I )ospués de considerar la relación vertical entre el adorador y I )ios, y la horizontal entre los adoradores, se tendrá en cuenta ahora lo que la adoración realiza en el interior del creyente.
Primero: Da libertad al pueblo de Dios para expresar, sin inhibiciones, su ser interior. La expresión clave aquí es «sin presencia en medio de sus hijos, los incrédulos quedan cau
vados por el poder convincente del Espíritu Santo y se acere al Señor.
Algunas iglesias casi dan la impresión de ver que todos I que entren sean cristianos. Entonces cuando todos están reu dos en un pequeño círculo, se cierra la puerta y se bajan 1 cortinas para comenzar el culto de alabanza. Al contrario, h que abrir las puertas de la iglesia, alzar las cortinas, abrir 1 ventanas, darle más volumen a la música y cantar las alab zas al Señor delante del mundo.
En Oseas 6:11 dice: «Para ti también, oh Judá, está prep rada una siega». Como Judá significa «alabanza», el Sen decía que los alabadores recogerían la cosecha. Una igles evangelista, próspera y grande, no tiene cultos de adoraci mediocres, porque cuando la iglesia alaba recoge la cosecha almas. La alabanza es evangelística y tiene el propósito atraer almas a Dios. Los gerentes de ventas actuales han apr dido algo que Dios ya sabía, y es que la propaganda comerci da buenos resultados. Al alabar, la iglesia anuncia su fe mundo. Les habla a otros acerca de la bondad, fidelidad, san dad, justicia, misericordia, ternura, amor y otras caracterís cas de Dios. No hay mejor manera de hablar a los inconvers acerca de Dios Todopoderoso, a quien la iglesia sirve. Al el var las alabanzas a Dios, la congregación está segura de que cosecha señalada vendrá.
Como consideración final, la alabanza y la adoración s propicias para la receptividad de la Palabra de Dios. Les preguntado a muchos pastores: «¿Les parece más fácil pre car después que la congregación haya comenzado con la ad ración?» La respuesta siempre es afirmativa. En primer lug después que el pastor haya adorado con su congregación, t drá una mayor percepción de la presencia ungida del Espíri pero lo más importante es que, al adorar, las personas estar más dispuesta a recibir la Palabra de Dios.
Hay una frase en Oseas 10:11 que dice: «Arará Judá». alabanza ara el suelo del corazón del creyente para preparar
EXPLORACIÓN DE LA ADORACIÓN EL PROPÓSITO COMPLETO DE LA ADORACIÓN...
inhibiciones». El Señor desea que se le adore sin reservas impedimentos internos.
La adoración sin inhibiciones no toma ninguna forma ext rior especial, pero permite que el creyente sea tan transparent delante del Señor como lo será en el cielo.
Parece que los cristianos tienen a veces la capacidad d crear barricadas que los separan del Señor y entre sí. El Salm 24:7 dice:
«Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria».
¿A cuáles puertas se refiere el salmista? A las puertas d corazón, a las barreras que cada uno pone por dentro. La cu tura enseña a que uno se proteja. La sociedad condiciona a 1 personas a levantar muros de inseguridad que las separe d que quiera acercarse. Cuando Dios quiere explorar el coraz' del hombre, las barreras se levantan por instinto. Si el creyen está dispuesto a quitar esas puertas antiguas que ponen ba cadas en el corazón, el Rey de gloria entrará.
La adoración también suministra una expresión verbal los sentimientos del corazón. Hay creyentes que siempre ti nen dificultad para expresar sus sentimientos al Señor. Pue ser difícil expresar lo mucho que Dios significa para uno. tales casos, la adoración congregacional da la ayuda que creyente necesita para expresarse. Existen muchos himnos coritos escritos por poetas y autores de diferentes épocas q tenían un talento especial para expresarse con la pluma. Gr cias a Dios por hombres como Carlos Wesley, que dejó m herencia enorme a los cristianos en sus cantos grandiosos q se han conservado a través de los años. Al cantar aquell excelentes himnos de la iglesia, el creyente descubre un voc bulario para expresar sus sentimientos; las palabras selectas
acoplan a una melodía hermosa, y el himno se convierte en una expresión significativa del corazón al Señor.
