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D EFINICIÓN TEÓRICA DE ARGUMENTACIÓN

IV. ETAPA DE CONCLUSIÓN

2.1. D EFINICIÓN TEÓRICA DE ARGUMENTACIÓN

N lugar de ser meramente estipulativa, una definición teórica de la argumentación debe, en mi opinión, conectarse tanto como sea po- sible con las características comúnmente reconocidas de la misma. Por lo tanto, deben tenerse debidamente en cuenta los significados léxicos de la palabra «argumentación» en su uso corriente. En este esfuerzo, es importante resaltar que, desde el principio, se observan notables diferen- cias entre el significado de la palabra clave «argumentation» en inglés y el significado de sus homólogos en otras lenguas europeas, como en holandés («argumentatie»), en francés («argumentation»), en alemán («Argumenta-

tion»), en italiano («argomentazione»), en español («argumentación»), en

portugués («argumentação») y en sueco («argumentation»). Las diferencias no pueden simplemente descartarse como si fuesen meras peculiaridades, ya que implican características vitales de la argumentación que pueden te- ner consecuencias significativas en el modo en el que ésta se concibe.1 Es

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1 Sin caer en la hipótesis de Sapir-Whorf en lo que concierne a las relaciones entre len-

guaje y pensamiento, concluyo desde mi experiencia personal que ciertas particularidades lingüísticas pueden tener un impacto distinto en las conceptualizaciones de las personas.

de notar que la palabra «argumentatie» en mi propio idioma, holandés, y sus equivalentes en otros idiomas, son mucho más habituales que la pala- bra «argumentation» en inglés.2 Más importante aún, estas expresiones ca-

recen de algunas de las propiedades que la palabra «argumentation» posee en inglés, lo cual complica una definición teórica de la argumentación a partir de la perspectiva del uso ordinario del lenguaje. Puesta esta cuestión en términos más positivos, las contrapartes de la palabra «argumentation» en inglés ya presentan ciertas características cruciales a la hora de encarar una definición teórica de la argumentación.3

Una primera diferencia notable entre la palabra «argumentation» en in- glés, y sus contrapartes en otros idiomas, es que el significado en estas úl- timas, naturalmente, incluye el sentido de la argumentación como un pro- ceso y de la argumentación como un producto. Sin tener que forzar el uso ordinario de la palabra, el término holandés «argumentatie», por ejemplo, puede ser usado para referirse tanto al proceso argumentativo («no me in- terrumpas ahora, ya que estoy en medio de mi argumentación [argumenta-

tie]»), como al producto resultante de dicho proceso argumentativo («he

mirado en su argumentación [argumentatie], pero no la encuentro muy acertada»). Esto significa que la combinación de proceso-producto, que es característica de nuestro objeto de estudio y que debe preservarse en una definición teórica del término «argumentación», en estas lenguas ya es inherente al uso ordinario, mientras que éste no es el caso en inglés (o al menos no tan claramente), donde la idea de proceso es más predominante. Este doble sentido está, por lo tanto, naturalmente más protegido, si uno parte del uso no anglófono del término.

Una segunda diferencia significativa radica en que las palabras no ingle- sas que designan «argumentación» están inmediata y exclusivamente co-

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2 Porque soy un hablante nativo de la lengua holandesa, en comparación con el uso que

hago del inglés, confío en primer lugar en ese idioma, pero mis observaciones se aplican igualmente bien a los demás idiomas que he mencionado.

3 Esto explica por qué, aparte de la jerga técnica, la definición teórica de la argumenta-

ción provista en Fundamentals of Argumentation Theory representa en la actualidad el ma- nual más completo de la argumentación (Van Eemeren et al., 1996: p. 5) y está prácticamen- te en concordancia con el uso ordinario en dichas lenguas.

nectadas con esfuerzos constructivos por resolver una diferencia de opi- nión, convenciendo a la otra parte acerca de la aceptabilidad de nuestros puntos de vista. Esto significa que están asociadas directamente con la ra- zonabilidad y con el actuar razonablemente, una propiedad fundamental de la concepción pragma-dialéctica de la argumentación (Van Eemeren y Grootendorst, 2004: pp. 11-18). El término holandés «argumentatie», por ejemplo, se refiere —al igual que el término «argumentación» utilizado en la teoría de la argumentación— a un esfuerzo deliberado por resolver una dife- rencia de opinión (real o prevista) mediante el convencimiento del destinata- rio(s), de un modo razonable, para que acepte el o los puntos de vista en cuestión. En este esfuerzo, se presupone que la audiencia actúa como un juez razonable, con independencia de que ésta esté compuesta por un único in- terlocutor o por todos los potenciales lectores de un ensayo. A diferencia de la palabra inglesa «argumentation», las palabras no inglesas que se refieren a este concepto no tienen nada que ver con peleas u otras actividades con car- gas verbales negativas, tales como escaramuzas, peleas, riñas, discusiones y regateos.4 Esta ausencia de cualquier tipo de connotación negativa permite

que las palabras no inglesas, que comúnmente usamos para referirnos al término «argumentación», pasen a ser fácilmente adoptadas como un térmi- no técnico con fines teóricos, sin necesidad de introducir primero estipula- ciones artificiales que descarten significados no deseados.

