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Lo real es el impase de la formalización; la formalización es el lugar de superación [passe-

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en-force] de lo real.

Uno, m últiple, dos. - ¿Qué es una contradicción? - Base y motor.

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La dialéctica enuncia que hay Dos. Se propone inferir del mismo lo Uno en cuanto división moviente. La metafísica afirma lo Uno, y se enreda sin poder nunca extraer de ahí el Dos.

Hay otros, como Deleuze, que afirman lo Múltiple, lo que nunca es sino una apariencia [semblant] , ya que la posición de lo múltiple viene a presuponer lo Uno como Sustancia, y a excluir el Dos. La ontología de lo múltiple es una metafísica velada. Su energía viene de Spinoza: en primer lugar la sustancia afirmativa, luego lo múltiple que se despliega en ella sin jamás igualarse a la misma, y del cual se puede fingir que puso su natu­

raleza unificante entre paréntesis. Sólo fingir. En Spinoza, que es grande, pasa el espectro del Dos: los atributos, el pensamiento y la extensión. Pero, por conveniencia al comienzo, hay que anular esta aparición: «Un ente absolutamente infinito debe ser necesariamente definido como un ente que está constituido por una infinitud de atributos» (Ética, I, escolio de la proposición 10). Que el hombre no acceda a lo verdadero sino según la conexión adecuada de la idea y de la cosa, finalmente del alma y del cuerpo, y no pudiera pensar la Sustancia sino en la doble infinitud atributiva de la extensión y del pensamiento, demuestra exclusivamente su límite: este Dos es una imperfección de lo Múltiple. Lo Uno presupuesto no tiene por efecto sino la multiplicidad infinita integral, el infinito de los infinitos. Es a

este precio que se puede desvanecer la problemática cartesiana del sujeto, aquello en lo cual un Althusser es tan deudor de Spinoza.

Para mí, este «proceso sin sujeto» de lo múltiple es el colmo de lo Uno.

El «hay dos», lo hemos extraído de Hegel, puesta aparte toda nega­ ción, según el término y su índice de emplazamiento, según el horlieu y el esplace. Y nos tropezamos con un círculo: si el dos no se debe sino a la división entre la cosa y la cosa emplazada, engendramos, ciertamente, el precioso proceso de la escisión, de la determinación y del límite, pero es para ocupar el impase del retorno sobre $í, para descubrir que, o bien nos detuvimos, o bien debemos asumir la presencia inaugural del resultado, la falta secreta hacia la que todo se mueve, la teodicea.

¿De dónde viene que lo real pase más allá [passe outre] 24? ¿De dónde viene que periodice, más bien que circular? «Circular», se dice de los toneles, se decía de las maletas. El viaje de lo real es a veces sin equipaje, y el viejo tonel no excluye el vino nuevo que hay que verter en él, según San Lucas.

Si, como dice Lacan, lo real es el impase de la formalización, lo que vimos cuando nos tropezamos con el límite como Retorno, habrá que arriesgar, desde este punto, que la formalización es el irn-pase [im-passe] de lo real.

El algoritmo escisión-determinación-límite, con sus desviaciones de derecha y de izquierda, es la verdad de la secuencia dialéctica estructural, pero hasta que este formalismo impecable se resume en la prohibición- de-pasar [déjense-de-passer] que ordena un retorno.

Nos hace falta una teoría del pase [passe] de lo real, como brecha en la formalización. Aquí lo real no es únicamente lo que puede faltar en su plaza, sino lo que supera [ce qui p a sse en fo r c é ],

Y no hay otro medio para aprehender este exceso que retornar al Dos.

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¿Qué es una contradicción? Desmenuzaremos el concepto en tres partes, trabajo en el que Mao Tse-tung nos guía.

24 La locución p asser outre significa «no tener en cuenta», «pasar por alto», «saltearse», «transgredir». Optamos, dado su uso en la literatura psicoanalitica en castellano, por man­ tener la traducción literal de la misma: «pasar más allá». (N. del T.)

1.- Una contradicción tiene que ver, en primer lugar, con el Dos, o sea, una diferencia [différen ce]. Fuerte o débil, la diferencia, según que los térmi­ nos de la misma sean violentamente heterogéneos, o solamente distintos.

La diferencia mas débil es precisamente la de las plazas. La que P dis­ tribuye entre A y ApV O mejor aún, en la separación de escritura, entre A y A, lo mismo nombrado dos veces, luego, otro de sí.

