• No se han encontrado resultados

De las hebras del nudo, no tener sino el color

In document Badiou Alain - Teoria Del Sujeto (página 184-191)

N otaciones para diagrama. - La crisis está madura. - Clases, Estado, masas. - Mate­ rnas. - A l pizarrón.

1

Iba un poco de prisa, últimamente. Para contrariar el enigma, exage­ rémoslo. Mi objetivo es hacer un cuadro de lo adquirido. Pero me dirijo hacia allí por el atajo de notaciones inconsecuentes.

1.- Las palabras de Lacan y las nuestras.

Comenzamos, en 1975, por el esplace (o lugar de lo sub|etivo), el

horlíeu, concentrado en fuerza, y la doble articulación de los dos: empla­

zamiento, exceso.

Corrompimos este léxico de la fuerza y de la plaza mediante el trini­ tario lacaniano: simbólico, real, verdad, imaginario. Que tres sea cuatro, está claro.

«Sujeto» nos es común, y está comúnmente oculto [dé robé].

Muy falazmente, les propongo las dos listas ordenadas que siguen. ¿Son isomorfas? A ver.

Lacan: simbólico, real, imaginario, verdad, ley, significante, nudo. Aquí y en otro lugar: plaza, fuerza, ideología 1 (totalidad-repetición), ideología 2 (torsión-coherencia), Estado, lógica de las plazas (álgebra), lógica de las fuerzas (topología).

2.- Nos ocupamos de la teoría del sujeto como tal.

De la racionalidad productiva de los efectos-de-sujeto. No se afirma ni que un sujeto requiera un individuo (sexuado) por soporte, ni que tenga una clase (social). Nos desaplomamos. De ahí la posibilidad de la corrupción lexical más arriba mencionada.

3. - Fuerza y destrucción.

Es el mismo concepto, dividido según la estructura y según el proceso.

Según la estructura, la fuerza queda definida a partir de la plaza, como depuración en exceso, como demasiado-real. Queda referida a la falta.

Según el proceso, la fuerza es interrupción de la repetición. Es este momento de interrupción el que desvía la falta a la destrucción.

En política marxista, se conoce muy bien esta diferencia. «Ser una fuerza» puede querer decir: contar demasiado -desde el punto del adversario- en cuanto a la plaza tolerable de las oposicioneá. Es una definición represiva interiorizada. Ahora bien, esta fascinación de la falta es casi la regla de los partidos políticos «revolucionarios». Éstos automiden su fuerza por la canti­ dad de exceso tolerable, en el umbral de destrucción. No quieren sobre todo tener la plaza de estar fuera de plaza [hors place]. En caso de necesidad, se debilitan a sí mismos, o se dividen. Esta tendencia a no desplegar la fuerza sino según la estructura es aquella contra la cual el revolucionario se impa­ cienta, ansioso de exceder el exceso en el acto de interrupción.

La figura histórica ejemplar de este drama subjetivo es el furor de Lenin en 1917, cuando el partido, Zinoviev, Kamenev fuerzan esencialmente a regañadientes la historia mediante la insurrección. No quieren nada de esta «arte», nombre que recalca Lenin, dado a la insurrección en su dignidad de incierta potencia. Para ellos, la fuerza de los bolcheviques es esperar, es rm dato acumulable.

La esencia de la política es, en efecto, esperar. Por un lado, es irrepri­ mible. Pero criando Lenin dice que la insurrección es un «arte», quiere justamente decir que violenta la esencia de la política.

¿Qué es lo que. dice, Lenin? Hay que leer todos estos textos del otoño de 1917, La crisis está m adura, por ejemplo:

( ...) existe entre nosotros, en el Com ité central y en los miles de dirigentes del partido, una corriente o una opinión a favor de la e s p er a del Congreso de los soviets y hostil a la toma inm ediata del poder, hostil a la insurrección inmediata. Hay que ven cer esta corriente o esta opinión.

En otras palabras, los bolcheviques se d esh o n ra ría n por siem pre jam ás y

sería n reducidos a cero en tanto que partido.

Pues, dejar escapar la ocasión presente y «esperar» el Congreso de los Soviets, sería una idiotez com p leta o una traición com p leta. ( . . .)

No tom ar el poder ahora, «esperar», charlar en el Comité Ejecutivo Central, limitarse a «combatir para el órgano» (el Soviet), «combatir para el Congreso», es ca u sa r la pérdida de la R evolu ción .

