BOLIVIA EN EL SIGLO XIX: ESTADO, SOCIEDAD Y POLÍTICA
2. La difícil construcción de Bolivia y el origen del caudillismo
Desde el momento de su constitución como República independiente hasta la llamada Guerra del Pacífico (1825-1879), Bolivia se caracterizó por ser una nación económicamente marginada, políticamente inestable, así como geográfica y poblacionalmente fragmentada. A este período de la historia lo conocemos como la etapa del "caudillismo". Para entender el caudillismo es necesario hacer ciertas consideraciones acerca de las condiciones que propiciaron su surgimiento. En primer lugar, cabe aclarar que el fenómeno caudillista no fue únicamente boliviano ya que, al desmoronarse el imperio español, se produjo en casi la totalidad de los nuevos países un período de inestabilidad política relacionado a los múltiples obstáculos que tuvieron que sortear en el proceso de su construcción. Asimismo, se puede apreciar, a nivel latinoamericano, la pérdida de la unidad territorial continental fuertemente acentuada por la fragmentación del poder; la destrucción del sistema institucional español, con la consecuente pérdida de la afirmación y de la autoridad así como la conversión del continente en una región económicamente dependiente. 22
Lo cierto es que la realidad latinoamericana no correspondía al ideario liberal europeo que propugnaban los libertadores y que en Bolivia se trató de implementar especialmente durante el
gobierno de Sucre (1826-1828). Este pensamiento liberal proponía la idea de que el individuo iba a reemplazar a los cuerpos y estamentos coloniales. De esta forma, el principio de igualdad iba a sustituir al de una jerarquía no igualitaria; la soberanía popular iba a reemplazar los principios de legitimación basados en la tradición y en la religión, y una nueva sociabilidad democrática sustituiría los lazos jerárquicos y no igualitarios del antiguo régimen. El fracaso de Sucre evidenció la distancia existente entre un sueño político concebido en Europa y la compleja realidad de la sociedad boliviana. Así, mientras que para los primeros gobernantes la nación era algo definido, para el resto de la población era algo poco claro.23
Como se vió, la población boliviana no sólo se encontraba divida por jerarquizaciones de tipo étnico originadas en la colonia (castas), sino también por sus propias fronteras internas producto de una geografía difícil de vencer que dificultaba la comunicación entre ciudades y pueblos así como entre los Andes, los llanos y la costa del Pacífico. La extensión del territorio boliviano y la diversidad de sus habitantes hacia muy difícil una cohesión interna que posibilitara un Estado-Nación sólido y estructurado. De ahí que se generaron poderes locales y regionales con diferentes intereses, así como amplios territorios abandonados y librados a su suerte que facilitaron el surgimiento del caudillismo.
El estancamiento económico con el que nació el país y que duró casi medio siglo estuvo relacionado a la crisis que desde fines del siglo XVIII atravesaba la minería de la plata y, por ende, el comercio interno y externo que esta generaba. La independencia boliviana limitó los lazos económicos de la antigua Charcas y arrinconó todavía más a la economía a un nivel de 22 Felipe Mansilla. Tradición autoritaria y modernización imitativa. Dilemas de la identidad colectiva de
América Latina. La Paz, Editorial Plural, 1997.
23 Frederic Richard. “Política, religión y modernidad en Bolivia en la época de Belzu”. En: Barragán et al. El
subsistencia con el predominio de pequeños circuitos comerciales. A esto se sumó el creciente comercio de artículos extranjeros lo cual perjudicó de manera dramática a la escasa industria nacional como fue el caso de las manufacturas. Según el Aldeano, Cochabamba, durante el periodo colonial, era un espacio donde existió una gran producción manufacturera. Este personaje narra como: “el hermoso bosque de Cala-Cala en Cochabamba presentaba un material bastante claro para calcular el numero de familias que se mantenían de la rueca. Allí habían centenar de mujeres que hilaban en sus tornos de agua bajo la sombra de los árboles frondosos” Más adelante añade: “Más hoy parece que es otra la escena que se representa en este gran teatro. Yo y cualquiera puede observar el espectáculo y es muy diferente. El industrioso departamento de Cochabamba ha caído en una mortal agonía”. Hace las mismas apreciaciones sobre la provincia de Paria en Oruro que según él con la llegada de la República y del comercio externo se hallaba en una total crisis y desolación. 24
Y es que con la ruptura de la articulación mercantil y colonial del Perú con España se produjo un fraccionamiento de las relaciones económicas internacionales con su correspondiente correlato político. A raíz de esta realidad económica, el dilema de los diferentes gobiernos en este periodo giró en torno a las bondades del proteccionismo o el librecambio venciendo, como veremos, el librecambismo lo cual coincidió con el declive del caudillismo.
La clase acomodada, de quien supuestamente dependía el curso que iba a tomar el país no tuvo, hasta bien entrado el siglo, la suficiente fuerza como para constituirse en una élite industriosa y eficiente. Con la guerra de la independencia desaparecieron muchos de los empresarios españoles y eran muy pocas las personas que disponían de capitales para invertir en
una economía que necesitaba de capitales y tecnología moderna. Como se dijo, la mayor parte de los miembros de la élite se dedicaban a las profesiones tradicionales predominando en ellos una mentalidad que, aunque miraba a Europa, no por ello dejo de ser colonial y precapitalista.
