Rezar 15 días con
E
TTY
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ILLESUM
Pierre Ferrière,
Isabelle Meeûs-Michiels
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EFERENCIAS BIOGRÁFICASEsther (Etty) nació el 15 de enero de 1914 en Middelburg, Zélande, (Países Bajos), dentro de una familia judía no practicante. Su padre, Luis Hillesum, profesor de lenguas antiguas, luego director del liceo, y su madre Rebeca Bernstein (Riva), la cual hacía poco había emigrado de Rusia con su familia. Dos hermanos le siguieron: Jacobo (Jaap) que llegará a ser médico y Miguel (Mischa), pianista con genio, pero afectado de una fragilidad psíquica (crisis de esquizofrenia).
En 1932, Etty comenzó en Amsterdam estudios de derecho. Vivirá allí con sus dos hermanos.
Recordemos el contexto de la gran historia, que se hará cada vez más invasivo: en 1933, Hitler es canciller del Reich y hace abrir los primeros campos de concentración en Dachau…
Paralelamente a su formación jurídica, Etty estudia la lengua de su madre, el ruso, el cual comprenderá perfectamente y enseñará en privado a algunos estudiantes. Hacia el final de sus estudios, en 1937, Etty se ubica, siendo todavía estudiante, dentro de la mansión de Han Wegeriff, un contador holandés, viudo, no judío, del cual ella será la amante. En julio de 1939, Etty obtiene su licencia en derecho.
Pero el contexto histórico se hace envolvente y opresor: el 10 de mayo de 1940, Alemania invade los Países Bajos. La insignia nazi poco a poco va a entrar y controlar la vida de Etty.
Desde el 29 de noviembre de 1940, su padre es revocado de su cargo de director del liceo a causa de su afiliación judía. Al comienzo de 1941, el Stadtkommissar de Amsterdam obliga a los judíos notables a constituir un Consejo judío para transmitir sus decretos.
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Sin embargo, la vida de Etty no parece ser demasiado afectada y sigue su curso. Si vive con sobresaltos, estos resuenan en su afectividad y en su cuerpo. Para remediar estos males, va a consultar a un psicoquirólogo, Julius Spier, judío alemán nacido en 1887 que había debido huir de Berlín y se había refugiado en Amsterdam hacía dos años. El 3 de febrero de 1941 se desarrolla esta primera consulta. Este contacto con Spier hace que Etty salga poco a poco de su crisis.
Spier alienta a Etty a escribir para calmar sus fluctuaciones. Pero esta terapia se vincula con una atracción mutua que el uno y la otra viven con pasión y como un verdadero desafío, una tarea
enorme. Etty allí nacerá a su genuina personalidad. Su relación,
compleja y bella a la vez, continuará hasta la muerte de Spier, el 15 de septiembre de 1942. Los Cuadernos de Etty, que comienzan el 8 de marzo de 1941, aparecen al principio como una simple relectura de sus consultas en lo de Spier.
El mismo día en que Etty se pone a escribir es también el mismo en que se hace censar como judía. El nudo se aprieta sobre los judíos y hay rumores que muestran un plan concertado de exterminio a través de toda Europa: se habla aún de aniquilación y de convoyes que llevan allí…De hecho, desde mayo-junio de 1942, las leyes anti-judías de Nuremberg se aplican estrictamente en los Países Bajos. El Consejo judío pronto es informado de inminentes deportaciones. El campo de Westerbork, al noreste de los Países Bajos, se organiza como campo de tránsito de donde parten los convoyes de deportados.
En julio de 1942, Etty dirige una carta de candidatura al Consejo judío, empujada por su hermano Jaap. Casi inmediatamente después de su incorporación, pide su traslado al campo de tránsito de Westerbork, donde tendrá cuatro estadías de trabajo, entrecortadas por vueltas a Amsterdam, necesarias por un agotamiento crónico completo. En el último de esos viajes, tendrá
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arresto domiciliario en ese siniestro campo, ya no más como “asistente social” de hombres y mujeres demacrados que deambulan por ahí, sino también ella estará a la espera de un convoy.
Intentará evitar ese convoy a sus padres y a su hermano Mischa, internados con ella en Westerbork, pero será en vano. Etty, Mischa y sus padres serán embarcados el 7 de septiembre de 1943 en un convoy de 987 personas de las cuales sólo 8 sobrevivirán. Ese 7 de septiembre ella arrojará su última carta, por una ranura del vagón. El 30 de noviembre de 1943, morirá en Auschwitz. Con algunos meses de intervalo, toda su familia conoce la misma suerte. Jaap no será una excepción.
En Westerbork, Etty continuó escribiendo sus Cuadernos. A toda prisa, había puesto los últimos en su bolso de deportada. Los Cuadernos que llevó de Westerbork a Auschwitz se han perdido irremediablemente. En cuanto a los Cuadernos escritos anteriormente, Etty había tenido cuidado de confiárselos a una de sus amigas el 5 de junio de 1943, en el momento de su partida definitiva hacia Westerbork. Así, después de múltiples avatares, nos han podido llegar. El último de esos Cuadernos termina con la fecha del 13 de octubre de 1942. Más allá de esa fecha, y hasta su partida para Auschwitz, disponemos de un grupo de cartas dirigidas por Etty a diversas personas amigas, desde ese campo de Westerbork.
Así hemos esbozado a grandes trazos la trama visible de la vida de Etty. En esta trama se nos invita a tejer nuestra oración al “Dios amigo de la vida” (cf. Sab 11, 26)
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EZAR CONE
TTY DURANTE UNOS DÍASUn itinerario singular
Etty es, después de Gandhi, la segunda figura no-cristiana acogida en esta colección. La audacia de la elección está suficientemente justificada por su itinerario espiritual asombroso y fulgurante. A partir de un sentimiento religioso inicialmente bastante vago y poco consciente, Etty llega a vivir en una presencia de Dios casi ininterrumpida. Como si algo en mí hubiese sintonizado
con una oración continua. “Algo reza en mí”, aun cuando río o estoy bromeando.
La originalidad de su experiencia y el tono tan particular que ella demuestra, hacen decir a algunos que es “inclasificable” o que “bajo su pluma el nombre de Dios parece despojado de toda tradición”. Si bien su itinerario es atípico y Etty no se ha vinculado nunca a ninguna Iglesia o confesión religiosa, eso no quiere decir, sin embargo, que se haya construido fuera de toda tradición o influencia. Judía y nieta de un gran rabino, aunque pareciera poco instruida en la religión de sus mayores, Etty será muy consciente de su judaísmo y estará vinculada a esa realidad. Especialmente esa adhesión la conducirá a vivir con su pueblo una comunión en nombre de la cual participará en sus sufrimientos.
Además, Etty frecuenta también amigos y grandes autores cristianos (Agustín, Dostoïevski,…), lee regularmente la Biblia, siempre al alcance de la mano y del corazón, y cita varias veces palabras tomadas de uno y otro Testamento. Lo que al comienzo no fue en ella más curiosidad o simpatía, con el paso del tiempo se convirtió en una gran proximidad con la herencia del cristianismo. Sin embargo, eso no lleva a concluir que ella hiciese suya esta fe.
En efecto, es importante preservar el testimonio de Etty de toda vinculación ilegítima. Si bien es justo con la verdad histórica
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reconocer su deuda con relación a las tradiciones religiosas judía y cristiana, es necesario al mismo tiempo señalar la independencia que mantuvo con respecto a toda institución religiosa, Iglesia o Sinagoga. Es uno de los aspectos que vuelve sorprendente y poco convencional su itinerario. Y toda conjetura en la que podríamos ser tentados de caer acerca de “lo que hubiese sido de Etty si hubiese sobrevivido a la Shoah” está condenada a no ser sino ficción. Quizá su iniciación espiritual vivida al margen de las grandes tradiciones la vuelven cercana a tantos contemporáneos que parecen conducir su búsqueda a una distancia respetuosa de las religiones “establecidas”…
El 5 de junio de 1943, Etty deja definitivamente Amsterdam hacia el campo de Westerbork: boleto “solo de ida”. Entre sus efectos personales, una pequeña maleta rota contiene el Corán y el Talmud… El 7 de septiembre de 1943, Etty sube al vagón número 12 del convoy de la muerte. Deja Westerbork, dirigiéndose a Auschwitz. Su bolso de partida preparado precipitadamente contiene la Biblia…
“Ensancha el espacio de tu carpa, despliega las lonas de tu morada, alarga tus cuerdas”, nos dice la palabra de Dios en el libro de Isaías (54, 2). ¡La vida de Etty es un luminoso testimonio de este despliegue!