Habiendo el Com ité Central dejado in clu so sin respu esta mis instancias sobre este asunto desde el com ienzo de la Conferencia D em ocrática, y com o el ór­ gano central b o rr a en m is artículos las indicaciones que doy sobre los errores flagrantes de los bolcheviques, tales com o la decisión deshonrosa de participar en el pre-parlamento, com o la atribución de un asiento a los m encheviques en el Presidium del Soviet, etc., etc., m e es forzoso ver ahí una alusión «de­ licada» al rechazo del Comité Central de debatir incluso la cuestión, una alusión delicada al acto de censura y a la invitación a retirarm e.

Debo p resen tar m i p ed id o d e d im isión d el C o m ité C en tral, lo que hago, reservándome el hacer propaganda, en las J ila s del partido y en el congreso del partido.

Pues mi convicción más profunda es que, si «esperam os» el Congreso de los Soviets y dejam os escapar la ocasión enseguida, ca u sa m os la p érd id a de la Revolución (OC II, 3 9 7 -3 9 9 ).

Espero que distingan en este texto la nominación muy poco consciente de un efecto-de-sujeto inaudito. Lo que en él se escinde rechaza la «espe­ ra», figura cerrada de la fuerza, para volcarse a la destrucción inmediata de sus condiciones.

Este momento de torsión pura -d e dimisión m isionera-, en que lo acumulable se invierte como pérdida, como dilapidación de la fuerza, es la esfinge temporal del sujeto.

Ahí se cruzan, en una vacilación fulminante, la rectitud muerta de lo que falta [ce qui ja it défaut) y el riesgo viviente de la interrupción.

Ahí el sujeto nace a la decisión, que no es sino su existencia. Decidir equivale siempre a desunir, en la unidad determinante de la falta serial, el punto de la destrucción. También es muy raro que cualquier cosa que sea dependa de una decisión.

4.- La doble articulación de la fu erz a y de la plaza

0 bien la una es la pérdida de la otra. Cuando, destructor, el exceso es inasignable a la plaza que él supone. O bien a la inversa, cuando, al mante­ nerse en su plaza, la fuerza es dilapidada, con el asombro75 del superyó.

Es el gran descubrimiento de Marx, sobre todo durante la Comuna de París:

En el último capítulo de mi 1 8 -B r u m a ñ o destaco, com o tú verás si lo relees, que la próxima tentativa de la revolución en Francia deberá consistir ya no en hacer pasar la máquina burocrática m ilitar a otras m anos, com o fue el caso hasta aquí, sino en d estru irla. Ésta es la condición prim era de toda

75 En el original, écarquillem ent, proveniente del verbo écarqu iller («abrir los ojos como platos»), (N. del T.)

revolución verdaderamente popular en el continente. Es tam bién lo que ha tentado a nuestros heroicos camaradas de París (M arx, carta a Kugelmann, OC II, 4 4 0 ).

Se trata de destruir, a lo cual tiende el heroísmo -cualidad subjetiva si la hubiera-, y para que advenga la dimensión popular de la insurrección.

Marx hace teoría del vínculo entre la destrucción y la extensión «ver­ daderamente popular» del fenómeno histórico. El ser de clase obrera puede bien, como en junio de 1848, darse como sujeto en la angustia defensiva, muda, trágica. El interés del pueblo entero yace en la inte­ rrupción general de las series del lugar, en la destrucción del mecanismo íntimo del Estado.

Cuanto más capacidad tiene la revolución de ser radical, y no inhibida en el sobresalto sangriento que rige la angustia de la represión, el superyó del terror, más está ella en el valiente balanceo de la destrucción, en la audacia justiciera de la recomposición, más se revela que aquélla es el acto de un pueblo, del cual, el proletariado no hace sino nombrar lo Uno, en tanto que Uno de la política.

5.- Las clases, el lado de la verdad.

La dominante establece posición del mantenimiento del esplace. Su verdad es medio-dicha, pretendiéndose toda. Administra la repetición. Toda coherencia advertida le es insostenible.

La clase revolucionaria se define como sujeto que sostiene la verdad en su división. A partir de su existencia política, que es muy aleatoria, el medio-decir es Un-decir [Un-dire] según la torsión de donde la coherencia nueva es practicada.

