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LIBERALES E INDÍGENAS: DEL PACTO A LA ALIANZA

3. Poder local e intermediación política

Ni el éxito de la primera alianza contra Melgarejo ni el análisis del discurso liberal resultan suficientes para entender la relación política que entablaron los indígenas a través de sus apoderados con las élites liberales a fines del siglo XIX. Como se ha podido apreciar en el caso del gobierno de Belzu, fue necesario que los miembros de la élite y de los partidos tuvieran relaciones con los miembros de los poderes locales que, por vivir en estrecho contacto con las comunidades, fungían como los intermediarios naturales entre el mundo rural y el urbano. El papel del gobernador o subprefecto, de los munícipes, del corregidor, del mandón local, del párroco y de las principales familias no puede dejar de ser analizado a la hora de entender las redes políticas tejidas por los miembros de los partidos con el fin de conseguir un mayor apoyo a sus propuestas y viceversa.

A nivel político, las relaciones sociales entabladas por la élite con los sectores subalternos no tenían nada de ingenuas. Eran parte de redes sociales de poder y de vínculos entre estamentos que se tejían con la finalidad de ejercer prácticas de dominación. La competencia por el poder hacía necesario crear vínculos con otros sectores de la sociedad, en especial, con el segmento conformado por los habitantes de los pueblos que eran, por su influencia en el ámbito rural, los canalizadores perfectos de las ambiciones políticas de las elites citadinas y viceversa. Por eso, no es posible entender el comportamiento político a fines del siglo XIX sin comprender como estaba estructurado el poder local.

25 El personaje más importante de la trama de intermediación política era el vecino de pueblo (misti), puesto que de él dependía la estructura de las redes definidas como un conjunto de relaciones diferenciadas que posibilitaban la intermediación. El rol del vecino fue importante desde el inicio mismo de la República ya que la ciudadanía estaba estrechamente vinculada a la idea de la conversión de los individuos en vecinos circunscriptos a su lugar de residencia, es decir, al pueblo. Vecino era entonces el que habitaba con otros en un mismo pueblo por tener en él su hogar, además de contribuir a las actividades y cargas colectivas y ser parte de los lazos sociales del mismo.40Ahora bien, lo que interesa destacar en esta parte del trabajo no es tanto el rol de la ciudadanía y cómo era entendida por el vecino sino, su papel como intermediario entre las comunidades, poder local y el poder central.

Nos preguntamos fundamentalmente sobre las características y los mecanismos a través de los cuales los vecinos ejercieron y recrearon el poder a nivel de lo local. Para ello, se partirá de dos vertientes analíticas que ayuden a entender la problemática. La primera tiene que ver con el concepto de élite como intermediaria entre las comunidades y los habitantes del pueblo con el poder central. La segunda se refiere a los diferentes mecanismos utilizados por las elites locales para afianzar su situación de poder así como reproducción social y política a través de redes sociales como ser el compadrazgo, el clientelismo y los matrimonios interfamiliares.

Toda esta dinámica se inserta en el marco de lo que es el “poder local” entendido como el escenario donde se configuran las redes de relaciones sociopolíticas y valores de identidad y pertenencia hacia una región o pueblo. Estas relaciones entre habitantes

40 Marta Irurozqui.”De cómo el vecino hizo ciudadano en Charcas y de cómo el ciudadano conservo al

26 de un mismo territorio producen necesariamente una distribución del poder en el espacio, de acuerdo a la capacidad de la élite o de las elites de dirección, influencia y presión desarrolladas con respecto al control político y económico del espacio local.41Esta dirección, influencia y presión tiene relación, a partir del control del espacio local, con espacios mayores dominados por el gobierno, los partidos políticos y viceversa.

Una vez definido el concepto de “poder local” como primer punto se tratará de entender el rol jugado por la élite de pueblo como intermediaria entre el poder local y el poder central. Se ha caracterizado a la élite de pueblo como un sector intermedio de la sociedad que compartía residualmente el poder así como su usufructo42. Para los indígenas, los vecinos de pueblo y sus autoridades eran igualmente importantes. Estos se constituyeron desde tiempos coloniales en la representación del poder central; es decir, en los intermediarios entre el poder central y las comunidades. De esta manera, los vecinos de los pueblos ejercieron este papel como canalizadores de las demandas indígenas hacia el Estado y como la instancia encargada de recaudar el tributo, lo cual garantizaba el pacto de reciprocidad. De la misma forma, las autoridades estatales se dirigían a sus representantes en los poderes locales para asuntos relacionados no sólo con la vida política de los pueblos sino también de las comunidades, especialmente a través de la persona del corregidor.

