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Fuente: Cortesía de Johnson & Johnson.

Por último, es preciso enfrentar el reto del relativismo de la ética, en general. Existen muchas versiones del relativismo moral, pero todas ellas sostienen que es imposible determinar, de forma racional, si algo es

correcto o incorrecto, bueno o malo.

El relativismo moral implica, al parecer, que como lo bueno y lo malo son relativos, pues dependen de la persona que los determina, las interrogantes morales sólo reciben respuestas individuales. Asimismo,

sugiere que es imposible formular un argumento moral, pues

RESPONSABILIDAD SOCIAL Y ETICA -> CAPÍTULO CUATRO

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relativismo moral:

Idea de que no es posible determinar si algo es correcto o incorrecto, bueno o malo, de manera racional.

relativismo ingenuo:

Idea según la cual todos los seres humanos son en sí la vara con la que se medirán sus actos,

cada persona hará lo que ella considera bueno. Aunque nos rompamos la cabeza tratando problemas morales, no existe ninguna forma de determinar con certeza si, en términos morales, una decisión es mejor que otra.

RELATIVISMO INGENUO

Es probable que la forma más extendida de relativismo sea el relativismo ingenuo; es decir, la idea de que las personas mismas son la vara para medir sus actos. El relativista ingenuo cree que, como las decisiones éticas son personales, importantes y complejas, la única opinión que cuenta es la de la persona que toma la decisión.

Sin embargo, a pesar de que la moral sea profunda y personal, es imposible suponer que no se puede sujetar a un razonamiento, sino todo lo contrario. Justo porque la moral es fundamental para la existencia, tenemos que efectuar razonamientos morales muy refinados y, para ello, precisaremos recurrir a la ayuda de quienes toman parte en el proceso de los razonamientos de orden moral. Si rechazamos el concepto de que las creencias morales de una persona pueden estar sujetas a escrutinios y críticas, ¿cómo llegaría alguien a mejorar la calidad de sus decisiones morales? Si no existen parámetros para determinar si una decisión de orden moral es mejor o peor que otra, ¿cómo podremos creer que la moral es importante?

La tolerancia es buena y necesaria, pero el relativismo ingenuo llega demasiado lejos con la tolerancia. Con frecuencia, las personas están en desacuerdo tratándose de cuestiones de orden moral, pero no por ello llegaremos a la conclusión de que nuestros actos jamás tendrán una razón, ni que un curso de acción siempre será igual de bueno que otro. En cambio, debemos tratar de deslindar las cosas porque, de lo contrario, sería como admitir nuestra incapacidad para llegar a un arreglo con nuestra propia existencia. Además, el hecho de que el relativista ingenuo tolere todos los puntos de vista representa una contradicción porque, en sí, es una posición absoluta: "Siempre debemos ser tolerantes".

Existe otro argumento de más peso contra el relativismo ingenuo. Al insistir que la prueba moral de un acto cualquiera radica en que la persona haya pensado que era correcto o no, el relativismo ingenuo afirma que no se requiere considerar el contenido de un acto concreto, sino que sólo hay que saber si la persona actuó de acuerdo con sus creencias. Por consiguiente, habrá que suspender todo juicio sobre un acto referente a cuestiones como el aborto, el infanticidio, los derechos civiles y la pena capital. La verdadera falla del relativismo ingenuo es su indolencia. No se trata de una creencia, sino más bien de un pretexto para no tener creencias. Muchas cuestiones éticas dificultan la posibilidad de digerir hechos y construir teorías, pero el relativista ingenuo ni siquiera se toma la molestia de hacerlo. Esta indolencia moral tiene su precio. Requiere que se abandone la esperanza de vivir en un mundo mejor o de llegar a ser mejores.

relativismo cultural:

La ¡dea que dice que la moral es relativa, que depende de una cultura, sociedad o comunidad concretas. RELATIVISMO CULTURAL

Otra forma del relativismo moral, el relativismo cultural, sostiene que el orden moral es relativo y depende de culturas, sociedades o comunidades particulares. Además, afirma que no existen parámetros válidos para juzgar el orden moral de una cultura y que una persona no puede aspirar sino a entender las costumbres y los códigos morales de una sociedad dada.

El relativismo cultural impone que hagamos un esfuerzo por tratar de entender, por ejemplo, el orden moral de Kenya o del Oriente Medio, pero sin juzgarlos. Si los miembros de una sociedad cualquiera comparten normas y costumbres, ¿qué derecho tenemos los extraños de criticarlos? ¿Por qué tendrían otras partes del mundo que aceptar nuestros conceptos morales?

