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Es así que en 1982, incentivados por los apoyos económicos que ofrecía el pro-yecto DRI-Salcedo, un grupo de dirigentes de distintas comunidades de la parroquia de Mulalillo, cantón Salcedo, provincia de Cotopaxi, empieza a organizarse hasta consolidar una OSG denominada UNO-CAM, que por carecer de recursos econó-micos a sus inicios, busca instituciones que cooperen con el desarrollo y fortaleci-miento de esta organización, tanto en el aspecto económico, como socio-organiza-tivo. Es así como se acepta la cooperación de SWISSAID, institución no guberna-mental, cuyas acciones están orientadas hacia los grupos indígenas que viven en agudas condiciones de marginalidad y po-breza (Tobar y Edwards, 1996:3).

Uno de los objetivos principales de la UNOCAM fue unir a las comunidades de la zona baja y la zona alta, a fin de bus-car el desarrollo de las comunidades a tra-vés de la participación comunitaria y la cooperación financiera tanto guberna-mental y no gubernaguberna-mental.

Contextualizada así, la UNOCAM, y tomando en cuenta que “las comunida-des son el resultado de procesos de inte-gración” (Tonies, 1997, Apud y Arocena, 1995: 12), donde se supone que existe la unidad de hombres y mujeres sobre la ba-se de una participación democrática,

sur-ge aquí una pregunta: ¿se incluía en el pro-yecto global de la UNOCAM la participa-ción directa de la mujer o a través de un grupo de mujeres?

Desarrollo y género en la experiencia de proyectos de desarrollo: el caso UNOCAM

Hay que considerar que en sus ini-cios en ningún momento se pensó “clasifi-car proyectos de desarrollo para las muje-res y otro para los hombmuje-res”, pues el traba-jo y el desarrollo de las comunidades filia-les a la UNOCAM estaba enfocado a un desarrollo igualitario en donde exista la participación de “género”, concepto quizá desconocido y abstracto para las comuni-dades, ya que en ese entonces se ignoraba el papel que podía jugar la mujer en el proceso organizativo, es más, sus activida-des tanto en el hogar como en la comuni-dad eran ignorados por la sociecomuni-dad.

Ahora bien, se dice que la UNOCAM estaba destinada a buscar un desarrollo con la participación de género, pero ¿qué entendían por trabajo y desa-rrollo de género a nivel organizativo? O, mejor ¿qué entendía la UNOCAM por de-sarrollo de género?

Al respecto varias de las entrevistas realizadas a los dirigentes de la UNOCAM, enfocan a que el desarrollo de género es capacitar a la mujer en algunas áreas (cocina, costura, agricultura, cuida-do de niños, etc.), que permitan la eficien-cia en el cumplimiento de sus actividades diarias. Así, Miguel Proaño, ex presidente

de la UNOCAM, su respuesta respecto a cuál era la visión para realizar un trabajo específico con las mujeres, dice: “el grupo

de mujeres nació porque los dirigentes de la UNOCAM, pedimos, con otras ideas e in-tenciones, como por ejemplo, la UNOCAM antes financiaba cursos de Corte y Confec-ción, y creíamos que la mano de obra sea bien utilizada y no sea regalado sus conoci-mientos en las ciudades, sino que se invier-ta en las mismas comunidades. Se creó co-mo una rama de la misma organización que sería Corte y Confección, incluso estaba contemplado en el presupuesto general de la UNOCAM y no existía presupuesto aparte, la plata era de todos. Hoy la plata se divide, es lo mismo que en una casa están las muje-res y en otra los hombmuje-res cada uno con su dinero, eso están haciendo, incluso han lle-gado a pedir una casa comunal solo para las mujeres, sin considerar que la casa comunal es para todos”.

El discurso de género y el discurso del desarrollo

Desde esta perspectiva es impor-tante preguntarnos: ¿qué entendemos por género? A menudo se escucha hablar de género, pero casi siempre se termina ha-blando de la mujer. Al respecto, Lilia Ro-dríguez, enfatiza que trabajar en progra-mas y proyectos para mujeres no entraña necesariamente un enfoque de género, se pueden impulsar acciones para que las mujeres sean más productivas, para que cumplan mejor su función de madres o para que trabajen más eficientemente por su comunidad, para lo cual es importante

que se modifiquen las relaciones de géne-ro, es decir, que se promuevan cambios en las relaciones de subordinación entre hombres y mujeres; enfatiza, además, que,

“género es una categoría dinámica que per-mite analizar la relación varón - mujer, va-rón - mujer, mujer -mujer” (1993: 44).

