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D EL AMOR DE LA ESCRITURA A LA ESCRITURA DEL AMOR

In document Rezar 15 Días Con Etty Hillesum (página 75-83)

Esta tarde, estuve mirando unas estampas japonesas con Glassner. Impactada por una evidencia repentina: Así quiero escribir. Un amplio espacio en torno a pocas palabras. Odio el exceso de palabras. Querría escribir sólo palabras engarzadas orgánicamente en un gran silencio, y no palabras que están allí para dominar y desgarrar el silencio. En realidad, las palabras deben acentuar el silencio. Como esa estampa con una rama florida en el ángulo inferior. Algunas pinceladas delicadas—pero ¡lo que hizo el más pequeño detalle!—y en derredor un gran espacio, no un vacío, sino digamos mejor: un espacio inspirado. Odio la acumulación de palabras. Hacen falta tan pocas palabras para decir las grandes realidades que importan en la vida. Si algún día escribo (¿y qué escribiré exactamente?), querría trazar de esa manera algunas palabras con un pincel, sobre un gran fondo de silencio (121).

El 26 de mayo de 1942, Etty escribía: volviendo a casa por la

tarde, en la noche cálida, al mismo tiempo ligera y pesada por haber bebido un Chianti blanco, volví a encontrar de repente, fugazmente, la certeza de que, en este momento preciso, el tener una lapicera ha desaparecido otra vez: un día seré escritora (116).

Etty escribe regularmente desde el 8 de marzo de 1941, en que comenzó a redactar las primeras palabras de su diario. Con el paso del tiempo, comprobó los beneficios de este “método” que consiste en conversar con uno mismo y con su Dios sobre el camino trazado por algunas líneas azules. Necesidad de las palabras a la que se somete, no para hacer una obra literaria, sino para extraer del magma los contornos de su propia forma.

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Pero, cuando encuentra poco a poco esta forma gracias a sus Cuadernos, Etty siente cada vez más que en ella crece un

sentimiento de obligación con respecto a su talento creador, tal

como ella lo llama. Descubre en ella la misión de escribir y de ser así fiel a lo mejor de sí. Pero hete aquí que este deseo poderoso de escribir busca a tientas el camino de su realización. Oh Dios, tómame

con tu mano grande y haz de mí tu instrumento, hazme escribir […] Ignoro cómo realizar mi deseo de escribir. Todo es aún demasiado caótico, y me falta la confianza en mí, o más bien, la necesidad urgente de decir algo (41). Etty presiente que la fidelidad a su

talento de escribir debe ir más lejos que sus notas del diario, aun cuando ignore de qué manera. Dedicarse a esa tarea no le resulta fácil. Me divido y me ofrezco para compartir una multitud de

simpatías, de impresiones, de seres y de emociones que se fundan en mí. […] No me alcanza el vivir de todo eso. Es necesario agregarle algo de mi invención (229).

Cuando leemos a Etty, acogemos las palabras que nos ha dejado. Pero alrededor de esas palabras, descubrimos su aspiración a escribir otras palabras, aquellas que nunca escribirá. Noticias, novelas, crónicas, historias, están aquí y allá remotamente vislumbrados, pero en definitiva no pondrá en práctica ninguna de esas formas literarias. Y nos encontramos en presencia de un misterio. Las palabras que Etty no había a priori destinado a la publicación nos salen al encuentro y las que habría soñado escribir nunca han visto la luz, haciendo decir agradablemente a Sylvie Germain: “los relatos vislumbrados han quedado en los limbos de la tinta, se han deslizado en lo concreto de los días, en lo profundo de su carne, y es en ese espacio inspirado que ha construido en ella, donde la obra se llevó a cabo.” ¿Por qué caminos misteriosos esta obra se cumplió? Un misterio se contempla más que se explica. Algunas palabras pueden al menos intentar ayudarnos…

Etty tiene la escritura trenzada a su cuerpo. La perspectiva de ser un día totalmente privada de papel y lápiz le cuesta. Tan

