El teatro. - El catolicism o y la política. - Falta y destrucción. - Los significantes de excepción, lugares del sujeto. - Del rol de las tum bas en el m arxism o y en el arte. - E.1 punto de detención. - Análisis de la tirada de dados. - La rosa y el com unism o.
1
¿Quién dirá lo que le debemos al teatro, de la Orestíada de Esquilo a las piezas de Brecht? Arte capital, analizador ininterrumpido de nuestra historia. Mallarmé enuncia, sobre este punto, un axioma claro y neto: «El Teatro es de esencia superior» (El Género o De los modernos, O, 312).
Instituir el tealro de nuestro tiempo, Mallarmé se aboca a ello. Nues tro tiempo, ¿qué hay para decir? Aquel donde la religión representativa -tea tra l- por excelencia, la católica, está en desherencia.
En su análisis de la misa, nuestro dialéctico encuentra tanto de verdad figurativa como Hegel de conceptual en el misterio de la Redención. La misa es un famoso teatro de la dialéctica estructural. Observen, mejor:
«Tal, en la autenticidad de fragmentos distintos, la puesta en escena de la religión de Estado, no sobrepasada aún por ningún m arco [cadre] y que, según una obra triple, invitación directa a la esencia del tipo (he aquí el Cris to), después invisibilidad de ésta, por últim o ensancham iento del lugar por vibraciones al infinito, satisfacía extrañam ente un deseo m oderno filosófico y de arte» (D el m ism o m odo, O, 3 9 6 ).
La citación a comparecer, tema de la «presencia real», resulta en la invisibilidad del Dios, término evanescente fundamental. Tomado en el emblema de su ausencia, funciona como causa para el estruendo artístico de los órganos [orgues1, que lleva el lugar a lo infinito, así como en Una
oficial en el oleaje, eleva la mirada a las constelaciones enumeradoras de un total de astros.
Lo cierto es que en 1890 uno ya no puede conformarse decentemente con el catolicismo. La laicización de todo teatro de esencia superior no deja a la actividad mental sino dos vías: «dos vías, en total, en que se bifurca nuestra necesidad, a saber: la estética, po ru n lad o , y también la economía política» (Magia, O, 399).
Nosotros no cambiamos. ¿A qué, pues, sacrificar nuestra necesidad de teatro, si no al arte o a la política? Se alegará la ciencia. ¡Profundidad de Mallarmé el no haber hecho aquí ninguna mención de la misma! ¿Quién creerá que la verdad pueda ser, tal cual, aquello a partir de lo cual se causa el deseo de un sujeto?
Que sea preciso que la necesidad se bifurque, queda por verse. En esto radica la cuestión del teatro de arte político. Podemos, sin embargo, garantizar que aquellos que, alzados en política hacia Mayo de 1968, bajaron los brazos hacia 1973 -s o n legión-, regresaron, por lo que a los mejores de ellos respecta, a la referencia artística, cuando los peores caían en la nada de «el reportaje universal», aplicándose incluso la cataplasma refrita de los monoteísmos.
La política está en una estructura de ficción. Éste no es uno de los menores enunciados mallarmeanos: « ( .. .) la relación social y su medida momentánea, que se estrecha o se alarga, en vista de gobernarla, siendo una ficción, la cual depende de las bellas letras ( . ..)» (Salvaguardia, O, 420).
Ocultar la ausencia esencial de la que procede el lazo social fue, para este lazo mismo, un grave error. Éste impide tener relación con las «subs trucciones» [«substructions»] de la política, como se debería, en situación de público implicado, cuyo derecho elemental es chiflar la pieza, incluso interrumpirla, desde que la misma no propone sino un artificio mediocre, una ficción grosera en la que la multitud no sabría reconocer su propia grandeza:
Un gra n d añ o f u e cau sa d o a la asociación terrestre, secularm ente, al indicarle el milagro brutal, la ciudad, sus gobiernos, el código de manera distinta que com o em blem as o, en cuanto a nuestro estado, lo que unas necrópolis son al paraíso que ellas evaporan: un terraplén, apenas vil. Pago, elecciones, no es aquí abajo, donde parece resum irse su aplicación, que pasan, augustamente, las form alidades que decretan un culto popular, com o representativas -d e la ley, sita en toda transparencia, desnudez y maravilla (L a M ú sica y las
Invitación igualmente para los políticos a cuidar su representación, cuya regla profesional, es decir funcional, se limita a exponerse absolutamente en la transitoria función de emblema, sin imaginarse nunca detentar, por ellas mismas, cualquier sustancia que sea.