Los vecinos aprovecharon esta función de intermediarios para ejercer, a través de un sin fin de mecanismos, influencias hacia arriba y hacia abajo articulando muy

naciones en América. Madrid, Fundación Mafre-Tavera, 2005.

41 José Blanes, Mallkus y alcaldes. La participación popular en el área rural de Bolivia (inédito)

PIEB, 1998.

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27 hábilmente los finos hilos que su situación intermedia entre el Estado y las comunidades indígenas les brindaba. Estos hilos tienen que ver con las redes sociales y de poder profundamente arraigadas en los diferentes niveles de la sociedad como ser el clientelismo político. Las definiciones clásicas de este fenómeno lo consideran fundamentalmente como una relación de intercambio social de favores recíprocos y mutuamente beneficiosos entre dos personas. Este intercambio incorpora la obligación de conseguir bienes y favores de parte del patrón y la lealtad, voto y apoyo partidario del cliente o de la clientela conformando así verdaderas redes de poder.43 Se trata, además, de relaciones verticales jerárquicas y de dependencias basadas en la desigualdad y diferencia de poder y control de los recursos. El clientelismo tiene diferentes niveles y se caracteriza por el simultáneo e imbricado intercambio de diversos tipos de servicio, desde el que asegura el voto por tal o cual candidato a cambio de un empleo cualquiera en las reparticiones del Estado, o el clientelismo en su peor significación, el cual origina verdaderas camarillas o bandas gansteriles que son utilizadas para enfrentar a una facción política contra otra a cambio de favores. Sin embargo, a fines del siglo XIX, tanto para el poder central como para el poder local fue imprescindible el fomento de la clientela a fin de asegurase lealtades.

Otra manera de recrear el clientelismo y de afianzar el poder económico, político y además reproducirlo era la vía del matrimonio tanto entre las familias de las provincias o de las provincias con las de las ciudades. Es decir, que una parte importante de la historia del clientelismo es su relación con el parentesco. Los parientes y los clientes se apadrinaban de la misma manera. De esta forma, la élite auto-producía su sucesión organizada alrededor del núcleo familiar e involucra el lazo matrimonial como una

43 Maíz Suárez, Ramón. “Estrategias e institución: el análisis de las dimensiones macro del clientelismo

28 suerte de reclutamiento que permitía entablar alianzas interfamiliares basadas en el status y en la herencia formando redes políticas y económicas que, por lo general, permanecían a lo largo del tiempo. Cabe decir que en los pueblos donde el aparato del Estado era débil la familia es la que asumía el poder y ejercía la práctica política y por ello eran necesarias las alianzas estratégicas que de alguna manera suplían a la debilidad estatal.44 Una denuncia hecha por el cura de Cavari (Inquisivi) en 1859 nos muestra este tipo de relaciones:

“Los funcionarios de aquel pueblo que son el corregidor, los dos alcaldes parroquiales entre ellos media una relación demasiado inmediata de

parentesco, razón por la que no hay ni se conoce una buena administración de justicia y demás infracciones”….”estando suficientemente discutidas en materia de unanimidad se resolvió por unanimidad de votos que siendo contrario al espíritu de las leyes el que en una población todas sus autoridades locales sean de una misma familiar o parentesco”.45

Otra institución sumamente fuerte es la del compadrazgo que funcionaba como una manera de entablar relaciones personales, espirituales y simbólicas entre ciertas personas y familias. Se entiende el compadrazgo como una relación ritual que actúa como parte de las estrategias de poder46. Es así que las relaciones de compadrazgo convenían no sólo a los vecinos de los pueblos en relación a sus compadres en la provincia o en las ciudades, sino que también era funcional para las personas influyentes de las ciudades quienes necesitaban de este lazo personal en las provincias con el fin de asegurar apoyo y favores políticos.

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Ferreiro, Juan Pablo. Elites estructura familiar y practicas sociales. Seminario dictado a los alumnos de la carrera de Historia de la UMSA, La Paz, 1997.

