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COYUNTURA: MOMENTO POLÍTICO Y TRANSFORMACIÓN ORGANIZATIVA

primeros meses del Gobierno se lograron los siguientes aspectos fundamentales: fir-ma de la paz con el Perú, retiro de los sub-sidios al gas, a la energía eléctrica, la su-presión del impuesto a la renta y su reem-plazo por la Ley del 1%, Ley de la AGD, etc.

Esta alianza buscó anular cualquier tipo de oposición vía asimilación, coopta-ción y represión. Tras de sí aglutinó a la iglesia, FF.AA., algunos movimientos sociales, principalmente al movimiento indígena, y aquellos que no entraron en esta “concertación” eran combatidos y hasta anulados: los asesinatos de Saúl Ca-ñar y de Jaime Hurtado dan mucha tela que cortar. Tras la lógica del discurso úni-co y vía única, la alianza no tuvo mayores dificultades en los primeros 7 meses del Gobierno de Mahuad.

Aquello que apuntaba a ser un acuerdo de largo plazo, de pronto se fue resquebrajando por la crisis financiera y sobre todo con el cierre del Banco del Pro-greso en el mes de marzo.

Parecería ser que tras del Banco del Progreso existen muchos intereses y demasiado poder en juego. Al Gobierno esto lo inmoviliza políticamente, lo que sumado a la serie de medidas económicas en contra del pueblo, fue desgastando su imagen y popularidad; muchos sectores sociales y políticos tomaron distancia e in-cluso se declararon como oposición. Los socialcristianos se lanzan a una defensa intestina del Banco del Progreso: atacan al Gobierno olvidándose de su alianza estra-tégica y recurren al regionalismo con ese fin; esto hace que su iniciativa se vaya

re-plegando al ámbito regional y el Gobierno pierda el grueso de su sustento político.

Esto no quiere decir que la derecha esté derrotada ni mucho menos, ya que es-ta crisis “coyuntural” puede ser resueles-ta desde ese mismo polo de poder, lo que queremos señalar es que el escenario polí-tico nacional, armado a partir del 5 de fe-brero, se ha fracturado por el momento.

Como punto aparte señalemos que la Izquierda Democrática (ID), desde el 5 de febrero, se ha venido reconstituyendo bajo la batuta de Rodrigo Borja y el gene-ral Paco Moncayo; su discurso es de de-fensa a la democracia institucional, critica solo las aristas más puntiagudas del neoli-beralismo, y tiende puentes hacia los sec-tores sociales y de izquierda. Su intención ha sido presentarse como único polo de centro izquierda y de convergencia de la “oposición constructiva” y del desconten-to popular; fue la gran ganadora de las jornadas de marzo: ampliaron su campo de acción e imagen política. Por las carac-terísticas y la dimensión de las jornadas de julio, la ID también fue desplazada. II. El bloque social popular

Los llamados sectores sociales

La Coordinadora de movimientos sociales (CMS), todavía no ha podido convertirse en ese gran polo de expresión y convergencia social que direccione las luchas populares, y en el centro colectivo que recoja las propuestas alternativas de los distintos sectores que lo componen; entre otros factores, por intereses hege-monistas de algunos sectores, varios de

ellos sin base social para ello y por lecturas calenturientas de la realidad, así por ejem-plo, en las jornadas de marzo, en lugar de impulsar una política de reagrupamiento con los demás sectores sociales y popula-res en movilización: frentes barriales y ta-xistas principalmente, priorizaron exclusi-vamente el diálogo con la ID y se preocu-paron en armar ya el nuevo Gobierno, tras la supuesta caída de Mahuad.

Por lo anotado, la CMS no tuvo mayor éxito al frente de las movilizaciones de marzo, el sector con capacidad social y política para ello, el movimiento indígena, (MI), estuvo priorizando otros aspectos, por lo que taxistas, indígenas, profesores, por separado, dialogaron con el Gobierno, pese a que se había constituido ya un Frente Patriótico y el Congreso Popular. El MI, sobre todo, su dirigencia nacional, ju-gó un débil papel en esta coyuntura.