Se puede aseverar que a principios de la república la élite en su conjunto no coadyuvó en la construcción del país. Cómodamente, sus miembros dejaban hacer y pasar gobiernos a quienes apoyaban o no mientras estos sean funcionales a sus propios intereses. El país se encontraba en un estado que distaba en mucho de la visión teleológica del "progreso" de los países europeos a los que se quería imitar pero con quienes no se podía competir. Sus finanzas mantenían en los primeros años los mismos niveles que en las postrimerías del régimen colonial. La mayor parte de los escasos ingresos estatales provenían de la recaudación del tributo indígena (60% de los ingresos). De esta forma, los indígenas, que eran la gran mayoría del país, y que no tuvieron voz ni voto en la formulación del proyecto estatal, tuvieron un peso económico decisivo por ser el grupo que sostenía con su fuerza de trabajo el aparato estatal. Se conformó un “Estado Tributario” que descansaba en los aportes de la contribución indígena.
Otra estrategia para la recaudación de fondos, en los primeros años de la república, fue generada por la intervención del Presidente Sucre a los bienes de la iglesia católica en 1826. A partir de entonces, el Estado se encargó de la recaudación de los diezmos con el fin de conseguir dinero. Los miembros de la iglesia pasaron a ser parte de la burocracia estatal y entablaron con los distintos gobiernos una relación clientelar. Los ingresos provenientes del tributo, así como de los diezmos y otros impuestos menos importantes (de origen colonial) estaban en su mayoría destinados a mantener a una fuerza militar, herencia de la guerra de la independencia (casi 50% 24 Ana Maria Lema, 1994, p. 32.
de la renta nacional) así como a la burocracia estatal. Ambos se convirtieron en los dos pilares en que descansaría el mantenimiento de los futuros caudillos en desmedro de necesidades urgentes como la construcción de caminos, el fortalecimiento del puerto de Cobija, la construcción de escuelas, etc. La desproporcionada cantidad de recursos destinados a la fuerza militar nos da una idea de la preponderancia castrense en aquel período.25
A partir de 1825, los diversos gobiernos militares se vieron en la necesidad de mantener contentos a lo miembros del ejército una vez que éstos se convierten en una garantía para su estabilidad en el poder a pesar de existir una constitución y leyes claramente liberales que apostaban por la democracia representativa. Las rencillas dentro del ejército fueron una de las causas más importantes para la aparición de jefes militares con pretensiones presidenciales. Además, se necesitaba contar con su apoyo debido a que la desestructuración del aparato burocrático colonial contribuyó a la ausencia de cuadros preparados para la administración del Estado. La debilidad estatal hizo que estas funciones fueran invadidas por militares que en vez de cumplir con el deber de defensa del país se adueñaron del Estado y se concentraron en las ciudades prestos al apoyo de uno o de otro caudillo. El ejército fue también una vía de ascenso social para las clases bajas.
El afianzamiento del caudillismo en este periodo fue favorecido por la ausencia de un sistema de partidos políticos así como la irregularidad en las elecciones y en la vida parlamentaria las cuales dependían de los afanes constitucionalistas de cada caudillo. 26 De esta forma, las
25 Víctor Peralta. Por la concordia, la fusión y el unitarismo. Estudios sobre el caudillismo en Bolivia. Tesis inédita, Quito, FLACSO, 1990.
26 La palabra caudillo deriva del latín “Capitellum” se puso en boga en el siglo XIX para designar a los lideres que, con el respaldo de un ejercito provisional o profesional dominaban regiones más o menos extensas o competían por el poder nacional. Las mas importantes características de un caudillo son : la personalización del poder mediatizado por la dependencia del ejército y las redes de clientelas, la valentía, el carisma, cierto
circunstanciales elecciones y actividades parlamentarias conservaban un carácter semi-estacional. Estas eran realizadas por bloques parlamentarios que se organizaban en torno al sufragio y la creación de comités electorales.
De manera contradictoria, diversos caudillos apelaron al poder legislativo como una vía para legalizar su situación convocando a una asamblea o a una convención que reuniera un número suficiente de notables para que legalicen el gobierno de facto.27
La propaganda y las propuestas electorales consistían en "manifiestos" y enunciados en los que se apelaba más a sentimientos patrióticos que a propuestas claras en la definición de las políticas estatales. Sin quitar el peso político que tuvieron tanto el parlamento como las elecciones durante este período, se puede afirmar que durante los primeros 60 años de la república su papel fue secundario debido a la preponderancia del poder del caudillo.