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grande es su necesidad de hacer regularmente un balance consigo misma. Al mismo tiempo, a medida que la carga dramática de los acontecimientos aumenta, presiente confusamente que sus proyectos de escritura podrían ser cortados de raíz. Y escribe, a menos de dos meses de su deportación, estas palabras tan profundamente significativas: Puede ser que no llegue nunca a ser la

gran artista que querría ser…

Esta toma de consciencia que tiene no es sólo guiada por la aceleración trágica de los hechos, aunque ésta evidentemente se incluya. Diríamos que se alcanza una nueva etapa, como si Etty accediera a un nivel en el que el crecimiento interior que experimenta implicase una tal ganancia que hiciese palidecer los proyectos que más quería. Se da cuenta de que todo intento de expresión está como absorbido en el orden de un descubrimiento que no encuentra más su medida en el lenguaje. Su energía creativa se transforma así en intercambios con el Huésped interior: dulces tuteos de corazón a corazón.

Una palabra, siempre la misma, se le hace presente a su espíritu y nos da testimonio de que todo su ser se unifica y se simplifica en un solo impulso: Dios. Querría a veces escribir

pequeños aforismos y pequeñas historias vibrantes de emoción, pero la palabra primera que me viene al espíritu, es siempre la misma: Dios; contiene todo y hace que todo el resto sea inútil. Y toda mi energía creativa se convierte en diálogos interiores conTigo (317).

Paradoja de una gran belleza: constatamos que Etty no renunciará a estar dentro de una dinámica prospectiva y creadora con relación a la escritura. Al contrario, tan lejos como podemos avanzar, la vemos escribir. Desde Westerbork envía a sus íntimos cartas agudas, crónica de una realidad que supera la ficción; y aún en el tren de la deportación, desde el cual arrojará su última carta por una ranura del vagón, atestigua así su deseo de comunicar hasta el fin.

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Sencillamente, su aspiración a escribir ha comenzado a revelar su verdadera amplitud. Desde ahora, la obra continuará con la tinta de su vida: tintas roja y blanca. De sangre y silencio. Entra, desde este momento, en una dimensión que se escurre inalcanzable, allí donde sólo el Amor accede.

Un día, admirando unas estampas, Etty había sido repentinamente impactada por la evidencia del despojo de estas:

Así quiero escribir. Un amplio espacio alrededor de pocas palabras.

Después de casi cuarenta años, las palabras de Etty serán como una alhaja engarzada en un estuche de gran silencio. Luego, de repente, por los avatares de curiosas peripecias editoriales, saldrán de la noche para irradiar su fuerza de luz viva, haciendo de nosotros el “buen puerto” de una palabra, que no nos estaba destinada…

Si escribo algún día…querría trazar de esta manera algunas palabras con un pincel sobre un gran fondo de silencio. Camino

inesperado de un cumplimiento que sobrepasa lo que el deseo de Etty había soñado…

* * *

¿Tengo un deseo personal profundo que no logra realizarse o cuya realización, al menos a primera vista, no toma el camino esperado?

¿Puedo pedir a Dios esta confianza y esta libertad de corazón que dice a la vez y con la misma fuerza: querría… y… puede

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D

ÍA

15:

U

N DIÁLOGO ININTERRUMPIDO CONTIGO

Dios mío, tómame de la mano, te seguiré con valentía, sin mucha resistencia. No me sustraeré de ninguna de las tormentas que arreciarán sobre mí en esta vida, soportaré el impacto con lo mejor de mis fuerzas. Pero dame de tiempo en tiempo un breve instante de paz. Y no creeré, en mi inocencia, que la paz que descienda sobre mí vaya a ser eterna, aceptaré la inquietud y el combate que vengan después. Me encanta resguardarme en el calor y la seguridad, pero no me rebelaré cuando tenga que afrontar el frío, siempre que me guíes de la mano. Te seguiré a todos lados e intentaré no tener miedo. Donde esté trataré de irradiar un poco de amor, de ese verdadero amor al prójimo que hay en mí. (...) No quiero ser nada especial. Quiero solamente intentar llegar a ser aquella que ya existe en mí, pero que busca aún su pleno desarrollo (78).

