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De qué modo el juicio marca la diferencia

In document Sin Temor Al Juicio - Roy Gane (página 126-128)

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o se puede vivir en una zona de guerra y escapar del impacto de la guerra. Las personas que sobrevivieron a conflictos ar- mados en lugares como Ruanda, Kosovo e Irak, nos cuentan que el peligro produce temor, sufrimiento y dolor. También consume tiempo, energía y recursos que se podrían usar en otras cosas. Aun fue- ra del terrible costo de la guerra en muertes y heridas, es costoso física, emocional y económicamente.

“Cada fusil que se fabrica, cada barco de guerra que es botado, cada cohete enviado significa en el sentido final, un robo contra los que tie- nen hambre y no son alimentados, los que tienen frío y no son abriga- dos. Este mundo armado no gasta sólo dinero. Está gastando la traspi- ración de los trabajadores, el genio de los hombres de ciencia, las espe- ranzas de sus niños. Esta no es una manera de vivir en ningún sentido. Bajo las nubes de la guerra, la humanidad está colgada de una cruz de hierro” (Dwight Eisenhower, 16 de abril de 1953). 1

Pero, ¿qué pasa si usted sabe que viene ayuda en camino? ¿Que las fuerzas de liberación han obtenido una victoria decisiva? ¿Que la gue- rra casi ha terminado? ¿Que mientras todavía está en una zona de gue- rra, la paz llegará pronto? ¿Que el Día D está en el pasado, y el Día V está casi aquí? Su desánimo y resignación se transformarían en espe- ranza y energía. Se prepararía para saludar y cooperar con los que están a punto de liberarlo.

Este es el lugar donde estamos en la gran guerra. Cristo ha obtenido la victoria decisiva en la cruz, y está en la etapa final de liberar por

completo al mundo: ¡el juicio previo al advenimiento! Al final del juicio, que puede suceder en cualquier momento, su pueblo será confirmado como suyo (ver Apocalipsis 7:3, 4: el sellamiento). Lo siguiente será la segunda venida de Cristo. Más bien que quemamos con celo legalista para tratar de salvamos, lo que es suicida y sin esperanza, podemos lle- namos con expectativa gozosa mientras nos preparamos para dar la bienvenida a nuestro Salvador. Es tiempo de levantar nuestras cabezas porque nuestra redención está cerca (Lucas 21:28).

“Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho. Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25:8, 9).

Muchos libertadores envían agentes con anticipación para preparar el camino antes que comience el asalto final. Primero van los ex- ploradores para evaluar la situación, agentes de inteligencia para ayu- dar a los comandantes a decidir las mejores estrategias, y coordinar con la gente local que han estado ofreciendo resistencia encubierta contra el enemigo. Luego los comandantes envían ataques aéreos y paracaidistas para ablandar al enemigo y servir de punta de lanza como ataque ini- cial, después de lo cual entran los tanques. La invasión es un proceso que comienza mucho antes del principio de la batalla final.

Otra vez, allí es donde estamos. Dios conoce la situación, de modo que no necesita espías para informarle acerca de lo que está sucediendo. Pero él envió sus agentes celestiales -el Espíritu Santo y los ángeles- pa- ra enseñar, equipar y dar el poder a la gente local para que cooperen con él en hacer su conquista tan efectiva como sea posible. Sólo que en esta guerra, la efectividad no se define por la cuenta más elevada de cuerpos en el menor tiempo posible. Al contrario, se define como salvar a tantas personas como sea posible de la destrucción definitiva que Sa- tanás y sus aliados pronto experimentarán.

Hasta cierto punto, la situación que hemos estado describiendo ha sido cierta a lo largo de toda la era cristiana. Sin embargo, el hecho de que estamos viviendo ahora en el período final cuando “la hora de su juicio ha llegado” (Apocalipsis 14:7) da un tremendo sentido de urgen-

cia porque queda muy poco tiempo para que los demás seres humanos cambien su lealtad del poder satánico y de las “bestias” humanas (Apo- calipsis 13) a la de su Creador y Salvador, el Rey del universo.

Si realmente creemos que “la hora de su juicio ha llegado”, te- meremos “a Dios” y le daremos gloria, y adoraremos “a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:7). Si realmente lo creemos, guardaremos los mandamientos de Dios y nos aferraremos a nuestra fe en Jesús (versículo 12). Si realmente lo cree- mos, saldremos del poder de la “Babilonia” del tiempo del fin, apóstata, mundana y opresiva, que se opone a Dios como las antiguas Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma (Apocalipsis 18:4; comparar con 14:8). 2

Si realmente creemos que “la hora de su juicio ha llegado”, nuestras prioridades, metas y cursos de acción diferirán radicalmente de las per- sonas que están concentradas en la seguridad temporal, el materialismo y la gratificación terrenal, incluyendo a los cristianos tibios de Laodicea (Apocalipsis 3:14-21). No invertiremos todas nuestras energías en apilar dólares, pesos, euros, dinares o yen, y las cosas de moda que el dinero puede comprar. No nos asimilaremos a la cultura humanista y secular de la sociedad contemporánea que ahoga la “voz suave y queda” del Espíritu Santo. Tendremos el valor de ser diferentes, como Daniel, cuya lealtad a Dios fue tan fuerte que los imperios no pudieron sacudirla.

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