Etty, maestra de oración
Esto la haría seguramente sonreír…
Ciertamente, tendremos mucho para aprender escuchando las palabras de su oración. Tantos pasajes, dignos de una antología, son de una belleza impresionante, y sobre todo con un gran aliento para impulsar. Algunos de ellos guiarán también nuestros pasos durante quince días.
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Sólo que ahora, ¿dónde comienza y donde se detiene la oración de Etty?
Cuando Etty dice querer quedarse humildemente disponible, como un pequeño campo de batalla donde puedan serenarse los problemas de su tiempo, ¿reza?
Cuando intenta discursos extravagantes a la luna eterna, cuando tanto bien como mal busca cómo vivir las subidas y bajadas que atraviesa, ¿reza?
Cuando Etty se expone al riesgo de no descuidar nada, de no eludir las preguntas perturbadoras que a veces la acompañan; cuando se atreve, con un hombre que llega a ser su amigo íntimo, a gustar la alegría de la relación “que la hace sentir plena”, ¿reza?
Cuando en el barullo de una sala llena de máquinas de escribir, Etty alcanza interiormente a sustraerse del ruido del ambiente, ¿reza?
Cuando está allí para acoger las palabras que, con voz apagada y desgastada, pronuncia una mujer con el vientre redondo por los nueve meses de embarazo y a punto de ser deportada, ¿reza?
Permanecer disponible, buscar la manera de vivir, exponerse, sustraerse, estar ahí, ¿es rezar?
Más aún llorar, disfrutar, dudar bailar, esperar, cantar, luchar, transpirar, escribir, nacer, ¿es rezar?
Un día, en un impulso de todo su cuerpo, Etty se encuentra encorvada por la fuerza de una necesidad interior que la sorprende a ella misma: de rodillas sobre la alfombra de sisal del cuarto de baño y el rostro entre las manos, va a vivir una experiencia íntima, de la cual tendrá pudor de hablar. Y la palabra “oración” parece de repente anodina para describir ese gesto de arrodillarse, cuyo recuerdo toca lo más íntimo de lo más íntimo que se pudiera vivir (NG 334). Porque finalmente, ¿existe algo más íntimo que la relación
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Lo más íntimo de lo más íntimo: con este giro inclusivo y
doblemente superlativo Etty intenta traducir el corazón sagrado de una experiencia. Con dudas y reservas, evoca un momento tan fuerte, que la insuficiencia de las palabras le hacen temer estropearle la belleza.
Por eso, adivinamos que rezar con Etty será algo diferente a aprender de ella palabras prolijas, gastadas, convencionales o trilladas; algo diferente también a un piadoso crucero con escalas debidamente anunciadas. En la escuela de Etty, rezar será una aventura, una invitación, desconcertante por momentos, a ofrecer el espacio de todo lo que somos a la íntima Presencia, a no excluir a Dios de nada de lo que nos sale al encuentro. Tampoco nos admiremos demasiado de que el itinerario de oración propuesto por este libro evoque realidades tan diversas como las relaciones con nuestros padres, con nuestro cuerpo, con la muerte, etc. No están lejanas del tema que nos ocupa más que en apariencia.
Sí, rezar, ciertamente es programarse pausas de atención y elegir reservar espacios de nuestro tiempo para la escucha interior, para el corazón a corazón del Encuentro. Pero es también permanecer en una disposición en la que la vida toda entera, poco a poco, es tomada por los misterios que ella contempla. A veces decimos “hacer las oraciones”. La vida de Etty nos habla de hacerse
oración.
Dondequiera que nos encontremos con este libro en las manos, Etty nos dice:
¿No es verdad que se puede rezar en todas partes, tanto en
una cabaña de madera como en un monasterio de piedra, y más generalmente, en esta época atribulada, en cualquier lugar de la tierra donde Dios quiera arrojar a sus creaturas? (263)
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¡En la escuela de una maestra mujer, no dudamos que la lección de oración será especial!...
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ÍA1:
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I CERRAZÓN INTERIOREstoy en lo de él, yo y mi “cerrazón del corazón”. Él irá volviendo a poner orden en este caos interior, orientando él mismo las fuerzas contradictorias que actúan en mí. Me tomará de la mano, por así decirlo, diciendo: “mira, así hay que vivir.” Toda mi vida he tenido este deseo: si sólo alguien viniese a tomarme de la mano y se ocupase de mí. Tengo energía, no cuento más que conmigo misma pero sería terriblemente feliz de poder entregarme. Y este perfecto desconocido, este Sr. S., este hombre de rasgos complicados, se ocupaba de mí, y en una semana ya había hecho milagros. Gimnasia, ejercicios respiratorios, algunas palabras luminosas, liberadoras, sobre mis depresiones, mis relaciones con los otros, etc. De repente, tenía una vida diferente, más libre, más fluída, se desvanecía la sensación de bloqueo, dentro mío se asentaba un poco de paz—toda esta mejoría bajo la sola influencia, por el momento, de su mágica personalidad, pero no tardará en fundarse psíquicamente, en llegar a ser un acto consciente (12-13).
Escuchando como Etty recuerda el punto de partida de su camino de restauración y del despertar a la vida, no podemos más que admirarnos de este rápido recorrido, un recorrido de menos de tres años: desde el 3 de febrero de 1941, día de su primera consulta en lo de Julius Spier, al cual ella designa por una simple “S.” en sus escritos, al 30 de noviembre de 1943, fecha probable de su muerte en el campo de exterminio de Auschwitz, según un comunicado de la Cruz Roja
Si bien a Etty no le falta ni finura ni inteligencia, no hay nada que nos advierta a priori acerca de la fulgurante maduración que tendrá. Me creen especial-mente informada sobre muchos problemas
de la vida, escribe. Sin embargo, en el fondo de mí, hay una pelota aglutinada, algo que me retiene con mano de hierro, y toda mi
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claridad de pensamiento no me impide ser, muchas veces, más que una pobre tímida tonta (9). Así comienzan los Cuadernos de Etty.
Tenía entonces veintisiete años.
A veces, es comparada por su padre con un “Don Quijote con faldas” o por un pase de Suiza a una “Carmen rusa”, a veces ella misma se compara con una “salvaje joven de Kirguistán. Etty es vivaz y dotada pero también inestable y sujeta a frecuentes períodos depresivos. Por cierto, lleva una vida rica en relaciones, pero éstas son vividas dentro de un gran desorden: múltiples vínculos, relaciones tumultuosas con sus padres… Este desorden— ¿eco a su modo del nuestro?—no deja de recordarnos la primera página de la Biblia y ese primer relato de la creación, en el cual vemos que el proyecto de Dios toma forma a partir del caos. La lengua hebrea expresa este caos por la palabra “tohu-bohu” transcripto a nuestra lengua.
¿En realidad, no es a partir de un tohu-bohu que Dios crea a cada uno y cada una de nosotros: caos evidente de nuestro mundo, de ciertos aspectos de la cultura en la que nadamos, y también de nuestra historia personal? ¿No es separando, que Dios crea la verdadera persona que llego a ser, como lo hace en el Génesis? Después de haber sido separado de mi madre por primera vez en el nacimiento, lo continúo siendo a lo largo de mi existencia, emergiendo poco a poco de un magma indistinto. Y es salvándome de la confusión de ese magma que Dios, pacientemente y con mi colaboración, me suscita a la vida.