La diferencia más fuerte no existe. Es un caso, bien conocido de Leib- niz, donde existe un mínimo, pero no un máximo. Relativizada al campo conflictual, la diferencia mayor es aquella en que uno de los términos no se afirma sino destruyendo al otro, no sólo en su manifestación (así como un discurso verdadero destruye un discurso falso), sino en su soporte (así como el proletariado destruye la burguesía, destruyéndose a sí mismo, por cierto, punto notable que tendrá su lugar).

Es lo que Mao llama contradicción antagónica.

2.- Una contradicción no tiene que ver con el Dos numeral, indiferente, sino del Dos conectado en división. Del Dos unido [lié] en proceso. La diferen­ cia se implica como correlación: es el principio de la unidad de los opuestos, que no registra ninguna fusión de los Dos en un tercero, sino que afirma lo Uno del movimiento de los Dos, lo Uno de su separación efectiva.

La correlación mínima es la constatación de la escisión, la posición pura y simple del Dos como unidad de proceso. Es decir: esto es una contradicción, una unidad de los opuestos, este dos es la división en acto de lo Uno. Mucho más fuerte es la correlación contenida en el tema de la

lucha de los opuestos, que designa un proceso de destrucción, compro­

metiendo la identidad de cada término en la dislocación de aquel del cual está escindido. La lucha, es la correlación como ruina de lo Uno.

La simple contradicción de clases es un hecho de estructura permanen­ te, económicamente localizable (correlación débil), la lucha de clases es un proceso de condiciones particulares, de esencia completamente política, y que no se deduce de la simple correlación débil. Confundir contradicción de clases y lucha de clases, practicar la indistinción correlativa de la con­ tradicción, tal es la vertiente filosófica del economicismo, del obrerismo, del marxismo del adormecimiento y del anfiteatro.

3.- Una contradicción no es un equilibrio del Dos, sino, por el contrario, la ley de su desigualdad. El principio de disimetría es esencial, concentrado • por Mao en la doctrina del aspecto principal de la contradicción.

La disimetría puede no ser más que una invariante de posición: tal término es dominante, tal otro sometido [asservi]. Tal fija el juego de las plazas, tal otro debe someterse al mismo [s’y assujettír].

La versión desplegada de la teoría del aspecto principal es, sin embargo, la que observa las transformaciones. La esencia en devenir de la disimetría es la inversión de posición, no la invariancia. Es el advenimiento, centrado sobre el horlieu, de un esplace revuelto. Es la lógica de la inversión, no la de la inclusión.

Así, en sus tres componentes: diferencia, correlación, posición, el concepto de contradicción se hace divisible. Es legítimo inscribir una bi- polaridad dialéctica, según que la contradicción sea «débil» (estructural) o «fuerte» (histórica). Lo que el cuadro siguiente recapitula:

COMPONENTES DEL CONCEPTO

DIVISIÓN DEL CONCEPTO

contradicción estructural contradicción histórica diferencia débil (diferencia de plaza) fuerte (heterogeneidad cualitativa)

correlación débil (escisión) fuerte (lucha)

posición disimetría invariante. disimetría reversible

Todo proceso dialéctico real intrinca una contradicción estructural y una contradicción histórica, afectando los mismos términos. La segunda se basa sobre la primera. Esta base (pura metáfora, en el punto en el que estamos) es el nudo de la cuestión del Sujeto.

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O sea, el sujeto político. Recién en muchos meses lo veremos con claridad. Hagamos un pórtico, al estilo del siglo XIX.

¿Qué es lo que caracteriza una sociedad capitalista como tal? Ustedes pueden ordenar la cuestión a partir de dos contradicciones universales -s in que universal quiera designar otra cosa que el curso, aún hoy prehis­ tórico, de la historia, de los hom bres- bajo las cuales subsumir tal cuerpo social ordinario:

- la contradicción, llamada fundamental, entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción;

La especificación de la contradicción fundamental nos da una definición así construida: es capitalista toda formación social donde la apropiación privada de los medios de producción frena tendencialmente la socializa­ ción necesaria y creciente de las fuerzas productivas. Bajo el capitalismo, la dispersión competitiva de la propiedad (la multiplicidad de sujetos- beneficios) entra en colisión restrictiva con el proceso de concentración orgánico de los medios de producir. He aquí, dicen a una los clásicos, lo que constituye la base de la historia social de los hombres. Todo lo demás es superestructura.

