Un buen director con una personalidad dinámica puede produ- cir un nivel elemental de alabanza, pero la alabanza no ascenderá más mientras se funde en la personalidad humana. Hay que tener la influencia de la energía de la personalidad de Dios. Eso no significa que el director no deba hacer nada para provocar la alabanza en la iglesia. El método del director de
EXPLORACIÓN DE LA A D O R A C I Ó N EL ARTE DE DIRIGIR LA ADORACIÓN
157 adoración se puede resumir en esto: Tomar el control pa
luego perderlo.
Obsérvese que uso «control» con el sentido de dirección de estar encargado, no de manipulación a la cual ya se hi referencia. La diferencia es grande.
Es esencial que el director tome el control del culto desd el principio, para calmar a la congregación y hacerle saber qu alguien está encargado y cómodo en la dirección. Si el diré tor se levanta y dice: «Esta es la primera vez que dirijo la ad ración, y estoy muy asustado. Oren por mí, y sé que Dios no ayudará a salir de esto», entonces habrá perdido antes d comenzar. La congregación le tendrá pesar y lástima, pero n adorará y solo lo mirarán para ver su desempeño. Si la iglesi ha de adorar, debe estar tranquila y saber que el culto tiene u dirección fuerte y confiada.
El director debe tomar el control para que el culto comienc bien y con una dirección clara. Ha pasado tiempo en oració durante la preparación, y debe tener confianza en la mane" como piensa que el culto debe comenzar. Si el culto n comienza con una dirección fuerte, tal vez vacile hasta el fin, La gente necesita ánimo y estímulo para alabar, lo cual debe hacer con confianza y optimismo.
El Espíritu Santo da la comisión a los directores de ador ción para que sean instrumentos que él pueda usar para diri a la iglesia. Aunque Jesús es el único y verdadero Pastor de 1 ovejas, también ha dado la comisión a pastores y director para que pastoreen las ovejas. Y aunque el Espíritu es el único verdadero Director de Adoración, ha llamado a ciertas perso ñas para que dirijan la adoración bajo su supervisión y direc ción. Dios se propone emplear el liderazgo humano, d manera que no actúa independientemente de los director humanos. Por eso, si se ha de dar liderazgo al culto de ador ción, el director debe hacerlo. No es llamado a controlar, sino dirigir. El director no debe vacilar, parecer confuso o inciert ni sentirse intimidado por su papel de líder. Hay que dirigir, ini ciar y guiar el culto con confianza y fortaleza. El director deb
recordar que el Espíritu del Señor está sobre él y lo ha ungido (véase Isaías 61:1). La congregación anhela que alguien dirija porque quiere seguirlo.
Por lo tanto, aunque los párrafos siguientes se refieren a la pérdida del control, no es porque el director sea débil, vaci- lante y de carácter frágil. En realidad, el director es confiado y decide, a propósito, rescindir su capacidad para manipular el culto de adoración.
Con la experiencia, los directores novicios aprenden a tomar el control del culto, y la mayoría aprenden con el tiempo a tomar buen control del principio del culto; pero solo unos pocos aprenden el secreto de perder el control después, lo cual es el secreto de la adoración verdadera.
Aun cuando un director entusiasta pueda estimular la ala- banza, la adoración es la respuesta del espíritu humano al Espíritu de Dios. Ningún estímulo del director de adoración hará que los hermanos adoren si el corazón de ellos no está bien delante de Dios. El Espíritu de Dios se moverá en su corazón si el director está dispuesto a renunciar al control del culto y dárselo al Espíritu. Hay que rendir el control humano del culto para que el Espíritu se mueva con libertad.
Mientras se mantengan el liderazgo y el control humanos del culto de adoración, lo único que se tiene es un culto diri- gido por el hombre. Cuando se rinde el control del culto al Señor, se tiene un culto con dirección divina. Obsérvese que no dije que se tendrá un culto controlado por el Espíritu. La Biblia no habla del control del Espíritu, sino del control de sí mismo. Dios llama a sus hijos para que sean guiados del Espí- ritu. Si tienen un control debido de sí mismos, entonces pue- den proponerse a tener la guía del Espíritu. El Espíritu los capacita para mantener el «yo» bajo control en vez de permi- tirle que controle, y una de las características de una vida con dominio de sí es la capacidad para moverse con la sensibilidad a los impulsos suaves del Espíritu Santo.
No se da el culto al control del Espíritu. Él nunca trata de controlar a los creyentes. Si el Espíritu no quiere controlar la
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reacción de los Santos, ¿cómo se atrevería el director de ado- ración a hacerlo? Los directores deben tomar el control del culto al principio, pero no el control de la congregación. Des- pués que el culto esté en marcha, no obstante, el director deba; renunciar al control humano del culto y someterlo a la direc- ción del Espíritu.