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S OLA E STOY CONFIADA A MI ÚNICO CUIDADO

In document Rezar 15 Días Con Etty Hillesum (página 31-39)

El nacimiento a una verdadera independencia interior es un proceso lento y doloroso. La certeza cada vez más firme de no tener que esperar nunca de los otros la ayuda, el sostén ni el refugio. Los demás son tan inciertos, tan débiles, tan desprovistos como uno mismo. Deberás ser siempre la más fuerte. No creo que esté en tu naturaleza el encontrar en otros las respuestas a tus preguntas. Siempre volverás a remitirte a ti misma. No hay nada de eso en los otros. El resto es una ficción. Pero el ser llevada una y otra vez a esa verdad es duro (...) Y mientras se descubre a los vientisiete años estas “verdades” tan duras, eso te llena por momentos de desesperación, de soledad y de angustia, pero te da también un sentimiento de independencia y de valor. Estoy confiada a mi único cuidado y deberé bastarme a mí misma. El único criterio del cual dispongo, es a mí misma. No ceso de repetirlo. Y la única responsabilidad de la cual podrás cargar en esta vida es la de tu persona. Pero entonces será necesario hacerlo plenamente. Y ahora voy a llamar por teléfono a S. (69)

Etapa llamativa e indispensable en el camino de Etty como en toda vida espiritual: aprender a estar solo. Sin ese aprendizaje, nuestras relaciones con los otros y con Dios están infectadas por la posesividad. ¿De dónde proviene esa sutil atadura que arrojamos sobre los seres, esa voluntad de mantener constantemente al otro en nuestro campo visual o de querer que nos mantenga en el suyo? De un temor visceral, inaudito, el de encontrarse solo y abandonado, pero también casi todo pánico es el reverso de un deseo de una sed absolutamente insaciable, la de ser amado. Nuestro miedo al abandono se alimenta con frecuencia de heridas antiguas vividas en la infancia. La angustia de ser rechazado y la expectativa frustrada de seguridad y de simpatía que la acompañan

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pueden empujarnos a sostener una dependencia enfermiza con los otros: la duda, la culpabilidad, las frustraciones alteran así nuestras relaciones con los demás. Etty sabe de esto ...

Reconociendo este tormento ella comienza a salir de allí. Ella hace esta constatación al comienzo de su Diario: Un ligero

cambio de la escala de valores en mi vida. Y precisa que de ahora en

adelante, el rostro de Spier aparecería constantemente en sobreimpresión con los autores que estudia, aunque ella no pueda continuar su tarea; en tanto que para continuarla, ese rostro estará siempre allí pero como un paisaje amado y familiar en el trasfondo.

De ahora en adelante, cuando ella encuentre bella una flor, ella querrá estrecharla sobre su corazón o comerla. Y del mismo modo, al contemplar el follaje de un árbol en el crepúsculo: lo que encuentre bello, desea tenerlo, engullirlo. Reconoce que esto la agota... Una especie de placer egoísta, advierte, es decir, una manera de excitarse indefinidamente para producir un gozo estéril que no puede más que exacerbarse sin apaciguarse jamás. Pero de pronto todo cambia.

Ella ignora por qué caminos interiores. Pero el cambio está allí, evidente. Así lo demuestra la capacidad de análisis con la que puede retrospectivamente releer un acceso de celos hacia Spier: Me

ha tocado en lo más profundo de mi ser... No querría que estuviera en mí, y yo odiaba todas esas mujeres con las que él había hablado,... ¿Qué me queda para mí? Me sentía desdichada y solitaria ... (23).

Etty se da cuenta de que la misma escritura puede ser una manera secreta de buscar apropiarse de las cosas por medio de las palabras y de las imágenes. De ese modo se obra en ella el comienzo de un nacimiento a una verdadera independencia interior. Ella se experimenta liberada de su afán posesivo y se alegra de constatar ese progreso, aún cuando no siempre lo haga sin dolor. A pesar de las oleadas de soledad, de desesperación y de angustia que a veces refluyen , levanta la cabeza sobre su libertad naciente, descubriendo que el único criterio del cual ella dispone, es de sí

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sería más que un soberbio aislamiento el corazón que ella descubre está, por el contrario, lleno de pasión, pero nunca para un

solo ser sino más bien para desplegar la única responsabilidad que ella descubre en sí, la de su propia persona.

Solamente ..., precisa, será necesario asumir plenamente esta responsabilidad. Y abrir el campo de su responsabilidad aquilatando su elección libre en toda dirección: llamar por teléfono a Spier, no dejarse contaminar por el abatimiento por las personas con que se encuentra en ese tiempo de humillaciones, concederse una media hora de depresión y de angustia pero no más, guardar por escrito las novedades cuyos títulos ya la habitan, adivinar el origen de sus accesos de gula...