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PARTE DOS

LA ADMINISTRACIÓN EN EL SIGLO XXI

El relativismo cultural tiene muchas implicaciones para las empresas, porque hoy es cada vez mayor la cantidad de compañías que opera en el mercado mundial y sus empleados tienen contacto con muchos países, razas y credos. Los gerentes que tienen que hacer negocios en lugares tan diferentes como, por ejemplo, Japón, Corea, Arabia Saudita, Francia, México, China y Brasil, se enfrentan a infinidad de normas culturales, que van desde diferencias en los modales para comer, hasta religiones y principios morales diferentes. Por ejemplo, algunos factores culturales que deberían conocer los empresarios antes de hacer negocios en Arabia Saudita son: 1) que predomina el Islam; los musulmanes oran cinco veces al día,

prácticamente cierran sus negocios durante el Hajj, el mes de la peregrinación, y el Ramadán, el mes del ayuno, y tienen reglamentos muy estrictos en cuanto al consumo de bebidas alcohólicas y drogas, la pornografía y la división de los sexos; 2) la zona podría ser inestable; 3) los saudíes respetan los boicot contra las compañías vinculadas con Israel, y 4) las costumbres sociales y religiosas imponen límites a las mujeres, aunque los empresarios saudíes cultos concederán a una idea o un producto la consideración que merece.34

En el supuesto de que los relativistas culturales estén en lo cierto, en el terreno empresarial, es imposible encontrar un orden moral común. Los gerentes se deben limitar a obedecer las costumbres, los códigos y las leyes locales. Sin embargo, ¿están en lo cierto los relativistas culturales? ¿Pueden los gerentes

estadounidenses que están en Arabia Saudita tratar a las mujeres saudíes de la misma manera que lo hacen los hombres saudíes, sin tentarse el corazón? Incluso, aunque la política sea diferente, ¿pueden los gerentes estadounidenses que están en Sudáfrica aceptar, sin remordimiento alguno, las actitudes de los sudafricanos blancos contra los negros? O, piense en la República Popular China,

DIFERENCIASCULTURALES. LOS empresarios deben estar conscientes ce las muchas diferencias culturales que afectan los conceptos morales de todo el mundo. Los atuendos de estos dos empresarios son apenas una muestra externa de las muchas diferencias culturales a las que deben ser sensibles los dos.

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¿debe una sociedad que opera en ese país aceptar que se nieguen las libertades políticas básicas? Y, ¿qué pasa cuando las compañías se encuentran divididas entre los requisitos de dos gobiernos y sistemas jurídicos diferentes? Por ejemplo, el gobierno de Francia, en cierta ocasión, giró órdenes a la subsidiaria francesa de Dresser Industries, empresa estadounidense, de que vendiera a la Unión Soviética materiales para construir un gasoducto que llegaría a Europa Occidental y, por otra parte, el gobierno de Estados Unidos le prohibió a Dresser y a todas sus subsidiarias que vendieran los referidos materiales a los soviéticos.

Cuando las empresas se encuentran atrapadas entre órdenes morales y exigencias jurídicas de más de una cultura, que se contraponen, el único consejo que puede ofrecer el relativista cultural es: haga lo que quiera, porque haga lo que haga violará los postulados legales. Así, el relativismo cultural, lejos de ayudar a Dresser a salir de una situación difícil, sólo confirmaría la conciencia de que la compañía no puede eludir el dilema.

El otro problema del relativismo cultural es que la mayor parte de las culturas entraña muchas diferencias. Por tanto, las normas que podrían parecer generalizadas, quizá no reflejen los valores de toda la población, ni siquiera de la mayoría. El relativismo contribuye con algo al debate en torno a la ética de los negocios: nos recuerda que existe una interrelación entre las personas y la comunidad; requisito fundamental para el razonamiento ético.

El reto del relativismo ilustra la profundidad y la complejidad de la ética. El relativismo nos despierta la tentación de optar por una salida fácil. Sin embargo, visto que la gerencia tiene un componente ético considerable, el complejo diálogo de la ética resulta ineludible. Los gerentes, deben referirse explícitamente a la relación entre ética y administración y así podrán perfeccionar su capacidad para efectuar razonamientos éticos.

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