sobre el discurso argumentativo
3.4. L A EFECTIVIDAD EN EL DISCURSO ARGUMENTATIVO EN APROXIMA
CIONES RETÓRICAS CLÁSICAS
Pese a que la Retórica de Aristóteles y la Retórica a Alejandro (atribuida por algunos a Anaxímenes de Lampsacus) son los únicos estudios teóri- cos de ese periodo que perduran, pensar en la retórica griega del siglo IV
a.C. ha modelado su estudio. A partir de estas fuentes griegas, en parti- cular Aristóteles, la retórica llegó a ser vista como el estudio del discurso, especialmente del discurso argumentativo (Kennedy, 1991, trad.).29 Des-
de esta perspectiva, la retórica puede definirse, en general, como el estu- dio de la persuasión, aunque la persuasión se comprenda entonces en lí- neas generales, abarcando no sólo el uso de logos (ȜȩȖȠȢ), sino también el uso de ethos (ȒșȠȢ) y pathos (ʌȐșȠȢ).30 Sin embargo, para evitar cualquier
malentendido proveniente del uso del término «persuasión», hablaré de retórica como el estudio de la orientación hacia la efectividad en el dis- curso —en mi caso, del discurso argumentativo—.31 Si se formula de esta
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29 La Retórica a Alejandro no tuvo mucha influencia en la antigüedad, pero en el
medioevo fue traducida tres veces al latín.
30 Según Krabbe, «el logos constituye el corazón de los asuntos retóricos (Retórica I 1.3-4,
1354a11-18), pero Aristóteles no descuida otros medios de persuasión» (2002a: p. 33).
31 Aristóteles no define la retórica en términos de efecto persuasivo, sino como la facul-
manera, puede prevenirse otro malentendido, es decir, que la retórica es equivalente al estudio del discurso exitoso, argumentativo o no.32 El estu-
dio (empírico) del discurso (argumentativo) exitoso es más acertadamen- te llamado investigación persuasiva.33 Teóricamente, la noción de «efecti-
vidad» permite varias interpretaciones y varios niveles de profundidad. En esta sección indicaré cómo se percibe la efectividad de la retórica en los principlaes enfoques retóricos que pueden distinguirse en la Antigüe- dad.
Como explica Kennedy, la palabra rhetor (ȡȒIJȦȡ) en griego refiere a un orador público, pero a menudo, añade, tenía «la connotación más dudosa de un “político”» (1994: p. 7). Antes de que la palabra «retórica» se co- menzara a usar en griego, su equivalente más cercano era peitho (ʌİȚșȫ), «persuasión», el poder en el logos. Según Kennedy (1994: pp. 12-13), «la primera identificación explícita de [la diosa] Peitho con la retórica se halla en el Gorgias de Platón (453a2)». La «invención» de la retórica, en tanto teoría, se atribuye usualmente a Corax de Tisias, pero de acuerdo con Schiappa (1999), rhƝtorikƝ (ȡȘIJȠȡȚțȒ) se origina en las obras de Platón. Schiappa cuestiona la opinión de que los sofistas usaran este término para referirse a un conjunto deliberado, considerado y sistemático de prácticas y procedimientos.34 Como observa Tindale, «al identificar el proceso de ar-
gumentar con el logos y oponerlo a la retórica, Schiappa pone en cuestión la distinción popular entre orientada-al-éxito [los sofistas y sus almas ge- melas, FHvE] y orientada-a-la-verdad [los platónicos y aristotélicos, FHvE] (retórica versus filosofía) que ha influenciado tantas versiones» (2004: p. 31).
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32 Nicolás de Damascus, que desempeñó un rol importante en la recepción de
Aristóteles, ya señalaba que la meta de la retórica no es persuadir, sino hablar persuasivamente.
33 Véase O’Keefe (2002). Como Leff (2002: p. 54), observa que «la persuasión eficaz se
mide por la respuesta del público. Pero esta conclusión falsifica la posición de Aristóteles y de la mayoría de los retóricos clásicos».
34 Según Murphy y Katula, por otra parte, los sofistas «no inventaron la retórica, sino
que codificaron sus normas, aplicando las reglas para el discurso público, y ejemplificaron las artes retóricas en su forma de hablar» (1994: p. 19).