Pero debajo de este fondo de independencia interior creciente, se dibuja en ella una decisión más importante: el

“casamiento” con Spier lo que los buenos burgueses llaman matrimonio no lo quiero. Es precisamente la idea de tener que hacer sola mi camino lo que me da un sentimiento de fuerza. Una fuerza alimentada paso a paso por el amor que experimento por él y por los otros ... Prefiero estar sola, pero estar allí para todos (197).

Sola, pero para todos ... Cuando para Etty llegue la hora de

vivir hasta el extremo este descubrimiento, la encontraremos capaz de enfrentarlo. En nombre de la apertura de su capacidad de amar que surge en ella hacia la humanidad entera, tendrá la fuerza de alejarse de Spier, debilitado por un cáncer de pulmón, en un momento en el que una compasión demasiado sentimental le habría aconsejado permanecer cerca de él en Amsterdam. Ella hará su camino, segura de que la distancia más corta entre dos seres pasa por la fidelidad de cada uno a sí mismo. Este alejamiento que no parece nada y ¡del cual ella experimentará afectivamente lo que le va a costar! lo podrá aceptar, no por una superación estoica, sino por la inagotable Presencia en la que ella se sumerge sin cesar.

Estoy confiada a mi solo cuidado, le gustaba decir a Etty. ¡No

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después de diez días de trabajo abrumador en el Consejo judío de Amsterdam, además de la tristeza , que como una oleada la invadía en un momento, surge el pensamiento del suicidio. Pero de repente

brota burbujeante hacia la superficie, proveniente de pozos escondidos, una fuerza que me enseña que no estoy en el límite; y que

al mismo tiempo le asegura: tú lo puedes.

Una fuerza proveniente de pozos escondidos ... Ella que

escribía Se debe ser su propia patria (212), por medio de ese diálogo con Dios, sostenido contra viento y marea, se enraíza cada vez más sólidamente en su tierra.

* * *

¿No pedimos a los demás, a menudo inconcientemente, lo que no nos pueden dar? Cuando nuestros amores se muestran incapaces de apagar el grito de nuestra soledad esencial, ¿no es el índice de que es necesario, sobre todo, profundizar en esta Presencia íntima, que sin pretender llenar nuestra soledad, nos ayuda a habitarla?

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OMPARTIR EL DESTINO COLECTIVO

Nos queda mucho por soportar. Se nos va a despojar y si esta situación se prolonga, harán de nosotros una masa miserable. Ya nuestras fuerzas declinan cada día, no sólo por el aumento de la angustia y de la incertidumbre, sino también por el hecho de pequeñas incomodidades como la prohibición de entrar en las tiendas y la obligación de hacer a pie largos trayectos – lo que es desde ya agotador para mucha gente que conozco. Por todos lados se van viendo signos que presagian nuestra aniquilación, pronto el círculo se irá cerrando sobre nosotros, impidiendo toda ayuda eficaz de la gente de buena voluntad. Todavía hay muchas puertas de salida, pero serán clausuradas una a una (159).

Cada uno intenta aún salvarse, sabiendo muy bien que si no se va, otro lo reemplazará. ¿Es muy importante que sea yo u otro, tal o cual? Se ha convertido en un destino masivo, común a todos y lo debemos saber. Jornada muy dura. Pero me vuelvo a encontrar a mí misma cada día en la plegaria. Y siempre podré rezar, aún en el lugar más exiguo. Y este pequeño fragmento de destino colectivo que estoy dispuesta a llevar, lo ato sobre mis espaldas como un hatillo con nudos cada vez más fuertes y cada vez más cerrados, me uno firmemente a él y lo llevo por las calles. (168).

La segunda guerra mundial ya quedó muy distante de nosotros. Sin embargo, podemos, haciendo una mirada retrospectiva, dimensionar los acontecimientos que han compuesto esas páginas de la historia y sacar algunas conclusiones. Etty no tenía esa distancia que tenemos ahora. Vivió minuto a minuto la guerra, especialmente el aumento del antisemitismo, sin que se dejara presagiar en toda su amplitud la tragedia que iba a sufrir su pueblo. Los extremismos son todos terribles desde el comienzo,

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pero no revelan sino progresivamente las consecuencias prácticas de su malicia. ¿Cómo podía el profundo humanismo de Etty, a través de indicios, y después con alarmas cada vez más fuertes, concebir la intención perversa y exterminadora que se estaba llevando a cabo? ¿Cómo podía enfrentar el hecho de que se rechazaba el derecho a vivir a todo un pueblo del cual ella provenía, de que su misma vida se encontrase cada día más amenazada?