45 ALP/EP, Inquisivi, 1859.

46 Angel Montes del Castillo.Simbolismo y poder. Un estudio antropológico sobre el compadrazgo y el

29 Las relaciones de compadrazgo se daban a todo nivel y eran entabladas incluso por gente como el propio presidente de la República. Según narra un opositor del gobierno de Pacheco en 1896, “Don Gregorio Pacheco corrompió a soldados, principalmente al soldado del batallón Loa a cuyas “rabonas” llamaba “comadres” y a ellos “hijitos”. El jefe del partido democrático dice:

“Aguarden hijitos, les decir que ya será presidente mi compadre don Aniceto y les lloverá plata” y con don Aniceto iba horas excusas al cuartel, y allí, el presidente y el candidato rivalizaban en halagos y ofertas que engreían a los soldados y les hacia entrever nunca sonadas larguezas”47

La anterior cita demuestra no sólo una situación de compadrazgo explícito entre el presidente Gregorio Pacheco y su sucesor Aniceto Arce sino además el halago hecho a los miembros del ejército del cual pretendían obtener obediencia. Al otro lado de la medalla, para las comunidades indígenas, el lazo del compadrazgo era una de las estrategias más comunes halladas para relacionarse no sólo entre ellos sino también con los vecinos de los pueblos o de las ciudades en la medida en que podían solicitar favores del compadre en relación a sus pleitos y necesidades, como por ejemplo cuando “Maria Quispe nombra como apoderado a su padrino Indalecio San Martín por un problema de tierras”.48 Por su parte, el compadre también aprovechaba este lazo para conseguir mano de obra, lealtades personales y clientelismo político de los indígenas, entre otros beneficios.

Los mecanismos del poder local no terminan aquí. Existían personas concretas que hacían posible la labor de intermediación. Como herencia del periodo caudillista y aún colonial pervivían a fines del siglo XIX infaltables figuras como la del cacique o

30 mandón, la del corregidor o la del párroco. Estos personajes se alimentaban de las redes matrimoniales, de compadrazgo y de clientelismo político creadas en los pueblos rurales. Por ejemplo, el mandón era uno de los personajes claves para explicar la lealtad política de los miembros de la sociedad local a tal o cual partido. El horizonte político de este personaje era estrictamente local, es decir, que por lo general estaba restringido a una localidad apartada donde poseía parientes, compadres y ahijados. Su poder provenía generalmente del prestigio ganado ya sea por su tradición familiar, por el poder de su dinero y de sus contactos, así como de su carisma personal. Asimismo estaba relacionado al uso de la violencia y del asesinato al mismo tiempo que conformaba amplias redes por lo general de parientes y seguidores relacionadas a las formas anteriormente citadas. Por todo ello, el mandón de un pueblo o localidad es caracterizado como un hombre “inteligente, rapaz, y verbalmente articulado” al cual el pueblo acudía para resolver cualquier pleito incluso de carácter doméstico. Entre las funciones más importantes de este personaje rural esta, además, el de ser el “comunicador” que explicaba las consignas y proyectos del partido al cual pertenecía, movilizando masas, organizando mítines siendo muy requerido por los jefes de los partidos políticos en las provincia49.En 1893 Félix Illanes corregidor del cantón Peñas denuncia que “anoche, Simón Sosa hombre bastante pernicioso en el pueblo ha dado tiros de rifle asechando mi existencia en estado de embriaguez y cometiendo desorden como es costumbre. Esta conducta tiene en constante alarma a los vecinos que son el blanco de sus ataques. También doy conocimiento de que desmoraliza a la indiada suministrándole ideas perniciosas contra mi autoridad y el buen orden de este cantón sirviéndose de otros malos vecinos que lo apoyan…..”50

47 ANB, Biblioteca Central, Manifiesto de la mayoría del directorio del partido liberal .1896, p. 36. 48 ALP/EP, 1894, caja 22.

49 Jorge Padua y Alain Vanneph.Poder local, poder regional. México, El Colegio de México, 1986. p. 31. 50

31 El corregidor era un personaje por demás interesante por la función que cumplía al ser el representante del Estado en el cobro del tributo indígena y, por lo tanto, al estar directamente relacionado a las comunidades. A diferencia de los corregidores coloniales, quienes eran los jefes políticos de grandes provincias este es, en el siglo XIX, un personaje que ve achicadas sus fronteras al cantón donde cobraba el tributo y recibía privilegios consistentes en terrenos reservados para ellos y turnos para trabajarlos. El establecimiento de la ley de septiembre de 1831 les otorgo el 1% de la recaudación provocando que el puesto sea apetecido por los vecinos51. Este dependía directamente del subprefecto de la provincia y a su vez del prefecto del departamento y entre sus atribuciones estaba la vigilancia de los alcaldes parroquiales de los cantones y de los alcaldes de campaña. Así, aunque era un personaje de menor categoría, resulta clave por la influencia que tenía en sus dominios y por el odio que le tenían los indígenas. Un ejemplo esta en el reclamo de Vicente Mamani en octubre de 1885:

“Nuestro reclamo se refiere a que el corregidor de un pueblo es el verdugo más incapaz de la pobre raza indígena y que conviene su abolición o supresión de este funcionario que lejos de ser una garantía en el buen régimen y administración local es mas bien una rémora a las buenas disposiciones del gobierno supremo”52

A pesar de ser conocido como uno de los personajes más explotadores de las comunidades, paradójicamente, el corregidor podía también ser un aliado de los comunarios en circunstancias que les afectaba a ambos. El ejemplo concreto podemos verlo en las alianzas que, con motivo de la puesta en marcha de la Ley de Exvinculación, se dieron en muchos lugares entre los corregidores y los jilacatas de las comunidades con la finalidad de no dejar entrar a las mesas revisitadoras. No hay que

51 Víctor Peralta y Marta Irurozqui. Por la concordia, la fusión y el unitarismo. Estado y caudillismo en

Bolivia 1825-1880. Madrid, CSIC, 2000, p. 228.

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32 olvidar que al corregidor no le convenía los nuevos cambios modernizadores de la élite ya que este se sostenía, como muchos miembros del poder local, en relaciones de carácter tradicional como es el caso del cobro de los tributos. Por esta razón, no es extraño encontrar a este personaje confabulando con vecinos y autoridades para mutuo beneficio. Es también importante advertir que en lugares alejados en donde las autoridades del Estado no se encontraban bien representadas, el cargo de corregidor podía incluso ser ejercido por los miembros de los antiguos linajes, por propios indígenas, o ser sugeridos los nombres por éstos:

“Los segundas Antonio Mamani y Mariano Choque de las parcialidades del cantón Jesús de Machaca, provincia de Ingavi, en consorcio de los doce ilacatas representantes de los doce ayllus o estancias ante los respetos de Ud. decimos que se corren rumores que el señor subprfecto trata de destituir al corregidor de nuestro cantón, Cansio Estrada del empleo que ejerce, seguramente por chismes de algunos vecinos o indígenas de la causa contraria pretenden hacer valer sus calumnias apoyados nada mas que en la mentira, por ello apelamos ante Ud para la continuación del corregidor que reclamamos por ser el único de nuestro pueblo que puede desempeñar ese cargo” 53

El párroco era otro de los hombres importantes dentro de las redes tejidas en el poder local y aunque la influencia de la iglesia estaba bastante disminuida en el siglo XIX, este personaje tuvo suma importancia en la vida cotidiana, privada, espiritual y política de las diversas localidades rurales. Al ser el pueblo rural el punto de contacto donde las culturas mestiza e indígena se encontraban el cura del pueblo se convirtió en una especie de referente de unión entre indígenas y vecinos. Una de las prácticas más visibles del papel de la iglesia era la organización de las festividades realizadas para tal o cual santo en la mayoría de los pueblos. Las fiestas jugaron un papel vital para la iglesia y para los habitantes del área rural. Estas eran no sólo aceptadas sino

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33 patrocinadas por la propia iglesia debido al movimiento económico y el status que implicaba para el encargado de la fiesta o alférez y para la población devota.

Debido a la importancia del párroco como el promotor de los acontecimientos más importantes del pueblo no es raro encontrarlo tomando partido en disputas locales, en problemas familiares o a favor de tal o cual candidato, llegando algunos a incursionar en política. Su influencia generaba conflictos puesto que, por ejemplo, era común que se llevara mal con otras autoridades debido a una especie de pugna por el control de los beneficios otorgados por las comunidades. No hay que olvidar que este personaje vivía de los matrimonios, bautizos y diezmos. El párroco era además una persona muy criticada por intelectuales y políticos, especialmente por los liberales que se decían anticlericales. Por ejemplo, Rigoberto Paredes nos da su opinión sobre los párrocos:

“Los curas rurales eran los culpables de toda suerte de vicios y abusos acumulaban riqueza por medio de la usura, mediante servicios pagados pero no hechos o llevando a cabo un solo servicio a nombre de muchos pagados por diferentes individuos. Colaboraban con el corregidor para obtener trabajo gratuito o multaban arbitrariamente a algunos individuos desobedientes”.54

Ahora bien, a partir de 1880 las prácticas como el clientelismo político, el compadrazgo y el matrimonio adquirieron mayor racionalidad debido a la modernización del Estado y a la constitución de los partidos políticos. Por eso es importante resaltar el papel de los cargos políticos dentro del área rural. El hecho de formar parte de un partido político, de la burocracia estatal o del poder municipal en la provincia exigía a los vecinos entablar redes de poder más o menos estrechas con

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