Tindale destaca que «ambas, las imágenes de la retórica como “el arte de la persuasión” y de los sofistas como “los artífices de la persuasión”, son caricaturas que han distorsionado nuestra visión» (2004: p. 31). A su pare- cer, la argumentación de los sofistas apuntaba a mucho más que la persua- sión: «buscaba crear comprensión y entendimiento, y hacer una invitación a modificar el propio punto de vista» (2004: p. 54). Él se refiere a Poulakos (1997), quien tiene un compromiso más positivo con los sofistas que estu- diosos de la argumentación como Hamblin (1970), quienes basan su ver- sión de los sofistas completamente en Aristóteles.35 A partir de su lectura
de la literatura, Tindale concluye que los sofistas introdujeron «diversas e interesantes estrategias y tipos de argumentos», lo cual indica que «la ar- gumentación sofística debe haber estado apuntada más allá de la simple persuasión de una audiencia» (2004: p. 45; 2004: p. 46).36
En The Art of Persuasion in Grece, Kennedy explica que, en el desarro- llo de la retórica a principios del siglo IV a.C., la tradición de los sofistas, «quienes enseñaron principalmente mediante el ejemplo y la imitación», y la tradición de manuales o textos «más pedestres», se unieron en la escuela de Isócrates (1963: p. 19). Segun Murphy y Katula (1994: p. 46), la escuela de Isócrates es en gran parte responsable por hacer de la retórica la base reconocida de la educación en Grecia y más tarde en Roma. La tradición isocrática —conocida en primer lugar por centrarse en el estilo y los aspec- tos literarios— enfatiza, aclara Kennedy, «el discurso escrito más que el hablado, el discurso epideíctico más que el deliberativo y judicial, el estilo más que la argumentación, la amplificación y el esmero antes que la con- tundencia» (1963: p. 49). Bons (2002: p. 16) explica que, según la filosofía de Isócrates, «el ideal de conocimiento absoluto (İʌȚıIJȒȝȘ) de materias útiles, esto es, aquellas relativas a la toma de decisiones en la vida personal o como miembro de una comunidad», es inalcanzable. Por lo tanto, sigue el razonamiento, es mejor tener «las opiniones correctas (įȩȟĮ)» sobre es-
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35 Aristóteles pudo haber polemizado particularmente con respecto a los sofistas, ya
que estaba en un orden cronológico y «social» más cerca de ellos que nosotros. Piensa Sara Rubinelli que tenemos buenas razones para confiar en lo que se dice acerca de ellos (comu- nicación personal).
tas materias que el «conocimiento científico de lo que se considera en este sentido inútil».37 Como aquí indica el adverbio «razonablemente» (epiei-
kôs, İʌȚİȚțȦѺȢ) calificando el verbo «formar una opinión» (doxazein,
įȠȟȐȗİȚȞ), añade Bons, «estas opiniones están basadas en lo que es proba- ble (eikos, İȚțȩȢ)».
En el Gorgias, Sócrates argumenta en contra de la tradición sofística porque ésta, que no tiene contenido en sí misma, se ocupa de discursos so- bre las apariencias, y no es buena para el individuo ni la sociedad, ya que a menudo permite que el malhechor no sea castigado y conduce a la persua- sión en lugar de la verdad. Segun Sócrates, la retórica es «un arte engaño- so, falso», «una forma de adulación y una contraparte de la cocina» (ed. 1962, 463a-d). Para Platón, hablando vía Sócrates, la retórica era sólo de- fendible como vehículo para comunicar conocimiento irrefutable. Al con- denar las prácticas retóricas de su tiempo, condenaba de hecho el punto esencial de la retórica: que le da fuerza convincente y lógica a puntos de vista sobre asuntos en los que más de una opinión es posible. Además de Platón, siempre ha habido críticos de la retórica, también en la Antigüe- dad, particularmente entre los filósofos. Su crítica se refería por lo general, como en Platón, a los objetivos fundamentales de la retórica, no a alguna línea de desarrollo específica dentro de la misma. No obstante, en la Anti- güedad no se percibía un creciente descrédito de la retórica. Por el contra- rio, la retórica se volvió cada vez más importante.