El mal siempre es motivo de asombro para la consciencia humana. Sea que se dé a pequeña o gran escala, siempre nos impacta, como si nuestro ser no pudiera admitir su existencia sino con un retraso de sorpresa y de incredulidad. Tanto podemos constatar los efectos del mal y decodificar sus mecanismos, cuanto la malicia y perversidad como tales parecen escapar a los recursos de nuestro entendimiento. Etty ha conocido este sobresalto de estupefacción, lapsus donde la consciencia se resiste a creer lo que ve. Pero frente al giro de los acontecimientos, ella fue progresivamente conducida a comprender el alcance exacto de lo que estaba ocurriendo. Y sus palabras se despliegan una a una sobre el papel, sobriamente y con una precisión final: Se nos va a

despojar…Por todos lados se manifiestan signos que presagian nuestra aniquilación… aún hay muchas puertas de escape, pero se irán clausurando una a una…

De ahora en adelante, forzada a reconocer el carácter irremediable de este episodio de la historia como nunca lo ha habido

hasta ahora, Etty forja una expresión para hablar de eso. Se ha

vuelto un “destino colectivo”, dirá. Una sola palabra alemana en el texto original, como para sellar su nueva toma de consciencia: ¡“Massenschiksal”! En adelante Etty está adherida a lo que ocurre.

Nunca se había visto una persecución bajo esta forma totalitaria, organizada a una escala colectiva, incluyendo toda Europa. ¡Palabras

con fecha 10 de julio de 1942! Etty presiente – y los hechos le darán la razón—que esta persecución no dejará mucha oportunidad a los

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judíos para escapar. ¡Todo un pueblo, su pueblo, arrastrado por el vórtice alucinado de una ideología asesina!

El año siguiente, hundida en la miseria impresionante del campo de Westerbork, Etty volverá a contar: …Me he encontrado el

otro día con una jovencita que comenzó a decirme que si ella estaba en Westerbork, era un hecho del azar. Y Etty comenta: Hay aquí un fenómeno generalizado realmente asombroso: cada uno piensa que “su” caso se debió a un azar desafortunado, estamos todavía muy lejos de una consciencia histórica común (267).

Esta “consciencia histórica común” se hará cada vez más fuerte en Etty. En una carta estremecedora del 24 de agosto de 1943, dirá que se siente permanentemente los ojos y oídos de una parte de la historia judía. Para Etty, superar ese salto de consciencia que la va poco a poco desde la historia individual hacia la historia colectiva, la hace solidaria con el género humano. Esta etapa es capital. Confirma la autenticidad del camino espiritual de Etty.

En efecto, es uno de los problemas de todo itinerario espiritual auténtico: superar el mirarse el ombligo inherente a una búsqueda inicial para alcanzar el crecimiento del ser que universaliza y compromete en la comunión… Vivir este “paso” supone elecciones. En torno a ella, Etty ve a algunos que no dudan en salvar su pellejo al precio del de los otros, tomando el menor palo como tabla de salvación. No quiero esos papeluchos por los que

los judíos se pelean a muerte, dirá con relación a las “listas cerradas”,

pensadas para proteger a ciertas categorías de judíos de la deportación, pero que no les ofrecían en realidad más que una seguridad ilusoria. Querría estar en todos los campos, de los cuales

Europa está sembrada… no quiero en absoluto estar segura, quiero estar en el teatro de las operaciones, despertar una tímida fraternidad entre estos “enemigos”… (235).

Presionada a ponerse en un lugar seguro por sus amigos, que aluden a su gran potencial, Etty se opone: es sobreestimarse

particularmente creerse de demasiado valor para compartir con los otros un “destino colectivo”. Entonces, ¿fatalidad común o fatalidad

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de Etty? ¡No es verdad que quisiera ir hacia mi aniquilación con una

sonrisa de sumisión en los labios, responde firmemente Etty a los

que le atribuyeran ardores de kamikaze!(174).

Etty reconoce que experimenta dificultades para traducir exactamente en palabras el sentido del camino que emprende.

Cuando digo a los otros: no sirve de nada huir o esconderse, no escaparemos de esto, vayamos e intentemos hacer aun lo que podamos por los otros—doy quizá la impresión de resignarme. Pero es otra cosa lo que quiero decir (166). Hay un momento en la vida en

que la necesidad interior que nos impulsa a “ir” supera a la necesidad exterior que parece imponérsenos. Etty lo descubre. ¿Este momento no es aquel en que, contra toda apariencia, ejercemos máximamente nuestra capacidad de resistencia y de libertad?

Vivir esta vida hasta mi último aliento con toda la consciencia y la convicción posibles... ¿No es una manera de trabajar para la posteridad? Para que ésta no tenga que recomenzar de cero y encuentre menos dificultades? Etty se preguntaba previsoramente

(144-145).

Solidaridad humana horizontal a través del espacio y vertical a través del tiempo… Cargar con su pequeño fragmento del

destino colectivo introduce a Etty en una fraternidad mucho más

amplia que la que la consciencia puede inmediatamente captar…

 * * *

Jornada muy dura… Pero me vuelvo a encontrar siempre en la oración, nos confía Etty. Son estos reencuentros de la oración los

que la ayudan a atar sobre su espalda con nudos cada vez más

fuertes este pedacito de destino colectivo que está dispuesta a cargar.

Uno de los criterios de una oración auténtica, es que abra nuestra responsabilidad, hasta ayudarnos, a veces, a no sustraernos de situaciones pesadas en las que estamos involucrados.

¿Rezar me ayuda verdaderamente a no sustraerme a la realidad de mi vida?

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