El movimiento indígena y la construcción de una democracia
3. La emergencia del movimiento indígena y otros movimientos sociales
El protagonismo que tuvo el movi-miento obrero ecuatoriano en los prime-ros años de resistencia al modelo se vio se-riamente golpeado. Esto fue producto no solo de errores, que a su momento fueron señalados, sino la arremetida del capital contra los trabajadores sindicalizados.
Al mismo tiempo y de manera pa-ciente y silenciosa, estaba en marcha la constitución del movimiento indígena ecuatoriano. Se trata de acumulados so-ciales históricos que recogen desde las pri-meras luchas de los años treinta, pasando por las impulsadas durante la década de los setenta, hasta el ciclo de movilización y construcción organizativa de estas dos úl-timas décadas.
La formación la Federación Ecuato-riana de Indios (FEI), en la década de los cuarenta y del ECUARUNARI, a inicios de los setenta, expresa una creciente capaci-dad de las comunas, nacionalicapaci-dades y pue-blos de organizarse y luchar con autono-mía e independencia. Hay varias oleadas de lucha y organización que culminan con la fundación de la Confederación de Na-cionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) en 1986.
Años de consolidación y aprendiza-je, de una identidad común, de gestación de una generación de dirigentes que su-pieron combinar adecuadamente la doble dimensión de nuestra lucha como pobres y como indios.
Esa capacidad de combinar la di-mensión social y económica de la explota-ción del capitalismo, con la dimensión histórico cultural de la opresión a nuestra propia identidad ha sido la mayor fortale-za del movimiento indígena ecuatoriano.
1990 marca un hito en nuestra his-toria. El levantamiento de mayo y junio protagonizado por cientos de miles de in-dígenas a lo largo y ancho del país logra por fin visibilizar nuestra presencia. Deja-mos de ser “pobres indios” para unos, y apenas “campesino menores de edad” pa-ra otros. La sociedad se ve obligada a reco-nocer en nuestra lucha una presencia vi-gorosa.
En 1992 las nacionalidades amazó-nicas realizaron una marcha histórica pa-ra exigir el reconocimiento de sus territo-rios; en 1994 enfrentamos el intento de imponernos una ley agraria reaccionaria; en 1995 participamos activamente en la
campaña en contra de la privatización de la seguridad social. Tras cada uno de estos momentos de movilización hay una enor-me carga de vida, esfuerzo, entrega y espe-ranza. Es el impulso de esa minga por la vida que ha permitido que el movimiento indígena logre inspirar, impulsar, acom-pañar y aprender con nuevos actores so-ciales que han ido configurándose en estos años.
Particularmente hemos acompaña-do la constitución de la Confederación de Afiliados del Seguro Social Campesino (CONFEUNASSC), y la Coordinadora Nacional Campesina, las organizaciones de trabajadores energéticos, movimientos urbano populares, ecologistas, de mujeres, agrupados actualmente en la Coordinado-ra de Movimientos Sociales (CMS). 4. Luchas, avances y logros
Hemos aprendido, además, a com-binar la lucha concreta y cotidiana de las demandas y reivindicaciones de día a día, por tierra, crédito, agua, caminos, educa-ción, con la formulación de una propues-ta global de transformación del país.
Entendemos el movimiento indíge-na como un sujeto de cambio y transfor-mación radical de las estructuras de un Estado Uninacional burgués y neoliberal. Por ello formulamos un proyecto político que pretende superar las contradicciones fundamentales de este sistema y enfrentar a los responsables del actual orden cosas.
La acción del movimiento ha logra-do varias conquistas que mejoran la vida de los compañeros. Una gran parte de los
conflictos de tierra han tenido resolución favorable para las comunidades; hemos arrancado del Estado algunos recursos económicos para el desarrollo de nuestros pueblos. Pudimos institucionalizar un es-pacio de definición y ejecución de políti-cas de Estado para los pueblos indios (CODENPE), para garantizar políticas públicas sin tener que hacer el juego a los Gobiernos de turno y terminar converti-dos en masa de maniobra.
El levantamiento indígena ha de-mocratizado al Estado y las leyes. Las pro-puestas presentadas en la última Asamblea Constituyente por el movimiento indíge-na y otros importantes grupos sociales, constituyen los más significativos avances en la democratización de la sociedad en los últimos años. El reconocimiento de las circunscripciones indígenas, de los dere-chos colectivos de los pueblos, pero tam-bién los elementos de participación social y ciudadana que se introducen, la preser-vación de los principios de universalidad y solidaridad de la seguridad social, la pro-tección del medio y la penalización de los delitos ecológicos, etc., son avances que todavía están en el papel y que es nuestro deber el de concretarlos.
