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Las rutinas en la adoración

In document La Exploracion de La Adoracion (página 82-84)

Uno quisiera por supuesto que todos los cultos de adoración realizaran sin dificultades ni tropiezos. Alguien ha dicho q «los cultos sin contratiempos son a menudo los de más profi didad espiritual». Con frecuencia eso es cierto, pero no sie pre. Cuando el Espíritu Santo se mueve en la congregación modo soberano y la alabanza y la adoración son vibrant tales cultos son suaves y fluidos porque los lubrica la gu divina del Espíritu. Sin embargo, no todos los cultos proced con tanta suavidad y facilidad. A veces parece que el Espíri se ha ido de vacaciones, y el director tiene que defende solo. ¿Qué se debe hacer entonces?

El manejo de tales situaciones mejorará si el director co prende que, a veces, Dios a propósito lo hace pasar por tie pos difíciles en los cultos de adoración. No lo hace para p vocarlo ni para verlo pender de un hilo sin socorro, sino po que quiere levarlo a dimensiones más nuevas y completas él. En ocasiones, Dios causa a propósito un culto de adoraci terrible. Aunque el director ayune y ore toda la semana, p horas en preparación, y tenga a todo el equipo de adoración la iglesia para una hora de oración antes del culto, el plan Dios para ese día puede ser que el culto de adoración sea ab rrido. Lo hace para mantener al director dependiendo de él. demasiado fácil que los directores de adoración confl demasiado en su experiencia, y que la congregación se relajo contente con su nivel actual en la relación con Dios en la ad ración. A veces, Dios detiene al director para mostrarle que adoración no ocurre mediante las capacidades ni costumb

EXPLORACIÓN DE LA A D O R A C I Ó N EL ARTE DE DIRIGIR LA ADORACIÓN

la iglesia llega a cierto éxtasis espiritual o emocional y se va satisfecha, el director consideró eso como éxito. ¿Es posible que el director pueda dominar el arte de poner a la congrega- ción en estado de euforia espiritual, mientras evita un encuen- tro verdaderamente revolucionario con Dios? Hay que dejar a un lado la tentación de sentirse feliz cuando la congregación lo está. El director debe estar satisfecho solo cuando Dios se complace en a adoración de la iglesia.

En ocasiones es apropiado hacer algo revolucionario en la adoración, pero también es conveniente evitar cambios radi- cales en el culto. Cuando el Espíritu Santo dirige la reunión, lodo trasciende con suavidad. Tal vez haya tiempos ásperos al principio, pero una vez que el Espíritu está encargado, el culto de adoración avanzará suavemente en armonía y orden her- mosos. En la Biblia, se compara al Espíritu con el viento, el agua y el óleo. Esas metáforas son apropiadas porque el Espí- ritu fluye con mucha suavidad. Los creyentes también pueden aprender a fluir suave y fácilmente con el Espíritu Santo.

¿Ha visto el lector alguna vez un águila o halcón que extiende las alas y asciende sin agitarlas? Lo hace al hallar una corriente ascendente de aire cálido que le permite remontarse. Muchos cultos de adoración parecen entrar en una corriente térmica espiritual que le permite a la congregación ascender en la adoración, al parecer sin esfuerzo. En otras ocasiones, parece que se gastan cantidades enormes de energía en el intento de entrar en la adoración. Sugiero que las razones de eso pueden ser más emocionales que espirituales. Dios no es varia- ble; no está animado en un culto y desanimado en el siguiente; ni el Espíritu se entusiasma una semana y a la siguiente no quiere impartir energía la adoración. Dios no juega a las escondidas con la iglesia. Son los creyentes los variables, que se entusiasman un domingo y son indiferentes al siguiente. Ese es el problema de la fluctuación de las emociones.

Bien puede haber causas espirituales en algunos casos, y los directores de adoración deben ser guiados por el Espíritu para discernir si los obstáculos las tienen. Cuando las personas Puede ser que el director reconozca que el culto fluye con

suavidad en la buena y vieja rutina de la iglesia. Sería mal fácil quedarse en la rutina y cantar lo esperado que cubrí ríl bien el problema, y la congregación puede una vez más pasar" suavemente sin enfrentarse a Dios; pero quizás Dios haya lie» vado al director al punto de sentirse cansado de encubrir el problema con otro corito, y tenga más bien el deseo de experi- mentar un movimiento real del Espíritu. En tal situación habr un tiempo difícil de transición. Alguien sin duda querrá tom el control en una de esas ocasiones, o dirigir un canto o un oración, pero se debe animar a los hermanos a esperar silencio a que el Señor indique una dirección clara.

Tales tiempos de silencio asustan a la mayoría de las igl sias, pues implican que los directores no saben qué van hacer. Y eso es cierto. El director podría escoger un canto demostrar su capacidad para controlar el culto (y la mayor! lo hacen), pero cuando se decide esperar a Dios, hay qu estar dispuesto a pasar por los tiempos difíciles para oír l voz del Espíritu. A veces, el director avanza tan bien en í canal de adoración que no se detiene a oír lo que «el Espírit dice a la iglesia». Se requiere mucha sinceridad y humild para admitir delante de la congregación que, aunque se tie un culto de adoración suave, la iglesia no se mueve en el pod del Espíritu. La mayoría de los directores no están dispuest a admitir que su rutina de adoración les ayuda a pasar de larg frente a Dios. Si se tiene bastante valor para detener la rutina se es bastante sincero para invocar a Dios, él se reunirá con l congregación de una manera nueva y divina. Tal vez el Esp ritu dirija a un cambio de clima en el culto, quizás pidiendo la congregación que ore de rodillas. Si lo hace nada más, p: lo menos despertará a la gente. El valor le una ocasión difíc como esta es que hace que todos se den cuenta de la rutina y d su necesidad de Dios.

La mayoría de los directores de adoración parecen preoc" parse más del sentimiento general de la congregación en cuan al culto de adoración que de lo que Dios siente al respecto.

EXPLORACIÓN DE LA ADORACIÓN

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EL EQUIPO QUE DIRIGE

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