sobre el discurso argumentativo
3.6. D IFERENTES PERSPECTIVAS SOBRE LA RELACIÓN ENTRE DIALÉCTICA Y RETÓRICA
Después de haber realizado un inventario de los aportes dialécticos y retó- ricos, clásicos y modernos, más prominentes que son pertinentes a la hora
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El paralelo más cercano entre la retórica y la perspectiva dialéctica consistirá en utilizar los conocimientos que su combinación proporciona en el análisis y la evaluación de las manio- bras estratégicas. Debido a que ambas partes pueden influir en el curso del proceso de ar- gumentación en cada punto de la discusión crítica, la pragma-dialéctica presupone una au- diencia activa. Lo que los pragma-dialécticos no hacen de ninguna manera es ver la dimensión retórica de maniobras estratégicas (que corre paralela con la dimensión dialécti- ca) en términos de un conjunto estático de expectativas sobre la audiencia.
80 En pragma-dialéctica, la racionalidad se observa como una característica de un pro-
cedimiento de prueba para determinar la aceptabilidad de los puntos de vista (y, en conse- cuencia, como una característica de las discusiones argumentativas y los textos que están en conformidad con las reglas que constituyen el procedimiento de prueba). La «razonabili- dad» de Battistelli se refiere a lo que los pragma-dialécticos llamaríamos: cumplimiento de las condiciones de segundo orden.
de explicar las perspectivas dialécticas y retóricas, necesito explorar la rela- ción entre dialéctica y retórica para poder desentrañar cómo pueden em- plearse conjuntamente en un análisis de las maniobras estratégicas en el discurso argumentativo.81 Al hacer esto, primero examino de qué modo
perciben esta relación algunos estudiosos modernos de la argumentación y, luego, expongo mi posición respecto a este asunto. Dado que la mayor par- te de los teóricos de la argumentación definen sus posiciones en estrecha conexión con la relación prevista entre dialéctica y retórica, o supuesta- mente prevista por Platón, Aristóteles y otros estudiosos clásicos, empiezo allí mi exposición.82
Para el Sócrates de Platón, la base de la práctica retórica es dialéctica. Sin la dialéctica, sería imposible encontrar el contenido apropiado para el propio discurso. Cuando Platón opone retórica y dialéctica, Aristóteles elige otro camino. Su Retórica comienza afirmando deliberadamente que la retórica es una «imagen menor» o la «contraparte» (ĮȞIJȚғıIJȡȠijȠȢ) de la dialéctica.83 Aristóteles parece expresar, en este sentido, las que él consi-
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81 La cuestión de la relación entre la dialéctica y la retórica es antigua y la discusión so-
bre este tema puede ser prolongada para convertirse en eterna. Con el fin de poder tomar las maniobras estratégicas en cuenta en el análisis del discurso argumentativo, sin embargo, tengo que definir mi posición al respecto.
82 La investigación doctoral de Wagemans (2009) sobre las similitudes y diferencias en-
tre la pragma-dialéctica y la dialéctica actuales y la retórica clásica a la que me he referido, tiene un propósito y alcance diferentes. Wagemans tiene como objetivo situar la teoría pragma-dialéctica en el contexto histórico de los diversos enfoques de la dialéctica y la retó- rica desarrolladas en la antigüedad griega y se concentra en los aspectos pertinentes a la pragma-dialéctica.