Una tercera diferencia que vale la pena mencionar aquí es que, a dife- rencia de la palabra inglesa «argumentation», las palabras no inglesas se re- fieren exclusivamente a las constelaciones de razones que un orador o es- critor esgrime en defensa de un determinado punto de vista, mientras excluyen el punto de vista en sí mismo. De acuerdo al uso holandés, por ejemplo, la argumentación [argumentatie] puesta en práctica cuando deci- mos «no deberías escuchar a Pedro, porque es prejuicioso» está constituida sólo por la afirmación explícita de que Pedro es prejuicioso y la premisa implícita no expresada de que no vale la pena escuchar a las personas pre- juiciosas, al igual que la advertencia de que no debemos escuchar a alguien

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4 En Negociation: A A-Z Guide, Kennedy (2004: p. 22) describe «argumento» de la si-

guiente manera: «El argumento es una forma destructiva de debate. Algunas negociaciones jamás van más allá de los argumentos».

como Pedro no forma parte de la argumentación, sino que constituye el punto de vista que está defendiéndose. Esta distinción se conecta muy bien con una definición teórica de la argumentación en la que la argumentación presentada en defensa de un punto de vista y el punto de vista que se de- fiende por medio de esta argumentación se consideran por separado como dos actos de habla complejos, de modo que la relación entre ellos puede analizarse y evaluarse más fácilmente (Van Eemeren y Grootendorst, 1984: p. 18). Aunque no deben exagerarse demasiado tales diferencias idiomáti- cas, muchas veces casuales, resulta obvio que conceptualmente el significa- do léxico de las contrapartes no inglesas de la palabra inglesa «argumenta-

tion» constituye una mejor base para una definición teórica del término

técnico «argumentación», que el significado ordinario de la palabra inglesa «argumentation» (si ésta es, incluso, una palabra que de verdad se use fre- cuentemente en el lenguaje común).

Existen algunas otras características conspicuas de la argumentación como un fenómeno ordinario, dentro de una realidad cotidiana general- mente compartida, que también son cruciales para una definición teórica, pero que a su vez son independientes de cualquier lenguaje específico. Yo las considero vitales porque, en mi opinión, tienen consecuencias metodo- lógicas en la forma en la que se realizan las investigaciones sobre argumen- tación. Para empezar, en lugar de ser sólo una entidad estructural, la argu- mentación es, en primer lugar, un complejo acto comunicativo, que se realiza a través de la realización funcional de movimientos comunicativos verbales (y a veces no-verbales).5 En la teoría pragma-dialéctica, esta carac-

terística conduce a la adopción del principio meta-teórico de «funcionali- zación», que sirve como punto de partida metodológico para mostrar cómo se elabora una explicación teórica. En segundo lugar, más que ser un mo- nólogo unidireccional, la argumentación es un acto complejo de interacción dirigido a suscitar ciertas respuestas en las personas a quienes se dirige. Es- to hace que la argumentación sea parte de un diálogo, donde puede ser ex-

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5 En el pasado yo solía hablar de movimientos «verbales» o «lingüísticos» (por ejemplo,

Van Eemeren et al., 1996: p. 2), pero debido a que estos movimientos también puede ser no-verbales, o parcialmente no verbales, creo que es mejor referirse a ellos de manera más general como movimientos «comunicativos», o «argumentativos», en este caso.

plícita, como en el caso de la argumentación que se desarrolla en un deba- te, o implícita, como en el caso de la argumentación que se destina a una audiencia o a un público de lectores que no responden directamente o que no están físicamente presentes. El principio meta-teórico asociado en este caso es el de la «socialización». En tercer lugar, más que ser sólo un acto expresivo o un libre fluir de las ideas, argumentar implica presentar propo- siciones de una manera que permita crear compromisos de los cuales uno pueda considerarse responsable. El principio meta-teórico que, desde una aproximación metodológica, se relaciona con esta responsabilidad es la «externalización» —en este caso, de los compromisos—. En cuarto lugar, en vez de limitarse a especular sobre los instintos y enredos emocionales, la argumentación implica, por su naturaleza constructiva, una apelación a la

razonabilidad que deriva su fuerza de la idea de estándares críticos comu-

nes. Esta característica esencial de la argumentación conduce a que los pragma-dialécticos adopten el principio meta-teórico de la «dialectifica- ción», que es el cuarto punto de partida metodológico que permite definir una teoría pragma-dialéctica de la argumentación.