El análisis marxista en términos de punto de vista de clase es isomorfo al análisis lacaniano según la verdad. Se precisa, en los dos casos, la torsión, pues la verdad no puede decirse toda (Lacan) y no hay verdad por encima de las clases (marxismo), luego, ésta no puede, en efecto, decirse toda.

Lo que significa que debe decirse no-toda. O sea como sujeto, histérico para uno, revolucionario para el otro.

«Proletariado» es el nombre político de la verdad no-toda. 6.- Estado y masas, el lado de la ley.

El Estado es el núcleo violento del mando legal. Su efecto propio es anular la fuerza subjetiva antagónica.

Las masas, por hacer la historia (tanto la mala como la buena), son registrables del lado de la no-ley. Son la única fuerza antiestatal, ésa es su definición.

De las masas, no hay irrupción histórica sino en exceso destructor sobre el Estado. Ésa es su invariancia comunista. Pueden también, en su identidad sustancial, ordenar el consenso estatal más grueso, incluso el más abyecto. Pero ése es su ser emplazado [place], su ser forzado. Su ser- en-fuerza [etre-en-force] está bajo la ley de la no-ley.

Llamamos «masas» a la interrupción histórica como tal, a lo real del corte.

7.- Cuatro maternas.

El álgebra se compone a partir de L (lugar), F (fuerza), P (plaza), V (verdad), f (falta), d (destrucción). El signo = designa un tiempo diferencial, el signo designa un proceso integral. es la horquilla del exceso sobre la barra del emplazamiento.

Ya les anoté los maternas de la angustia y del superyó: Angustia:

El coraje es el balanceo destructor en que se sostiene la verdad en su

La justicia recompone el espacio bajo la marca de una ley de ahí en más faltante a lo que se le anuda. Instruye y estabiliza la división del lugar:

X

Superyó:

división:

Les recapitulo todo eso en el espacio:

D ESTRUCCIÓN

del otro, para que viva la ley de la ley, para que viva el otro

O ley com o no-ley no-ley com o ley 13S

(ü 13 Estado masas UJ 'S<3 Creonte F J'p % L + d f\ p > .-S - Atenea o _3 t / f

X

' X + f SUPERYÓ r < ^ JU STIC IA ANGUSTIA V : V CORAJE Antígona v . K V+f(f) f\ p _ s + d Orestes <3 '/ ' -

X

a

-

o [verdad, insostenible - todo] [verdad sostenida en su división]

13

O clase dominante clase revolucionaria O

•3 J3

la fuerza, pérdida de la plaza la plaza, pérdida de la fuerza FUERZA

De la doble división que determina el efecto-de-sujeto, sería justo decir que Lacan sólo ha nombrado exhaustivamente una mitad.

A la primera división, la horizontal, del cuadro, corresponde la dialé­ ctica de la ley y de la verdad, cuyo correlato sería la de lo estatal y de la clase. Se la nombra en Freud.

La segunda, vertical, no tiene nombre de análisis. Pasa entre lo uno de la ley y su división, entre el Estado y las masas, entre las dos clases antagónicas. Marx la nombró. Es por ella que circula la historicidad.

Del nudo de este doble clivaje, nudo del cual no tenemos aún sino el color de sus hebras, resulta que hay cuatro conceptos fundamentales de la teoría del sujeto.

Así se agotan los poderes críticos del álgebra. Sabemos lo que, bajo el efecto de la destrucción innombrada, escapa a Lacan en cuanto a la

determinación del sujeto. Pero no sabemos lo que del coraje retroactúa sobre la inevitable angustia, ni lo que de la justicia resuena en la prescrip­ ción del superyó, ni cómo las recomposiciones, ya sean aterrorizadoras o disolventes, se articulan sobre las interrupciones m ejor que en la falsa empeiría de lo sucesivo.

El materna de los cuatro maternas es nuestro impase del momento. Asegurar su garantía materialista exigirá un vasto rodeo. Esperaremos de él un dispositivo de elucidación tanto de nuestras vidas singulares, y del arte que se ejerce en ellas, como de la existencia de las políticas, y de la historia que en ellas se trama.

En todos los casos del tiempo, es desde una ética que la acción presiente su riesgo y su éxito. De la convicción tan extendida de que la acción es imposible nacen las desubjetivaciones devastadoras.

¿Qué esperar de una teoría del sujeto, sino que esclarezca un poco el misterio de la decisión?

R

e t o r n o m a t e r ia l is t a

In document Badiou Alain - Teoria Del Sujeto (página 184-191)