83 Como observa Reboul (1991: p. 46), por antistrophos los traductores «donnent [...]
tantôt “analogue”, tantôt “contrepartie”». Y añade: «Antistrophos: il est gênant qu’ un livre commence avec des terme aussi obscur». Green (1990) examina en detalle las diversas inter-
pretaciones de antistrophos y la historia de su desarrollo. Se concluye que la cuestión llegó a un impasse hacia el final del Renacimiento, «y los argumentos no han avanzado significati- vamente en 400 años» (1990: p. 6). De acuerdo con Rainolds, uno de los comentaristas que cita, «hay tantas interpretaciones de esta pequeña palabra, ya que hay intérpretes» (Green, 1990: p. 7). Sorprendentemente, Green señala que la palabra antistrophos se usa mucho más frecuentemente en Analíticos y en Tópicos que en Retórica; en todos los casos indica «una transformación que es recíproca y reversible, y en la que una parte de una relación de dos
dera son las dos perspectivas sobre argumentación que comparten las mismas herramientas inferenciales, como ramas del estudio del razona- miento, y él quiere brindar el estatus de «arte» a cada una de ellas. La dialéctica y la retórica emplean formas paralelas de razonamiento que sólo pueden distinguirse, ya que trabajan con diferentes tipos de proposi- ciones y se explicitan en distintos niveles. Sin embargo, puesto que los argumentos entimemáticos (las demostraciones retóricas, 13551 6-7) son en primer lugar el territorio de la dialéctica, y la dialéctica provee princi- pios justificatorios para los argumentos entimemáticos que la retórica ne- cesita, uno podría concluir que Aristóteles ve a la retórica como una parte de la dialéctica y que ésta está teóricamente subordinada a la dialéctica. Un poco después en su Retórica, Aristóteles parece confirmar la visión de que la retórica y la dialéctica van por un mismo camino, jerárquicamente relacionadas, cuando él caracteriza la retórica también como un «vásta- go» (paraphues, ʌĮȡĮijȣȑȢ) de la dialéctica (1356a 25-26). Sin embargo, poco después de caracterizar la retórica como una suerte de división o semejanza con la dialéctica (13561 31), Aristóteles parece indicar que la dialéctica sería la unidad más abarcadora e incluiría a la retórica. Si esta lectura es correcta, la retórica forma parte de la dialéctica aunque, en cierta medida, sea independiente de ella.84
En De oratore, Cicerón hace que Crasus ataque fuertemente la dialécti- ca. Alineado con la tradición isocrática, él retrata la dialéctica como res- ponsable de degenerar en formalismo vacío. Boecio, en parte, se opone a
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partes necesariamente implica la segunda parte, en virtud de la reciprocidad y la reversibili- dad» (1990: p. 9). Green llega a la conclusión (al igual que Zarefsky, 2006, sugiere) que la dialéctica y la retórica «siempre se implican una a otra, y pueden transformarse la una a la otra, sin llegar a ser una de la otra» (p. 9). Su punto de vista es que «Aristóteles quería decir exactamente lo que dijo cuando eligió la palabra ĮȞIJȓıIJȡȠijȠȢ —una transformación recí- proca y gobernadas por reglas» (1990: p. 27).
84 Mi lectura de Aristóteles aquí se acerca a Reboul (1991). Según Reboul, Aristóteles
escribió : «que la rhétorique est le “rejeton” de la dialectique, c’est-à-dire son application, un
peu comme la médicine est une application de la biologie. Mais ensuite, il la qualifie comme une “partie” la dialectique» [«que la retórica es una “rama” de la dialéctica, lo que significa
su aplicación, más o menos como la medicina es una aplicación de la biología. Pero segui- damente, él la califica una “parte” de la dialéctica] (p. 46).
esta posición y presenta la dialéctica como un arte fundamental porque provee métodos de inferencia. Sólo a través de reglas dialécticas de infe- rencia pueden hacerse inferencias retóricas. En la perspectiva de Boecio, la retórica está, por lo tanto, subordinada a la dialéctica.
Puesto que las principales fuentes clásicas difieren en lo que concierne a sus percepciones sobre la relación entre retórica y dialéctica, no será una sorpresa que las visiones de los teóricos modernos de la argumentación, que confían en estas fuentes, también difieran en alguna medida. No es un problema el hecho de que la mayor parte de los teóricos modernos de la argumentación basen sus posiciones en fuentes clásicas, sino que se vuelve problemático si ellos apelan a estas fuentes para legitimar estas posiciones. Desde mi breve sumario de las perspectivas clásicas más prominentes sobre la relación entre retórica y dialéctica, puede concluirse que las fuentes se contradicen entre sí y que ninguna de éstas puede considerarse directa- mente como una autoridad. Además, por supuesto, la cuestión preliminar continúa siendo por qué una perspectiva ancestral debería ser aceptada hoy como legitimación de una visión particular de la relación entre estas dos disciplinas que sirven para resolver ciertos problemas de análisis y evaluación que ocurren en el marco de las teorías contemporáneas de la ar- gumentación.
