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L A EFECTIVIDAD EN EL DISCURSO ARGUMENTATIVO EN APROXIMA CIONES RETÓRICAS MODERNAS

sobre el discurso argumentativo

3.5. L A EFECTIVIDAD EN EL DISCURSO ARGUMENTATIVO EN APROXIMA CIONES RETÓRICAS MODERNAS

Una característica común a todos los enfoques retóricos modernos es, desde mi punto de vista, su tendencia a quedarse en gran medida con conceptos re- tóricos clásicos y a continuar su uso en el análisis del discurso argumentativo y otro tipo de discursos.54 En los tiempos modernos, desde la Ilustración en

adelante, es posible hacer una distinción entre enfoques retóricos con una orientación fundamentalmente filosófica inspirados en Aristóteles (y más adelante, Whately), en los cuales persuasión y efectividad son centrales, y en- foques retóricos que son ante todo declamatorios, elocutivos, y se concen- tran más, de una manera isocrática, en elementos literarios y ornamentales. Leff (2002) nos recuerda que la efectividad no es el único tipo de normativa involucrada en la retórica. Ya en las tradiciones pre-modernas, explica, exis- te una tendencia hacia la norma de «adecuación», la cual refiere a la capa- cidad de adaptar un discurso a las circunstancias locales cambiantes. Es

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54 Como observa Tindale, «argumentación retórica se basa en características de la tra-

«una norma de acomodación y flexibilidad, conectada con la phronesis (ijȡȩȞȘıȚȢ) o prudentia» (Leff, 2002: p. 56).55

Pese a la inclinación general a aferrarse a conceptos retóricos clásicos, en el siglo XX el alcance de la retórica se ha ampliado considerablemente, tal como señalan Lunsford, Wilson y Eberly (2009: p. xix) en su introduc- ción a The Sage Handbook of Rhetorical Studies. Swearingen y Schiappa observan en la primera parte de su Handbook, por ejemplo, que el concep- to clásico de audiencia se amplió «hasta incluir a los lectores, comunidades de discurso, y la formación de comunidades políticas voluntarias y religio- sas» (p. 2). Si bien en la introducción a su sinopsis de los enfoques retóri- cos contemporáneos, Foss, Foss y Trap ven «el uso de la palabra hablada para persuadir a una audiencia» como el «caso paradigmático» de la retó- rica (1985: p. 12), ellos definen la retórica de manera mucho más amplia como «la capacidad únicamente humana de usar símbolos para comuni- carnos unos con otros» (p. 11). Ellos añaden los términos «retórica» y «comunicación» que son, por lo tanto, «esencialmente sinónimos» (p. 11).

Entre los estudiosos de la retórica que Foss, Foss y Trapp tratan en

Contemporary Perspectives on Rhetoric están Richards, Weaver y Grassi.

Richards (1936) pone objeciones a la visión tradicional de la retórica y re- chaza ambas visiones, la de Aristóteles y la de Whately, de la retórica como el estudio de la persuasión. El estudio de estos autores sobre reglas para la efectividad no es lo que él considera el estudio de la retórica: una «investi- gación filosófica sobre cómo las palabras funcionan en el discurso». Una segunda objeción mayor que él hace a su retórica es que su tema central es la persuasión. En su opinión, que comparte con Campbell, la retórica es «el arte por medio del cual el discurso se adapta a su fin» (Foss, Foss y Trapp, 1985: p. 21).56 Weaver (1970, 1985) cree que lo que él considera las

limitaciones de la dialéctica pueden ser superadas (y sus ventajas preserva- das) a través del uso de la retórica como complemento de la dialéctica. Él

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55 «El contexto más estable de la argumentación dialéctica», observa Leff (2002: p. 56),

«anima a una norma que se aproxima más a la racionalidad abstracta».