El Frente Unitario de Trabajadores (FUT), antaño la central obrera más gran-de gran-del país, y el Movimiento Popular De-mocrático (MPD) partido de izquierda de tendencia pro-china, gracias a las debili-dades de la CMS y los espacios dejados por el MI, tuvieron en marzo, mayores campos de acción.

En julio, las cosas fueron diferentes en el campo popular, sobre todo, al inte-rior del MI; a esto tenemos que sumar la profundización de la crisis en el FUT por la derrota del movimiento obrero como producto de la desindustrialización de la economía, la flexibilización laboral, la bu-rocratización de la dirigencia, entre otros aspectos. El MPD, a partir de marzo y lue-go del asesinato de su líder Jaime Hurtado

ha tenido un perfil bajo de actuación, lo que hace sospechar que, a no dudarlo, existe a su interior una grave crisis.

Los llamados sectores emergentes

Los “sujetos sociales” no solo que no desaparecen, sino que además mues-tran que son capaces de alcanzar niveles mayores en extensión y radicalidad. Los conflictos sociales, económicos, cultura-les, que se derivan de la aplicación del neoliberalismo, han dado lugar al surgi-miento (o a su posibilidad) de nuevos su-jetos sociales.

El nuevo actor social emergente en esta coyuntura son los taxistas. Este sector, tradicionalmente separado e incluso con-trario a las organizaciones sociales, surge, no solo como presencia nueva, sino como punta de lanza de las luchas populares; su mensaje no es solo hacia sus agremiados, sino que va hacia las otras fuerzas sociales y a la sociedad en general, ya que sus demandas eran de todos los ecuatorianos -bajar el precio de la gasolina-. En marzo y julio fueron ellos quienes sostuvieron el paro en el sector urbano.

Otro de los sectores, no totalmente nuevos, pero que han alcanzado niveles más altos de organización son los deno-minados “informales” y los pequeños co-merciantes. Las políticas gubernamentales han afectado a muchos sectores y este sec-tor es, justamente, uno de ellos. En marzo tuvieron una débil participación, pero en julio, por el tema de la facturación que les afectaba de manera directa, tanto en Gua-yaquil, Machala, Quito y Cuenca,

princi-palmente, tuvieron una presencia impor-tante y masiva.

El movimiento indígena

A partir del último congreso de la CONAIE en Saraguro, las cosas han varia-do al interior del MI, principalmente a ni-vel de su dirigencia. Las conducciones han sido tomadas por tendencias distintas a las que históricamente han caracterizado al MI y otras has sido desplazadas. La identi-ficación de tendencias es un elemento pa-ra el debate.

1. En los últimos años, en la CONAIE, se ha venido asentando una ten-dencia que podría ser calificada de “go-biernista” y en la cual convergen varios sectores: tecnócratas indígenas, burócra-tas ya sea de ONG´s o de instituciones es-tatales, etnocentristas, dirigentes burocra-tizados, etc.; todos con alguna y a veces ninguna base social, pero que han hecho causa común ante la posibilidad de acce-der al poacce-der y/o intereses individuales o de grupo, tanto al interior del MI como en las instituciones del Estado y han tomado el control de instancias de dirección o las han arrastrado hacia su propuesta que la podemos describir como etnocentrista y sectaria.

Desde estos espacios de poder y control cambiaron la dirección política de la CONAIE. Redujeron la propuesta polí-tica de la PLURINACIONALIDAD a me-ras reformas legales tales como: reducción de las potencialidades de los Derechos Co-lectivos, reformas que ellos mismos con-tribuyeron para su consecución en la

Asamblea Nacional Constituyente (ANC), a simples cambios formales y parciales en las instituciones del Estado (el viejo siste-ma de arriba para abajo), dejando de lado el problema DEMOCRACIA-ESTADO, y confundiendo el fin con los medios.

Estos sectores mezclaron, de mane-ra más que intencional, el objetivo de te-ner capacidad para incidir en las decisio-nes del Estado con el hecho de tener me-ros cargos burocráticos, con poca o ningu-na posibilidad de incidencia en la socie-dad; sea porque estas instituciones están desfinanciadas, o por ser nominativas, el ejemplo más claro es la institucionaliza-ción de las mesas de concertainstitucionaliza-ción.

