Ya hemos encontrado que en el juicio previo al advenimiento Dios decide si las personas se salvan o se pierden basado si en su vi- da posterior a la conversión muestran que han continuado aceptán- dolo a él y su salvación, y de que él involucra a sus seres creados en este proceso de juicio. En el antiguo Día de la Expiación, el santuario que representaba la administración y el carácter de Dios, era purifi- cado (Levítico 16; 23:26-32). Del mismo modo, el juicio del tiempo del fin "justifica" el santuario (Daniel 8:14) al vindicar el carácter de Dios como justo cuando distingue entre dos grupos opuestos. 5 Dios
reconoce las elecciones humanas con respecto a él condenando a los rebeldes y vindicando a los leales, cuyos pecados han sido perdona- dos.
¿En qué sentido puede un juicio ser considerado como justifican- do al santuario de Dios? En 2 Samuel 14 encontramos un indicio im- portante. En este capítulo, la mujer de Tecoa implora al rey David que le otorgue una amnistía a su "hijo culpable". Ella dice: "Mas el rey y su trono sean limpios" (versículo 9, traducción del autor). El
trono de David representaba su administración, que involucraba su autoridad y justicia. De la misma manera, el lugar del trono de Dios –su santuario (Jeremías 17:12)– representa la autoridad y la justicia de Dios. David y su justicia necesitaban ser legalmente "limpios". Del mismo modo, la justicia de Dios debe ser vindicada.
¿Por qué la justicia de Dios necesita vindicación? Por una razón: él y su santuario necesitan ser vindicados por causa de los pecados de rebeldía desafiante del poder del cuerno pequeño, que difama a Dios y contamina su santuario, así como el santuario israelita era contaminado cuando el pueblo de Dios descuidaba su sistema de adoración (Levítico 20:3; Números 19:13, 20).
Segundo, Dios perdona a las personas verdaderamente culpables, las llama santas y les da el mundo (Daniel 7 y 8). Al perdonar a tales personas, él provoca preguntas acerca de su justicia. Considere la historia de David y la mujer de Tecoa: si la mujer no hubiera tomado sobre sí la culpa, David como juez hubiera tenido que llevar la res- ponsabilidad judicial y dañado su reputación por la justicia, al per- mitir que una persona culpable escapara sin castigo. 6
¿Ha pecado usted y luego experimentó el perdón de Dios? Si es así, usted sabe de qué estoy hablando aquí. Dios perdona a las per- sonas verdaderamente culpables, lo que un juez justo no haría (com- parar con Deuteronomio 25:1). Pero Dios lo hace de todos modos, basado en el sacrificio de su Hijo, quien pagó el costo de la miseri- cordia. Dios es justo cuando justifica a las personas, pero sólo cuan- do esas personas creen genuinamente en Jesús (Romanos 3:26) como lo demuestran sus vidas (Gálatas 5:6; Santiago 2:26). El juicio revela si esto es así o no (Eclesiastés 12:14).
Referencias
1 Roy Gane, Altar Call, pp. 269, 270.
2 The New Encyclopedia of Christian Quotations, Mark Water, ed. (Grand Rapids:
Baker, 2000), p. 378.
3 Citado en "Verbatim", Time (13 de junio de 2005), p. 11.
4 Comparar con Elena de White, El conflicto de los siglos (Florida, Bs. Aires: AGES,
1993), p. 534: "En el rito típico, sólo aquellos que se habían presentado ante Dios arrepintiéndose y confesando sus pecados, y cuyas iniquidades eran llevadas al santuario por medio de la sangre del holocausto, tenían participación en el servicio
del día de las expiaciones. Así en el gran día de la expiación final y del juicio, los únicos casos que se considerarán serán los de quienes hayan profesado ser hijos de Dios. El juicio de los impíos es obra distinta y se verificará en fecha posterior. 'Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios: y si primero comienza por no- sotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio?' (1 Pedro 4:17)".
5 "'Purificar/ser puros' en Levítico 16 y 'ser justo' en Daniel 8:14 se refieren a lo
mismo de dos maneras diferentes. [...] En los contextos de Job 4:17, Levítico 16 y Daniel 8:14, estas palabras significan básicamente lo mismo: la purificación legal o vindicación" (Gane, pp. 242, 243; comparar con Niels-Erik Andreasen, "Translation of Nisdaq/Katharisthemsetai en Daniel 8:14", en Symposium on Daniel, Daniel and Re-
velatíon Committee Series 2, Frank H. Holbrook, ed. [Silver Spring, Md.: Biblical Research Institute, 1986], pp. 483-486; Richard M. Davidson, "The Meaning of Nis- daq en Daniel 8:14”, Journal of the Adventist Theological Society 7 [1996], pp. 11, 112). 6 Gane, pp. 233, 234; Roy Gane, Leviticus, Numbers, pp. 284, 285. Para más detalles,
C
A P Í T U L O1 3
La relación entre
el evangelio y el juicio
m
l antiguo Día de la Expiación involucraba un juicio entre los is- raelitas leales y los desleales que era un anticipo del juicio pread- venimiento. Los leales recibían la purificación moral (Levítico 16:30), pero los desleales eran condenados (23:29, 30). 1 Como en el jui-
cio previo al advenimiento, el Día de la Expiación se limitaba al pueblo de Dios (ver el capítulo 12). En este caso, el pueblo de Dios se definía
como la comunidad de los israelitas, que experimentaban el beneficio expiatorio de los holocaustos matutino y vespertino (Números 28:1-8) que apuntaban hacia el sacrificio futuro de Cristo.
