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El aspecto vertical

In document La Exploracion de La Adoracion (página 51-53)

La razón primordial de la adoración es ministrar al Señor. I actitud básica del adorador no es «Bendíceme, Señor», sin «Bendeciré al Señor». La mayoría de los creyentes afirm que ese no es un concepto extraño y, con todo, hay que admit que, a veces, los creyentes al regresar a casa de un culto d adoración se quejan porque la adoración no los afectó tant como en la semana anterior. Si alguien les pregunta cómo fu el culto de adoración, podrían responder «Pues, en la escala d uno a diez, lo pondría como en cinco». Si el propósito princ" pal de la adoración es bendecir y glorificar al Señor, entone ¿por qué disgustarse cuando parece que no bendice al cr yente? La cuestión no es si el culto de adoración me bendijo mí, sino si bendijo a Dios. No es lo que pensé yo del culto d adoración lo que cuenta de veras, sino lo que Dios pensó de él ¿En qué punto estaba en su escala de uno a diez? ¿Lo aprobó ¿Se agradó él del sacrificio de alabanza de la congregación? Concedido que cuando se bendice al Señor se reciben ben diciones también. Hay un dicho coreano que es:

«Si quieres echarle lodo al rostro a otro, debes primero enlodarte las manos».

EXPLORACIÓN DE LA A D O R A C I Ó N

Señor. No lo consideré un cumplido, pues me di cuenta d que, al tocar el piano, había distraído a otros de su ministeri primordial al Señor. Así mismo, la gente debe evitar la ten dencia a distraerse con la admiración del talento de las perso ñas que participen en el culto de adoración. Su talento 9 expresa exclusivamente como un estímulo para dirigir al ado rador hacia Dios.

A veces, uno se halla pensando: «El director del culto n está en el Espíritu hoy». Es muy fácil convertirse en analiz dor de la adoración, como si el creyente fuera un expert conocedor de los cultos de adoración, y pasar por alto ministerio celestial. Uno puede ser el detective espiritual m agudo de todos los tiempos para observar todos los punt débiles del liderazgo, e imaginar la solución perfecta, pero descuido en la adoración desagrada a Dios. No hay que perm tir ni siquiera que el llamado ministerio de discernimiento s"' un estorbo a la bendición debida al Señor.

¿Qué le puedo dar a Dios para que me recompense? ¿Q puedo ofrecerle que no tenga ya? Por asombroso y marav lioso que parezca, las Escrituras dicen que el creyente tie algo que puede traerle a Dios: su alabanza y su bendición. U puede bendecir al Señor. ¡Qué asombroso que una criati como yo pueda bendecir al Señor Dios Todopoderoso! comprendo cómo pueda ser posible eso, pero opto por creerl Por tanto, debo aprovechar con frecuencia ese bendito privil gio para ministrar al Rey de reyes y Señor de señores.

También se adora para percibir mejor la presencia man fiesta de Dios. Las Escrituras revelan que Dios está en to ' lugar a toda hora, pues es omnipresente, pero también que h diferentes puntos en los cuales Dios manifiesta su presenci Se manifiesta «donde están dos o tres congregados», pe cuando un grupo de los hijos de Dios se congrega para cant sus alabanzas gloriosas, él «habita» en esas alabanzas y revé su presencia de modo especial entre su pueblo que lo ala (véase el Salmo 22:3).

EL PROPÓSITO COMPLETO DE LA ADORACIÓN...

Éxodo 33 registra una conversación interesante que Moi- sés tuvo con Dios. En ese encuentro divino, se le dio a Moisés una visión única del Señor que ningún otro hombre ha tenido jamás. Dios cubrió a Moisés con la mano en la hendidura de una roca, y luego quitó la mano para mostrarle la espalda. Antes de ocurrir eso, el Señor le había prometido a Moisés: «Mi presencia irá contigo, y te daré descanso». Entonces Moi- sés le dijo:

«Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí. ¿Y en que se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?» ( w . 14-16).