Etty va a abrirse desde su desorden a un cierto Julius Spier.
Estoy en lo de él: primer encuentro con este psicoquirólogo
autodidacta seguidor de Jung que, a partir de este segundo rostro, que son para él las palmas de la mano, afirma volver a ponerte en sintonía contigo mismo. Spier, un judío de cincuenta y cinco años, que habiendo obtenido en Alemania un cierto éxito como terapeuta, había debido huir del antisemitismo nazi y se había refugiado en Amsterdam. Este encuentro no es “uno” de los numerosos encuentros de los cuales está entretejida la vida de Etty. Se trata
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“del” encuentro que marca un punto de la evolución de este vínculo, siendo para ella un hito del recorrido de Etty y de los escritos que nos deja.
Por la meditación de esta relación con Spier, el iniciador, el
partero de su alma como ella bien lo dirá, Etty fundará y desplegará
su libertad y dulcemente la abrirá a su fuente: Dios. Sin duda, como toda realidad humana—y las más bellas no son una excepción— esta relación tiene su aspecto de ambigüedades y también sus derivados: de terapéutica, se convierte rápidamente en afectiva y apasionada. Tiene sus zonas de celos. Pero nunca se agota en uno u otro de esos desvíos. Aún la muerte de Spier, cuando sobrevenga, lejos de poner fin a esta relación, confirmará lo que Etty había ya comenzado a vivir en ella: un despertar a sí misma, a los otros y a Dios, dentro de la estela de un único movimiento.
Desde su primer encuentro con Spier, en Etty comienza a habitar un poco de paz y de orden. ¡Es mágico, reconoce! Pero ella quiere ser protagonista de ese cambio inesperado al cual se entrega: esta mejoría no tardará en fundarse psíquicamente, en
llegar a ser un acto consciente. Misteriosa alquimia de nuestras
relaciones creadoras de vida: tengo energía, no cuento más que
conmigo misma pero sería terriblemente feliz de poder entregarme…Asumirse resueltamente y saborear al mismo tiempo
la alegría de entregarse: ¿Cómo desplegar este doble y único deseo aparentemente contradictorio? ¿Cómo vivirlo sin oscilar, como un péndulo, de un extremo al otro, sin dejarse extraviar a merced de las inconstancias e intermitencias de nuestros corazones?
Si fuese un abandono en Spier y a la influencia que ejerce su personalidad, tal abandono la conduciría a alienarse en esa relación. Pero Etty no sólo nunca sacrificó su libertad sino que esta relación fue precisamente lo que la hizo crecer. Ayudada por Spier, ella va a encontrarse conducida por un camino de acogida y de abandono progresivo hacia Aquel que poco a poco se atreverá a llamar Dios. Le será necesario trazar ese camino paso a paso. Y la belleza de su vínculo con Spier vivido en la aspereza cotidiana, no será extraña a
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la manera en que ella avanzará. Los capítulos siguientes nos lo harán descubrir.
* * *
Ahora, el malestar que puso a Etty en camino interroga nuestras insatisfacciones, nuestras turbulencias. Su tohu-bohu cuestiona el nuestro. ¿Puedo acoger mis errores, mi caos, mis dificultades como una invitación a plantear los primeros escalones de un trabajo sobre mí mismo? ¿Cómo puede resonar en lo íntimo de mi propia experiencia, el diagnóstico de cerrazón del corazón que Etty se plantea? Mi desorden y mis estorbos pueden deprimirme, pero pueden también ser una oportunidad para emprender un camino. ¿Puede hacer la apuesta y reconocer la necesidad de ser acompañado? Corro un riesgo al acogerme con la constatación de
fuerzas contradictorias que obran en mí. Etty lo ha hecho antes que
nosotros. Su testimonio nos asegura misteriosamente que aquel que se atreve a hacer este camino, no se compromete solo en eso.
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ÍA2:
U
NA HORA DE PAZ,
ESO SE APRENDECreo que lo voy a hacer: todas las mañanas, antes de ponerme a trabajar, me “volveré hacia mi interior”, me quedaré media hora a la escucha de mí misma. “Volver a uno mismo.” Podría también decir: meditar. Pero la palabra me repugna un poco todavía. Sí, por qué no: media hora de paz en uno mismo. Por la mañana se agitan los brazos, las piernas y los otros músculos en el baño; pero eso no alcanza. El hombre es cuerpo y espíritu. Media hora de gimnasia y media hora de “meditación” pueden brindar una buena base de concentración para todo el día. Pero una “hora de paz”, no es tan simple. Se aprende (35).
Etty decide abandonar lo periférico donde da vueltas, indefinidamente, y entra resueltamente “en su ciudad”. Se descubre llevada en lo cotidiano por una suerte de efervescencia, de vibración que desdibuja las formas y contornos, y que le impide reunirse consigo misma. ¿Es vida ser lanzado como un trompo? Por eso se fija una prioridad: todas las mañanas, media hora para volver
sobre sí misma… para meditar, aun cuando esa palabra tenga un
sonido extraño a sus oídos.
La determinación de Etty es volver sobre sí misma, pero ¿qué es ese “sí mismo” y dónde se lo puede descubrir? Etty intenta no descuidar ningún nivel de su ser: ni el cuerpo, ni el corazón profundo, ni esa selva frondosa del psiquismo en la que frecuentemente nos extraviamos y que el lenguaje común designa con palabras tan ambiguas como “alma” o “espíritu”.
“Que el mismo Dios los santifique totalmente, y que todo su ser, corazón profundo, alma y cuerpo se guarden íntegramente para la gloriosa venida de nuestro Señor Jesucristo”, escribía ya Pablo en el año 51 (1 Tes 5, 23), invitando a no ignorar ninguna de las dimensiones de nuestro ser. Y tal es el propósito de Etty al comenzar su camino.
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¿Cómo Etty podría olvidarse de su “cuerpo”? Ella se acuerda de él sin cesar:
Antes pensaba que las molestias de orden físico: dolores de cabeza, de estómago, dolores reumáticos, no eran más que físicos. Hoy debo constatar que están, sobre todo, condicionados por lo psíquico. El cuerpo y el alma están muy estrechamente vinculados en mí. Cuando algo falla psicológica o espiritualmente, esto obra igualmente sobre el cuerpo… (NG 128).
Poco a poco, llega a no poder ya más adjudicar al cuerpo la responsabilidad de su malestar. Para poder vivir más conscientemente esta interpenetración “psicosomática”, Etty hará preceder su media hora de meditación cotidiana por media hora de ejercicios corporales en el baño. Una hora de paz, ¡se aprende!
En cuanto al “espíritu” o al “alma” de Etty, este nivel psíquico de su ser donde a menudo lucha y se ahoga, designa tanto lo afectivo, con sus sentimientos, su energía como su aspecto intelectual. Y Etty detalla: recuerdos, pensamientos grandiosos,
intuiciones fulgurantes, orgías de vida interior…un remolino que
frenéticamente la arrastra y donde se pierden todas las referencias, un océano que amenaza sin cesar con sumergirla.
Cada mañana, Etty consagra una hora de su tiempo a hacer
un gran arreglo interior. Se trata de entrar en un desembarazo
progresivo, en una lenta decantación. Un primer sentido de la palabra decantar, es dejar depositar las partículas sólidas y turbulencias suspendidas en un líquido. Así se clarifica un buen Bordeaux… En nosotros se descargan un pandemónium de emociones, una acumulación de stress que, con frecuencia a pesar nuestro, nos da vuelta. ¡Sin evocar ese shock de informaciones que arriesgan con producir en nosotros una implosión! Hoy más que nunca, hay una necesidad vital de seguir el camino de Etty que induce a poner distancia de este flujo de emociones, a distenderse, al desprendimiento.