No todos los israelitas eran leales. Entre ellos había quienes habían sa- boreado el don celestial de la liberación de la esclavitud y del maná en el desierto, pero que en forma ingrata eligieron rebelarse pecando con desa- fío. Así despreciaron la provisión gratuita de Dios de restauración, y/o rehusaron mostrar una lealtad humilde a Dios en el Día de la Expiación al no practicar la negación propia ni la abstención del trabajo (ver He- breos 6:4; Números 15:30, 31; capítulo 16; Levítico 23:29, 30).
Lo que las personas hacen demuestra dónde está su lealtad. La leal- tad no es sencillamente un concepto abstracto distinto de las acciones. ¿Es leal a su esposa un hombre que tiene un "affaire"? ¿Es leal un político que miente a los miembros de su distrito? ¿Es leal un profesor "cristiano" de Biblia que socava la fe de sus estudiantes? Por supuesto que no. Mostramos nuestra lealtad a Dios por medio de nuestras acciones.
Sin embargo, ninguna de nuestras acciones leales pueden salvarnos. Dios nos salva por su gracia, que nosotros recibimos como un regalo
por fe/confianza en él (Efesios 2:8, 9). Pero la fe necesariamente pro- duce acciones leales. Jesús perdonó a la mujer encontrada en adulte- rio, borrando su culpabilidad. Pero entonces ella debía atesorar el per- dón y vivir en armonía con él (Juan 8:11). Dios la tendría por respon- sable por su vida sólo después de su conversión.
Jesús nos toma como somos, pero no nos deja así. Santiago dijo: "Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta" (Santiago 2:26). Una fe viva es activa, sociable y ab- negada, obrando mediante el amor, que es el principio básico del ca- rácter y la ley de Dios (Gálatas 5:6; 1 Juan 4:8; Mateo 22:37-40). La fe de una persona perezosa que no hace nada positivo en favor de nadie, está muerta. De hecho, no es fe de ningún modo, y sin una fe viva, la ecuación de la salvación: gracia + fe = salvación está rota. La fe es la mano humana que se aferra de la gracia, la mano de Dios. Pero una mano humana muerta no puede aferrar nada. Cuando Dios le dijo a Abram (más tarde Abrahán) que saliera de su tierra a un país que él le mostraría, Abram anunció a Sarai, su esposa, y a todo su clan que empacarían y se mudarían. Así "se fue Abram, como Jehová le dijo" (Génesis 12:4). ¿Fue eso fe u obras? Sí, y sí, porque la fe y las obras son inseparables.
El libro de Eclesiastés termina con las palabras: "Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala" (Eclesiastés 12:14). Antes mencionamos las palabras de Pablo: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras es- taba en el cuerpo, sea bueno o sea malo" (2 Corintios 5:10). ¿Cómo pue- de Dios juzgarnos con justicia sobre la base de nuestras obras cuando no somos salvados por nuestras obras, sino más bien somos salvados por gracia mediante la fe? La respuesta es que nuestras obras revelan fielmente la calidad de nuestra fe así como la calidad de una casa re- vela la calidad de la mano de obra que la fabricó.
Hay un incidente acerca de dos artistas brillantes, uno que trabajaba intensamente y uno que sólo se sentía motivado por un desafío. Un rey los comisionó para que decoraran una gran galería en su palacio; un artista debía pintar la pared de un lado, y el otro, la pared opuesta. El rey prometió pagarles en oro al fin del año.
El artista industrioso comenzó de inmediato a pintar, y trabajó diligentemente todo el año. El otro artista pospuso su tarea hasta una semana antes de que terminara el año, confiando que su genio le per- mitiría hacer el trabajo en un tiempo breve. Cuando al final fue a la gale- ría, descubrió con horror que su colega había realizado una tarea artística tan intrincadamente magnífica que no había manera en que él podría igualarla en el tiempo que le quedaba. De modo que cubrió su lado de la
galería con espejos que reflejaran la obra del otro hombre.
Entonces vino el rey para inspeccionar la galería. Miró con placer y ad- miración la obra del artista industrioso, lo felicitó calurosamente, y dio la orden a sus servidores que trajeran las bolsas de oro resplandeciente para pagarle. Entonces el rey se dio vuelta para irse. Alarmado, el artista pere- zoso preguntó: "Pero, su Señoría, ¿dónde está mi paga?" El rey señaló el re- flejo del oro en los espejos que el artista había instalado, y contestó: "¡Allí!" La calidad del trabajo que él había elegido producir revelaba su carácter y determinó su paga.
Alguien podría objetar: "Dios puede leer nuestros pensamientos (Gé- nesis 6:5; Salmo 139:23; Mateo 12:24, 25; Lucas 7:39, 40). ¿Por qué no nos juzga por nuestros pensamientos de fe en vez de nuestras obras?"
Él no lo hace porque el juicio de Dios no es para informar a Dios ¡sino para informar a sus seres creados, que no saben todo, y que no pueden leer los pensamientos! 2 En un tribunal, ¿tendría sentido presentar como
Prueba Nº 1 una evidencia que ni el juez ni el jurado pudieran ver? De modo que el juicio final, realizado para beneficio de los habitantes del universo, debe presentar evidencias que ellos puedan ver.