En el Fedro, la posición de Sócrates se ablanda en comparación con la del Gorgias. La retórica se representa ahora como un arte neutral. En un arte retórico filosóficamente válido, el objetivo de la persuasión debería ser la acción virtuosa, la justicia, y la creencia en la verdad (Kennedy, 1994: pp. 42-43). Estas exigencias más tarde se convierten en la base de la teoría de la
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37 Isócrates enseña sophia, la sabiduría en un sentido práctico, que se presenta a veces
como acercándose a lo que Aristóteles llama phrónesis y, a menudo, se traduce como «buen sentido» o «prudencia», aunque también se hayan propuesto otras traducciones como «el sentido común», la «sabiduría práctica» y la «astucia», lo que supondría un punto de vista diferente. Yo no haría la conexión de que fácilmente, debido a Aristóteles, phronesis es igual a sabiduría práctica (véase la edición de Broadie Rowe de la Ética a Nicómaco de Aris- tóteles [Aristóteles, 2002]).
retórica de Aristóteles, «si bien Aristóteles las adapta a realidades prácticas en mayor medida de lo que Platón pareciera permitir» (Kennedy, 1994: p. 43). La Retórica de Aristóteles puede verse como un Fedro ampliado, en el cual asimila las visiones opuestas de Platón y de los sofístas. Segun Kened- dy en A New History of Classical Rhetoric, Aristóteles demostró que «la re- tórica, como la dialéctica, es un arte moralmente neutro, que puede argu- mentar ambos lados de un asunto, pero que recurre al conocimeinto de otras disciplinas con el objeto de determinar qué es ventajoso, justo u ho- norable y emplea un método distinto que le es propio» (1994: p. 8).38 El
orador —en particular el orador político y jurídico— debe, en opinión de Aristóteles, evitar que la verdad sea mantenida oculta de la audiencia y ase- gurar que la verdad y la justicia prevalezcan. Este punto de vista claramen- te confirma la conclusión de Kennedy, que también se aplica a Aristóteles, Cicerón y Quintiliano, de que los principales teóricos retóricos clásicos «no» son ciertamente «embaucadores inescrupulosos con las palabras» (1994: p. 9).39
Según Kennedy, la retórica de Aristóteles es un arte, una technƝ (IJȑȤȞȘ), del «discurso cívico».40 Es un «conjunto de conocimientos, derivados de la
observación y la experiencia, sobre cómo persuadir a una audiencia», y que —tal como sucede con otras artes— puede ser usado tanto con buenos como con malos objetivos (Kennedy, 1994: p. 57). Por medio de su defini- ción «argumentativa» de la retórica como una habilidad o facultad
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38 Entre los puntos de vista más específicos sobre la retórica de Aristóteles se encuentra
el de Lord (1981). De acuerdo con Lord, «la intención final» de la retórica es «transformar el conocimiento teórico y conceptual de la retórica política de los hombres» (1981: p. 168). Según Lord, Aristóteles se preocupa sobre todo por mostrar que la retórica puede conver- tirse en un instrumento de la prudencia política o de una ciencia política que eduque al ciu- dadano en un comportamiento prudente. «Si bien Platón y Aristóteles no están de acuerdo en sus puntos de vista sobre la naturaleza de la ciencia de la política a la que la retórica debe estar subordinada», dice, «están fundamentalmente de acuerdo en la necesidad de subordi- nación» (1981: p. 168).
39 Por el contrario, «la retórica fue alguna vez una fuerza más liberadora en la antigua
vida intelectual que la filosofía, la cual tendía a ser dogmática» (Kennedy, 1994: p. 9).
