Capítulo 3. Construcción de ciudadanía a partir de la
II. Período de la hegemonía militar (1930-1983)
II.4. Crisis del Estado benefactor
A mediados de la década de los 70, el modelo benefactor en el ámbito internacional comenzó a mostrar marcados signos de agotamiento y en nuestro país encontró su momento más crítico a partir de 1975, cuando la Argentina ve quebrarse su ciclo de crecimiento sostenido para ingresar en un período de estancamiento, desinversión y desin- dustrialización en el que se mantendría hasta el inicio de los 90.
Tres tipos diferentes de gobierno administraron la crisis del Es- tado benefactor: el gobierno peronista (1973-1976), el gobierno mili- tar (1976-1983) y el gobierno radical (1983-1989). Aún con políticas de distinto signo (algunas de las cuales muchas veces no llegaron a plasmarse), se generaron las condiciones para el posterior surgimiento de un nuevo tipo de Estado: el Estado post-social o neoliberal (década 1990). Daniel Filmus (1999) propone caracterizar a la educación de este período en tres momentos: educar para la liberación, educar para el orden y educar para la democracia.
II.4.1. Educar para la liberación (1973-1976)
Durante el primer tramo del gobierno peronista la educación fue con- cebida como un mecanismo eficaz para la redistribución de bienes eco- nómicos y oportunidades sociales y como instrumento de concientiza- ción respecto del Proyecto Nacional.
El papel de la educación como derecho social recuperó la cen- tralidad, ya que el Plan Trienal 74/77 priorizó la expansión del nivel primario y la educación de adultos. Para garantizar el cumplimiento de estas políticas se procuró complementarlas con un conjunto de es- trategias sociales (alimentarias, sanitarias). La función política de la educación estuvo reforzada en su papel ideológico, teniendo como principal objetivo la liberación nacional, lo que implicaba la naciona- lización de la educación a través de la construcción e integración a la dinámica social de los considerados auténticos valores de la comuni- dad nacional. Este período tuvo como contexto la movilización social y la protesta obrera, estudiantil y popular, así como diversos modos de crítica al orden establecido.
Educación Democrática fue reemplazada por Estudio de la Rea- lidad Social Argentina-ERSA.5 Hasta ese momento el civismo nunca
había registrado un giro tan notorio. La prédica del buen ciudadano/ buen patriota era desplazada del centro de la escena por un discurso dirigido a los jóvenes con ejes claramente centrados en la dicotomía liberación/dependencia. Esta alusión tenía referencia clara en el desa- rrollismo llevado adelante en otros países latinoamericanos, según una visión del proceso regional como proceso de lucha de un conjunto de países con conflictos coloniales contra el imperialismo.
Al mismo tiempo, y complementariamente, prevalecía un dis- curso de ruptura con el subdesarrollo en función de una alianza de clases (concretada inicialmente –y por poco tiempo– con el Pacto So- cial) y de motorización el desarrollo interno. En este orden, en nuestro país se iniciaba un proceso de reconstrucción y liberación nacional asentado sobre los siguientes principios básicos: independencia econó- mica, justicia social, cultura nacional e integración nacional.
II.4.2. Educar para el orden (1976-1983)
La muerte del general Perón marca el inicio de otra etapa en la cual el objetivo central de la política educativa se constituyó en torno de la necesidad de restablecer el orden. La intención de disciplinar y orde- nar el funcionamiento de las instituciones educativas –y a través de ellas, de la sociedad– pretendía atenuar el clima de caos y violencia generalizada imperante en el conjunto de las relaciones sociales. El orden instrumental hace referencia al conocimiento educacional pú- blicamente validado y se expresa en la definición del currículum y en las formas de transmisión pedagógicas. Las estrategias estuvieron cen- tradas en la exclusión de los docentes y contenidos curriculares que no brindaran garantías ideológicas, el vaciamiento de los contenidos so- cialmente significativos y de los modos procesuales de construcción del conocimiento imprescindible para una participación social plena, y la distribución, a través del currículum oculto, de pautas de sociali- zación individualista y falsamente meritocráticas.
El orden expresivo, por su parte, se refiere a la transmisión de valores y se encuentra más vinculado con las formas de disciplina que se definen en la organización de la escuela, en la relación de las institu-
ciones con el exterior y en los ritos que rigen su comportamiento coti- diano. Las principales políticas desarrolladas fueron: la clausura de los mecanismos de participación especial en la orientación y conducción del sistema educativo, el disciplinamiento autoritario de todos los agen- tes comprometidos de ese sistema y la transferencia de la lógica buro- crática al ámbito escolar.
Una de las consecuencias del Proceso de Reorganización Na- cional implantado tras el golpe militar de 1976 fue el deterioro de la calidad de educación. La corrupción y la especulación financiera se generalizaron en el ámbito público y privado. Los cambios producidos en la estructura del Estado fueron generando las condiciones para el ocaso definitivo del Estado de bienestar.
En opinión de Di Tella (1986: 298-303), el proceso iniciado en 1976 constituyó una intervención transformativa que tuvo la supuesta intención de construir una nueva Argentina a través de la moderniza- ción de la economía, el disciplinamiento de los sindicatos y la liquida- ción de la subversión izquierdista. Asimismo, Cavarozzi (2006) carac- teriza este régimen como autoritario refundacional, por su propósito de transformar al conjunto de la sociedad argentina e imponer un or- den económico y social ortodoxo que eliminara todo vestigio de las políticas populistas del peronismo.