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Poco a poco este trabajo de clarificación emprendido por Etty la conduce, más allá de los escombros que le estorban y obstruyen, al umbral de un pozo muy profundo que elige llamar “Dios” (55). Una hora de paz, se aprende…y no es tan simple, confiará a sus Cuadernos. Crear dentro de sí una grande y vasta planicie,
despejada de malezas furtivas que nos tapan el camino, debería ser el fin de la meditación. Hacer entrar un poco de “Dios” dentro de la Novena de Beethoven. Hacer entrar también un poco de “Amor” en uno, no un amor de lujo de media hora que te regalas, orgulloso de la elevación de tus sentimientos, sino un “Amor”, el cual se puede dar dentro de la modesta práctica cotidiana (36).
¿No podría Etty sumergirse en la Biblia que Spier le ha descubierto y le ha hecho gustar? Ella observa finamente que no ha llegado aún el momento para ella, pues se arriesgaría a abordar ese libro de un modo demasiado cerebral.
Pronto, en ese lento trabajo de restauración de ella misma, el disgusto y el cansancio que aquejan aún a Etty, lo mismo que los dolorosos recordatorios que le dirige su cuerpo, no van ya a abatirla. Puede sostener el impacto con lo mejor de sus fuerzas. Entra en el país de la semejanza, desde el país de la desemejanza en que giraba sin cesar: se realiza de este modo la obra creadora de Dios.
* * *
Para Etty, volver sobre sí misma es una decisión que implica presencia de ánimo, prioridad, iniciativa, determinación, energía, buena voluntad y la complicidad del cuerpo…
¿Puedo verificar que esta “decisión” es ya un poco mía y se ha podido traducir en mi vida y en mi combate de la oración?
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Día 3:
H
INEINHORCHEN:
“
ESCUCHAR EN LO INTERIOR”
...Continuar amando, estando a la escucha de uno mismo, delos otros, de la lógica de esta vida, y de ti. Hineinhorchen, “escuchar en lo interior”, querría disponer de un verbo bien holandés para decir lo mismo. De hecho, mi vida no es sino una perpetua escucha “en lo interior” de mí misma, de los otros, de Dios. Y cuando digo que escucho “en lo interior”, en realidad es más bien Dios en mí el que está escuchando. Lo más esencial y profundo en mí, escucha la esencia y la profundidad del otro. Dios escucha a Dios (207-208)
Etty ha decidido detener el “loco tren” de su vida: una hora cada mañana será consagrada a apaciguar sus turbulencias, a arreglar sus enredos, a agilizar sus entorpecimientos interiores. Concretar semejante decisión, ya implica haber hecho un buen trecho del camino y no caer en esa tentación de exterioridad permanente que Pascal llamaba la “diversión”: “...la única cosa que nos consuela en nuestras miserias, y sin embargo, la más grande de nuestras miserias. Porque eso mismo es lo que nos impide especialmente reflexionar sobre nosotros y nos hace perder insensiblemente”. ( Pensées, 128, Lafuma).
Ahora que Etty vive decididamente orientada hacia su corazón profundo, ¿qué nuevos paisajes van a desplegarse a su mirada?
Una palabra le surge: Hineinhorchen. Etty no encuentra ningún equivalente holandés para dar el sentido de este verbo alemán tan denso y contundente. Escuchar en lo interior: es una escucha que no se identifica ni con la lectura, ni con el estudio, ni con el pensamiento, ni con la acción. Etty está ya muy acostumbrada a estos “ actos del espíritu”. Esta pseudo “vida interior” ya la ha trabado suficientemente en lo que ella llama ¡desarreglos y ruidos del espíritu! Me identifico, quizá demasiado, con
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todo lo que leo o estudio. Por ejemplo, no sé cómo, Dostoïevski puede llegar a abrumarme. (...) No es pensando como resolveré esto. (57-58).
Hineinhorchen, es otra cosa: una escucha de todo el ser que
se despliega hacia lo real, sin que este movimiento se curve sobre sí mismo en todas las sutilezas del amor propio.
Para tomar en cuenta la totalidad de la realidad, esta escucha elige permanecer en la percepción de los seres y de las cosas. Qué más natural que esta percepción sensorial del oído, del tacto, de la vista, del gusto y del olfato; también la percepción espiritual, cuando nos concedemos el experimentar tal o cual sentimiento, en cuyo caso hablamos mejor de toma de conciencia. Así, en nuestra existencia habitual el “permanecer en la percepción” es algo extraño. Lo que hemos percibido, nos apuramos por clasificarlo, analizarlo, planificarlo o simplemente rumiarlo. “Pensamos” lo real para intentar cambiarlo y entrar en “acción”. La percepción se reduce así a un aspecto parcial. Es una actitud poco frecuente en Occidente el percibir las cosas sin procurar espontánemente cambiarlas. El “hacer” al cual estamos tan inclinados, tiene el riesgo de ser una excusa donde caemos, debido a la incapacidad de acoger la realidad, en toda su complejidad y en lo agobiante de asumirla.
La oftalmología nos enseña que hay una laguna en nuestro campo visual debido a la insensibilidad de ciertos puntos de la retina: escotoma. Este término ha pasado a la psicología para señalar que excluimos inconscientemente del campo de la conciencia algunas áreas enteras de la realidad. Es una experiencia cotidiana que ciertas percepciones contrarias a la pasión o a nuestras opciones se neutralizan en nosotros: no logran alcanzar el umbral de la conciencia o sólo lo logran siendo datos insignificantes y sin el menor relieve. Al escuchar en lo interior, Etty aprende a no reducir lo real en sus sinceridades sucesivas que no son más que vistas parciales. Ella aprende a no limitarlo a su dimensión de avidez y de impaciencia. ¡Aprendizaje difícil, si lo hay! A su modo,
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ella podría dar a sus Cuadernos el título magnífico que Gandhi reservó para su autobiografía: Mis combates con la verdad.
Todo lo que existe, ¿no tiene derecho a existir? Con esta disposición de receptividad integral que es la escucha en lo interior, Etty está atenta a su afectividad, pues está dotada de una porosidad, de una permeabilidad que la hace adherirse a todo lo que toca. En ella algunas fallas se ponen al descubierto, se abren algunas brechas que podrían disgregarla: alma sin epidermis a la que lastima la más fugaz de las impresiones (56). En lo cotidiano es conducida a distinguir la diferencia entre dos actitudes subrayadas por los verbos prepararse para la lucha y endurecerse: creo que me preparo
para la lucha cada día... pero no me endurezco probablemente nunca
(197). Abriéndose a toda la realidad, Etty debe habituarse a las cosas dolorosas, adquirir una epidermis, volverse como el acero caliente templado en un baño frío. Debe prepararse para la lucha, ella que se descubre enérgica y sin fuerza a la vez, permaneciendo, sin embargo, vigilante para no endurecerse, es decir, para no blindarse.
Salomón no había encontrado nada más bello para pedirle a Dios que el rogarle: “Dale a tu servidor un corazón que escuche”. Tal es el camino de Etty. Y Dios no está nunca lejos de una libertad que surge. ¿No está cerca de aquellos y aquellas que lo buscan?
* * * ¿Cómo vivimos con nosotros mismos?
Los pensamientos van y vienen, se atropellan. Algunos tienen la banalidad de las preocupaciones cotidianas. Otros están cargados de angustia... ¿Los alejo a golpes de voluntad? ¿O comportándome conmigo mismo sin violencia, con paciencia libre de complacencia, no los alejo ni tampoco los cultivo?
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ÍA4:
P
ERDONAR LOS LÍMITES A MIS PADRESMischa me ha anunciado la visita de papá para el sábado a la tarde. Primera reacción: “¡qué molestia! Mi libertad amenazada. ¡qué contrariedad! ¿qué voy a hacer con él?” (...) De hecho, lo amo mucho, pero con un amor complicado (o que lo ha sido): forzado, crispado y mezclado con piedad,que llega a quebrar mi corazón (...) Ahora debo perdonarlo desde lo más profundo de mí. Diciéndome (y pensándolo verdaderamente): “¡Qué oportunidad para que él pueda cambiar sus ideas por unos días!” Esta es una oración de la mañana que bien vale por otra(83-84).