40 Hill (1994) observa que la retórica versa más sobre el razonamiento que sobre un uso
(įȪȞĮȝȚȢ) de considerar en cada caso los medios de persuasión disponi- bles,41 Aristóteles proporcionó en la Retórica el marco conceptual para el es-
tudio de la retórica tal y como se practica predominantemente (Retórica I 2.3-6, 1356a1-20). Kennedy (1994: p. 57) observa que es la frase «en cada caso» o «en cada situación» en la definición de Aristóteles la que distingue la retórica de la dialéctica, puesto que la retórica trata asuntos particulares que involucran personas y acciones específicas, posteriormente llamadas «hipótesis», y la dialéctica trata «tesis» (preguntas generales o universales). En el arte retórico del discurso cívico Aristóteles distingue, según las cir- cunstancias, entre el genus iudiciale (jurídico), el genus deliberativum (polí- tico), y el genus demonstrativium (ceremonial).42 De los medios de persua-
sión «artísticos» o «acordes con las artes» mencionados por Aristóteles, el
logos es el medio argumentativo por excelencia, el ethos y el pathos no son
necesariamente argumentativos, pero pueden proporcionar contenido en la construcción de entimemas.43 Las herramientas argumentativas que el ora-
dor puede usar en su ayuda son los «entimemas» (silogismos retóricos de- ductivos, ȞșȪȝȘȝĮIJĮ҅İ) y los «ejemplos» (silogismos retóricos inductivos, ʌĮȡĮįİȓȖȝĮIJĮ).
En los tres géneros, la audiencia a la cual el discurso está dirigido es el factor más importante que debe ser tomado en cuenta, pues los medios de
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41 Havet (1846) observa, desde una perspectiva diferente, que «Aristóteles reduce la re-
tórica a la argumentación». Para Havet, la reducción que hizo Aristóteles permitió que un gran número de académicos de muchos ámbitos avanzasen en el desarrollo de la teoría retó- rica.
42 La definición de Aristóteles de la retórica abarca una amplia gama de actividades de
expresión que están relacionadas con la persuasión. De acuerdo con Krabbe (2002a: p. 33), «más adelante el rango de la retórica se reduce a tres tipos o géneros [...], existe una supues- ta prueba de que éstos son todos los tipos que hay (Retórica I 3.1, 1358a36-B8)».
43 Confío en que la honradez, para Aristóteles, no es necesariamente emocional. Para
alguien que no tiene otros medios para determinar si algo es verdadero, es razonable que se haya convencido por el ethos. Tindale prevé una relación más compleja entre los medios de persuasión: «La persona racional, podríamos decir, es absorbida por el aspecto del logos [argumentación, FHvE]. Los suplementos de esta persona razonable son el pathos y el
ethos, y el logos perseguido se transforma a través de su alianza con los otros componentes
persuasión son característicamente elegidos para adaptarse a los oyentes.44
Un orador que puede asumir que la audiencia automáticamente aceptará ciertas premisas como evidentes o que las dará por sentado puede prescin- dir de hacer explícitas estas premisas. Cuando se construye un entimema, es importante ante todo que el orador escoja premisas adecuadas, esto es, aceptables. Aristóteles distingue a este respecto entre signos, probabilida- des e indicaciones. Las premisas que son plausibles, las que a menudo con- tienen juicios de valor, son las más importantes para la retórica.45 Si bien
las premisas que son ciertas son material más probable para argumentos demostrativos, pueden, si están disponibles, ser usadas también en argu- mentos retóricos. Para que el rhetor sea efectivo, Aristóteles sugiere que és- te emprenda algún tipo de análisis demográfico de la audiencia a la que ha de dirigirse.
El desarrollo de la retórica helenística y romano-helenística estuvo rela- cionado con la retórica más temprana de los sofistas y edificada sólo en parte sobre la obra de Aristóteles. El entimema aristotélico fue asumido en la forma extendida de un epicheirema (ʌȚȤİȓȡȘȝĮ҅İ). Para su uso en la argu-
mentatio, Hermágoras de Temnos desarrolló la doctrina del estatus (en la-
tín, status), que reemplazó la doctrina de Aristóteles de los tres medios de persuasión.46 Dependiendo del status elegido por la defensa en una dispu-
ta, cierto asunto pasaría a ser central.47 Hermágoras, cuya obra sólo cono-
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44 Como ejemplo de sintonizar los medios de persuasión a la audiencia, Aristóteles
menciona que el razonamiento deductivo puede utilizarse mejor en la presencia de los ex- pertos, mientras que el razonamiento inductivo, por ejemplo, es más adecuado para un dis- curso dirigido a una multitud ignorante.