56 Richards distingue los diferentes tipos de fines y objetivos por los cuales se utiliza el

lenguaje. Él ve la tarea de la retórica como «un estudio de los malentendidos y sus reme- dios» (Foss, Foss y Trapp, 1985: p. 21).

define la retórica como «verdad más su presentación ingeniosa», lo que significa que toma «una posición dialécticamente segura» y muestra «su relación con el mundo de la conducta prudencial» (Foss, Foss y Trapp, 1985: p. 56). En su opinión, la retórica suplementa el conocimiento ganado a través de la dialéctica con una consideración del carácter y la situación de la audiencia. Una retórica legítima y fundamentada presupone la dialéctica, trayendo acción al entendimiento. Grassi (1980) intenta volver a la defini- ción de retórica propugnada por los humanistas italianos para darle a la re- tórica nueva relevancia para los tiempos contemporáneos, haciendo uso del concepto de ingenium —reconociendo similitudes— para captar nuestra capacidad de distinguir relaciones y hacer conexiones. Volviendo a la valo- rización antigua de la retórica como un arte fundamental para la existencia humana, Grassi identifica la retórica con «el poder del lenguaje y el habla humana de generar una base para el pensamiento humano». Para Grassi, el alcance de la retórica es mucho más amplio que el del discurso argumenta- tivo. Es el proceso básico por medio del cual conocemos el mundo.

Algunos estudiosos pueden ser considerados con un enfoque retórico sólo si la retórica es entendida en un sentido muy amplio. De esta manera, algunos consideran que incluso Foucault debiera considerarse retórico, ya que algunos conceptos que introduce pueden ser usados para proveer una base para una perspectiva coherente de la retórica. Su concepto central de una «episteme» —en The Archaeology of Knowledge (Foucault, 1972), re- emplazada por «formaciones discursivas»— refiere «al conjunto total de relaciones que unen en un periodo dado las prácticas discursivas que dan lugar a figuras epistemológicas, ciencias y posiblemente a sistemas formali- zados» (Foss, Foss y Trapp, 1985: p. 193). Una episteme es el código de una cultura que gobierna «su lenguaje, sus esquemas de percepción, sus in- tercambios, sus técnicas, sus valores, la jerarquía de sus prácticas», e impo- ne en todas las ramas del conocimiento «las mismas normas y postulados, un estado de la razón, una cierta estructura de pensamiento de los que el hombre de un periodo particular no puede escapar» (Foss, Foss y Trapp, 1985: p. 193). El objetivo de la «arqueología» —posteriormente llamada «genealogía»— (el método de investigación de Foucault de las epistemes o formaciones discursivas) es determinar qué reglas gobiernan el discurso y describir las diversas relaciones entre los enunciados en una formación dis-

cursiva. Al dejar en claro que una formación discursiva particular produce formas específicas de conocimiento, Foucault apoya la idea de que la retó- rica es epistémica.57 Otra contribución a la retórica es la concepción del

poder en Foucault.

Se considera también a veces que la teoría de Habermas tiene una base retórica. Habermas (1981) reconoció el papel crucial de los intercambios simbólicos en la vida social, lo que llevó a que los teóricos críticos tomaran conciencia de la importancia de analizar la comunicación, el diálogo y el discurso. El significado de los actos de habla que expresan las intenciones de las personas no puede ser determinado sin conocer el contexto en el que estos actos de habla fueron realizados. Involucrarse en el discurso presu- pone para Habermas que el discurso se llevará a cabo de acuerdo con los principios de una situación ideal de habla de simetría entre las partes de la interacción; principios que excluyen todo tipo de coacción.58 Además, se

presupone una auto-representación impecable y que todos los participan- tes tienen el mismo derecho a dirigir actos directivos a otros. Cuando se discute un punto de vista problemático, los participantes del intercambio suspenden los supuestos habituales de la comunicación y se trasladan al ni- vel de la argumentación para examinar y aceptar o bien rechazar el punto de vista.