La especificación de la contradicción principal nos deja una definición bien diferente. Es capitalista toda sociedad donde el conflicto de clase central, organizador de la vía política, opone la burguesía al proletariado. Tal es, dicen los clásicos unánimes, el motor de la historia social de los hombres. Lo demás es ideología.

Base y motor. Dos contradicciones, dos definiciones, un solo objeto - e l capitalism o-, una sola doctrina, el marxismo.

Aporía, aunque la clase obrera anuda. La clase es parte excluyente de la primera definición, en cuanto es la principal fuerza productiva, y de la segunda, bajo las especies de su unidad política; y bajo el nombre así conquistado de proletariado, enfrenta a la burguesía.

Así, la definición del capitalismo resulta de la definición dividida de la clase

obrera. Es, pues, sin duda, de su sujeto real, que la an u da, que depende la

unidad escindida mediante la que definir una sociedad cualquiera. Que la clase obrera sea señalada como plaza en las relaciones de pro­ ducción, o como concentrado de todo el antagonismo a los burgueses, no es sino en apariencia la figura de una elección. Aislada, la primera designación conduce directamente a que, no existiendo sino en la fábrica, la clase limita [borne] su subjetivación a las morosidades protestatarias del sindicalismo, o de sus variantes. En cuanto a la segunda - e l antagonismo-, despegada de todo arraigamiento productivo, hace creer que reventar la barriga de un burgués empírico con un golpe de la pica terrorista hace vacilar la dictadura del Capital.

En verdad, terrorismo y sindicalismo son la cara y la cruz de la dialéctica abolida por cualquier tirada de dados. Separan de manera idéntica.

La clase, aprehendida según la división dialéctica de su dialecticidad, es la acción política partidaria basada sobre la historicidad productiva de masa.

Repito: conviene pensar la clase como partido antagónico y como masa productiva rebelde.

Lo esencial es saber cómo marcha eso junto, ya que es este marchar- jun to [ce m arche-ensem ble]25 lo que la clase es. Es nada menos que hacer despuntar en el movimiento real de la historia la singularidad rectificable de la política.

Plaza productiva y política antagónica; obrero y proletario; historia y política: reconoceremos en los mismos lo estructural y lo histórico de nuestro cuadro, en su intimidad subjetiva.

Y si volvemos a las dos contradicciones inaugurales, está claro. La contradicción fundamental, relaciones de producción/fuerzas pro­ ductivas, no nos deja sino disposiciones de plazas, de cantidades y de invariancias (en sí, esta contradicción, tendencial, no invierte nada). Es la vertiente estructural de las cosas.

La principal -burguesía/proletariado-, en cambio, tiene todos los atributos de lo histórico:

- diferencia fuerte (el proyecto subjetivo del proletariado, o sea, el comunismo, es irrepresentable por la burguesía);

- lucha de clases, y no simple distribución binaria de lo social; - disimetría reversible, en la problemática de la revolución.

El pensamiento desplegado de la sociedad capitalista organiza en el acto del proletariado la unidad subjetiva de lo estructural y de lo histórico, anudando, de la fuerza productiva al partido de clase, la contradicción de contradicciones en que se realiza la dialéctica.

Cualquier sujeto, y en primer lugar nosotros mismos -cuando nos toca advenir como sujetos, lo que, felizmente, es muy raro-, exige la intimidad a tope de la base y del motor.

En cuanto a lo principal, de lo principal o de lo fundamental, del motor o de la base, meditaremos, para orientarnos en el pensamiento, la sentencia de Lenin: «La política es el concentrado de la economía.»

Incluso, diría yo, cuando se trata de la economía libidinal, de la eco­ nomía de las pulsiones.

Todo sujeto es político. Es por eso que hay pocos sujetos, y poca política.

25 El verbo m archer significa tanto «marchar» como «funcionar». M arche-ensem ble, por su parte, significa «manifestación» o, mucho mejor aún, «marcha». Ambos sentidos, el de «marchar» y el de «funcionar», se hallan intrínsecamente vinculados en el uso que hace aquí Badiou de m archer, y que «marchar», en castellano, reproduce sin la menor dificultad. (N. del T.)

Hegel: «La actividad de la fuerza es esencialmente

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