No se requiere en política sino un único lazo: la confianza, que hay que acordar, como en el teatro, para que la ficción valga.
Una política liberada de todo, excepto de este lazo revocable, no es más pesada que la huella escrita sobre la hoja. Todo el resto, quizás aún inevitable, da la talla de un «gran daño».
Esta aeración teatral de la política lleva, en el marxismo, el nombre de «debilitamiento [depérissement] del Estado». Es decir, ¡si él es, este Estado, lo que una necrópolis es al paraíso que ella evapora! Al término de lo cual, si es razonable hablar de un término, ya no subsiste más que la confianza interna de las masas, soporte en reciprocidad de su verdad como ficción.
Él, Mallarmé, retiene la vigilancia del Libro, a la espera de algo mejor.
¿Qué es el arte? La puesta en Todo de la naturaleza, por su atrinche ramiento causal.
La naturaleza tiene lugar, no se le agregará nada; sino unas ciudades, las vías férreas y varias invenciones que form an nuestro material.
D isponible, para siem pre y únicam ente, todo el acto, queda por aprehender las relaciones, entre tanto, raras o múltiples; según cierto estado interior y que uno quiera extenderse a voluntad, sim plificar el mundo.
Igual que creer: la noción de un objeto, fugitivo, que falta [d’un ob jet, éch a -
ppan t, qui fait déjau t], (L a M ú sic a y las L etras, O, 6 4 7 ).
Ocupar la falta [déjaut] del ser pone en orden el símbolo. La igualdad de los elementos, y el golpe final del verso, concentran, ritmo y rima, la satisfacción del deseo de creer: « ( ...) el acto poético consiste en ver de repente que una idea se fracciona en un número de motivos de igual valor y en agruparlos; ellos riman: por sello exterior, su medida común que acuerda el golpe final» (Crisis de verso, O, 365).
Es al seguir, bajo el efecto del no-lugar natural, los dédalos de la frag mentación igualitaria (esplace) y de lo nuevo que en ella se crea bajo el sello de verso (horlieu) que nosotros consagramos nuestra investigación.
Como Mallarmé en lo que respecta a la naturaleza, yo no imagino que se pueda «añadir» a la sociedad, sino centrales nucleares. La política marxista debe saber suprimir, poner el viejo ser social en falta para verdaderamente
creer lo que no existía. Parecería que para ello fuese precisa la destrucción, que es más que la falta, que es a la falta lo que la fuerza es a la plaza.
Incluso ahí, el poeta no nos abandona: «La Destrucción fue mi Beatriz» (Carta a Lefébure, 1867).
2
La anulación no se inscribe nunca linealmente en el poema. Ustedes tienen cadenas metonímicas, del navio al mástil, de la sirena al cabello de espuma. Ustedes tienen sustituciones metafóricas, la espuma por la huella, el abismo por el esplace. Pero para producir la falta de la falta, hay que saltar de una hipótesis a otra: ¿navio? No. Sirena.
Este salto del sentido permite sólo anular un primer término evanes cente, y exhibir el concepto de la causalidad de la falta.
¿No hay ahí un golpe [coup de forcé]? ¿Un golpe de la fuerza? [Un coup
de la forcé?]
Pero también un costo. La deuda contraída por haber roto el pacto de la cadena metonímica. Mallarmé la paga en significantes de excepción. Vimos «o aquello q u e.. .». Casi ningún poema, sino, lo que da prueba de ello, las Tumbas, se sustrae a esto. «O s i...» , «No, p ero ...» (El Mediodía
de un Fauno). «Sin o es más q u e...» (Brindis fúnebre). «Sin o...» (Rememo
ración de amigos belgas). «N oera sin o ...» (Soneto). «Pero...» (Pequeño aíre.