Esta visón de las cosas hizo que la dirigencia de la CONAIE priorizara exclu-sivamente el acercamiento y el diálogo sin dimensionamientos políticos pero sí con mucha intencionalidad grupal y personal, con el Gobierno, dejando de lado cual-quier entendimiento con los demás secto-res sociales, incluso al interior mismo del MI se profundizó la división entre las ba-ses y las dirigencias. Todo esto provocaría, entre otras cosas: un distanciamiento y críticas, unas justificadas y otras intencio-nadas, de los demás sectores sociales a es-tas posiciones ya que la lucha contra las imposiciones de las medidas económicas por parte del Gobierno se debilitan cuan-do cada sector social lucha por separacuan-do y cada cual pelea por sus propias reivindica-ciones.

En marzo, esta fue la lógica y las condiciones en que se enfrentó la lucha popular. Para el mes de julio las cosas al interior del MI cambiaron

profundamen-te. Se empezaba a sentir una inusitada crí tica desde las bases hacia la dirigencia, que tuvieron su expresión en las asambleas del ECUARUNARI en mayo y de la CONAIE en junio, y que se expresan en las resolu-ciones adoptadas por estas Asambleas que van en sentido contrario a esta tendencia política del MI, resoluciones que, cegados por el poder y la miopía política, muchos no acaban de entender.

2. Por su parte, existe otra tendencia al interior del MI caracterizada por su ra-dicalidad y oposición al modelo vigente, la que enfrentó los levantamientos del 90 y 94, la marcha de la OPIP, las embestidas de Bucaram, la conformación del MUPP-NP, esta tendencia ha venido sufriendo un proceso de dispersión y de burocratiza-ción, lo que ha provocado, entre otros as-pectos: una reducción de su campo de ac-ción, al no poder articular una propuesta global a partir de las nuevas condiciones políticas y sociales del país y del MI y de las conquistas logradas en la ANC, lo cual ha provocado su desplazamiento, dejando casi sin contrapeso a la anterior tendencia. 3. Una tercera tendencia está con-formada por sectores emergentes: dirigen-tes medios: provinciales, algunos regiona-les, jóvenes, organizaciones provinciales o zonales, principalmente comunidades po-bres, que demandan mayor radicalidad en el MI, priorizan las luchas contra la aguda crisis económica, la discriminación cultu-ral, la falta de democracia, es decir una vi-sión política integral. La dramática reali-dad nacional ha hecho que el enfrenta-miento sea cada vez más radical, las

jorna-das de julio, precisamente, demostraron aquello.

Esta tendencia no tuvo mayor inje-rencia en la concertación en marzo: ya por el tipo de conducción reinante en el MI, ya por falta de una mejor articulación; pero en julio, presionados por la dimensión de la crisis, se vio obligada a actuar y no solo que incidió sino que determinó la salida política de la crisis.

III. Las lecciones de julio

Hay una impresión fundamental de las jornadas de julio: la irrupción sorpresi-va y masisorpresi-va de las bases del MI en la defi-nición y conducción de la crisis. Si trata-mos de mirar un poco más hacia el fondo, estas jornadas dan para varias conclusio-nes y tareas para el futuro:

• La realidad siempre es más rica que la teoría. Las bases tuvieron mayor vi-sión estratégica que las dirigencias. Desde la pugna contra el Gobierno de Abdalá, la lucha al interior de la ANC y sobre todo la resistencia a la imposi-ción neoliberal del Gobierno de Ma-huad, los sectores populares y en par-ticular el MI perdieron casi todas las batallas políticas en un frente estraté-gico, aquel de los medios de comuni-cación. Es por ello que vale relievarse la acción política de los compañeros de Tungurahua cuando deciden to-marse las antenas de Pilisurco, en efecto, el mensaje era claro: “no

quere-mos que sigan desvirtuando nuestra imagen y confundiendo a la gente”

di-jeron los dirigentes de la toma. Con esta acción local dieron un mensaje político de carácter nacional y ataca-ban un sector estratégico de control ideológico-cultural de la derecha. • La paralización fue total o casi total en

provincias, principalmente en las del centro del país; el primer objetivo del paro se había cumplido: demostrar al Gobierno el descontento generalizado por las medidas económicas. Lo fun-damental era presionar para que re-troceda en sus intenciones. En este sentido, las acciones, hasta ahí, tuvie-ron un límite político: cómo lograr que ese descontento pasivo se expre-sara principalmente en Quito, centro político de decisión, aquí los compa-ñeros deciden “tomarse Quito”, “veni-mos porque aquí no pasaba nada” era la voz de quienes llegaron.