El movimiento indígena, codo a co-do con otros sectores, ha avanzaco-do tam-bién en la constitución de una expresión política, el Movimiento de Unidad Pluri-nacional Pachakutik-Nuevo País. Conce-bido como un espacio de independencia y autonomía política, amplio y democráti-co, Pachakutik enarbola una bandera de esperanza, de construcción de un Estado
Democrático Plurinacional, un modelo de desarrollo basado en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población, en la búsqueda de la equidad social, del res-peto a las diferentes expresiones culturales y modos de vida, en la reconstrucción de-mocrática de un nuevo estado.
La fundación de Pachakutik ha sig-nificado un paso adelante no exento de problemas, sobre todo, en la búsqueda de una centralidad política y en la necesidad de respetar las particularidades, construir un perfil sólido para enfrentar este viejo sistema político. Pese a todo, el movimien-to ha ido logrando un proceso creciente de consolidación y unidad política, de cer-canía profunda a las organizaciones socia-les de las que se originó, pero al mismo tiempo de autonomía organizativa. 5. Retos actuales
Enfrentamos grandes retos para el futuro. No podemos contentarnos con ser solo una voz crítica. Es necesario plantear-nos como alternativa cierta de poder y de Gobierno y ello implica un salto en la ca-pacidad de gestionar nuestro propio desa-rrollo y de brindar una alternativa para el conjunto del país.
Atentan contra esta dirección no solo las condiciones desiguales e injustas de la competencia política y los intentos de cooptación y subordinación de los mo-vimientos sociales, sino muchas de nues-tras debilidades.
En esta coyuntura sobre todo debe-mos consolidar nuestra acción política y
social, e impedir que el movimiento caiga en prácticas sectarias y particularistas, evi-tar la instrumentación y funcionalización a los Gobiernos de turno, combatir el oportunismo y el “populismo” interno, preservar una relación transparente entre dirigentes y bases de rendición de cuentas, cualificar nuestros dirigentes de base e in-termedio, avanzar en nuestras formula-ciones programáticas, invitar a todos los hombres y mujeres honestos a esta minga. En definitiva, mantener nuestra indepen-dencia y autonomía frente al actual estado de cosas.
Mantenemos la búsqueda de alter-nativas programáticas para el país con el convencimiento del agotamiento del neo-liberalismo y con el horizonte de impulsar un nuevo modelo de desarrollo basado en la potenciación de capacidades producti-vas propias, búsqueda de la equidad so-cial, enfrentamiento a la pobreza, cons-trucción de una democracia radical y de un Estado plurinacional. Esa será la única garantía para convertirnos en un elemen-to clave de la construcción de un orden social realmente más justo.
El proyecto estratégico de la nación kichwa
Estuardo Remache
La reconstrucción de pueblos y la identidad
Para los pueblos indígenas, la iden-tidad es saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Todo
pue-blo tiene su identidad, es decir, se recono-ce como parte de una memoria histórica, como parte de un proceso ancestral, y gra-cias a ello, tiene la posibilidad de mirar hacia el futuro regresando a ver a su pasa-do. Es la visión del ñaupa kichwa. Solo así el futuro se convierte en un proyecto que moviliza a las voluntades y que crea un horizonte de largo plazo para todos. No-sotros tenemos la herencia de nuestros pueblos originarios. Yo pertenezco al pue-blo puruhae. El puepue-blo puruhae tiene una historia de cientos de años, incluso miles. Correspondería a lo que ahora son los te-rritorios de las provincias de Chimborazo, Bolívar y Cañar. Este pueblo tenía su pro-pia cultura, tradiciones, costumbres y sus propias autoridades. Eso significa que este pueblo vivió antes incluso que aparezcan los incas y los españoles.
Sin embargo, el pueblo puruhae, al igual que los pueblos originarios del con-tinente, sufrieron un proceso de destruc-ción por parte de los conquistadores, una destrucción que no solo fue demográfica, fue también política, social, económica e histórica. Demográfica porque constituyó uno de los más grandes genocidios en la historia de la humanidad. Política porque nos han impuesto un modelo de domina-ción y reglas que no corresponden a nues-tra realidad. Económica, porque todos los pueblos de América han sido y son obliga-dos a transferir sus principales recursos hacia fuera. Si bien en un inicio fue el oro, en la actualidad es el petróleo, las materias primas, los bajos costos laborales. En fin, recursos que habrían servido para el desa-rrollo de nuestros pueblos, sirven más
bien para fomentar la riqueza en los países poderosos. Histórica, porque nos ha signi-ficado la destrucción de nuestra memoria, costumbres, cultura, de nuestras leyes y de nuestra espiritualidad.