Tú que me has enriquecido tanto, Dios mío, permíteme también dar a manos llenas. Mi vida se ha transformado en un diálogo ininterrumpido contigo, Dios mío, un largo diálogo (316-

317)

Dios mío, tómame de la mano, te seguiré con valentía, sin mucha resistencia... soportaré el impacto con lo mejor de mis fuerzas.

Sólo los escritos surgidos de las profundidades del ser tienen la capacidad de anticipación que cargan las palabras de un despliegue que las excede. Te seguiré con valentía... Te seguiré a todos lados... Promesa. Pacto sellado en lo íntimo del corazón de Etty, donde Dios se encuentra misteriosamente comprometido. “Ponme como un sello sobre tu corazón” dice la amada del Cantar de los Cantares (8, 6). Contra ese sello, ¿qué pueden encontrar los infiernos sino el amante y la amada cada vez más unidos?

Es el 7 de setiembre de 1943, en Westerbork. Etty recorre el “boulevard de convoys” que ha descripto hace apenas 15 días con

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su estilo inimitable. Charla alegremente, ríe, tiene una palabra agradable para todos los que se encuentra. Se deshace en humor, un humor, por cierto, ligeramente teñido de melancolía, pero finalmente es Etty tal cual los cercanos la han conocido. Sin embargo, el anuncio repentino de la decisión de su deportación le ha hecho el efecto de un golpe en la cabeza, dejándola literalmente abrumada. En menos de una hora, no obstante, se rehace y enfrenta la nueva situación con una rapidez increíble.

Esto lo conservamos, palabra por palabra, gracias al testimonio de uno de sus amigos de la última hora, Jopie Vleeschhouwer (cf. NG 712). Confía a este amigo que lleva consigo sus últimos cuadernos. En el tren de carga que la arrastra allí donde las palabras enmudecen, Etty lleva, sin embargo, sus últimas notas. El secreto que encierran estará bien guardado para siempre. Para adivinarlo, quizá será necesario familiarizarnos con el silencio en el que desde ahora se sumergirá. Última certeza material: el silbido agudo de un tren que comienza a moverse y un “adiós” final de Etty. Quedándonos “en el andén” nos sentimos un poco como sus amigos cercanos, aturdidos y despojados. El mismo día, Jopie, sin embargo, escribe: “Experimentamos un sentimiento de pérdida, pero no nos sentimos con las manos vacías”. Y también: “Una amistad como la suya no se pierde”. Nuestra mirada intenta seguir el surco dejado por su partida. Vamos a viajar tres días, dice en su última carta. Horas de transporte en la exigüidad, el frío, las fiebres, las angustias de unos y de otros, y una ausencia total de higiene... En realidad, no podemos hacernos sino una pálida idea de ese “tren infiernal” arrojado hacia Polonia.

¿Qué vivió Etty en las once semanas de su vida: entre el 7 de septiembre y el 30 de noviembre de 1943, fecha en la que morirá según un comunicado de la Cruz Roja? ¡Estamos obligados a no saberlo, aún cuando el lugar de su destino nos lo deje imaginar! Auschwitz, dos sílabas que golpean en nuestra memoria como el recuerdo de la infamia y la abyección más innombrable. ¡Auschwitz-

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Birkenau, el campo de concentración nazi más grande, donde hasta 20.000 hombres, mujeres y niños eran incinerados por día!