De lo visto se puede decir que géne-ro no es sinónimo de mujer como se sue-le entender. Género es evitar simplifica-ciones sobre hombres y mujeres; es el en-tendimiento de cómo los factores históri-cos, culturales y socio-económihistóri-cos, afec-tan en las relaciones entre hombres y mu-jeres de diferentes grupos. El enfoque de género y desarrollo implica, entonces, cambiar las relaciones de subordinación no solo del varón a la mujer sino de la so-ciedad en general, ya que las relaciones de género muestran responsabilidades dife-rentes y por ende necesidades distintas que deben ser unificadas o al menos com-partidas para que la relación de género sea equitativa en la pareja, en el hogar, en la comunidad y en la organización a fin de alcanzar un desarrollo local en conjunto.

La igualdad de género compromete dar o asignar roles igualitarios al hombre y a la mujer, esto origina cambios en los modos de pensar y actuar. Hablar de equi-dad “implica también igualequi-dad en la

parti-cipación en las decisiones y el poder”

(Re-bolledo, 1996:59). Esto por supuesto exige un cambio cultural, ya que los roles están asignados en base a la diferencia, si habla-mos de igualdad de funciones para hom-bres y mujeres que antes estaban asigna-dos solo a un género, implica cambiar el modo de pensar y actuar. Esto nos lleva a

afirmar entonces, que el desarrollo de gé-nero con equidad, implica también que las mujeres deben comenzar a participar en la toma de decisiones y alcanzar a ocupar cargos públicos en los poderes locales, lo cual es solo un sueño, porque en el caso es-pecífico de Mulalillo y en la provincia de Cotopaxi, no se ha visto esta iniciativa des-de las mismas mujeres, o si la hay, necesa-riamente debe existir un cambio en el pen-samiento del hombre, mientras ellos no acepten que la mujer es capaz para ocupar estos puestos, no se puede hablar de un de-sarrollo local con enfoque de género. Experiencias de mujeres indígenas en el caso de la UNOCAM

Es importante resaltar el hecho de que como una excepción en las últimas elecciones de 1998, participó una mujer, “Dioselinda Iza, como candidata a la Con-sejería del cantón Latacunga, que a pesar que su capacidad de debate frente a los candidatos hombres fue visible para la asamblea, la ubicaron en el tercer lugar, porque según los hombres: “cómo va a

en-cabezar la lista una mujer - van a pensar que no hay hombres”. Pero tampoco no hay

que negar que falta conciencia en las mis-mas mujeres en el sentido de que tienen derecho a la ciudadanía y a ejercer los de-rechos que los hombres ejercen a nivel po-lítico especialmente, pues es asombroso que las mismas mujeres no crean en la ca-pacidad de la mujer y no apoyen iniciativas de participación política como es el caso de la compañera Iza, que muchas mujeres creyeron que “está loca” si quiere llegar a

ocupar ese cargo. Pues estos paradigmas se deben cambiar no solo en los hombres, si-no, principalmente, en las mujeres. Una vez que las mujeres estén convencidas de su capacidad y lo demuestren, será fácil en-tenderse con los hombres y caminar juntos por un verdadero desarrollo de género.

Por otro lado, es importante anotar la diferencia que hace Sonia Montesino (1996) entre sexo y género: así, el sexo se hereda, mientras que el género se adquie-re a través del apadquie-rendizaje cultural. Esta reflexión abre un camino para construir una identidad de varones y mujeres, y que género se refiere a las diferencias y relacio-nes construidas socialmente entre hom-bres y mujeres que varían por situación y contexto. Enfoque que en desarrollo faci-litará el entendimiento de otras variables sociales a nivel local y global.

La visión de género vista desde el mundo indígena

Particularizando a los indígenas es necesario interrogarse: ¿cómo es visto por los indígenas la situación de género? Se puede decir que el término de género ha si-do introducisi-do desde un pensamiento oc-cidental, porque es un término que en las comunidades se desconoce y se empieza a escuchar con la llegada de las ONG’s o ins-tituciones que vienen de afuera. Algunas investigaciones y estudios realizados de-muestran que las relaciones de género en las sociedades indígenas (como un mode-lo panandino) “están basadas en principios

de complementariedad entre lo masculino y femenino y principios de igualdad, no

jerár-quica, entre los sexos-géneros (…) y en con-textos andino-mestizos, se encuentran que las relaciones entre hombres y mujeres son jerárquicas y desiguales” (Prieto, 1998:19).

Por lo tanto, se puede decir que esta com-plementariedad de hombre y mujer en los indígenas de alguna manera lleva a que se desconozcan las actividades que realiza la mujer y siempre será un complemento frente a los quehaceres domésticos y agrí-colas, pero a nivel político y económico no es considerada ni siquiera como comple-mento porque no se da esa igualdad que se dice tener en los indígenas.

