C. cuenta que luego de un accidente se le produjo un daño en el hueso del cráneo, dejándole como saldo una "depresión". En con gruencia con ese relato, G. expresa que lleva consigo "una herida que no cicatrizará jamás". Más adelante, volverá C cerniendo esa insis tencia, que bajo el significante "depresión", velaba el dolor de existir; mientras que G. se referirá en esa abertura (la herida), al acento de certeza al que lo convoca la realidad cotidiana (nunca había podido enunciar hasta aquí el hecho de llegar a cualquier lugar y percibir en el ambiente algo que tiene que ver con él, es decir, que le concierne). Michael Stone, uno de los pocos psiquiatras que se han atrevido a pensar, en los términos actuales de la especialidad, el pesimismo terapéutico reinante en el terreno de las caracteropatías, divide el Q espectro de "tratabilidad" en tres grandes zonas:
R e g i ó n C
Región B
En la región A, los pacientes tratables, C intratables y B lo que él llama la "zona gris", en referencia a que se obtiene de allí un "éxito más incierto". En la región C, los "intratables", pueden ser subdivi didos en "salvables" e "insalvables", siendo estas distinciones tami zadas por el concepto de psicopatía -distinción si las hay, más cerca na al prejuicio moral que a la evidencia clínica25. La recuperación, en el caso de los salvageables, está motivada por el factor "prosocial", mientras que en el caso de los unsalvageables, el espectro narcisista es el que rubrica la categoría. Para los primeros, aquellos que tuvieron una evolución favorable, y que sin embargo no recibieron tratamien to alguno, muchas veces fueron "salvados" por ciertas contingencias.
"El destino cura a menudo enfermedades mediante conmocio nes felices, por la satisfacción de necesidades, la realización de deseos; con él no puede competir el médico, que, fuera de su arte específica, suele estar condenado a la impotencia".26
En cuanto a la región B, resulta interesante el hallar como factor contributivo (del éxito terapéutico) al entusiasmo del terapeuta27. Más allá del magro aporte que realiza este libro a la clínica y el realismo ingenuo que lo sustenta, posee el valor de haberse adentrado hacia una variable no desdeñable en la práctica: el deseo del profesional. A punto tal que sin saberlo, invita a colegir lo siguiente: que lo tratable o lo intratable, en esa "gray zone" puede ser zanjado por el deseo del terapeuta.
25 Observemos por un instante el concepto de psicopatía aportado por Kurt Schneider (autor llamativamente obviado por Stone) donde el criterio adopta do para su definición -y lo dice con todas las letras- es "con arreglo a un punto de vista de valoración de índole muy relativa (sociológica)". Por lo que el tra tamiento, propuesto por el psiquiatra germano, es más bien de índole peda gógica o coercitiva que meramente médico. Cf. S ch n eid er, K., Patopsicología
clínica, Ed. Paz Montalvo, Madrid, 1975, págs. 33-61; y en Las personalidades psi copáticas, Marata, Madrid, 1962, pág. 27 y sigtes.
26 F reu d , S., "Psicoterapia (Tratamiento por el espíritu)" (1905), t. I, XXIV, en:
Obras completas, Amorrortu, Bs. As., 1980, pág. 1021.
27 "(...) a couterintuitive factor, duch as the therapist's 'youthful enthusiasm' might also have an effect". Cf. Stone, M., "Personality disorders patients. Treatable and untreatable", American psychiatric publishing, 2006, pág. 220. 43
P s i c o s i s a c t u a l e s
. L im a Q u i n t a n a , R . G ó m e z Q u a r e l l o , J, F a r a o n i, E . V a s c h e t t o
Podríamos pensar así, que aquellos pacientes que para nosotros mismos habían sido alojados en la región C como intratables, pudie ron ubicarse en esta región intermedia produciéndose una inversión del vector terapéutico: ahora somos los profesionales los que tene mos que curarnos del furor sanandi.
El poder soportar ese espacio y la asombrosa disposición de los concurrentes al mismo, fueron provocados (es una de nuestras hipó tesis) por una versión del deseo del analista, como aquel deseo de obtener lo incurable. Son estos sujetos, despreciados por no ser ana lizables y desdeñados por nuestra infatuación, quienes pueden ense ñarnos a los psicoanalistas acerca de eso, y en la misma medida, a curar del deseo por curar.
Si el psicoanálisis viene dando, sin lugar a dudas, una respuesta inédita al sufrimiento del hombre, es porque desde su surgimiento se detuvo en las venas de esa subjetividad marginal, develando lo que es la estructura del deseo a una profundidad inesperada28.
La institución médica con sus reglas y normativas no había logra do alojar lo que podríamos llamar la errancia de estos pacientes, empe ro bajo el nombre de refractarios se propició un modo de nominar eso que no tiene nombre y que desobedece las categorías psiquiátricas. Fue la invención de un nombre provisional lo que produjo, en suma, un efecto de comunidad alojando esa errancia asubjetiva29.
Será nuestra tarea de investigación el poder hallar bajo el nombre indistinto30 que aloja esa errancia (ser "refractario"), el trazo singular que ancla el goce de cada quien.31
Bibliografía
Aramburu, J.: El deseo del analista. Capítulos: "El deseo del analista y la pul sión" y "El deseo del analista". Tres Haches, Bs. As., 2004.
Miller, J.-A.: La erótica del tiempo. Capítulos: "7 de abril de 2000" y "8 de abril de 2000", Tres Haches, Bs. As., 2001.
Cottet, S.: Freud y el deseo del psicoanalista, Capítulos XV y XVI, Manantial, 1991.
La c a n, J.: El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoa
nálisis, "La excomunión", Paidós, Bs. As., 1991.
28 L a c a n , J., "Variantes de la cura-tipo", op. cit., pág. 330.
29 Al decir de Alexandre Stevens son los sujetos "que encuentran su regla en la errancia misma". Cf. Stevens, A., "Uerrance du toxicomane", en: Paradis toxi
ques, Rev. Quarto N° 79, Juin 2003, págs. 24-26.
30 Cf. M iln e r, J. C., Los nombres indistintos, Paidós, Bs. As., 1998.
__ 31 Agradecemos la colaboración del Dr. Curt Hacker por sus esclarecimientos 44 acerca de la obra de W. Reich y los generosos aportes de Germán García.