El contexto regional e interno de la segunda mitad de los años 70 y la presencia de la actividad guerrillera, motiva a los militares ar- gentinos a adoptar la doctrina de contrainsurgencia, el eje más conser- vador de la Alianza para el Progreso. Esto significaba que la Doctrina de la Seguridad Nacional y el Desarrollo pasarían a ser la Doctrina de la Seguridad Nacional a secas. Bajo la consigna de aniquilar la subver- sión se llevó adelante, desde el Estado, un plan de secuestro, tortura y muerte de militantes de agrupaciones guerrilleras peronistas y marxis- tas, ejecutado mayormente en forma clandestina. Fue parte de un plan en escala continental que buscaba implementar políticas económicas contrarias al interés mayoritario en el marco de una sociedad silencia- da por las armas.
No menor fue el impacto que el Proceso ejerció en materia edu- cativa: cual topadora puso bajo sospecha el pensamiento y la producción del conocimiento. Las universidades fueron intervenidas a fin de preve- nir que desde la alta casa de estudios se alimentara el disenso y movili-
zaran voluntades contrarias al proyecto de los hombres de armas. El pensamiento, en tanto ejercicio de libre expresión de ideas, se había convertido en una actividad casi suicida; el juicio crítico era un arma poderosa que debía aniquilarse; había que controlar exhaustivamente la producción bibliográfica y la lectura, so pena de muerte para quien poseyera textos prohibidos.
El día 2 de agosto de 1976 la Junta Militar aprobó el Docu- mento Proyecto Nacional.6 Para justificar su contenido, los ideólogos
del régimen recurrieron a frases de hombres que habían pensado en un país distinto. Así, tomaron como bandera el axioma de José de San Martín «Serás lo que debas ser o no serás nada», mientras continuaban afirmando que los «próximos veinte años serán decisivos para que la Argentina sea lo que debe ser en el siglo XXI». Los miembros de la Junta trasladan a las escuelas su preocupación por el orden y la crisis de valores, retomando concepciones nacionalistas y de reivindicación de la prédica militarista. El eje de sus políticas no fue realizar modifica- ciones sino establecer el control de los estudiantes, sus actividades y la reimplantación de los valores occidentales y cristianos.
El programa de Formación Cívica de 1976 establecía los si- guientes puntos:
1º año. 1- El hombre y el medio natural. 2- El hombre y el medio social. 3- El hombre y su vida en comunidad. 4- El hombre, necesidades y actividades económicas. 5- Ideales de vida en el mundo antiguo y medieval. 6- La comunidad en que vivimos.
2º año: 1- Los recursos naturales en el mundo moderno. 2- La organización social moderna. 3- Los sistemas de gobierno en el mundo moderno. 4- El hombre: necesidades económicas. 5- Ideales de vida en el hombre moderno. 6- La comunidad inter- nacional.
3º año: 1- El paisaje del hombre argentino. 2- La familia ar- gentina. 3- El Estado argentino. 4- El hombre argentino: nece- sidades y actividades económicas. 5- Ideales de vida del hom- bre argentino. 6- Argentina en el mundo de hoy. (Programa de Formación Cívica, 1976)
Repárese en las connotaciones individualistas: el hombre vive en una comunidad, no la integra; la apelación a la modernidad, en consonan-
cia con la adopción de políticas económicas neoconservadoras, y la argentinidad, vinculada con las nociones de particularización humana indispensables para separarla y protegerla, en tanto idea e ideal.
El Estado terrorista cobró entre sus principales víctimas a los jóvenes. Según los cuadros estadísticos proporcionados por el informe
Nunca más,7 casi el 45% de los desaparecidos por el terrorismo de
Estado se hallan en la franja etaria de los 16 a los 25 años, y un 26% restante se ubica entre los 26 y los 30 años. El hecho, entre tantos otros, tristemente conocido como La noche de los lápices, en el que varios adolescentes que habían participado de una marcha por el bole- to estudiantil fueron secuestrados de sus domicilios, torturados y ase- sinados por las fuerzas armadas, se constituyó en paradigma de esa época. La brutal represión y el terrorismo de Estado fueron las vías privilegiadas para arrancar del espacio y del imaginario social las expe- riencias de participación y movilización masivas.
Los diversos hechos, a los que puede sumarse también la guerra de Malvinas (1982) en tanto acción del Estado que implicó la muerte de centenares de jóvenes, parecieron consolidar en el imaginario social la idea de una fuerte imbricación entre la juventud –sobre todo la que participa políticamente– y tragedia. La instalación de ese supuesto viene a sumarse a toda una serie de representaciones de disvalor hacia la juventud pretendiendo instalarlos en el campo de las imposibilidades. La cristalización de esos discursos parecía tener (y parece, ya que se trata de discursos profundamente instalados en la sociedad, que co- bran vigencia según actores y circunstancias) por objetivo la paraliza- ción del accionar político de esta franja etaria.
Una multiplicidad de causas, que aún hoy son tema de debate, como la guerra de Malvinas, la crisis económica, la protesta sindical, la presión de los partidos políticos, la acción de organizaciones de dere- chos humanos, provocan la caída del gobierno militar.