Un encaje se an u la...). «Excepto q u e ...» (Victoriosamente huido el suicida
bello). «Aunque.. .» (Sus puras uñas muy a lto .. .). «Excepto quizás.. . » (Una
tirada de dados. ..).
Tales son, acumulados, los índices intratextuales de lo que la ley de «esplazamiento» del texto no sabría, sola, engendrar, tratándose délo que es para ella, en términos propios, una excepción.
Una vez dado el primer término evanescente, el poema sigue una línea de totalización. De querer romperla, hay que mantenerse horlieu. ¿Pero cómo, si ninguna fuerza viene a sobredeterminar como sujeto la consecución de las plazas?
La anulación del desvanecimiento, el embrague sobre una segunda línea de totalización, exige aquí que en lugar de ]á la place de] una meto nimia de borradura ]effacement] suplementaria (después del navio, la vela arrancada, la trompa apagada, el mástil engullido, ¿por qué no el pabellón rasgado, el hilo de este pabellón, el átomo de este hilo?) surja -« o aquello q u e ...» - la ruptura cualitativa donde la diferencia fuerte, despedida, se toma su revancha, donde lo heterogéneo rechazado retorna.
Digámoslo sin maquillaje: los «o aquello que», los «aunque», los «sino», los «pero» y los «excepto que» son nada menos que los significantes en que, cesura entre dos órdenes, se estiba, en lo que dura un relámpago, el efecto subjetivo.
Aparición-desaparición de un nuevo tipo, donde la cláusula de excep ción hace todo el drama separador del sujeto. Diferencia fuerte repentina mente acentuada en la trama densa de las metáforas y de las metonimias. Ruptura brusca de la igualitaria fragmentación ideal.
La falta de la falta, resultado de la anulación, no es dos veces la falta, según la primera ley fijada. Le es preciso más, y la gramática da aquí testimonio de ello: de que una pista desconocida, intransitable según el «esplazamiento» inicial, se abre al efecto poético.
Denomino provisoriamente «sujeto» esta imprevisible bifurcación. Todo sujeto es una excepción forzada, que viene en segundo lugar. Mao afirmó, por primera vez, que ningún engendramiento lineal a partir del Estado socialista podía hacer que se esperara el comunismo. De lo que bastó para abatir el viejo orden social, no hay que esperarse que vaya más lejos por la sola perseverancia.
«Perseverare diabolicum»: máxima para el Estado socialista.
La diferencia fuerte, que Mao llama «contradicción antagónica», debe resurgir íntegramente: Revolución Cultural.
Mediante la cual Mao designaba la instancia actual del sujeto político comunista, golpe [coup de forcé] que la separa de su pretendida línea an terior de existencia, el Estado socialista y el partido que se halla en aquél exageradamente implicado.
¡Ah! ¡El no querría enseñarlo demasiado, Mallarmé, este sujeto donde tropieza la voluntad estructural de su dialéctica! ¡Si todo esto pudiera mantenerse en lo homogéneo de las operaciones poéticas! Él declara su ambición en el programa de Igiiur: «(el) Drama ( ...) se resuelve en seguida, en lo que se tarda en mostrar su derrota, que se despliega fulgurantemen te» (O, 428).
En lo que se tarda en decir «o aquello que», «excepto que», el sujeto ya ha tenido lugar, en disidencia del lugar. Anulación hecha, transitamos, a partir de ahora, hacia la idea de la causa, y ya no tenemos, de nuevo, sino el universo familiar de las metonimias.
Este insuficiente clivaje forzado de dos cadenas, esta interrupción mí nima, para la que son suficientes algunos adverbios, algunas conjunciones, ¿no es esto casi nada?