En este sentido, entendido así el de-sarrollo con la participación de género. Es notable la desigualdad y la discriminación de la mujer dentro del proyecto global de la UNOCAM, situación que hizo que las ideas y el pensamiento de la mujer se con-viertan en un proyecto de desarrollo. El reconocimiento de la exclusión de la mu-jer de los beneficios del desarrollo hace que se ponga en práctica la asignación de fondos internacionales para proyectos de mujeres y la constitución de grupos espe-cializados a nivel local o comunal en nues-tro caso, para atender los problemas de gé-nero en el marco de la participación direc-ta de la mujer. Es así que el Grupo de Mu-jeres de Mulalillo surge desde el interior de una OSG mixta, pero luego se indepen-diza para demostrar su capacidad en las actividades económicas encaminadas al desarrollo familiar y local.

Mujeres y acción política en la comunidad

El problema está cuando las muje-res empiezan a tomar liderazgo, más allá de los cursos de capacitación, porque lo que se querían era “aprender participando

en la toma de decisiones”. Entonces la idea

es consolidar los grupos de mujeres por comunidad de base para luego conformar un “Grupo de Mujeres” a nivel de la UNOCAM. Desde donde empiezan a de-mostrar la capacidad que tenían para diri-gir una organización y generar ingresos económicos “visibles” para el hogar, las ac-tividades del hogar eran invisibles. Es así que, “a partir de su actuar conoce su

reali-dad, obtiene una nueva percepción de sí misma, logra una autoevaluación y despier-ta su necesidad de desarrollo individual, fa-miliar, lo que implícitamente conduce a su evolución” (Osorio, 1991:15).

El trabajo del Grupo de Mujeres en este caso viene a constituir una iniciativa para el desarrollo local, ya que han de-mostrado cómo levantar un proyecto sus-tentable. Su experiencia de más de diez años ha hecho que empiecen a valorar lo tradicional de las comunidades e incorpo-rar nuevas prácticas y sistemas de susten-tabilidad apropiada para el lugar, además se están aplicando cultivos que recuperen la fertilidad de la tierra y mejoraría la pro-ducción naturalmente. Si bien es una po-lítica de sustentabilidad establecida por las ONG’s que financian el proyecto, no es

menos cierto que las mujeres han adopta-do y han aceptaadopta-do estos modelos que vie-nen desde afuera, y, que desde su inicio hasta la actualidad apuntan principal-mente hacia el desarrollo económico.

Pero ¿es posible creer en un desa-rrollo local con iniciativas femeninas, si se piensa que el trabajo de las mujeres hay que hacerlo dos veces?

El trabajo de las mujeres en las experiencias de los proyectos de desarrollo

Para cambiar este paradigma sobre las mujeres, en breve señalo las actividades que se realizan en este proceso femenino de desarrollo local: se inició con un pro-grama de huertos familiares, que consistía en sembrar hortalizas para el consumo fa-miliar, capacitación artesanal, agrícola y productivo, salud, etc. Sin embargo, al pa-sar el tiempo se ve que no se han estanca-do en esas actividades, se ha visto la mane-ra de entmane-rar a la actividad pecuaria con la crianza de animales menores, hasta con-vertir el “Fondo Rotativo de Animales Me-nores” en el componente básico del pro-yecto.

Estas actividades se originan con el fin de obtener y procesar un abono orgá-nico propio y mejorar la agricultura, que por ende va a mejorar la condición econó-mica familiar; a esto se han ido sumando otras actividades, pues las mujeres en los talleres y asambleas aprovechan para reali-zar tejidos y shigras que luego entran a co-mercializar conjuntamente con la lana de

borrego que obtienen de los animales que están en el proyecto. Estas y otras activida-des han permitido que formen un gran FONDO DE CRÉDITO, que beneficia a las socias del grupo en calidad de crédito para la compra de tierras, animales, etc.

Este tipo de actividades van dejan-do ganancias hasta que llegan a tener un considerable excedente que aparece in-creíble, pero incluso las mujeres han llega-do a autofinanciar el programa de “re-construcción de viviendas” en solidaridad con las personas que sufrieron consecuen-cias en el sismo de marzo de 1996. Todo esto está articulado a que los beneficiarios se capaciten en diferentes áreas, incluso capacitaron a los albañiles/as para que uti-licen materiales de la zona, y que tengan relación con lo cultural -la tierra, madera en vez de hierro-, además, todas las bene-ficiarias están obligadas a sembrar árboles, realizar trabajos de conservación de sue-los, trabajar con un programa de agricul-tura biológica, etc.