Debido a la ausencia de una vida democrática estable (partidos políticos, elecciones, parlamento), las pugnas políticas eran dirimidas entre grupos o facciones del ejército y de la élite concentradas en las ciudades y los pueblos y que actuaban en pro o en contra de algún militar carismático. El poder real pertenecía a tal o cual caudillo cuyo grupo clientelar actuaba en su beneficio y cuya meta final era adueñarse del Estado como si se tratara de un botín de guerra. El asentamiento de esta forma de insurgencia y el incremento de territorios "libres" dentro de la república conllevó la formación espontánea de bandas armadas que solo se pudieron mantener unidas gracias a la lealtad personal a uno u otro cabecilla con pretensiones caudillescas.
mesianismo y la carencia de un programa político Entre los estudios mas importantes sobre el caudillismo esta el libro de John Lynch Caudillos en Hispanoamérica 1800-1850. Madrid, Editorial MAPFRE 1993.
27 Marta Irurozqui. A bala piedra y palo. La construcción de la ciudadanía política en Bolivia, 1826-1952. Sevilla, Diputación de Sevilla, 2000.
Estos territorios "libres" y las "bandas armadas" se refieren, de manera especial, al mundo de los pueblos rurales. A este nivel, los diferentes gobernantes debían pactar con diversos personajes locales como el párroco, el corregidor o el mandón local. Este último era una especie de representante de la élite mestiza radicada en los pueblos y cuyo poder a nivel local que, como se verá, le permitía acumular poder y riqueza además del dominio político del pueblo o la región. La diferencia entre el mandón pueblerino y el caudillo gobernante es que los horizontes del primero eran casi siempre restringidos a una localidad donde tenía abundantes parientes, compadres y amigos mientras que el caudillo era un personaje con pretensiones mayores. Esta interacción entre el caudillo, el mandón local y la élite pueblerina fue sumamente importante para el funcionamiento del caudillismo como forma de hacer política en ciudades y pueblos ya que éstos, lejos de representar solamente intereses de las regiones alejadas y poco integradas, se constituyeron también en uno de los mecanismos más importantes de articulación y mediación con el Estado a partir de su relación con el gobernante. Para el surgimiento de los caudillos era, por lo tanto, necesaria la construcción de una base de apoyo no sólo en el ejército, sino también en la élite, la burocracia estatal y las redes clientelares a nivel de los pueblos y las ciudades. La aspiración a los cargos públicos era uno de los principales motivos para que la población secundara las ansias de poder uno u otro caudillo. Es decir, que el personaje que tuviera más carisma personal y ofreciera mayor numero de puestos o beneficios a su clientela dentro del ejército, la burocracia o la región y pueblo tenía mayor posibilidad de apoyo a su gobierno. El caso de Belzu (1848-1855) resulta paradigmático puesto que este personaje explotó muy bien sus lazos de patronazgo y clientelismo especialmente con la clase artesana con quienes formó verdaderas mazorcas o milicias populares dedicadas a saquear las propiedades de los que osaban discrepar con él. Belzu tuvo también mucha influencia entre las poblaciones indígenas a través de
los mismos mecanismos clientelares y demagógicos.28
Si bien los diferentes caudillos trataron de darle legitimidad constitucional a sus mandatos, a la hora de enfrentar al enemigo la política era vista como una guerra de facciones. La contraparte a los militares, es decir, los civiles miembros de la élite criolla no fueron capaces de crear opciones de poder al margen de los beneficios que podían obtener de los diferentes gobiernos, buscando puestos de asesores en los gabinetes, en la diplomacia o en la burocracia estatal debido a que era una clase carente de poder económico, cohesión interna y de un proyecto nacional aglutinador lo que permitía el excesivo fraccionalismo en el actuar político. Uno de los antecedentes de un partido con algún contenido democratizante lo constituyó un grupo político llamado el de los "rojos" o "constitucionalistas" que apoyó a los dos presidentes civiles de este periodo; Linares (1857) y Frías (1874). Ambos intentaron regirse por las normas constitucionales, limitando el poder del ejército pero al final terminaron siguiendo normas caudillescas y poco democráticas propias de aquel periodo histórico.
Con respecto a la participación indígena dentro de las pugnas políticas caudillistas, los indígenas que no eran ciudadanos, no tuvieron ni voz ni voto en el proyecto liberal de los gobernantes puesto que, según la constitución bolivariana del 19 de noviembre de 1926, sólo cumplían el requisito de ciudadanía aquellos que sabían leer y escribir, y que tenían algún empleo o industria o profesaban una ciencia o arte sin sujeción a otra en clase de sirviente doméstico. Los ideólogos del sistema republicano prefirieron imaginar a los indígenas como incapaces de llegar a la ciudadanía sin su ilustrada intervención civilizatoria a través de la educación. De esta forma, durante el primer periodo republicano, los indígenas no fueron ningún problema para los
militares ni para la élite y viceversa mientras no se tocara el principal sustento de la comunidad que era el derecho a la tierra, ya que los gobernantes eran concientes de que se trataba de una población mayoritaria y que su contribución tributaria era la base de sustento del Estado. Por lo tanto, el reconocimiento de esa dependencia por parte de las autoridades republicanas garantizaba una relativa autonomía indígena para la gestión de territorio y recursos. Aunque es cierto que los indígenas participaron en las pugnas caudillistas apoyando según su conveniencia a uno u otro caudillo su reclutamiento formaba parte de los juegos de clientelismo dentro de los poderes locales.