No hay acuerdo entre los teóricos modernos de la argumentación so- bre si es deseable, o si es posible, combinar la dialéctica y la retórica, o conceptos tomados de la dialéctica y la retórica, en una o la misma apro- ximación teórica a la argumentación. Dependiendo de sus propias forma- ciones disciplinarias, sus orientaciones teóricas y sus preferencias cultu- rales, sostienen diferentes posiciones al respecto. Estas posiciones varían desde la posición «cero», en la cual no se toma una actitud explícita, a una de las varias posiciones «combinadas» según las que la dialéctica y la retórica pueden, de algún modo u otro, combinarse conjuntamente en el análisis y evaluación del discurso argumentativo. Al examinar cuáles son las posiciones respecto a la relación entre retórica y dialéctica que han adoptado los teóricos modernos de la argumentación que tienen una actitud articulada sobre este asunto, decidí hacer una selección de sus varias contribuciones a este debate en curso. He seleccionado en cada caso un representante de cada posición particular, que explícita-
mente discute la relación, indica cuál es o debería ser, y argumenta su posición.85
Los estudiosos de la argumentación que adoptan la posición cero son todos aquellos que no hicieron ninguna declaración sobre este tema de la relación. Ellos sólo persiguen una aproximación propia del modo en el que mejor prefieran, ya sea que su aproximación esté ligada a la dialéctica, la retórica o, en casos excepcionales, a ninguna de estas dos perspectivas. Pueden estar enteramente satisfechos con la aproximación que eligieron —no estoy en la posición de saberlo— y pueden permanecer en ella en el futuro. En cualquier caso, un gran número de retóricos y dialécticos pere- cen simplemente continuar sus proyectos retóricos y dialécticos sin moles- tarse por la cuestión que me ocupa aquí.86 En la práctica, la mayoría de los
dialécticos contemporáneos incluyen un gran número de conceptos retóri- cos, al menos no en tantas palabras. Si, excepcionalmente, ellos explicitan sus visiones sobre perspectivas alternativas, usualmente lo hacen para de- marcar su propia posición como dialécticos o retóricos (como Ramus hizo a favor de la dialéctica en el siglo XVI y Cicerón hizo mucho antes a favor de la retórica).87
Muchos estudiosos contemporáneos de la argumentación consideran combinar la dialéctica y la retórica de un modo u otro.88 Entre aquellos que
se encuentran a favor de una combinación se encuentra —de mala gana—
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85 En este esfuerzo, la colección de ensayos Dialectic and Rhetoric (Van Eemeren y
Houtlosser, 2002) fue una fuente útil, debido a que varios de estos ensayos abordaron el tema de esta manera.
86 Del hecho de que algunos autores no se expresen acerca de la relación entre la dia-
léctica y la retórica no puede automáticamente concluirse que piensen que la dialéctica y la retórica son dos disciplinas maduras e independientes que sólo comparten un objeto de es- tudio común, pero que no tienen ninguna relación entre sí.