Un horror tan absoluto al que los superlativos no llegan a describir. A causa de una maquinación innoble y premeditada del hombre contra el hombre, cientos de millares de personas fueron muertas . Los cómplices: el hambre, el frío, las epidemias, los “experimentos médicos”, los trabajos forzados. En las cámaras de gas, vidas humanas son exterminadas por racimos. Cuántas existencias particulares y rostros únicos llevados a la máquina de triturar de un sistema orientado hacia la destrucción metódica de un grupo humano. Genocidio, ¡“solución final”, dicen también las palabras en su frialdad vertiginosa!

Entre esas muchedumbres inocentes, una joven mujer judía, llena de sol en su interior: Esther Hillesum, 29 años. Esther anónima, Esther de nobleza real, como su hermana judía de las Escrituras del primer Testamento...

Se puede cambiar su nombre por un número, despojarla de sus palabras y de sus libros, arruinar su salud a fuerza de un trabajo agotador, aplastar su sonrisa bajo la bota del cinismo y las humillaciones, aniquilar a los suyos, pero no se podrá quitar ese tesoro sin precio que ella lleva en sí y que tiene cuatro letras que lentamente ha aprendido a pronunciar: DIOS. En cualquier lugar de la tierra donde sea llevada, ella sabe que Él es transportado en ella, como en esos innumerables rostros con los que se cruza alrededor de ella.

Cuando toque la hora del mayor despojo y en la cual todos sus apoyos humanos le sean quitados, ¿cómo continúa avanzando? Nos faltan las palabras. Quizá la expresión de un poeta que conoció los horrores del secuestro pueda suplir nuestra indigencia…

“Mi alma está desasida De toda cosa creada Y sobre sí levantada Y en una sabrosa vida Sólo en su Dios arrimada.

80 Por eso ya se dará

La cosa que más estimo Que mi alma se ve ya Sin arrimo y con arrimo.”

(Juan de la Cruz, glosa “A lo divino”) ¿“Quién es esa que sube por el desierto, apoyándose en su amado?” canta el coro en el Cantar de los Cantares. En medio de una noche de octubre de 1942, un año antes de su deportación, Etty de repente constató que no permanecerían más que Dios y ella, solos. Por dos veces ella lo señala. Dios y yo solos ... En el presente

totalmente sola para Él solo (NG 577-578). He aquí que la

precipitación de los hechos acaba por despojarla y de exponer su fe al riesgo de esa soledad desnuda. Hora crucificante donde el corazón se dobla como una caña sin romperse, aun cuando no se siente, cuando no se comprende...

“Sin arrimo y con arrimo, sin luz y a oscuras viviendo, todo me voy consumiendo” dice el poeta.

Mi vida se ha transformado en un diálogo ininterrumpido contigo... Un largo diálogo, del cual es bueno que los últimos

intercambios permanezcan en el secreto de Etty y su Dios.

Siempre que guardemos para nosotros la preciosa confidencia de los caminos de ese diálogo: Una vida transformada en oración, una oración transformada en vida...

He roto mi cuerpo como el pan Y lo he repartido entre los hombres.

Etty Hillesum, Martes 13 de octubre de 1942 Última página de su diario.

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NDICE

Referencias biográficas... 1

Rezar con Etty durante unos días... 5

Día 1: Mi cerrazón interior ... 11

Día 2: Una hora de paz, eso se aprende ... 15

Día 3: Hineinhorchen: “escuchar en lo interior”... 19

Día 4: Perdonar los límites a mis padres ... 23

Día 5: Sola. Estoy confiada a mi único cuidado ... 29

Día 6: Compartir el destino colectivo ... 33

Día 7: Cada día digo adiós... 37

Día 8: Transformar la adversidad ... 41

Día 9: Voy a ayudarte a que no te apagues en mí. ... 47

Día 10: A cada día le basta su pena... 53

Día 11: ¡Encuentro la vida tan bella!... 57

Día 12:No querer las cosas, sino dejar que ocurran ... 63

Día 13: Darte a luz en el corazón de los otros ... 67

Día 14: Del amor de la escritura a la escritura del amor... 73

In document Rezar 15 Días Con Etty Hillesum (página 75-83)