Sí, pero sin esta ínfima y total separación, sin esta gramática de la ex cepción, no habría sino la efectividad monótona, infinita, del pulimento del ser bajo la ley de una ausencia.
Verdadero dialéctico, incluso estructural, él la subordina al juego de las plazas, reconoce de paso laupassage], «fulgurantemente», la emergencia de la fuerza donde el horlieu se incluye destructivamente en el esplace que lo excluye.
En lo que él hace teoría del sujeto.
El haber llevado la maquinaria poética hasta el rigor implacable del «esto, ciertamente; no era sino quizás aquello», protege hasta el final a Mallarmé del precipicio plano de los estructuralistas. Lo que, en Una
tirada de dados, precediendo el «excepto, quizás, una constelación», él
denomina con exactitud «la neutralidad idéntica del abismo» (O, 473), y cuya improbable excepción viene, en lo que tarda un efecto de sujeto, a mantenerlo a distancia.
En cuanto a las «Tumbas», si no requieren la excepción gramatical, es que la anulación del primer término evanescente (el muerto, Poe o Wagner, Verlaine o Baudelaire) está representada en ellas mediante el «sepulcro sóli do», el «calmo bloque»44 que hace de golpe partición entre la vida terrestre del héroe y la vida ideal de su obra: él murió, salvo que no honramos su tumba material sino en los arcanos de su eternidad espiritual.
Ninguna otra función se imparte en los mausoleos de Lenin y de Mao: ellos murieron, a no ser, dice el monumento, que el sujeto político per manezca, del que ellos ocupan, a partir de ahora, para su ruta sinuosa, la posición de estrella polar.
En cuanto a saber si no es más bien la estrella la que se mausolea para que finalmente venga, del sujeto, «el momento de mostrar su derrota», hay ahí un asunto de Estado, el cual, después de todo, nunca es sujeto.
3
¿Por qué el poema se acaba45? Cuestión de puro hecho, y de pura lógica. Es un hecho, que él se acaba. Un poema de Mallarmé da incluso una impresión especial de buclaje, de maquinación integral. Sería sin
44 Bloc, que traducimos aquí por «bloque» a fin de preservar la ilación metafórica de las figuras mallarmeanas, significa también, en el uso familiar, «prisión». (N. del T.) 45 En el sentido de «acabamiento». La pregunta formulada por Badiou es: Pourquoi le
embargo lógico que permaneciera abierto; las operaciones combinadas del desvanecimiento y de la anulación -p o r las cuales la causa produce su efecto, y además libera su concepto-, no conllevan, por ellas mismas, ningún punto de detención
El navio... o aquello que la sirena... sino que N eptuno... a menos que una caracola...
¿Y por qué no el círculo de una reconvocación del navio? ¡He aquí que estaría bueno!
A la nue accablante tu Basse de basalte et de laves A méme les échos esclaves Par une trompe sans vertu Quel sépulcral naufrage (tu Le sais, écume, mais y baves) Supréme une entre les épaves Abolit le mát dévétu
Ou cela que furibond faute De quelque perdition haute Tout l’abíme vain éployé
Dans le si blanc cheveu qui traíne Avarement aura noyé
Le flanc enfant d’une siréne Morte á l’excés qui fut son chant Sinon qu’annule de sa haine Le mát d’écume naufrageant.46
Al precio de un segundo forzamiento [for$age] subjetivo («aunque») [(«sinon que»], obtenemos este cierre perfecto, del cual la teoría de los
46 Ante la nube abrumadora silenciado / Base de basalto y de lavas / Entre los ecos esclavos / Por una trompeta sin virtud / Qué sepulcral naufragio (tú / Lo sabes, espuma, aunque burbujees) / Supremo uno entre los restos / Abolió el mástil desvestido / O aquello que furibundo falta / De alguna perdición alta / Todo el abismo vano desplegado / En el tan blanco cabello que cuelga / Avaramente habrá ahogado / El flanco infante de una sirena / Muerta en exceso que fue su canto / Aunque anula de su odio / El mástil de espuma que naufraga. (N. del T.)