87 Véase Ong (1983).
88 Algunos autores han optado claramente por una cierta perspectiva, pero afirman que
han incluido puntos de vista de otras perspectivas sin que esto sea realmente notable en su teorización. Este es el caso, por ejemplo, de Perelman y Olbrechts-Tyteca, que con razón llaman a su enfoque «retórica», pero afirman que también podrían haberlo llamado «nueva dialéctica» (1958/1969: p. 5), mientras que las características dialécticas distintivas están de
Hohmann, aunque él querría restringir la combinación al nivel práctico de aplicación en el análisis del discurso argumentativo. La posición de Hoh- mann, que concierne a la relación deseada entre dialéctica y retórica y favo- rece una combinación limitada, está basada en el análisis de algunos desa- rrollos históricos importantes en la interacción entre las dos disciplinas, lo cual demuestra que cada esfuerzo por demarcar estrictamente las dos dis- ciplinas y establecer una relación jerárquica entre ellas está condenada al fracaso (2002: p. 50). Hohmann sospecha que combinar las dos disciplinas de un modo más estructural puede tener consecuencias negativas. Él critica una tendencia existente, percibida por él, a enfatizar «de una manera unila- teral el potencial negativo de la retórica y los aspectos positivos de la dia- léctica» (p. 41). «E incluso cuando se concede que la retórica al menos
puede ser teóricamente fundamentada y usada para bien, usualmente se le
asigna un rol auxiliar como un tipo de “dama de compañía” de la dialécti- ca», agrega, refiriéndose a las opiniones formuladas por Van Eemeren y Houtlosser y echándoles la culpa de la unilateralidad, de manera absoluta, a los dialécticos.
Hohmann enfatiza que «la caracterización aristotélica de la retórica co- mo un antistrophos de la dialéctica es notoriamente difícil de interpretar» (2002: p. 43). En conjunto, sin embargo, Aristóteles «parece visualizar aquí una relación coordinada, enfatizando los paralelos entre ambos campos» (p. 43). Sin embargo, Hohmann afirma que «la dependencia manual de la dialéctica y la retórica entre sí no se muestra en ninguna parte más clara- mente que en el análisis pionero de Aristóteles de la fundación retórica del razonamiento dialéctico en la aceptación de las premisas por parte de la audiencia, y en la justificación dialéctica de la retórica por la corrección de puntos de vista opuestos» (p. 50, itálicas FHvE). En su opinión, la argu- mentación legal subraya «quizás más claramente que cualquier otra forma de razonamiento [...] la necesidad de vincular la validez dialéctica y la aceptabilidad retórica en el análisis y el diseño de buenos argumentos» (p. 50). Hohmann reconoce que Aristóteles concibe la retórica como parte de la dialéctica, «y por ende como teóricamente subordinada a la dialéctica», en la medida en que lidia con argumentos entimemáticos, pero también porque la dialéctica descansa, según los Tópicos, en premisas que son «opi- niones aceptadas» (endoxa, İȞįȠȟĮ). De este modo, concluye —practican-
do lo que critica en otros89— que la dialéctica es también un caso especial
de retórica, «puesto que la retórica se ocupa generalmente de premisas aceptables para cualquier audiencia, mientras que la dialéctica confía parti- cularmente en premisas aceptables para un tipo especial y limitado de au- diencia» (p. 43).
Después de recordarnos que Boecio «revierte la jerarquía preferencial de Cicerón más decisiva e inequívocamente y clama la primacía teórica por la dialéctica sobre la retórica» (p. 45), Hohmann cita a Stump (1978: pp. 79 y ss.) al postular que Boecio «afirma esta primacía señalando que “los retóricos siempre proceden desde tópicos dialécticos, pero los dialécticos también pueden ser contenidos con estos tópicos propios”» (p. 45). Él trae a colación la Dialectica legalis (1534) y la Rhetorica legalis (ca. 1541) de Hegendorff para afirmar que la retórica añade una preocupación por la efectividad pragmática a la dialéctica, pero no está limitada a esta preocu- pación. «La diferencia entre los dos campos del saber aquí parece ser más una diferencia de audiencia», porque «la retórica lidia con los discursos destinados a un público amplio, mientras la dialéctica se enfoca en una es- fera más limitada de las discusiones expertas» (p. 47). La conclusión de Hohmann es que «los reclamos territoriales podrían ser eliminados mucho más decisivamente tratando aspectos dialécticos y retóricos del análisis de la argumentación como si fuesen complementarios, más que afirmando la primacía de una sobre otra» (p. 49). « Tal complementariedad», dice, «me parece que está apoyada en los fallidos esfuerzos por establecer o límites claros o conceptos inequívocos o jerarquías morales entre retórica y dialéc- tica» (p. 49). Aunque yo simpatizo con el sentimiento anti-imperialístico de Hohmann, pienso que el error para establecer límites claros y una relación inequívoca entre dialéctica y retórica exige clarificación y definición más que mantener la confusión escondida detrás de la vaga bandera de la com- plementariedad.
