamente presente; pero puede resultar oculta en parte para nosotros19, del modo como

Courbet’s Realism; y es el trasfondo de su concepción “no objetiva” del estatuto de la obra artística como

“objeto de convicción”, cargado de sentido, expresión intencional autorial y valor, así como del discurso sobre el registro de la corporeidad del acto creativo en la obra artística y en la noción de “gesto expresivo abstracto” como contenido expresivo de la escultura de Anthony Caro.

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MWM: 253-254, 257.

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Cfr. TCR: 332-337, 340-343, por señalar sólo algunos de los pasajes más relevantes de una argumentación que se extiende no sólo a lo largo de la parte IV de The claim of reason, sino por todo el libro.

16 TCR: 356. 17 TCR: 340-341, 356, 369 18 MWM: 252, 268. 19

Por supuesto, Cavell cita (sin mencionarla) la distinción aristotélica entre lo que es cognoscible de suyo y lo que de hecho es conocido para nosotros.

una entidad con estas características puede serlo20; tesis que Cavell argumenta empleando la metáfora del cuerpo como representación (picture), y las nociones de “aspecto” y “cambio entre aspectos” empleadas por Wittgenstein en su análisis de las figuras gestálticas21. La opacidad de la mente consiste en que nos muestra un aspecto, pero tras éste (o mejor: junto a éste) hay otro que se nos escapa; vemos un aspecto justo porque no prestamos atención al otro: sería una cuestión de atención, como en el análisis del fenómeno perceptual del cambio de aspecto de las figuras gestálticas. Luego, no hay un “tercer término” (corporalidad, conducta, lenguaje) que pueda interponerse y hacer de obstáculo entre la mente y su autoexpresión: es la mente la que se oculta a sí misma, no es el cuerpo el que la oculta. Tampoco hay ningún aspecto o profundidad “secreta” de la mente que constituya un límite irrebasable del conocimiento de la vida interior, propia o ajena.

Es erróneo pensar que la corporeidad pueda ser un obstáculo o causa de la represión de vida interior anímica: más bien, es la propia expresión conductual la que puede ser reprimida del mismo modo, por las mismas razones y en las mismas circunstancias en que la propia emoción anímica se reprime o bloquea. La condición necesaria de la expresión por vía conductual no es una causa de represión de la emoción; la relación recíproca entre ambos aspectos es más compleja. En cambio, sí puede suceder que el propio sujeto sea el que reprime su expresión corporal, pero por lo mismo que reprime su emotividad, y falseando ambas en igual medida22. Ese error de ver la corporeidad como obstáculo se refleja en la concepción del cuerpo como “velo”, que expresaría el alma sólo en parte y al mismo tiempo que la oculta, y en la concepción del alma como reverso interior y oculto del cuerpo23. Cavell da primado a la capacidad expresiva del cuerpo sobre la capacidad de ocultación, y sobre su opacidad e inercia materiales: aquélla es más originaria que éstas, el cuerpo oculta el alma justo porque originariamente es aquello que puede revelarla24. Son sólo los argumentos escépticos contra la existencia de las otras mentes a partir de la posibilidad de la simulación y el equívoco, los que, convertidos en hábitos de pensamiento, nos llevan a dudar de nuestra propia capacidad de comunicación con los otros, de hacer llegar a los otros nuestra vida emotiva25.

Dicho temor es el mismo que Cavell detecta tras la fantasía del “lenguaje privado”, un temor a la disyuntiva entre inexpresividad impenetrable y expresividad incontrolable: entre la incapacidad de expresar aquellos contenidos de nuestras vivencias afectivas que son importantes para nosotros de tal modo que no sean malentendidos por los otros, y la incapacidad de ocultar aquellos que no quisiéramos que otros conocieran, traicionándolos26. Estos temores están directamente relacionados con la aspiración irreal y frustrada a una comunicación “directa” e ilimitada, capaz de hacer a cada sujeto experimentar exactamente lo que experimenta el otro y desde la propia perspectiva de éste. El error escéptico es plantear el conocimiento del otro como un problema de alcanzar certeza, presuponiendo que el autoconocimiento de sí es una modalidad de autointuición del estado mental propio, que sería

20

TCR: 369.

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Es en este aspecto en el que Cavell plantea la analogía entre el alma y la obra pictórica (concebida con ecos de la noción formalista de una presencia simultánea o instantánea de la totalidad), que es, a su vez, uno de los aspectos del concepto de presentess en Fried. Cfr. el apartado 2.7.5., más adelante en este capítulo.

22

Cfr. MWM: 264.

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Este tema de la opacidad expresiva del cuerpo es uno de los temas de fondo en el debate de Fried con los teóricos del Mínimal sobre el antropomorfismo, reemergiendo años después en Menzel’s Realism en la noción de “cuerpo abyecto” o “cuerpo-objeto”.

24 TCR: 368-369. 25 TCR: 382 26 TCR: 351, 476-7.

capaz de sortear la mediación de la expresión de la emoción, autointuición que garantizaría la certeza para mi propio yo, pero que no podría lograrse para las mentes de otros. Cavell rechaza esas fantasías y temores, afirmando que la vida interior es aquello que por principio puede ser expresado, y conocido, pero no de este modo directo que franquea la perspectiva del otro (la cual perspectiva es constitutiva de lo que éste siente, pero yo nunca la podré ocupar, porque soy otro individuo, separado de él), sino de otro modo que exige de mí un esfuerzo por “ponerme en lugar del otro”.

Puesto que la expresión es posible, aunque no “infinita”, cada cual es responsable de cualquier obstáculo interpuesto en el hacerse entender por y entender a los otros, y esa responsabilidad implica reconocer la expresividad de nuestro cuerpo y conducta respecto de nuestra vida mental, e implica también reconocer que la condición corpórea es consustancial a la vida mental y no extrínseca a ella. Quien pone en duda la posibilidad de comunicarse satisfactoriamente, en realidad sólo padece una torpeza para “escenificar” (to enact) fielmente su propio carácter, o bien para dirigir la atención de los otros al aspecto del relevante mismo que le interesa y suscitar de ellos las respuestas y valoración deseadas, de resultar importante para los otros; de lo cual sólo él mismo es responsable27. Cualquier intento y modo de ocultar mi vida interna está siempre, en esa misma medida, expuesto a la posibilidad de traicionarse a sí mismo y revelarla; y cualquier estrategia de ocultación de ella es al mismo tiempo un modo más de su expresión, que siempre cabe que un experto “lector” sepa descifrar contra nuestra voluntad: “Cualquier cosa que yo tenga que ocultar en mí, puedo traicionarla exactamente por el modo como la oculto”28. Por ello la ocultación de los sentimientos es un “arte exigente”. El escepticismo de las otras mentes en realidad surgiría de un miedo a que sí sea posible el conocimiento de las otras mentes y el conocimiento de mi mente por otros, un miedo a la falta de control y a la situación vulnerable en que eso me dejaría frente a los otros29.

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