Mamá. Un aluvión repentino de amor y de piedad se ha llevado todas mis pequeñas irritaciones. Estas naturalmente volvieron a los cinco minutos. Pero más tarde durante el día y mismo a la noche, tengo este sentimiento: llegará un día, quizá, (cuando seas muy vieja) en que me quedaré un momento contigo y podré explicarte todo lo que hay en ti y liberarte así de tu angustia, pues poco a poco comienzo a comprender como eres (96).
Amar a los padres profundamente. Perdonarles todas las dificultades que te han hecho sufrir por el solo hecho de su existencia: por la dependencia, el desagrado, el peso de la complejidad de su vida, además de la carga ya pesada de tus propias dificultades. Creo que escribo las peores tonterías. En fin, no es grave (83-84).
Escucharse en lo interior, implica entender de dónde uno
viene y ponderar todas nuestras dependencias. El origen de todas esas dependencias, así como la fuente de las faltas de libertad que nos afectan y estorban nuestro camino de crecimiento, se encuentra a menudo en el vínculo con nuestros padres. Porque esta relación primordial puede mostrarse como una trampa en la que quedamos
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atados, a pesar nuestro. Así pasa con Etty. Desde entonces estamos comprometidos en un proceso cuya causa, más que nuestros padres reales, es la relación con el padre interior que conservamos en nuestra memoria afectiva, a menudo herida, como Etty misma lo señalará (85).
Etty nació de la unión de un hombre descripto como
reservado, erudito, lleno de humor y de una mujer, que la
introducción de la edición completa de los escritos de Etty presenta como atareada, caótica, extravertida y dominante. Para un panorama más preciso de la constelación familiar de Etty, los reenviamos a la nota biográfica del comienzo del libro.
Las relaciones de Etty con sus padres han permanecido mucho tiempo caracterizadas por crispaciones, fricciones, por una sorda irritación. Principalmente con su madre: intento verla
objetivamente y amarla un poco, pero no puedo impedir de decirme en lo profundo de mi corazón: “¡qué pobre vieja punzante!” Pero
también con su padre, aunque con más complicidad y connivencia:
mi padre ha llegado inesperadamente. Mucho nerviosismo de una parte y de otra... Frente a estos episodios, ¿cómo reacciona Etty?
Siendo fiel a su principio de no huir de lo que le ocurre. Ella no niega sus sentimientos negativos; más aún, los nombra y los supera poco a poco, hasta transformar sus movimientos de humor en una buena oración para sí. Así, a raíz de la venida de su padre: ... “¡Qué
oportunidad para que él pueda cambiar sus ideas por unos días!” Esta es una oración de la mañana que bien vale por otra. Palabras
originales que nunca son prestadas porque nacen de la densidad de su experiencia singular.
De este modo, los vínculos con aquellos de quienes hemos recibido la vida raramente son simples. Muchas veces están marcados por expectativas frustradas y reproches. Y vemos que Etty no escapa a la complejidad de esa madeja. Pero en esta materia
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como en otras, emprende un camino exigente, elige un sendero escarpado que vamos a considerar más de cerca.
Antes que todo, y es un primer paso, es conducida a reconocer y a reactualizar el clima de la casa de sus padre en Deventer: lo que te mata ahí, señala después de volver de su casa familiar, son los problemas no resueltos, la inestabilidad de la
atmósfera, una situación caótica y aflictiva que se refleja en el desorden ... La vida en esta casa se hunde en los detalles insignificantes ... Acabaría neurasténica profesional si me quedara mucho tiempo allí. No se puede hacer nada: ni ayudar ni intervenir
(49).
Después, un segundo paso: Etty supera la sola constatación para comprometerse en comprender. Comprender como esas dos personalidades tan disímiles de sus padres se chocan: a los ásperos gritos de su madre el padre responde con portazos para rencontrarse con sus queridas lecturas. Comprender también, como ella lo subraya en la misma página de sus Cuadernos, qué parte le toca en ese contexto: esos dolores de estómago no me son muy
agradables a mí tampoco. Y se exhorta: ¡Vamos, Etty, recupérate! Ella
de ese modo llega a comprender que sus padres se han dejado
hundir por la complejidad infinita de la vida y no han sabido nunca hacer una opción. Han dejado a sus hijos una extemada libertad de movimiento, no pudiendo nunca dar puntos de referencia ya que ellos mismos no los habían encontrado (95).
Más profundamente, Etty constata dolorosamente que ciertas palabras o actitudes de sus padres son como el eco del vacío y el caos que ella encuentra en sí misma, pero del cual ella busca precisamente desprenderse. Etty ve que su misión se define cada vez más nítidamente: dar a sus pobres talentos errantes, que no han
sido jamás reconocidos ni delimitados, la posibilidad de crecer, de madurar y de encontrar su forma en ella (id.), llevar a cabo las
potencialidades que han quedado como esbozos o abortadas en la vida de sus padres.
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Esta comprensión la conecta de manera viva con sus raíces, en una interdependencia y aún una solidaridad activa. Hacia el fin de su diario, las palabras de su oración se convertirán: Señor,
vuélveme menos deseosa de ser comprendida y haz que yo comprenda.
El tercer paso de Etty hacia sus padres es de perdón, de comunión profunda y de apaciguamiento. Antes que todo, pasaje obligado del perdón, del cual se leyeron las palabras fuertes a las que ella se arriesga: Perdonar a sus padres todas las dificultades que
ellos te han hecho sufrir por el solo hecho de su existencia: por la dependencia, el disgusto, el peso de la complejidad de su vida, agregado la carga ya pesada de tus propias dificultades (84).
Esta etapa difícil supone haberse autorizado a vivir las precedentes: reconocer y comprender. Una maduración interior se obra en Etty que la lleva a no machacar a sus padres con reproches, aún legítimos, que podría dirigirles. A partir de aquí ella puede comenzar a asumir sin huidas la responsabilidad de su propio itinerario y entrar en la serenidad de vínculos que han renunciado a fundamentarse en la exigencia o el resentimiento.
Pronto ella sufrirá por no poder reunirse con sus padres, los que viven sólo a dos horas de tren de su casa. Los judíos están obligados a residencia en su ciudad y en su barrio. Y más tarde, cuando se encuentra con sus padres en Westerbork, el siniestro campo por el cual los judíos de los Países Bajos han “pasado”, Etty quedará impactada por su capacidad de reaccionar a los acontecimientos: Mis padres actuaron con un corajo sublime, estoy orgullosa de ellos. Después compartirá uno de sus últimos paseos con su padre a través del campo, en un paisaje que Etty compara a un verdadero desierto, con su tormenta de arena que corta la respiración, las malvas, los claveles y graciosos pájaros que parecen gaviotas: ¡Los judíos en el desierto! ¡Hace tanto tiempo que
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ese pequeño papá encantador y tan gentil, vencido por la tentación
de claudicar.
Tal es, a su manera, el camino de reconciliación de Etty con ella misma, hasta las raíces que la sostienen: “No eres tú quien lleva a la raíz, sino la raíz quien te sostiene” (Rm 11,18). Etty ha entrado en una gratitud respetuosa capaz de devolver a cada uno a su propia historia. Estas dos direcciones bíblicas esenciales: “dejar al padre y a la madre” y “honra a tus padres”, las ha encontrado para unirlas a su manera siempre tan personal.
El 7 de septiembre de 1943, Etty embarcará para Auschwitz en el mismo convoy que sus “queridos” padres.
* * *
Etty da testimonio: nuestros padres son para nosotros “transmisores de vida”, pero “el pasaje puede ser accidentado y dejar algunas secuelas” (S. Pacot)
Reconocer, comprender, perdonar a nuestros padres forman parte plenamente de un proceso espiritual. Hasta que este trabajo no ha comenzado, nuestro corazón profundo no puede encontrar reposo.
¿Cómo este trabajo emprendido por Etty resuena hoy en mi propia historia?
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D
ÍA5:
S
OLA.