Para cooperar con las mujeres que tienen niños se han instalado centros in-fantiles autofinanciados por las mismas mujeres. Por el momento, han iniciado por autofinanciar la construcción de los reser-vorios de agua para la comunidad e indivi-duales que beneficiarán especialmente a los que viven en las partes secas, ya que po-drán recoger el agua de las lluvias para lue-go utilizar en sus tierras. (Dueñas, Ganlue-go- Gango-tena y Garcés,1998: 18-41).

Dentro de este análisis es importan-te mirar si esta experiencia de desarrollo, está enfocada al progreso sustentable

lo-cal, y si está pensada a largo plazo y en grande, que es lo que exige un proceso de crecimiento, entendido el desarrollo como “el proceso hacia el bienestar” y la susten-tabilidad como la “satisfacción de las ne-cesidades actuales permanentemente, sin comprometer la satisfacción de necesida-des futuras de las presente generaciones y de las que vendrán” (CAAM: 1996). Es ne-cesario mirar si el enfoque de trabajo de las mujeres se encamina entonces al rrollo local que también implica el desa-rrollo político local, así como fortalecer una nueva relación entre los Gobiernos local y nacional, y romper la verticalidad del desarrollo que ha existido entre los de abajo y los de arriba.

Una visión integradora de los proyectos de desarrollo: la acción del Estado dentro de la economía

Por otro lado, es necesario mirar qué enfoque tiene este proceso de desarro-llo, si es desde adentro y hacia adentro, o más bien se trata de una estrategia tal co-mo plantea Prebisch y las políticas CEPA-LINAS en las cuales el desarrollo econó-mico latinoamericano, es “el desarrollo

desde adentro hacia fuera”. Sin olvidar que

el retraso de las periferias que denomina Prebisch -en nuestro caso las comunida-des rurales- se debe a tres características principales: las disparidades de la deman-da entre la periferia y los centros; la infe-rioridad económica y tecnológica de las periferias; y la fragmentación de las peri-ferias en unidades relativamente pequeñas (Sprout, 1993: 319).

Sin embargo, en el caso de las OSG’s y sus comunidades existen otros proble-mas como: la ineficiencia en la adminis-tración económica, ya que ha existido un flujo de recursos que han llegado, pero no supieron aprovechar como en el caso de las mujeres; la falta de la democracia diri-gencial es otra causa para que no se haya logrado el desarrollo esperado; algo que está prendido en las comunidades es no mejorar las formas de desarrollar activida-des conjuntas, muchas veces en la “minga” por el mismo hecho de no tener responsa-bilidades no se ha visto interés en el traba-jo organizativo como es el caso de los vi-veros forestales, semilleros, siembras agrí-colas y frutales; no se ha “arriesgado” a probar las tecnologías de afuera en un in-tento de empatar con la tradicional, se ha resignado a lo que “Dios dé” porque la tie-rra no da más; este pensamiento comien-za a cambiar cuando Mulalillo se transfor-ma en menos de cinco años en una zona importante de la exportación de flores y ha dado trabajo a una gran cantidad de gente de la zona, que antes migraba a las ciudades de Ambato y Quito, no se ha tra-tado los efectos que traerán esas empresas en el futuro.

Desarrollo local y desarrollo global Cuando José Arocena (1995) se re-fiere al desarrollo local, sugiere no llegar al extremo de la autarquía, el desarrollo local no debe concebirse como utopías comu-nitario localistas, como una posibilidad de retornar a formas sociales mejores, en el sentido de que “el pasado fue lo mejor”,

co-mo forma de rescatar los valores comuni-tarios y lograr la participación del pueblo. En ese sentido, será importante que el proceso de desarrollo emprendido por el proyecto de mujeres observe lo que la teoría del desarrollo local sugiere en rela-ción a que:

• El grupo de mujeres debe desarrollar-se dentro de una sociedad local, que significa cumplir con ciertos elemen-tos como: territorio determinado; ri-queza local e identidad en el sentido de pertenencia al territorio.

• La necesidad de la concertación que haga compatibles los intereses de los diferentes actores. En el sentido de que la concertación permite convocar a la acción interinstitucional y llevar alante las propuestas locales con la de-bida participación de los actores loca-les. Es decir, que la participación de los actores sociales -individuos, grupos o instituciones que actúan dentro de la sociedad local- debe ser desde el inicio de la planificación en una relación ho-rizontal entre actores locales e institu-ciones públicas y privadas, pues la identificación de necesidades debe sa-lir de esta concertación y participación directa de los beneficiarios.

• La participación no debe entenderse