Los cuatro principios que acabo de presentar, en relación con cuatro características fundamentales de la argumentación, son meta-teóricos en el sentido de que la adopción de los mismos precede a la teorización real. Después de que hayan sido adoptados, se encontrarán o desarrollarán las herramientas teóricas necesarias para poner en práctica estos principios de manera sistemática, y el esfuerzo de crear los medios para su implementación planteará sus propios problemas. Como quiera que sea, los principios meta- teóricos de funcionalización, socialización, externalización y dialectificación forman parte del enfoque pragma-dialéctico de la argumentación. Esto no significa, sin duda, que estos cuatro principios sean compartidos sin reservas por todos los teóricos de la argumentación. De hecho, establecer el alcance en el que estos principios se comparten es una de las formas más reveladoras de distinguir las diferencias entre los distintos enfoques teóricos.

La funcionalización se consigue, en el enfoque pragma-dialéctico de la argumentación, haciendo justicia al hecho de que el discurso argumentati- vo (en la medida en que se lleva a cabo lingüísticamente) se produce a tra- vés de —y en respuesta a— determinados actos de habla. Brindar una de- finición funcional de acto de habla complejo en la argumentación, y de

otros actos de habla realizados en el discurso que son pertinentes en la re- solución de una diferencia de opinión, posibilita especificar las «condicio- nes de identidad» y las «condiciones de corrección» de todos los movi- mientos comunicativos (Van Eemeren y Grootendorst, 1984: pp. 39-46; 1992a: pp. 30-33). De este modo, por ejemplo, puede darse una especifica- ción de «lo que está en juego» cuando se expone un determinado «punto de vista», de modo que quede claro cuál es el «espacio de desacuerdo» y cómo se organiza el discurso argumentativo alrededor de este contexto de desacuerdo (Jackson, 1992, p. 261). La socialización se consigue al identifi- car exactamente quiénes son los participantes que asumen los papeles de protagonistas y antagonistas dentro de una discusión, en el marco de cola- boración que conlleva todo discurso argumentativo. A través de una am- pliación de la perspectiva de los actos de habla, desde el nivel comunicati- vo de la locución hasta el nivel interactivo de la perlocución, puede demostrarse de qué forma se desarrollan los puntos de vista y la argumen- tación que los apoya en respuesta a los movimientos efectuados (o proyec- tados) por la otra parte. La externalización se logra mediante la identificación, en base a las condiciones de identidad y a las condiciones de corrección pertinentes, de los compromisos específicos que se crearon a través de los actos de habla realizados en un contexto particular de interacción argu- mentativa. En lugar de tratarse como estados internos de la mente, nocio- nes tales como «desacuerdo» y «aceptación» se definen, en tal perspectiva externa, en términos de actividades discursivas que crean compromisos bien definidos. La «aceptación», por ejemplo, se exterioriza como la mejor respuesta en relación con un acto discutible que compromete a quien res- ponde a no atacar nuevamente ese acto discutible y polémico. Por último, la dialectificación, que regula el intercambio crítico, se logra reglamentan- do los actos de habla que se efectúan sistemáticamente en el discurso ar- gumentativo de acuerdo al modelo ideal para una discusión crítica destina- do a resolver una diferencia de opinión. 6

A partir de la conceptualización de la noción de argumentación que acabo de alcanzar, teniendo en cuenta las características esenciales de la

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6 En la práctica, esto signifca que se revisa metódicamente por las partes involucradas si

misma en el lenguaje corriente, y haciendo justicia a los principios de fun- cionalización, socialización, externalización y dialectificación que sirven como puntos de partida metodológicos para el estudio de la argumenta- ción, la argumentación puede definirse teóricamente del siguiente modo:7

La argumentación es un acto de habla complejo, comunicativo e interactivo, destinado a resolver una diferencia de opinión ante un juez razonable adelan-

tando una constelación de razones8 que el argumentador puede tener para ex-

plicar y justificar el o los puntos de vista en cuestión.

2.2. EL MANTENIMIENTO DE LA RAZONABILIDAD EN EL DISCURSO ARGU-

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