E
STOY CONFIADA A MI ÚNICO CUIDADOEl nacimiento a una verdadera independencia interior es un proceso lento y doloroso. La certeza cada vez más firme de no tener que esperar nunca de los otros la ayuda, el sostén ni el refugio. Los demás son tan inciertos, tan débiles, tan desprovistos como uno mismo. Deberás ser siempre la más fuerte. No creo que esté en tu naturaleza el encontrar en otros las respuestas a tus preguntas. Siempre volverás a remitirte a ti misma. No hay nada de eso en los otros. El resto es una ficción. Pero el ser llevada una y otra vez a esa verdad es duro (...) Y mientras se descubre a los vientisiete años estas “verdades” tan duras, eso te llena por momentos de desesperación, de soledad y de angustia, pero te da también un sentimiento de independencia y de valor. Estoy confiada a mi único cuidado y deberé bastarme a mí misma. El único criterio del cual dispongo, es a mí misma. No ceso de repetirlo. Y la única responsabilidad de la cual podrás cargar en esta vida es la de tu persona. Pero entonces será necesario hacerlo plenamente. Y ahora voy a llamar por teléfono a S. (69)
Etapa llamativa e indispensable en el camino de Etty como en toda vida espiritual: aprender a estar solo. Sin ese aprendizaje, nuestras relaciones con los otros y con Dios están infectadas por la posesividad. ¿De dónde proviene esa sutil atadura que arrojamos sobre los seres, esa voluntad de mantener constantemente al otro en nuestro campo visual o de querer que nos mantenga en el suyo? De un temor visceral, inaudito, el de encontrarse solo y abandonado, pero también casi todo pánico es el reverso de un deseo de una sed absolutamente insaciable, la de ser amado. Nuestro miedo al abandono se alimenta con frecuencia de heridas antiguas vividas en la infancia. La angustia de ser rechazado y la expectativa frustrada de seguridad y de simpatía que la acompañan
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pueden empujarnos a sostener una dependencia enfermiza con los otros: la duda, la culpabilidad, las frustraciones alteran así nuestras relaciones con los demás. Etty sabe de esto ...
Reconociendo este tormento ella comienza a salir de allí. Ella hace esta constatación al comienzo de su Diario: Un ligero
cambio de la escala de valores en mi vida. Y precisa que de ahora en
adelante, el rostro de Spier aparecería constantemente en sobreimpresión con los autores que estudia, aunque ella no pueda continuar su tarea; en tanto que para continuarla, ese rostro estará siempre allí pero como un paisaje amado y familiar en el trasfondo.
De ahora en adelante, cuando ella encuentre bella una flor, ella querrá estrecharla sobre su corazón o comerla. Y del mismo modo, al contemplar el follaje de un árbol en el crepúsculo: lo que encuentre bello, desea tenerlo, engullirlo. Reconoce que esto la agota... Una especie de placer egoísta, advierte, es decir, una manera de excitarse indefinidamente para producir un gozo estéril que no puede más que exacerbarse sin apaciguarse jamás. Pero de pronto todo cambia.
Ella ignora por qué caminos interiores. Pero el cambio está allí, evidente. Así lo demuestra la capacidad de análisis con la que puede retrospectivamente releer un acceso de celos hacia Spier: Me
ha tocado en lo más profundo de mi ser... No querría que estuviera en mí, y yo odiaba todas esas mujeres con las que él había hablado,... ¿Qué me queda para mí? Me sentía desdichada y solitaria ... (23).
Etty se da cuenta de que la misma escritura puede ser una manera secreta de buscar apropiarse de las cosas por medio de las palabras y de las imágenes. De ese modo se obra en ella el comienzo de un nacimiento a una verdadera independencia interior. Ella se experimenta liberada de su afán posesivo y se alegra de constatar ese progreso, aún cuando no siempre lo haga sin dolor. A pesar de las oleadas de soledad, de desesperación y de angustia que a veces refluyen , levanta la cabeza sobre su libertad naciente, descubriendo que el único criterio del cual ella dispone, es de sí
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sería más que un soberbio aislamiento el corazón que ella descubre está, por el contrario, lleno de pasión, pero nunca para un
solo ser sino más bien para desplegar la única responsabilidad que ella descubre en sí, la de su propia persona.
Solamente ..., precisa, será necesario asumir plenamente esta responsabilidad. Y abrir el campo de su responsabilidad aquilatando su elección libre en toda dirección: llamar por teléfono a Spier, no dejarse contaminar por el abatimiento por las personas con que se encuentra en ese tiempo de humillaciones, concederse una media hora de depresión y de angustia pero no más, guardar por escrito las novedades cuyos títulos ya la habitan, adivinar el origen de sus accesos de gula...
Pero debajo de este fondo de independencia interior creciente, se dibuja en ella una decisión más importante: el
“casamiento” con Spier lo que los buenos burgueses llaman matrimonio no lo quiero. Es precisamente la idea de tener que hacer sola mi camino lo que me da un sentimiento de fuerza. Una fuerza alimentada paso a paso por el amor que experimento por él y por los otros ... Prefiero estar sola, pero estar allí para todos (197).
Sola, pero para todos ... Cuando para Etty llegue la hora de
vivir hasta el extremo este descubrimiento, la encontraremos capaz de enfrentarlo. En nombre de la apertura de su capacidad de amar que surge en ella hacia la humanidad entera, tendrá la fuerza de alejarse de Spier, debilitado por un cáncer de pulmón, en un momento en el que una compasión demasiado sentimental le habría aconsejado permanecer cerca de él en Amsterdam. Ella hará su camino, segura de que la distancia más corta entre dos seres pasa por la fidelidad de cada uno a sí mismo. Este alejamiento que no parece nada y ¡del cual ella experimentará afectivamente lo que le va a costar! lo podrá aceptar, no por una superación estoica, sino por la inagotable Presencia en la que ella se sumerge sin cesar.
Estoy confiada a mi solo cuidado, le gustaba decir a Etty. ¡No
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después de diez días de trabajo abrumador en el Consejo judío de Amsterdam, además de la tristeza , que como una oleada la invadía en un momento, surge el pensamiento del suicidio. Pero de repente
brota burbujeante hacia la superficie, proveniente de pozos escondidos, una fuerza que me enseña que no estoy en el límite; y que
al mismo tiempo le asegura: tú lo puedes.
Una fuerza proveniente de pozos escondidos ... Ella que
escribía Se debe ser su propia patria (212), por medio de ese diálogo con Dios, sostenido contra viento y marea, se enraíza cada vez más sólidamente en su tierra.
* * *
¿No pedimos a los demás, a menudo inconcientemente, lo que no nos pueden dar? Cuando nuestros amores se muestran incapaces de apagar el grito de nuestra soledad esencial, ¿no es el índice de que es necesario, sobre todo, profundizar en esta Presencia íntima, que sin pretender llenar nuestra soledad, nos ayuda a habitarla?
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ÍA6:
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OMPARTIR EL DESTINO COLECTIVONos queda mucho por soportar. Se nos va a despojar y si esta situación se prolonga, harán de nosotros una masa miserable. Ya nuestras fuerzas declinan cada día, no sólo por el aumento de la angustia y de la incertidumbre, sino también por el hecho de pequeñas incomodidades como la prohibición de entrar en las tiendas y la obligación de hacer a pie largos trayectos – lo que es desde ya agotador para mucha gente que conozco. Por todos lados se van viendo signos que presagian nuestra aniquilación, pronto el círculo se irá cerrando sobre nosotros, impidiendo toda ayuda eficaz de la gente de buena voluntad. Todavía hay muchas puertas de salida, pero serán clausuradas una a una (159).
Cada uno intenta aún salvarse, sabiendo muy bien que si no se va, otro lo reemplazará. ¿Es muy importante que sea yo u otro, tal o cual? Se ha convertido en un destino masivo, común a todos y lo debemos saber. Jornada muy dura. Pero me vuelvo a encontrar a mí misma cada día en la plegaria. Y siempre podré rezar, aún en el lugar más exiguo. Y este pequeño fragmento de destino colectivo que estoy dispuesta a llevar, lo ato sobre mis espaldas como un hatillo con nudos cada vez más fuertes y cada vez más cerrados, me uno firmemente a él y lo llevo por las calles. (168).