En la actualidad se puede hacer la misma pregunta: ¿Qué distingue a la iglesia del mundo? ¿En qué se diferencian los cultos congregacionales de las reuniones de cualquier otra organización social? ¿Será porque los creyentes están conten- los y tienen buenas relaciones? Los miembros de los clubes sociales también están contentos y tienen buenas relaciones. I ,a diferencia está en la presencia de Dios. Si la presencia de I )ios no está en los cultos de adoración, más valdría despedir a los asistentes. Sin embargo, cuando los pecadores perciben la presencia de Dios en la iglesia, saben que en ella hay algo diferente.

Lucas 5:17 se refiere a una ocasión en la cual «el poder del Señor estaba con él para sanar». En la presencia de Dios se lévela su poder. Cuando los adoradores de Dios perciben su presencia, deben esperar un flujo muy grande de su poder. Hay liberación, purificación, plenitud del Espíritu Santo y mucho más cuando Dios está presente en poder. Una vez leí ipie cuando cierta iglesia tuvo dificultades con su sistema rléctrico, pusieron el siguiente aviso en la cartelera: «Debido

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a la falta de energía eléctrica, no habrá culto de adoraci hoy». En muchas iglesias se podría cambiar eso un poco p* decir: «Debido a la falta de adoración, no habrá poder en 1 cultos de hoy».

La tercera razón de la adoración congregacional en aspecto vertical es suministrar un ambiente para la expresi de los dones del Espíritu y varios ministerios espirituales. L dones del Espíritu se asignan según la voluntad soberana Dios, y las alabanzas de la congregación no persuaden a Di a que entregue sus dones. Con todo, el culto de adoración p: vee un ambiente muy propicio a las operaciones de los don del Espíritu. Sin el ambiente de adoración los dones rara v se presentan, pero en él, el Espíritu puede funcionar con m libertad.

Las profecías, por ejemplo, casi no se presentan al princip1

de los cultos de adoración. No es algo accidental. Primero adora, y luego los ministerios espirituales comienzan a oper No es que al principio del culto, Dios no está dispuesto a proff tizar a su pueblo; más bien, el pueblo a menudo no está lis para recibir lo que él tiene para decir. Dios tiene mucho p decir a su pueblo, pero espera hasta que sus hijos estén list para recibir su mensaje. En tanto que el espíritu del creyen pueda percibir al Espíritu de Dios en la adoración, estará lis para moverse en los dones del Espíritu. Por último, la igles;

adora para abrir los canales de comunicación entre ella y Dio Los cristianos pueden parecer engañosamente espirituales co su traje dominguero, pero por dentro quizás se sientan separ dos de Dios. Algunos tal vez no hayan orado, adorado hablado a Dios desde el último culto al cual asistieran. Serí sorprendente saber cuántos cristianos olvidan leer la Biblia pasar tiempo en oración en una semana dada. Otros pued venir a una reunión atormentados por el sentimiento de culp y la depresión nerviosa. El culto de adoración les da la oport~ nidad de hallar nuevas fuerzas en la presencia de Dios.

A la iglesia le puede faltar mucha comunicación con Señor. Él anhela su tiempo y atención, pero ella a menudo est

demasiado ocupada con la vida. Hay un versículo hermoso en ('antar de los Cantares de Salomón que descubre el corazón de I Hos:

«Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto» (Cantares 2:14).

El Señor llama a la iglesia «paloma mía» porque la paloma es nerviosa y se atemoriza con facilidad. En este versículo el Señor dice que su iglesia, o su paloma, se oculta «en los aguje- ros de la peña». De veras, los creyentes a veces quisieran ocul- tarse de Dios. Temen hacerse vulnerables a su mano delicada. I lay como una nota de ruego en su voz al decir: «Muéstrame lu rostro, hazme oír tu voz». A muchos creyentes diría el Señor: «Muéstrenme su rostro» cuando agachan la cabeza en el culto de adoración, cargados de cuidados y preocupaciones, ííl les levanta la cabeza a sus hijos (véase el Salmo 3:3). Dios lambién dice: «Déjenme oír su voz», pues algunos tienen miedo de alzar la voz más allá de un murmullo, por temor de que alguien los oiga. Dios se deleita en oír la voz de sus hijos. Quiere que se descubran y den expresión a sus sentimientos en NU presencia.

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