La reconstrucción de los pueblos es la recuperación de nuestra historia, me-moria, leyes, autoridades, territorio, cultu-ra y de nuestcultu-ra lengua. Es retomar la espi-ritualidad ancestral que establecía una re-lación armónica entre el hombre, el cos-mos y la naturaleza. Es generar un proce-so propio de desarrollo, viendo el futuro sin olvidar nuestro pasado.
Nuestros antepasados defendieron con su vida su cultura, su territorio, su cultura, su identidad, su forma de ser. Cuando vinieron los españoles tuvieron que destruir, llegando al genocidio, esa vo-luntad de autodeterminación. Se rompió esa visión armónica entre el hombre
(ru-na), tierra, vegetación, agua (Pacha ma-ma). Una visión de la naturaleza basada en
el respeto y en el amor. Ellos entregaron sus vidas por la naturaleza, por la Pacha
mama (madre tierra). La Pacha mama es
como si fuese una madre. De ella naciste, a ella te debes, ella te alimenta.
Una de las primeras tareas dentro de la reconstrucción de los pueblos es la educación y la capacitación. Hay que me-jorar y ampliar la educación. Los cambios tienen que ser en forma y en contenido. En lo formal, la educación y la capacita-ción deben preparar a nuestros compañe-ros técnicamente para que estén capacita-dos para sumir los retos del presente. Es decir, hay que incorporar todos los
avan-ces tecnológicos a la educación y ampliar su cobertura para eliminar totalmente el analfabetismo en nuestros pueblos. En los contenidos, la educación debe ser inter-cultural y ética, para comprender la iden-tidad respetando las diferencias, como la lengua, las costumbres y conocimientos ancestrales. Esto implica una dura tarea de reescribir la historia. Hay que rehacer los textos de historia en los cuales los con-quistadores tienen la razón. En los cuales se nos presenta como pueblos a los que había que civilizar. Hay que fomentar la investigación desde nuestra propia visión histórica para conocer y revalorizar a nuestra cultura.
La reconstrucción de los pueblos es también la recuperación de nuestra espiri-tualidad ancestral. Habían dioses propios. Nuestros sabios comprendían esa espiri-tualidad y podían interpretar a la natura-leza. Se basaban en cálculos, si la luna apa-rece a tal altura, a tal inclinación, entonces podrían predecirse las cosechas, los perio-dos de siembra. Había una relación espiri-tual entre la naturaleza y el hombre. Entre el runa (ser humano) y la Pacha mama ha-bía una relación de armonía. Hay que re-cuperar esta visión para evitar la destruc-ción de la naturaleza. Cada vez son mayo-res las extensiones de territorio destruidas por el capitalismo. Se contaminan los sue-los, las aguas, el aire. Se destruye la natura-leza. Se destruyen los seres humanos. Se destruyen las culturas. Se irrespeta y se ofende a la Pacha mama.
Es necesario, entonces, reconocer la diversidad de pueblos existentes en el país:
hay que entrar en acuerdos, tenemos que concentrar nuestros esfuerzos en la capa-citación de nuestros compañeros, cambiar las estructuras del paternalismo (que ven-ga alguien y nos dé haciendo), tener nues-tra identidad, nuesnues-tras posibilidades de desarrollo. Los acuerdos deben ser am-plios, deben ser democráticos. Para noso-tros el diálogo es comunicarse y estar dis-puestos a cambiar. Sin diálogo no pueden haber cambios. Pero el diálogo no es la imposición al otro. No es la manipulación del otro. El diálogo significa deponer nuestras actitudes de fuerza y reconocer que podemos estar equivocados y, por lo tanto, estar decididos a cambiar.
El proceso de reconstrucción de los pueblos, además de insistir en la identidad y en la recuperación de la memoria ances-tral, tiene otro aspecto fundamental y es el de la soberanía.
Soberanía y reconstrucción de los pueblos Cuando hablamos de soberanía es-tamos hablando de la relación de los pue-blos originarios con el Estado, con la de-mocracia, con el sistema, con las leyes, con los recursos existentes. La reconstrucción de los pueblos es un proceso que lucha por recuperar la soberanía de los pueblos originarios y busca cambiar la relación que ha existido con el Estado.
Nuestros pueblos están en un pro-ceso de destrucción, de desintegración, y el Estado viendo todos estos problemas, no ha tenido esa voluntad para decir: bue-no, sus pueblos han sufrido tanto, han vi-vido una discriminación, una exclusión
por siglos, y con este reconocimiento im-pulsar una política para dotar de servicios básicos, de mejorar las condiciones de vi-da. Más bien al contrario, el Estado se ha hecho para desintegrar nuestra cultura, nuestra identidad. No se respeta a la co-munidad cuando se encuentran minera-les, o recursos naturaminera-les, en el territorio de la comunidad. No se pide permiso a la co-munidad. Ni siquiera se la toma en cuen-ta. Las mejores tierras han sido acaparadas por los grandes terratenientes. No se apo-ya la producción agrícola a pesar de que son nuestros compañeros los que proveen de alimentos a las ciudades. Las leyes no nos protegen. La política hecha desde el Estado ha utilizado la demagogia. Se ofre-cen muchas obras en períodos de eleccio-nes. Nunca se asoman después por las co-munidades.