La segunda guerra mundial ya quedó muy distante de nosotros. Sin embargo, podemos, haciendo una mirada retrospectiva, dimensionar los acontecimientos que han compuesto esas páginas de la historia y sacar algunas conclusiones. Etty no tenía esa distancia que tenemos ahora. Vivió minuto a minuto la guerra, especialmente el aumento del antisemitismo, sin que se dejara presagiar en toda su amplitud la tragedia que iba a sufrir su pueblo. Los extremismos son todos terribles desde el comienzo,
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pero no revelan sino progresivamente las consecuencias prácticas de su malicia. ¿Cómo podía el profundo humanismo de Etty, a través de indicios, y después con alarmas cada vez más fuertes, concebir la intención perversa y exterminadora que se estaba llevando a cabo? ¿Cómo podía enfrentar el hecho de que se rechazaba el derecho a vivir a todo un pueblo del cual ella provenía, de que su misma vida se encontrase cada día más amenazada?
El mal siempre es motivo de asombro para la consciencia humana. Sea que se dé a pequeña o gran escala, siempre nos impacta, como si nuestro ser no pudiera admitir su existencia sino con un retraso de sorpresa y de incredulidad. Tanto podemos constatar los efectos del mal y decodificar sus mecanismos, cuanto la malicia y perversidad como tales parecen escapar a los recursos de nuestro entendimiento. Etty ha conocido este sobresalto de estupefacción, lapsus donde la consciencia se resiste a creer lo que ve. Pero frente al giro de los acontecimientos, ella fue progresivamente conducida a comprender el alcance exacto de lo que estaba ocurriendo. Y sus palabras se despliegan una a una sobre el papel, sobriamente y con una precisión final: Se nos va a
despojar…Por todos lados se manifiestan signos que presagian nuestra aniquilación… aún hay muchas puertas de escape, pero se irán clausurando una a una…
De ahora en adelante, forzada a reconocer el carácter irremediable de este episodio de la historia como nunca lo ha habido
hasta ahora, Etty forja una expresión para hablar de eso. Se ha
vuelto un “destino colectivo”, dirá. Una sola palabra alemana en el texto original, como para sellar su nueva toma de consciencia: ¡“Massenschiksal”! En adelante Etty está adherida a lo que ocurre.
Nunca se había visto una persecución bajo esta forma totalitaria, organizada a una escala colectiva, incluyendo toda Europa. ¡Palabras
con fecha 10 de julio de 1942! Etty presiente – y los hechos le darán la razón—que esta persecución no dejará mucha oportunidad a los
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judíos para escapar. ¡Todo un pueblo, su pueblo, arrastrado por el vórtice alucinado de una ideología asesina!
El año siguiente, hundida en la miseria impresionante del campo de Westerbork, Etty volverá a contar: …Me he encontrado el
otro día con una jovencita que comenzó a decirme que si ella estaba en Westerbork, era un hecho del azar. Y Etty comenta: Hay aquí un fenómeno generalizado realmente asombroso: cada uno piensa que “su” caso se debió a un azar desafortunado, estamos todavía muy lejos de una consciencia histórica común (267).
Esta “consciencia histórica común” se hará cada vez más fuerte en Etty. En una carta estremecedora del 24 de agosto de 1943, dirá que se siente permanentemente los ojos y oídos de una parte de la historia judía. Para Etty, superar ese salto de consciencia que la va poco a poco desde la historia individual hacia la historia colectiva, la hace solidaria con el género humano. Esta etapa es capital. Confirma la autenticidad del camino espiritual de Etty.
En efecto, es uno de los problemas de todo itinerario espiritual auténtico: superar el mirarse el ombligo inherente a una búsqueda inicial para alcanzar el crecimiento del ser que universaliza y compromete en la comunión… Vivir este “paso” supone elecciones. En torno a ella, Etty ve a algunos que no dudan en salvar su pellejo al precio del de los otros, tomando el menor palo como tabla de salvación. No quiero esos papeluchos por los que
los judíos se pelean a muerte, dirá con relación a las “listas cerradas”,
pensadas para proteger a ciertas categorías de judíos de la deportación, pero que no les ofrecían en realidad más que una seguridad ilusoria. Querría estar en todos los campos, de los cuales
Europa está sembrada… no quiero en absoluto estar segura, quiero estar en el teatro de las operaciones, despertar una tímida fraternidad entre estos “enemigos”… (235).
Presionada a ponerse en un lugar seguro por sus amigos, que aluden a su gran potencial, Etty se opone: es sobreestimarse
particularmente creerse de demasiado valor para compartir con los otros un “destino colectivo”. Entonces, ¿fatalidad común o fatalidad
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de Etty? ¡No es verdad que quisiera ir hacia mi aniquilación con una
sonrisa de sumisión en los labios, responde firmemente Etty a los
que le atribuyeran ardores de kamikaze!(174).
Etty reconoce que experimenta dificultades para traducir exactamente en palabras el sentido del camino que emprende.
Cuando digo a los otros: no sirve de nada huir o esconderse, no escaparemos de esto, vayamos e intentemos hacer aun lo que podamos por los otros—doy quizá la impresión de resignarme. Pero es otra cosa lo que quiero decir (166). Hay un momento en la vida en
que la necesidad interior que nos impulsa a “ir” supera a la necesidad exterior que parece imponérsenos. Etty lo descubre. ¿Este momento no es aquel en que, contra toda apariencia, ejercemos máximamente nuestra capacidad de resistencia y de libertad?
Vivir esta vida hasta mi último aliento con toda la consciencia y la convicción posibles... ¿No es una manera de trabajar para la posteridad? Para que ésta no tenga que recomenzar de cero y encuentre menos dificultades? Etty se preguntaba previsoramente
(144-145).
Solidaridad humana horizontal a través del espacio y vertical a través del tiempo… Cargar con su pequeño fragmento del
destino colectivo introduce a Etty en una fraternidad mucho más
amplia que la que la consciencia puede inmediatamente captar…
* * *
Jornada muy dura… Pero me vuelvo a encontrar siempre en la oración, nos confía Etty. Son estos reencuentros de la oración los
que la ayudan a atar sobre su espalda con nudos cada vez más
fuertes este pedacito de destino colectivo que está dispuesta a cargar.
Uno de los criterios de una oración auténtica, es que abra nuestra responsabilidad, hasta ayudarnos, a veces, a no sustraernos de situaciones pesadas en las que estamos involucrados.
¿Rezar me ayuda verdaderamente a no sustraerme a la realidad de mi vida?
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ÍA7:
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ADA DÍA DIGO ADIÓSHace algunos días, pensaba: lo peor, para mí, será estar privada de papel y lápiz para hacer un balance de vez en cuando— para mí, es una necesidad absoluta, sino, a la larga, algo estallará en mí y me aniquilará desde adentro.
Hoy tengo una certeza: cuando se comienza a renunciar a las propias exigencias y deseos, se puede también renunciar a todo. Lo he aprendido en pocos días.[…] Voy a poner mis papeles en regla; cada día digo adiós. El verdadero adiós no será más que una pequeña confirmación exterior de lo que se habrá ido cumpliendo en mí día a día.[…]
¿Soy yo misma que ha escrito con tanta paz y madurez? ¿Me sabrán comprender si digo que me siento admirablemente feliz […]? Apenas me atrevo a continuar escribiendo: se diría que es extraño, el que vaya demasiado lejos en mi desprendimiento de todo aquello que en la mayoría, produce un verdadero atontamiento. Si sé con certeza que voy a morir la semana próxima, soy capaz de pasar mis últimos días en mi escritorio con toda tranquilidad; pero no sería una huida, sé ahora que vida y muerte están unidas la una a la otra con un vínculo profundamente importante. Será un simple deslizamiento, aún si el fin, en su forma exterior, deba ser lúgubre o atroz (158-159).
