Sección 1. La teoría del arte de Clement Greenberg en la década de 1960: “formalismo
1.6. Semántica: significado y artes visuales
1.6.2. Irrelevancia del significado como “tema” y como “contenido”
arte? Hay muchas cosas de las que se podría decir que son el “significado”, o “contenido”, de una obra; y de las que se podría acusar a Greenberg, o al formalismo, de estarlas “ignorando”. Pero no son todas lo mismo, ni son todas lo que Greenberg entiende por tal propiamente. Greenberg no se explayó demasiado sobre este respecto en sus escritos. Pero, como ocurre con lo relativo al estatuto de la crítica de arte y al valor artístico, lo más cercano a una exposición sostenida del tema en la obra de Greenberg se encuentra en el artículo “Complaints of an art critic”14, donde “significado” aparece entre unas comillas que señalan su problematicidad. En el
9
Cfr., por ejemplo, “David Smith's New Sculpture” (1964); CE 4: 193; “The Jackson Pollock Market Soars” (1962), CE 4: 111
10
Algo similar ha sugerido una controvertida biógrafa de Greenberg, Florence Rubenfeld (en Clement Greenberg: a
life, Minneapolis: University of Minnesota Press, 2004, p. 138): “[Greenberg] creía que el buen arte surgía cuando
el contenido, los aspectos inconscientes, emocionales, intuitivos de la obra de arte, y la forma, los elementos controlados, visibles, que lo encarnaban, quedaban perfectamente fundidos... “. Sin embargo, la autoridad de Rubenfeld, que es más una periodista que una especialista académica, es muy discutible y discutida.
11
En “An Essay on Aesthetics”, en diálogo con la posición de Tolstoy: emoción en arte, sí, admite Fry; pero desligada del juicio moral de la “vida práctica”, y beneficiada por su “clarificación” gracias al arte (cfr. Vision
and design, pp. 18-22, 25-26). Y en “Art and life”, tal vez debatiendo con Fiedler, Fry minimiza la importancia
en arte del aspecto cognoscitivo de la experiencia estética o “vida imaginativa” (aspecto que él vincula al arte figurativo y al Impresionismo, cuyo método “cientificista” y difuso sentido organizativo critica), en favor de su otro aspecto, el emotivo: “nos hemos vuelto mucho menos interesados en la técnica y nada en absoluto en el conocimiento” (op. cit., pp. 7-8; cfr. también su distinción de los “dos usos de’belleza’” en p. 22).
12
Que, empero, está aún en los confines de su “primera época”: “Feeling is all” (1952), CE 3: 99-106.
13
Cfr. nuestro apartado 1.8.3.
14
citado texto, fuertemente polémico, Greenberg pone la discusión en el contexto de “la difícil cuestión sobre qué sea exactamente lo que pueda decirse con sentido sobre las obras de arte”15. Greenberg rechazaba la noción “significado” tal como ésta solía (y suele) ser aplicada al ámbito del arte en el análisis de obras artísticas cuando se presupone que es algo de lo que cabe un discurso y que puede ser abordado independientemente de la forma artística. Distingue varios sentidos de ese uso habitual de la noción.
En primer lugar está la acepción más concreta de lo que se suele llamar “tema” de la obra (subject matter, en el sentido del objeto de una representación iconográfica, figurativa o descriptiva), y que Greenberg denomina su “literatura” o el “asunto ilustrado” por la obra: aquello que, en un plano de la obra que podemos llamar “icónico”, se reconoce como “las imágenes de las cosas que son inconcebibles fuera del tiempo y de la acción”16, así como el ámbito o ilusión de espacio creado en el plano pictórico literal, en el que esas “cosas” parecen desplegarse. El espectador puede reconocer la semejanza de aquellas cosas y de este espacio con los seres y el ámbito que constituyen el mundo de su propia vida: reconoce así el contenido “narrativo”, “descriptivo” o “representacional” de la obra. Greenberg desestima que éste sea el “significado” propiamente dicho en el arte plástico, pues está confinado al arte que es de algún modo figurativo (en mayor o menor grado de esquematización) y/o basado en ilusionismo perspectivo (sea con recursos lineales o pictoricistas y táctiles), mientras que él sostiene que también el arte abstracto tiene un “significado”. Y además, Greenberg considera esta noción de escasa utilidad analítica, salvo que se atienda a su relación precisa con lo que él considera que es el verdadero contenido o significado del arte plástico (el “efecto”, del que hablaremos a más tarde); pero él cree que tal relación es difícilmente determinable.
En segundo lugar, a este “tema” se añaden las connotaciones del significado que los referentes (objetos, personas, acciones) representados o narrados por el “tema” tienen en el mundo o la vida real para el espectador: sus utilidades, personalidades, funciones y roles habituales en el mundo, los hechos en torno a ellos, las relaciones entre ellos y/o el espectador, los valores (sentimentales, instrumentales...) que tienen para él, etc.; esto es: “los aspectos prácticos y fácticos de las cosas que [la obra] pinta y representa”17. Greenberg llamó a todo esto el “significado literario”, “significado del asunto ilustrado”, o “significado del tema en tanto que objeto representado”: introduce un mundo de intereses y valores extra-artísticos que es ajeno a la experiencia propiamente artística, y por eso queda descartado.
Finalmente, también rechaza Greenberg la concepción más vaga y amplia (también más sofisticada) del significado como “contenido”, entendido como algo “sobre lo cual” versaría toda obra de arte (sea figurativa o incluso abstracta), pero que remitiría la obra, en tanto que “significante”, a algún tipo de realidad extra-artística (condiciones sociales de su producción, contexto histórico, imaginario colectivo, etc.), o tal vez a algún otro ámbito de sentido más “profundo”, pero igualmente extra-artístico; algo que supuestamente daría sentido a la obra, y que podría, y debería, ser desvelado verbalmente mediante una interpretación. Con esta noción se pretendería “traducir” la experiencia real y concreta de la obra artística, lo cual Greenberg cree ridículo, además de inútil, pues, como argumenta, sobre el “significado” de una obra así entendido, “se podría decir cualquier cosa”, sin posibilidad de que lo que se dijera fuera corregido o refutado.
Goldwater, CE 4: 265-274.
15
CE 4: 269.
16
“The Case for Abstract Art”, CE 4: 78.
17
Dos razones aduce Greenberg para rechazar todas estas nociones de “significado”; su irrelevancia respecto del valor de calidad propiamente artístico, o su inefabilidad al discurso verbal y/o imposibilidad de contrastar y comprobar lo que se dice de ellas respecto de una obra determinada18. “Significado” o “contenido” vienen a identificarse, en el sentido artísticamente “propio” al que se refiere Greenberg, precisamente con el efecto emotivo de las formas en el espectador: el “significado”, “contenido”, de las cualidades formales, cuyo eco afectivo sobre la sensibilidad del espectador media entre las propias cualidades formales de la obra y el conocimiento de su valor de calidad artística.