conjuntos debió preservarse prohibiendo que se acepte cadenas descen dentes en bucle del tipo:
... e d e c e b e a
Bucle del cual la más simple es a e a, que afirma que el conjunto es elemento de sí mismo, lo que ningún conjunto intuitivamente aprehensible tolera. Por lo demás, los conjuntos de tales entes formales fueron denomi nados «extraordinarios», tan extraordinarios que, para sim plificar-incluso simplemente hacer posible-, la metateoría, se forjó su interdicción pura y simple, la cual es asegurada por el axioma especial, llamado de fundación (o de regularidad). Y, del mismo modo, el axioma de fundación proscribe que se pueda descender al infinito, bajo la forma:
... a , e a e ... a, e a, e a
n+1 n 2 1
Delimitante de lo imposible, el axioma de fundación es bien deno minado, por tocar un real: real de la inclusión en sí mismo a título de elemento de sí.
Así en ciertos aspectos del partido [parti\ de clase, tal, al menos, como lo ve Stalin: «destacamento de la clase obrera», parte [partie] de esta clase -elem ento de su todo-, éste le es, por lo demás, equivalente, idéntico: desde el punto de la política, el partido, es la clase.
Así, la clase de Stalin se contiene ella misma como elemento. Digamos que es in-fundada, respecto del axioma de fundación. Mallarmé, está bien fundado. Ni el poema, supuestamente finito, se buclea, ni sugiere el principio de una infinitud descendente iterativa.
Dejo que. ustedes juzguen, si mi adjunción bucleante -des-fundanle que anula la sirena y reinstruye el navio, equivale a una paradoja para las operaciones que acepta la teoría mallarmeana de los conjuntos poéticos: metáfora, metonimia, desvanecimiento, anulación. Las cuales, recor démoslo, articulan todos los conceptos de la dialéctica estructural: efecto de cadena, término evanescente, causalidad de la falta.
Mallarmé se detiene.
Mao no se detiene: prefiere, a los bucles de Stalin, la otra vertiente de lo infundado, de lo real como imposible: el descenso infinito. Del partido a las masas, donde se instaura y se ilimita, el trayecto no franquea una frontera estable. Sin el vínculo de masa, el partido es nulo. No incluir el partido desarma a las masas en la política. De donde los dos axiomas: el
partido es «núcleo dirigente del pueblo entero», más bien que destaca mento de la clase. Se edifica, y se rectifica, «abiertas todas las puertas», más bien que depurarse según su ley de organización.
La política de Stalin es cerrada, suelta, fronteriza: algebraica. La de Mao es abierta, implicada, tendencial: topológica.
Topológico, también, el concepto maoísta de la historia política. Pe- riodizar, y pasar más allá. Ningún punto de detención. «Éxito, fracaso, nuevo éxito, nuevo fracaso, y esto hasta la victoria final». Pero, el «final» en cuestión no es sino el que prescribe el período. No hay victoria final sino relativa. Toda victoria es el comienzd de un fracaso de tipo nuevo. «Es la lucha final», canto obrero de una época47, designa la modalidad de historización que prescribe la figura actual del conflicto (de clase, por lo que a nosotros nos concierne). Después de lo cual, nuevas contradicciones, nuevas luchas, nuevos fracasos, nueva victoria «final».
¿Y el comunismo? El comunismo es el nombre de la otra época del conflicto. «No creo que el comunismo pueda evitar ser dividido en eta pas, ni que no conlleve ninguna ruptura cualitativa» (Mao, Charlas sobre
cuestiones de filosofía, 1964).
Este género de enunciado quiere decir esto, que es esencial para el marxismo: la historia no existe (esto sería figura del lodo). No existen sino épocas históricas, historizaciones (figuras de lo Uno-del-dos [Un-
du-deux]). Es por eso que nosotros, comunistas, no postulamos ningún
punto de detención. Cuando determinamos la etapa en curso, es respecto de la precedente y de la venidera. No contamos más allá de tres. Cuatro como máximo \grand máxim um]: se precisa un cuatro incierto para tener