sobre el discurso argumentativo
5 A: Figura 4.3 Perfil dialéctico del desafío de la confrontación.
4.6. O PCIONES PRESENTACIONALES EN LA MANIOBRA ESTRATÉGICA
El tercer aspecto de la maniobra estratégica que hemos distinguido, la ex- plotación de los dispositivos de presentación, se refiere a los medios de comunicación que se utilizan en la presentación de los movimientos argu-
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66 Tindale lee a Bakhtin como si éste hiciese frente a «un modelo que se encuentra en el
contexto argumentativo, un componente esencial de la enunciación y no simplemente una reflexión del autor o argumentador» (2004: p. 127).
67 Al indicar su estándar, Tindale opina que el logro de un acuerdo de entendimiento
«es, sin duda, una mejor medida que medir la exactitud de los argumentos a través de los instrumentos de la validez y solidez» (2004: pp. 112-113). En el énfasis en la comprensión, Tindale sigue a Bakhtin (1986: p. 150), que contrasta la comprensión mutua del dialogismo y la retórica monológica con la persuasión destinada a la «victoria completa y la destrucción del adversario».
mentativos que constituyen un fragmento de las maniobras estratégicas. Cuando maniobran estratégicamente, los oradores o escritores no sólo es- tán tratando de hacer que los movimientos argumentativos se adapten bien a la demanda de la audiencia, sino que también hacen un esfuerzo por pre- sentar sus movimientos de un modo específico. En todas las etapas del dis- curso, su presentación de los movimientos puede asumirse de manera sis- temática en sintonía con la consecución de los fines estratégicos a los que están apuntando.68 Esto significa que en el análisis de las maniobras estra-
tégicas vale la pena tener en cuenta las opciones o elecciones de presenta- ción que se han hecho.
Hablar de «opciones de presentación» presupone que, al presentar los movimientos argumentativos, los oradores tienen algún tipo de repertorio comunicativo (o, más concretamente, lingüístico) disponible para elegir. En un sentido muy general éste es el caso, porque en principio uno siem- pre puede expresar las cosas que uno elige y comunicarlas de varias for- mas, lingüísticamente o de otra manera. Sin embargo, reconociendo la co- nexión indisoluble entre expresión y contenido ya observada en la Antigüedad (las nociones de verbum y res en Vide de Cicerón —1942, trad.—), mi punto de partida es que cada vez que algo se expresa de mane- ra diferente de lo que se expresó en otro tiempo ya no es pragmáticamente «lo mismo», porque por sutiles que sean, automáticamente, surge una dife- rencia de significado, aunque sólo sea porque las diferentes expresiones tienen una connotación diferente. En la comunicación humana —esto también ha sido claro desde la Antigüedad— siempre hay espacio para to- mar decisiones expresando en la presentación lo que uno quiere decir pragmáticamente de diferentes maneras, aunque su referencia continúe siendo «la misma». Cuando se habla de tomar decisiones en la presenta- ción de las maniobras estratégicas, me refiero a la utilización del espacio pragmático para variar la presentación y llevar el discurso hacia el logro de ciertos efectos comunicativos y de interacción.
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68 Estoy de acuerdo con Perelman y Olbrechts-Tyteca en que todos los discursos ar-
gumentativos presuponen «no una opción que consiste solamente en la selección de ele- mentos a utilizar, sino también en la técnica para su presentación» (1958/1969: p. 119).
Explotar las posibilidades de variación de presentación en las manio- bras estratégicas de acuerdo con una de las elecciones de tópicos y los ajus- tes a las demandas de la audiencia se reduce, en mi opinión, a «enmarcar» (framing) los propios movimientos argumentativos en una manera funcio- nal de comunicación e interacción (Goffman, 1974/1986). En cuanto a la dimensión estilística, Dascal y Gross (1999) observan que hay una posibili- dad de variación en dos niveles.69 Hay espacio para hacer una elección del
repertorio disponible de las variedades lingüísticas o «registros» en el nivel en el cual «el discurso es agudo» (como el inglés de la Reina y el inglés
cockney) y hay espacio para hacer una elección a nivel de «variantes semán-
ticas, sintácticas, prosódicas dentro de ese registro» (p. 122). Elaboro sobre la caracterización de Dascal y Gross teniendo explícitamente en cuenta la dimensión pragmática de la variación estilística y describiendo las opciones estilísticas en las maniobras estratégicas como selecciones funcionales del repertorio de opciones disponibles de presentación, tanto a nivel de regis- tros-como-variedades-lingüísticas y a nivel de variantes dentro de un regis- tro. Estratégicamente, como todas las decisiones estratégicas, cada elección estilística responde al propósito de enmarcar el movimiento argumentativo que se hace de tal manera que introduzca una perspectiva particular. En el discurso argumentativo, estas elecciones tienen que hacerse en cada movi- miento argumentativo.