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89 Según Hohmann (2002: p. 42), Van Eemeren y Houtlosser «unen la retórica, como
un método de maniobras estratégicas, con el objetivo de que la propia posición sea acepta- da, apuntando a una persuasión exitosa». Lo que es peor, en vista de Hohmann, «también proponen subordinar la retórica a la dialéctica sutil en su modelo». Cf. con la sección 3.7.
Uno de los estudiosos de la argumentación que están a favor de una com- binación entre dialéctica y retórica en un nivel teórico es Leff (2002), quien piensa que tal combinación puede tener una función correctiva. Enfatizando que un contraste simple entre dialéctica normativa y una retórica meramente empírica no existe,90 Leff (2002: pp. 54-55) señala que ambas disciplinas tie-
nen su propio carácter, la dialéctica trabaja con temas abstractos y la retórica con temas circunstanciales, la dialéctica sigue normas de racionalidad lógica y la retórica normas referidas a la apropiación, la dialéctica procede mediante preguntas y respuestas y la retórica a través de un discurso ininterrumpido, la dialéctica emplea lenguaje técnico y la retórica embellece el discurso con un lenguaje persuasivo (p. 57). «La dialéctica», dice Leff, «tiende a generar pro- cedimientos que trabajan autónomamente dentro de la práctica del arte», mientras «la retórica tiende a ajustar la argumentación a las situaciones públi- cas» (p. 57). En su perspectiva, las disciplinas pueden posicionarse «como fi- nes opuestos del espacio de la argumentación» (2002: p. 62). Ni su indepen- dencia ni sus diferencias, sin embargo, evitan la combinación de las dos disciplinas en ningún sentido. Leff prevé una «conversación» entre la dialéc- tica y la retórica en la cual ellas corrigen sus propios «vicios» (p. 62).91
De acuerdo con Leff, la ventaja de combinar dialéctica y retórica anula la desventaja de que cada disciplina pueda arriesgar su autonomía (p. 61). En respuesta a la propuesta de Johnson (1996) de añadir un «nivel dialéc- tico» a la aproximación lógica de la argumentación, Govier (1998) señala que esta propuesta conduce a un problema de infinita regresión que surge de su requerimiento de que cada argumento, al nivel del núcleo ilativo, de- ba recibir apoyo a nivel dialéctico. Leff apunta que Aristóteles ya había descubierto que este procedimiento no puede continuar ad infinitum, «en algún lado debe haber un punto de llegada, una concesión que emerja de los acuerdos no asegurados a través de secuencias inferenciales». Por lo tanto, Leff atribuye a Rescher la visión de que «éste es precisamente el punto en donde la retórica empieza a jugar» (Leff, 2002: p. 60). «La per-
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90 Campbell (1963) propuso en el siglo XVIII una teoría de la retórica en la que ambas,
la verdad y la efectividad estratégica, están fundadas empíricamente.
91 Zarefsky (2006: pp. 400 y 415) efectúa una sugerencia similar con respecto a la fun-
suasión efectiva», concluye Leff, «debe estar disciplinada por la razonabili- dad dialéctica» (p. 62). En este sentido, «la evocación retórica» se convier- te en «dialéctica de la distancia por la abstracción regresiva, y la voz disci- plinada de la dialéctica» se vuelve «retórica fuera del relativismo vicioso» (p. 62). Leff, por lo tanto, explica la opinión de Aristóteles de que la retóri- ca es el antistrophos de la dialéctica afirmando que la dialéctica «debe de- pender de la retórica para acercarse y definir las situaciones en las cuales puede operar» (p. 61). Según Leff, éste es precisamente el punto en el cual la retórica entra en juego para proponer «un cierre provisional, local» (p. 61). Por otra parte, Leff dice que «una vez que la retórica ponga la ruedas