Por ello, se plantea desde la recons-trucción de los pueblos una nueva rela-ción con la política, con la democracia. La democracia actual nos ha sido también impuesta. Más que la democracia como se entiende en el sistema actual, nosotros co-mo pueblos indígenas teneco-mos principios que orientan nuestra sociedad. Tenemos una ética que norma, regula y sirve de principio rector para la participación po-lítica al interior de nuestras comunidades. Estos principios son el ama shua, ama
qui-lla y ama lluqui-lla. Una democracia sin ética
se limita solamente a ejercer el voto. En las comunidades nosotros deci-dimos la vida social con la participación de todos los miembros de la comunidad. Participan las mujeres, los niños, los
jóve-nes. Los ancianos son reconocidos como portadores de una memoria ancestral, y por lo tanto su palabra es respetada. Para nosotros la democracia debería reconocer la participación de todas las personas. Pe-ro debería ser una participación activa, consciente y responsable. Para el sistema que vivimos, la ciudadanía es un derecho que otorga el Estado mediante una discri-minación previa. No pueden votar los me-nores de 18 años. Hace algún tiempo se les negaba el derecho de ciudadanía a los me-nores de edad, y también se les negaba la ciudadanía a las personas que no sabían leer ni escribir en castellano. Entonces, la democracia más bien limita la participa-ción de las personas y no permite una par-ticipación efectiva, más directa, más res-ponsable, más ética. Por ejemplo, en nues-tras comunidades, no existen centros de información sobre las elecciones, para vo-tar tenemos que bajar después de largas horas de caminata a los centros urbanos más próximos. Muchos de los compañe-ros no tienen su cédula de identidad, y por tanto no pueden votar. Toda la campaña electoral se hace en español. Toda la infor-mación sobre las elecciones está en espa-ñol. Entonces, la sociedad ecuatoriana ne-cesita crear una democracia que sea ética, que sea participativa, y que no sea discri-minante ni intolerante.
Nuestra crítica a la democracia no solo es de forma, es también de contenido. La reconstrucción de pueblos es la cons-trucción de nuestra soberanía. Es el respe-to que el Estado, la democracia, las leyes y la política deben tener hacia nuestros
pue-blos. Para nosotros la soberanía es tam-bién el derecho a la autodeterminación como pueblos. Es el derecho a decidir so-bre los recursos existentes en nuestros te-rritorios. La forma de educación. Nuestras propias autoridades. Nuestras propias le-yes. Nosotros hemos propuesto ya una Ley de Aguas y una Ley de Comunas, pero hasta el momento el Estado y el sistema político no se han pronunciado sobre nuestras leyes. Su propuesta es más bien privatizar. Es una propuesta neoliberal.
Pero para saber qué tipo de sobera-nía, qué tipo de relación debe establecerse con el Estado, es necesario concienciar a nuestras bases. Conocer nuestras raíces. Nuestro territorio. Recuperar nuestras costumbres. Defender nuestro idioma. Es-taríamos concibiendo también a la recu-peración de nuestra espiritualidad como uno de los rasgos de la soberanía.
La reconstrucción de los pueblos y las organizaciones
Reconstrucción es construir aque-llo que ha sido destruido. Dentro de este proceso nosotros establecemos el proble-ma de la reconstitución de los pueblos co-mo una forma de reconstruir nuestros es-pacios organizativos. La reconstitución es la dimensión política del proceso de re-construcción de los pueblos. Significa cambiar las estructuras organizativas ac-tualmente vigentes en función de los nue-vos procesos.
Dentro del movimiento indígena se han formado un gran número de
organi-zaciones que se correspondían más bien al ordenamiento territorial del Estado ecua-toriano, que divide al país en provincias. Este ordenamiento territorial se hizo sin ninguna consideración por nuestros pue-blos, es parte de ese proceso de destruc-ción a nuestros pueblos, a nuestras cul-turas.
Esto significó que las organizacio-nes de carácter provincial vayan sustitu-yendo a los pueblos. La actual estructura organizativa está asentada en la división por provincias y no por pueblos, es decir, la organización se ha adaptado a las for-mas por las cuales se ha impuesto el poder y la destrucción de nuestras culturas, sin siquiera tener una identidad o una identi-ficación con los pueblos que existieron ancestralmente.
Se hizo de acuerdo a la imposición del Estado, al orden territorial, a las nor-mas y leyes que se impusieron, se