Tal como explica Gaonkar (1990), en los Estados Unidos existe tam- bién una tradición retórica que proviene de Burke y expande las fronteras de la retórica desde la «persuasión» a la «identificación» como una expli- cación de la cohesión social. En A Rhetoric of Motives (1950/1969b), cuan- do trata las estrategias que las personas usan para la persuasión,59 Burke

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57 Partiendo de la visión tradicional de la retórica de la persuasión, Scott (1967) declaró la

retórica «epistémica» como una forma de saber. Según Scott, el conocimiento puede ser el re- sultado de un proceso de interacción en un momento dado. La retórica puede ser vista no como una herramienta para dar eficacia a la verdad, sino como la creación de la verdad. Scott, sin embargo, no afirma que todas las facetas de la «creación de conocimiento» sean retóricas. Su trabajo contribuyó a la creencia de que la verdad es relativa al argumento y al público.

58 Como el modelo pragma-dialéctico ideal para una discusión crítica, la situación ideal

de discurso de Habermas no debe ser considerada más que como un modelo ideal.

59 «Maniobras» tiene, para Burke, un sentido muy general. En su perspectiva, la

habla de los principios tradicionales de la retórica y luego sugiere que un concepto crucial para la retórica es la «identificación». El revisionismo de Burke al considerar los aspectos de la persuasión no lo lleva a distanciarse de una definición de la retórica centrada en la persuasión, aunque él amplía su alcance para cubrir más aspectos.60 La persuasión es, en su opinión, el

resultado de la identificación: «persuades a un hombre sólo en la medida en que puedes hablar su lenguaje mediante el habla, el gesto, la tonalidad, el orden, la imagen, la actitud, la idea, identificando tus maneras con las de él» (1950/1969b).61 De esta manera expande la noción de retórica, pero no

pretende hacer de la identificación el término clave de la retórica en lugar del término tradicional de la «persuasión».62

Toulmin, si bien no es un retórico, es otro estudioso cuya obra es rele- vante para los retóricos —de hecho, no sólo para los retóricos, sino para los teóricos de la argumentación en términos generales—. Esto se aplica en primer lugar al modelo de argumentación que desarrolló en The Uses of

Argument (Toulmin, 1958/2003) como una alternativa al tratamiento lógi-

co, pero también a las opiniones filosóficas que expresó en Return to Rea-

son respecto al destierro de la retórica de la escena científica a partir del si-

glo XVII (Toulmin, 2001). La tesis central de Toulmin es que la racionalidad puede, en principio, ser reclamada por todo tipo de argumen- tación. Rechaza la idea de que existan normas universales para la evalua- ción de la argumentación y que estas normas sean proporcionadas por la lógica formal. El alcance y función de la lógica formal contemporánea es, según Toulmin, demasiado limitado para servir a esta función. La validez formal en el sentido lógico, dice Toulmin, no es una condición necesaria ni

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60 La expansión de Burke de los aspectos de la persuasión incluye, por ejemplo, la in-

tención inconsciente, y los elementos no verbales que tienen un significado para una au- diencia.

61 Burke (1950/1969b) resume su punto de vista de la siguiente manera: «Dondequiera

que haya persuasión, no hay retórica. Y dondequiera que haya “sentido”, hay “persua- sión”».

62 Desde el punto de vista de la retórica de Burke, ésta se dirige a los contendientes de

acciones simbólicas, y la dialéctica a trascender este concurso mediante el descubrimiento de un término más general que abarca y reconcilia las posiciones opuestas. De este modo, Burke une la retórica con la dialéctica.

suficiente para la validez de la argumentación. En su opinión, un requisito de validez formal en otro sentido muy distinto se necesita para hacer un jui- cio racional. En última instancia, los criterios de evaluación dependen de la naturaleza del problema o el tipo de problema en cuestión. La argumenta- ción válida, esto es, la argumentación que contiene argumentos que pueden llamarse válidos en un sentido amplio, es para Toulmin la argumentación llevada a cabo de acuerdo a un procedimiento formalmente válido y en conformidad con las condiciones específicas de validez del campo o tema en cuestión.63 Según Brockriede y Ehninger, el modelo del diseño de la ar-

gumentación que Toulmin proporcionó para reemplazar a la lógica formal en el análisis de la argumentación es «un modelo estructural apropiado por medio del cual los argumentos retóricos pueden ser representados para el análisis y la crítica».64

