Ahora llegamos a la pregunta central con respecto a Daniel 8: ¿Cuál es la relación entre la purificación/justificación del santuario en este capítulo, y el juicio preadvenimiento en Daniel 7? En Daniel 8:13 (la pregunta a la cual responde el versículo 14) es claro que jus- tificar el santuario resuelve los problemas religiosos creados por el poder del cuerno pequeño, así como en el capítulo 7 el juicio resuel- ve el problema del cuerno pequeño. De modo que en algún sentido los dos eventos –el juicio y la justificación del santuario– son real- mente un evento porque son funcionalmente equivalentes, así como los términos "Navidad" y "Noel" pueden enfatizar aspectos ligera- mente diferentes pero se refieren al mismo evento.
¿Cómo puede un juicio justificar el santuario de Dios?
El santuario de Dios representa su reputación, su carácter y su au- toridad. Es el centro de su administración, donde tiene su trono (Je- remías 17:12). De modo que el santuario es como la casa de gobierno
que puede referirse al presidente actual del país, y no sencillamente al edificio mismo. La idea de que el santuario de Dios representa su reputación está confirmada por el hecho de que su "nombre" estaba presente en el santuario (Deuteronomio 12:5, 11), y su nombre tiene que ver con su reputación (Ezequiel 20:9), así como un buen nombre, o un mal nombre en los negocios o en la política se refiere a una reputación positiva o negativa.
El denominador común del juicio y la justificación del santuario es la reputación de Dios. Como ya hemos visto, el juicio justifi- ca/vindica la reputación de Dios, que está representada por su san- tuario.
"En vista de la idea de vindicación en 8:14 y del hecho de que el "Hijo de hombre" en el capítulo anterior también representa vindi- cación –las promesas con respecto al reino de Dios con imágenes de un templo nuevo (purificado, restaurado, vindicado)– no es extraño que algunos eruditos han visto que Daniel 8:14 simbólicamente pre- senta el mismo juicio descrito en 7:9-13". 5
La conexión con el Día de la Expiación confirma la conexión entre el santuario y el juicio. Este día de purificación del santuario era el día del juicio de Israel, cuando se confirmaba a los leales (Levítico 16:30) y los desleales eran condenados (Levítico 23:29, 30). 6 Así que
en Daniel 7 y 8 la solución al problema del cuerno pequeño, inclu- yendo su efecto sobre Dios y sobre su pueblo, es un evento solemne que actúa como un gran Día de la Expiación del tiempo del fin antes que Jesús regrese a la tierra.
Algunos objetan la idea de un juicio investigador previo al adve- nimiento o juicio demostrativo sobre la base de que tal evento nega- ría el perdón que ya hemos recibido en Cristo. Pero el Día de la Ex- piación israelita no trataba de nuevo el tema del perdón, como si el perdón ganado por los sacrificios durante el año de repente fuera anulado. De hecho, es un malentendido erudito casi universal du- rante dos mil años, pero los pasajes bíblicos que tratan con el Día de la Expiación (Levítico 16; 23:26-32; Números 29:7-11) no dicen nada acerca del perdón. Expiación sí, pero no perdón.
La "expiación" del Día de la Expiación es una purificación moral o sea una etapa de la expiación más allá del perdón (Levítico 16:30). Se basa en el nivel de reconciliación con Dios, que ya se ha realizado, pero va aún más allá, así como un grado académico de magíster se
basa en un grado de bachiller, en vez de tener que cursar todo de nuevo.
En vez de eliminar su certidumbre, el juicio lo reafirma.
En el antiguo santuario, cuando el sumo sacerdote realizaba el juicio en el Día de la Expiación, él no purificaba el santuario lavando las manchas de sangre que habían sido aplicadas por los pecados du- rante el año. No, él ponía más sangre en varios de los mismos luga- res (Levítico 16:14-19; comparar con 4:6, 7, 17, 18, 25, 30, 34), reafir- mando el perdón que ya se había dado.
¿A qué sangre representaba eso? ¡La de Cristo! El sacrificio de Cristo es tan grande que no sólo compra el perdón sino que también paga el precio de la misericordia después del perdón, con lo que re- afirma nuestra expiación, nuestra reconciliación con Dios. ¡Escuché- moslo otra vez: por la sangre de Cristo!
La sangre de Cristo aplicada a usted en el juicio dice: Usted está realmente perdonado y finalmente purificado de cualquier impedi- mento a su relación de pacto con Dios. Usted pertenece a Dios, no a Satanás. 7
Algunas personas sinceras, comprometidas y bien intencionadas enseñan que el pueblo santo de Dios lo vindica en el juicio al vivir en obediencia a sus mandamientos de modo que la acusación de Sata- nás de que la ley de Dios no se puede guardar aparezca como falsa. Hay algo de verdad en esto, pero el énfasis, lamentablemente, está mal puesto en lo que los seres humanos hacen para Dios. Es más bí- blicamente correcto decir que Dios se vindica a sí mismo mediante lo que él hace por, en y para su pueblo: aquellos que aceptan los dones que él ha otorgado en Cristo. Todo arrepentimiento, perdón y poder para vivir con santidad viene de él, de modo que a él sea toda la glo- ria.
Así como Daniel 7 pone un límite de tiempo a las persecuciones del cuerno pequeño (versículo 25, "tiempo, y tiempos y medio tiem- po"), Daniel 8 limita el tiempo durante el cual el santuario de Dios sufriría la contaminación: "Hasta dos mil trescientas tardes y maña- nas; luego el santuario será justificado" (mi traducción). En un capí- tulo posterior de este libro estudiaremos en detalle estos períodos, pero por ahora es suficiente considerar sus implicaciones generales. El mal que se opone a Dios y oprime a su pueblo no seguirá para siempre. Dios está en el control de los asuntos humanos, aun cono- ciéndolos de antemano, y él establece los grandes plazos. Su salva-
ción no es una abstracción nebulosa y espiritual, sino alcanza a nues- tra historia, que se mide por el tiempo histórico. Él es el Dios del tiempo y de la eternidad.