• La forma en que arribaron a la capital, masiva, organizada, heterogénea (in-dígenas, transportistas, comercian-tes), nos indica que una acción gene-ralizada o masiva desata nuevos pro-cesos: emergencia de nuevos sectores o sujetos sociales golpeados por la cri-sis y, encuentros y/o alianzas vitales y necesarias que configuran en un mo-mento determinado ese sujeto históri-co que es un verdadero polo de poder, con autonomía organizativa y políti-ca, con capacidad propositiva, capaz de posibilitar una salida diferente y/o alternativa a la tradicional o neolibe-ral, como, en cierta dimensión, ocu-rrió en julio.

• Hasta julio 12 se venía conservando con el Ministro de Gobierno o su Sub-secretario, el 15 y el 16 las organiza-ciones no quieren deliberar si no es con el Presidente en persona ¿Quiénes iban a dialogar? Todos los dirigentes y delegados de las organizaciones de ba-se: comunas y uniones comunales y de las otras organizaciones sociales. El sentido de esta medida se podría resu-mir en decires de los propios compa-ñeros - “así para que los dirigentes no

vayan solo a merendar con el Presiden-te”-. Podríamos sacar dos mensajes:

una desconfianza y/o desacuerdo con la actitud con que ha venido actuando su máxima dirigencia y la necesidad de tener participación directa en la decisión de sus rumbos, es decir, auto-Gobierno y acción autónoma no solo de la institucionalidad política estatal sino incluso al interno de las estructu-ras del MI.

Todo esto evidencia la riqueza del MI ecuatoriano. Ha demostrado que en y desde su base existe una claridad política para saber cuándo y cómo actuar y en dónde radica el poder del enemigo. La ra-tificación de que el sentido colectivo da a las soluciones colectivas. El distancia-miento de las bases y dirigencias es estre-chado por exigencia y acción de las bases. Que la riqueza de su proceso está en su pluralidad y heterogeneidad tanto en lo político como en lo organizativo.

Pero quedarnos solo en estas con-clusiones nos pueden hacer perder de perspectiva algunos aspectos

fundamen-tales que tienen relación con la trascen-dencia de las acciones de julio: durante esa coyuntura se estaba negociando la firma de la Carta de Intención con el FMI y de eso depende mucho la implementación del modelo neoliberal en este período, es-tá además el conflicto entre la derecha DP-PSC, al que habrá que seguir de cerca, ya que de su resolución dependerán los esce-narios políticos inmediatos y mediatos so-bre los que vamos a tener que actuar.

Por otro lado, las jornadas de julio también han marcado rumbos al interior del MI: la dirigencia ha tenido que cam-biar de actitud política frente a los hechos, el cuestionamiento a la conducción hege-monizada por la primera tendencia del MI, que tiene ya su primer conflicto con este nuevo momento, han sido las suge-rencias de cambio en forma y contenido a su “Proyecto de Ley Orgánica de las Na-cionalidades, Pueblos y Circunscripciones Territoriales Indígenas”. Pero como había-mos dicho, esta tendencia tiene algunos puestos de decisión e influencia por lo que se puede volver a recomponer.

Por último, los diálogos con el Gobierno estarán marcados, por un lado, por la capacidad del Gobierno de Mahuad para recomponer su fuerza, fundamental-mente del apoyo que pueda recibir del FMI y de Washington, y, por otro, por la capacidad propositiva y de maniobra polí-tica de la CONAIE en recoger el sentir de las bases y del pueblo que se expresó en marzo y julio, la convergencia y alianza con los demás sectores sociales y la legiti-midad y respaldo del pueblo ecuatoriano.

Las transformaciones políticas del