Aunque en las maniobras estratégicas puede ser más visible qué elec- ción estilística se hace en un caso más que en otro, los casos que tienen un estilo «neutral» no existen, por lo que cada opción tiene siempre un signi- ficado extra (que se refiere a veces como «simbólico»). Si en un caso de- terminado la elección de presentación da la apariencia de ser estilística- mente neutral, esta impresión es de hecho el resultado de una opción de presentación —que funciona para lograr un propósito estratégico a través de dar el movimiento hacia una apariencia particular— como es en los ca- sos más notables.. Por lo tanto, puede mantenerse que las opciones de pre- sentación están siempre estilísticamente marcadas. Esto significa que tie- nen, en todos los casos particulares perceptibles (pero no siempre es
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69 Dascal y Gross hicieron esta observación en un artículo en el que persiguen sus inte-
evidente), características que las asocian con el logro de ciertos efectos co- municativos y de interacción que le otorgan al movimiento argumentativo al que se referían una función estratégica.
Una distinción básica que me propongo hacer, en el análisis de la fun- ción estratégica de las opciones de presentación en general, es la existente entre las presentaciones explícitas e implícitas de los movimientos argu- mentativos. Al ver los movimientos argumentativos que se hacen en térmi- nos de la teoría de los actos de habla, la distinción explícita-implícita se aplica tanto a la presentación de la función comunicativa como a la presen- tación del contenido proposicional de los actos de habla por medio del cu- al se transmite un movimiento argumentativo. Una concesión, por ejemplo, que se produce en la etapa de la apertura del intercambio puede presentar- se explícitamente como una concesión, pero su función comunicativa tam- bién puede indicarse de forma implícita. De la misma forma, esto se aplica al contenido proposicional de la concesión, que puede ser completamente explícito o implícito en parte.
Me propongo hacer otra distinción fundamental entre las presentacio- nes directas e indirectas de los movimientos argumentativos. Excepto cuando se dispara una implicatura en el sentido griceano, las presenta- ciones explícitas son siempre directas, mientras que las presentaciones implícitas de los movimientos argumentativos pueden ser directas o indi- rectas. Las presentaciones implícitas son indirectas si, en el contexto en que se hizo el movimiento en cuestión, la función comunicativa, o el con- tenido proposicional del acto de habla que transmite el movimiento, es sólo una función secundaria o el contenido del acto de habla que está li- teralmente llevado a cabo, mientras que la función primaria o el conteni- do del acto de habla es diferente. Así ocurre, por ejemplo, cuando el pun- to de vista se presenta como la función comunicativa de una forma expresiva («¡qué bonita película!»), pero más tarde se defiende por me- dio de la argumentación, de modo que queda claro que es un punto de vista después de todo, o si está claro por el contexto que (el contenido proposicional de) una razón aparente, presentada en la argumentación, no debe ser tomada literalmente, porque el enunciado es irónico («debe- ría unirme a la manifestación, dado que me encantaría estar realmente en una muchedumbre»).
Al realizar la elección de la presentación que se manifiesta en el discurso de una forma marcada, la máxima griceana del modo (Grice, 1989: pp. 33- 37) se aprovecha de una manera específica, a menudo en combinación con otras máximas, para lograr ciertos efectos comunicativos y de interacción que tienen una función estratégica. Expresarse de manera específica se identifica con Anscombre y Ducrot en dar la orientación (1983: p. I) —o, según lo pone Anscombre (1994: p. 30), orientar el discurso en una cierta dirección [«diriger le discours dans un certain direction»]—. Dirigir el dis- curso en una dirección determinada es algo que puede lograrse mediante medios de presentación «formales», cuyo efecto depende de su apariencia («forma»), pero también mediante medios de presentación «informales», cuyo efecto depende del contenido, o mediante una combinación de am- bos tipos de medios de presentación. Ejemplos evidentes de dispositivos formales («sintácticos») para una presentación marcada son la repetición, la subordinación y las construcciones paratácticas e hipotácticas. Entre los ejemplos más claros de dispositivos informales («semánticos») se encuen- tran los «tropos», los diversos tipos de metáforas y metonimias que se ca- racterizan por un cambio de sentido que implica la sustitución de los con- ceptos. Ejemplos fácilmente reconocibles de dispositivos combinados (dependientes del contexto) («pragmáticos») son, por ejemplo, las pregun- tas retóricas, que tienen la forma gramatical de una pregunta, pero no fun- cionan simplemente como una pregunta en el contexto en cuestión.