45 En la búsqueda de las premisas plausibles, el orador es asistido por los topoi.
Véase el capítulo 4.3.
46 Stasis, que originalmente significaba «postura», se traduce generalmente como «te-
ma». De acuerdo con Fahnestock y Secor (1983), el staseis (o stases) es, básicamente, una taxonomía, un sistema de clasificación de los tipos de preguntas que pueden tratarse en una controversia.
47 En la Rhetorica ad Herennium romana, que está fuertemente influenciada por la doc-
trina de la situación y es mucho menos abstracta que la retórica de Aristóteles, los temas se sugieren a un fiscal que quiere hacer posible que el acusado sea culpable de los hechos por los cuales se lo acusa.
cemos vía De inventione de Cicerón (1949, trad.; 2001, trad.), desarrolló un sistema de cuatro partes para identificar el asunto en una disputa,48 lo que
es más indicado para el discurso forense de acusación y defensa. En la retó- rica romana y helenística, las doctrinas de los status y de los loci, que abor- daba estos asuntos, permitían a los oradores determinar su posición y en- contrar sus argumentos a la hora de preparar sus discursos.49 Los
movimientos incluidos entre los loci se volvieron tan específicos que hacer una lista de ellos sería casi como hacer un inventario de todas las premisas posibles. Una vez más, la elección de los elementos que un orador desea usar debe depender de la audiencia a la que se dirigirá.
Cicerón intentó en De oratore (1942, trad.; 2001, trad.) fusionar en una nueva síntesis varios de los enfoques retóricos clásicos que he tratado —las tradiciones isocrática, aristotélica y helenística— para contribuir a la edu- cación de los futuros líderes y hombres de estado romanos.50 En su sistema
retórico, los tres medios de persuasión son, de cierta manera, reemplazados por las tres funciones del orador: ganarse la simpatía de la audiencia; pro- bar lo que es verdadero; y conducir o dirigir las emociones a la acción de- seada.51 Aunque, según Wisse (1989), la clasificación de las «tareas» que
los oradores deben realizar (inventio, dispositio, elocutio, memoria, actio o
pronunciatio) cuando hacen un discurso y la clasificación de los «compo-
nentes» del discurso (exordium, narratio, propositio, argumentatio, peroratio)
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48 En obras posteriores de Cicerón y en la cuarta stasis de Quintiliano ya no se incluye.
Luego es restaurado (en un orden jerárquico y de varios géneros) por Hermógenes de Tar- so.
49 De acuerdo con Rigotti (2009: p. 159), los teóricos contemporáneos de la argumen-
tación no tienen en cuenta, adecuadamente, el patrimonio de «la tradición dialéctica y retó- rica» en lo que atañe a los temas (o loci).
50 Como resultado de esta fusión, de acuerdo a Ochs (Murphy y Katula, 1994: p. 129),
Cicerón «sigue siendo el más preeminente de todos los retóricos clásicos». En cualquier ca- so, hasta el siglo XVII la teoría retórica occidental fue, sobre todo, ciceroniana.
51 Mientras que Aristóteles se refiere a todas las emociones como patéticas, incluso las
que se utilizan únicamente para despertar la simpatía de la audiencia en relación al orador, Cicerón (al igual que más tarde Quintiliano) considera éticas este tipo de emociones, dejan- do sólo las emociones «pesadas» bajo la rúbrica de pathos. Ethos es para Cicerón un medio de persuasión emocional. Véase Wisse (1989: p. 33).
eran en las situaciones históricas dos sistemas que fueron usados indepen- dientemente; actualmente, están a menudo relacionados y presentados en conjunto como «el sistema retórico clásico», que es de hecho en su mayoría una obra ciceroniana.
Quintiliano, el siguiente retórico romano destacado, concibe la retórica de manera muy general como «la ciencia de hablar bien» (bene dicendi
scientia). En su Institutio oratoria (Quintiliano, 1996, trad.), destinada a
educar al perfecto orador, combina los aspectos teóricos y educativos de la retórica. En su visión, de un modo similar a Cicerón en De oratore, la ca- racterística esencial del orador perfecto es ser un «hombre bueno» (vir bo-