La Nueva Retórica desarrollada en La nouvelle rhétorique: Traité de

l’argumentation (Perelman y Olbrechts-Tyteca, 1958/1969) constituye un

enfoque a la argumentación retórica moderna muy importante, que se apo- ya fuertemente en la retórica clásica. La Nueva Retórica tiene como objeti- vo proporcionar las herraminetas teóricas para capturar tipos de argumen- tación que pueden ser exitosos en la práctica.65 En lugar de ser una teoría

normativa, que establece normas a las que la argumentación debe adherir- se, la Nueva Retórica es una teoría fenomenológica. Según Perelman, cons- tituye una reacción al «empirísmo positivista» y al «idealismo racionalista» en los que áreas importantes del pensamiento racional, como el razona- miento legal, son simplemente pasadas por alto. En su opinión, la argu- mentación que tiene por objeto la justificación es una actividad racional que acompaña a la argumentación formal y es complementaria a ella. Exis- te una necesidad urgente de una teoría de la argumentación que describa la

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63 Willard (1995) se centra en campos como la «organización», que por ende enfatizan

las relaciones entre juegos.

64 Para una exposición elaborada de puntos de vista de Toulmin, véase Van Eemeren et

al. (1996: pp. 129-160). Para una colección de ensayos sobre los aspectos argumentativos de

su obra, véase Hitchcock y Verheij (eds., 2006).

65 Se exigió un nuevo enfoque de la retórica, ya que ésta estuvo demasiado concentrada

manera en que la argumentación ocurre, en tanto complemento de la lógica formal. Dicha teoría de la argumentación debiera tratar sobre disputas en las que los valores ejercen un pepel y, a su vez, disputas que no pueden ser resuletas ni por verificación empírica o prueba formal, ni por una combi- nación de las dos. La Nueva Retórica de Perelman y Olbrechts-Tyteca es un intento de crear una teoría de la argumentación que muestre cómo las elecciones y decisiones, una vez realizadas, pueden ser justificadas racio- nalmente. En la nueva retórica se postula, tal como en la retórica clásica, que la argumentación se diseña siempre para alcanzar un efecto particular en «el conjunto de aquellos a quienes el orador intenta influenciar por me- dio de su argumentación» (1958/1969: p. 19). En ambas retóricas, por lo tanto, la audiencia juega un papel crucial. La validez de la argumentación depende de su éxito con la audiencia a la que está dirigida, ya sea ésta una audiencia particular o una «audiencia universal».66 Para que la argumenta-

ción tenga el efecto deseado, es muy importante que la audiencia sea atraí- da de una manera efectiva. Las técnicas usadas en la argumentación deben estar en consonancia con el marco de referencia de la audiencia. En la nou-

velle rhétorique, Perelman y Olbrechts-Tyteca entregan una vision general

de los puntos de partida y los esquemas argumentativos (schèmes argumen-

tatifs) que pueden tener un papel constructivo en este esfuerzo persuasi-

vo.67

Teniendo como trasfondo estos enfoques retóricos clásicos y «neo- clásicos», se han desarrollado un gran número de otros enfoques retóricos modernos,68 particularmente en los Estados Unidos.69 En términos genera-

les, cuando se trata de estudiar la argumentación, se puede decir que se asume una perspectiva retórica cuando el discurso es visto, en primer lu-

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66 La audiencia universal está compuesta por gente razonable y competente; una au-

diencia particular es sólo cualquier grupo de personas.

67 Para una exposición elaborada de la perspectiva de Perelman y Olbrechts-Tyteca,

véase Van Eemeren et al. (1996: pp. 93-128). Para una colección de ensayos sobre Nueva Retórica, véase Kopperschmidt (2006).