Los medios estilísticos que pueden ser explotados como los dispositivos de presentación en la maniobra estratégica en el discurso argumentativo incluyen, en primer lugar, las diversas «figuras» de expresión y pensamien- to que se distinguen en la retórica y la dialéctica clásicas y modernas.70 Pe-
relman y Olbrechts-Tyteca se refieren a las figuras como argumentativas si éstas conllevan un «cambio de perspectiva» (1958/1969: p. 169), lo cual es- tá plenamente en consonancia con el enfoque que estoy teniendo aquí. De- pendiendo de la etapa a que ha llegado el intercambio argumentativo, un gran número de cifras puede ser objeto de un uso argumentativamente ren- table. Como diversos autores han demostrado, esto se aplica, por ejemplo,
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70 Hay una deriva en la definición de algunas figuras, como señala Poster (2000), que
a la praeteritio, conciliatio, metalepsis y las preguntas retóricas71 (véase Re-
boul, 1989; Rocci, 2009; Henkemans Snoeck, 2009). El estudio de las op- ciones de presentación hecha en el discurso argumentativo mediante el uso de cifras (Fahnestock, 1999, 2005 y 2009), por lo tanto, puede ser una he- rramienta útil para analizar las maniobras estratégicas que se llevan a ca- bo.72
Las opciones de presentación, que pueden hacerse en la maniobra estra- tégica en la etapa de confrontación de un intercambio argumentativo, pue- den estar dirigidas por el oyente o por el protagonista de un punto de vista. Estas incluyen no hacer explícita su posición en relación con el punto de vista que se ha avanzado, para que la diferencia de opinión no se convierta en innecesaria o prematuramente mixta. En la apertura, el protagonista puede, por ejemplo, hacer uso de la maniobra estratégica presentando sus puntos de partida mediante el uso de una metáfora que atraiga mediana- mente al público. Esto es, de hecho, lo que hizo el senador Edward Ken- nedy en su discurso sobre Chappaquiddick, cuando dijo que él había que- rido dejar claro a la ahora difunta Mary Joe Kopechne y a las otras secretarias que ellas «todavía tenían una casa con la familia Kennedy». De este modo y describiendo la fiesta a la que él y Kopechne habían asistido, y por medio de otra opción de presentación como es «una comida al aire li- bre», organizada para las secretarias que habían trabajado para su difunto hermano Robert con devoción, él sugirió a través de una elección de pre- sentación, que la fiesta “familiar” (extendida) había ofrecido sólo el placer de América al aire libre, con hamburguesas a la parrilla y atracciones simi- lares, lo que excluye cualquier forma de asociación con el tipo de fiestas en las que la mala conducta sexual puede florecer. Entre las opciones de pre-
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71 En una nota interesante, después de mencionar las preguntas retóricas (erotema),
Fahnestock (1999: p. 196, nota 5) señala que «sus hermanos olvidados, tales como pregun- tar y responder a una pregunta (hypophora) o responder una cuestión diferente de la pre- gunta hecha: “¿Golpeaste a la víctima?”, “Él me pegó primero”». Véase también Fahnes- tock (2009: pp. 198-199).
72 Para un panorama de los tratamientos antiguos y contemporáneos de las figuras del
lenguaje (también llamadas «figuras retóricas» y «figuras de la retórica»), incluyendo tanto los tropos como las figuras retóricas en sentido estricto, véase Kienpointner (1999).
sentación que pueden ser apropiadas en la etapa de la argumentación, por ejemplo, se presentan todos los argumentos esgrimidos en defensa de su punto de vista de manera explícita y enumerada, por lo que el rigor y la cantidad de las razones que hablan a favor del punto de vista pueden pare- cer abrumadores. En la etapa de la conclusión, una opción estratégica de presentación de la parte que dice haber ganado el debate podría residir en presentar su materia de reivindicación de manera natural y en forma mode- rada.