Clarividencia admirablemente premonitoria de Etty. En el momento en que el terror avanza, o la pinza se cierra, Etty vive cada día con la consciencia de terribles posibilidades que pueden ocurrir
en cualquier momento para ella misma o para ellos que ama. Ya
nada es improbable. El horror orquestado tiene tal dimensión que atrapa a hombres, mujeres y niños, sin que nada parezca poder resistírsele. La lucidez de Etty es total, sin concesiones: pronto el
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Presionada por esta amenaza cuyos contornos se precisan cada día más, Etty podría vivir como un animal desesperado, atrincherándose en el estupor y el abatimiento.
Pero si bien Etty es presionada por los cercenamientos de la aceleración de las medidas antijudías, no es para hacer del miedo y la postración sus compañeros. Al contrario, está atenta a la dulzura y a la confianza que siente crecer en ella día a día. Etty es feliz, capaz de dejarse conmover por una orgía de gritos de pájaros o por
un geranio que continua día a día enrojeciendo el decorado. Ninguna
huida, ninguna exaltación en su felicidad, sólo la consciencia de todo el bien que ha existido en su vida. Lejos de ser reprimida por todo el resto, esta consciencia la impregna cada vez más y le da fuerza. Con ella aumenta también la intuición de que esta fuerza la hará capaz, tal vez un día, de asumir todo, de soportar todo.
Como la muerte avanza, alargando por todas partes la sombra de su marcha funesta, Etty la mirará de frente. Aún mejor, decidirá hacerle un lugar en ella. Ensanchará su aceptación de la vida, integrando en ella su aceptación de la muerte. Ninguna morbosidad en esta actitud, sino al contrario, un deseo de vivir que rechaza el dejarse apagar, aún por la amenaza de una muerte inminente.
Como la desmesura del horror es tal que todo lo que se pudiera intentar para sustraerse parece irrisorio y condenado al fracaso, Etty se esforzará por integrar en su vida la eventualidad de la muerte. Elegir más bien que sufrir. Etapa decisiva en su recorrido.
A nuestro fin, probablemente lamentable, que ya desde ahora se esboza en las pequeñas cosas de la vida corriente, le he hecho un lugar en mi sentimiento de la vida, sin que por eso se vea disminuido. […] Esto parece una paradoja: excluyendo la muerte de nuestra vida nos privamos de una vida completa, y acogiéndola, la ensanchamos y enriquecemos la vida (145-146).
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Esta decisión de Etty constituye un verdadero punto de apoyo sobre el cual se fundará su disponibilidad a lo que venga, y no sólo a las posibilidades extremas que encierre este futuro.
Esta aceptación nueva, lejos de ser abstracta, implica para Etty una manera concreta de vivir lo cotidiano. Ya que la muerte se insinúa desde ahora por mil privaciones y vejaciones, ella va desde ahora a acostumbrarse a un cierto desprendimiento, convencida que aquello que obtenemos libremente de nosotros mismos está más
sólidamente fundado y es más duradero que lo que se realiza bajo coacción.
Poco a poco se despide de ciertos bienes. Así, ella que sabe apreciar una taza de verdadero cacao Van Houten y comer con pasión una tostada con miel, va a conformarse con un desayuno más frugal y va a acostumbrarse a una cierta escasez…me haré
mejor a la idea de mi partida si concretizo este adiós en una serie de pequeños actos, de modo que no reciba el “vencimiento fatídico” como un golpe mortal (164).
Etty le recomienda a una amiga escandalizada por estar privada del contacto tan necesario con la naturaleza—prohibición hecha a los judíos de circular en los parques y jardines públicos:
procura vivir con los tres árboles que están frente a tu casa como si fuese una selva. Ni cinismo, ni humor negro en este consejo. Mucho
menos una resignación. Sino más bien una invitación a oponer al mal los recursos activos de nuestras profundidades más indestructibles, a encontrar y desarrollar en nosotros nuevas facultades. Lo contrario precisamente a cualquier resignación.
Si alguien se zambulle en el mal que le hace la injusticia, es como si dejase que la injusticia lo golpee dos veces: una primera vez, porque es alcanzado por su carácter injusto; una segunda vez, porque instalándose en el mal que se le ha hecho, lo sufre aumentado. Buscar desprender su atención del daño sufrido, ejercitar la mirada en ver en tres árboles una selva, en lugar de dejarse aniquilar por leyes ignominiosas, cuyo fin es precisamente
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hacer callar al hombre en el hombre: esto resume la actitud puesta en práctica por Etty.
¿Cómo no intuir la dulce y lenta educación del corazón necesaria para poder poco a poco entrar en tales disposiciones? Tomar lo precario, la privación, lo provisorio, lo incierto como ocasiones para concentrarse en lo esencial. Cada día nos despoja de
un poco de mediocridad, confía Etty…Siento que millares de fibras me atan aún a todo lo que está aquí. Deberé cortarlas una a una, subir a bordo todos mis tesoros de tal modo que no deje nada detrás de mí cuando leve anclas (195). Promesa aguda de la determinación
valiente de Etty.
Otro contexto, otros tiempos que los nuestros. Sin embargo, estas palabras pueden resonar de un modo particular. ¿La hora de
levar anclas no sonará un día para cada uno de nosotros? A veces se
escucha que cada día que pasa nos acerca al último. Cada día que
pasa nos prepara, por poco que nosotros lo consintamos. Cada día digo adiós. El verdadero adiós no será sino una pequeña confirmación exterior de lo que se habrá ido cumpliendo en mi día a día. A riesgo
de exceder el pensamiento de Etty, ¿no podemos evocar el a-Dios en su sentido original y atrevernos a esta esperanza: cada día que pasa nos acerca al primero?
* * *
¿Cómo desmenuzar plenamente la vida que nos es dada, volviéndonos atentos en lo cotidiano a lo que nos recuerda que “no tenemos aquí morada permanente” (Hb 13, 14)?
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RANSFORMAR LA ADVERSIDADPara humillar, hacen falta dos. El que humilla y aquel a quien se quiere humillar; pero, sobre todo, alguien que acepte dejarse humillar. Si falta este último o, dicho de otro modo, si la parte pasiva está inmunizada contra todo tipo de humillación, las humillaciones infligidas se deshacen en humo. Lo único que queda son las medidas vejatorias que trastornan la vida cotidiana, pero no esa humillación o esa opresión que agota el alma. Hay que educar a los judíos en este sentido. Esta mañana, bordeando en bicicleta el Stadionkade, me encantó contemplar el vasto horizonte que se descubre en los lindes de la ciudad y respirar el aire fresco que todavía no nos han racionado. Todo está lleno de carteles que prohíben a los judíos todos los senderos que conducen a la naturaleza. Pero por encima de este trozo de camino que sigue abierto para nosotros, se extiende todo entero el cielo. Nada pueden hacernos, verdaderamente nada. Pueden hacernos la vida demasiado dura, despojarnos de ciertos bienes materiales, quitarnos cierta libertad de movimiento completamente exterior, pero somos nosotros mismos quienes nos despojamos de nuestras mejores fuerzas mediante una actitud psicológica desastrosa. Sintiéndonos perseguidos, humillados, oprimidos. Experimentando odio. Fanfarroneando para tapar nuestro miedo. Todo el mundo tiene derecho a estar triste y abatido de vez en cuando por lo que nos hacen sufrir. Es humano y comprensible. Y, sin embargo, somos nosotros mismos quienes nos infligimos el verdadero espolio. Encuentro hermosa la vida y me siento libre (132)
Al juez romano que le decía: “¿sabes que tengo el poder de matarte?”, un mártir habría respondido: “sabe que tengo el poder de dejarme matar”. Etty nos hace recordar esto. ¡Extraña lógica que contraría a todos nuestros razonamientos! Permanecemos libres de la aceptación que guardamos para con el mal que nos es infligido,