68 Véase, por ejemplo, Bizzell (2006).

69 Entre estos temas elegidos como un tópico por los estudios retóricos en Europa,

donde la retórica experimenta un modesto renacimiento, está el argumento práctico (Kock, 2007). Véase también Ilie (2009).

gar, como si tuviese por objeto alcanzar una comunión con la audiencia por medio de lograr que la audiencia concuerde con la aceptablidad de un punto de vista, ya que la retórica está fuertemente asociada con el objetivo de crear consenso.70 Como ya mencioné, Leff señala que la efectividad, en

el sentido de crear consenso, no es necesariamente el estándar retórico y ciertamente no el único.71 Él explica que el estándar retórico puede variar

de autor en autor: «para Quintiliano, el estándar para hablar bien es ético; para los humanistas renacentistas, a menudo es lograr eloquencia en la ex- presión; para los teóricos de los actos de habla (véase Kauffeld, 1999), po- dría ser el cumplir con las obligaciones impuestas por un cierto tipo de si- tuación discursiva; y para otros retóricos contemporáneos (véase Wenzel, 1998), podría ser el demostrar un sentido de racionalidad extendido y en- carnado» (Leff, 2002: p. 55). Él piensa que los retóricos son «mucho más propensos a dividir la argumentación en diferentes campos o géneros y a considerar cómo el tema, las instituciones y las tradiciones condicionan la realización de los argumentos» (Leff, 2002: p. 54). Esto puede explicar la considerable proliferación y diversificación de la retórica moderna.72

Según Schiappa, en los Estados Unidos, «retórica» puede significar un montón de cosas, dado que la «perspectiva retórica» incluye una «variedad de enfoques metodológicos y teóricos» (2002: p. 67).73 Explica que, para

algunos de ellos, los «estudios retóricos» se han vuelto incluso una etiqueta colindante con «estudios culturales» (Schiappa, 2002: p. 7). «Pareciera ha- ber poco en común entre un análisis narrativo del discurso de George Bush acerca de la guerra del Golfo Pérsico, una lectura psicoanalítica de la pelí-

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70 Orr (1990) elaboró una conexión interesante entre retórica y Racionalismo Crítico. 71 Pertinente aquí también es el aviso de Farrell de que «la retórica no puede operar

efectivamente [...] a menos que se lo permitamos» (1993: p. 251).

72 Brummett, para dar sólo un ejemplo, tiene como objetivo en A Rhetoric of Style

«ubicar el estilo en el centro de la cultura popular en las sociedades capitalistas tardías a ni- vel mundial» (2008: p. xii), respondiendo así a lo que él diagnostica como una importante falla de la teoría de la retórica contemporánea.

73 En un esfuerzo por llevar el sistema a la diversidad, Foss y Griffin (1995) distinguen

entre cuatro tipos de discurso: «conquista», «conversión», «asesoría» e «invitacional». Los primeros tres tipos implican un intento del retórico por cambiar la opinión o el comporta- miento de los demás, el tipo de invitación se caracteriza por la apertura.

cula Aliens, y un análisis visual de la iconografía en la publicidad de “He- roin Chic”, pero pocos estudiosos americanos se opondrían a categorizar todos ellos bajo la rúbrica de “una perspectiva retórica del discurso argu- mentativo”» (p. 67). En términos generales, los estudiosos que promulgan un enfoque retórico hacia el discurso argumentativo a menudo comparten las siguientes características: centrarse en textos de palabras escritas o ha- bladas pero también considerando formas no-verbales, y estar guiados por «la creencia de que nuestras interacciones comunicativas son epistémicas e informan la mayoría de lo que llegamos a conocer del mundo» (Schiappa, 2002: p. 67). En consecuencia, Schiappa concluye, «el binomio retóri- ca/argumentación es importante porque en ambos está el cómo y el qué de

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