Como tercer elemento de las ramificaciones internas de la adoración, se ve que la adoración aumenta la fe del creyente. Cuando Jesús se apareció a sus discípulos después de la resu- rrección, «cuando le vieron, le adoraron; pero algunos duda- ban» (Mateo 28:17). Lo triste es que mucha parte de la adora- ción del creyente también se mezcla con la duda; pero la ala- lianza y adoración de Dios es una manera de aumentar la fe. Se sabe que la fe viene por oír la Palabra de Dios. A menudo cuando el creyente alaba a Dios, expresa la Palabra ele Dios aprendida. Al comenzar a confesar la Palabra de Dios en alabanza, y a confesar a Dios por ser quién es, el creyente descubre que su fe se eleva al nivel de su confesión. De veras erce que Dios es tan grande y maravilloso como su alabanza lo indica. Este mundo sería diferente si los cristianos de todos los lugares creyeran, de verdad, que Dios es tan maravilloso y digno de reverencia como lo afirman al cantar. Se debe permi- tir que las alabanzas a Dios ensanchen la fe de los creyentes. Al adorar, el creyente también crece en santidad. «Santo» es el adjetivo que mejor describe a Dios, y su santidad debe I legar a ser parte de la vida del creyente por medio de la adora- ción. El Salmo 115 habla de los dioses falsos de los paganos, los cuales no pueden ver, oler, caminar ni hablar. Entonces añade que «semejantes a ellos son los que los hacen» (v. 8). Aquí se aprende un principio valioso: Uno se vuelve seme- jante a lo que adora. También es cierto para el cristiano, pues
al adorar al Señor se vuelve semejante a él.
Los creyentes que pasan bastante tiempo con el Señor serán como él. Algunas parejas han estado casadas tanto I iempo que llegan a parecerse hasta en la manera de caminar y hablar, y en su aspecto físico. ¡Ojalá que los creyentes tuvie- ran esa calidad de relación con el Padre!
Segunda de Corintios 3:18 es un versículo hermoso sobre la adoración:
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cuando los santos se reúnen en asamblea feliz, los músicos locan los instrumentos y todo el mundo está unido en alabanza gloriosa; otra cosa es vivir en la adoración durante la semana, sin música y cuando ya se ha olvidado el ambiente cargado de espiritualidad de la iglesia. La adoración congregacional tiene el propósito de ayudar a inspirar al creyente a llevar una vida armónica de adoración toda la semana. Cuando la adoración tlel domingo es vibrante y real, el creyente toma nuevo ímpetu para seguir así durante la semana. El culto de la iglesia es tiempo de práctica; afuera en el mundo se descubre de veras si so aprendió la lección.
Por último, la adoración prepara al creyente para la pró- jima cosa que Dios quiere hacer. Sin duda, Dios sigue haciendo cosas nuevas (véase Isaías 43:19), y quiere preparar a sus hijos para que se muevan con él en su obra. ¿Qué impide que Dios envíe el derramamiento final que verá la culmina- ción de los siglos? Dios prepara gente (véase Lucas 1:17). I )ios prepara a su pueblo, pero la iglesia necesita cooperar con él para que se cumpla su voluntad.
La alabanza y la adoración tienen efectos preparatorios. «El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios» (Salmo 50:23).
La adoración ablanda el corazón del creyente y le da sensibi- lidad a su espíritu, para que cuando Dios se mueva, él lo sepa. ('uando Dios hace algo nuevo, a menudo viene de manera ori- ginal e inesperada. Si el creyente no está en armonía con el lispíritu Santo, puede rechazar con facilidad la cosa nueva que I )¡os quiere hacer; pero si lo contempla incesantemente en la adoración, verá cuando él se mueva y en qué dirección va.
Es posible que la iglesia sepa lo que Dios hace en la tierra en la actualidad. El escritor del Salmo 73 se quejaba de que el malo parecía prosperar y el justo parecía sufrir:
«Por tanto, nosotros todos, mirando a cara des- cubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor». Cuando el creyente adora con el rostro levantado, de ver refleja la gloria del Señor, y así va cambiando poco a poc pareciéndose más al Dios santo a quien adora.
Alguien podría decir: «Pues la adoración no me cambi Salgo de la iglesia lo mismo que cuando entré». Si la ador ción no cambia la vida de una persona, la razón es que esa pe sona no se ha quitado el velo del rostro delante de Dios. Lo que bajan las barreras interiores y derraman su coraz1
delante de Dios, con lágrimas de arrepentimiento y contrició conocerán la adoración que cambia la vida.
La Biblia da al creyente la seguridad de que: «cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1 Juan 3:2). Adorar es ver al Señor. Y cuando el creyente lo vea en aqu día, será semejante a él. No creo que este versículo hable excl sivamente del más allá. También da la promesa y garantía que si el creyente lo ve hoy en la adoración, será semejante él. Es conveniente mantener el objetivo claro en la ment Quizás el cristiano se vea tentado a desesperar en su vida, si n tiene el aliento de saber que se está transformando a la imag de Cristo. El final del libro de Apocalipsis es muy animado porque muestra al creyente la belleza del producto final, L esposa perfeccionada. Juan describe a la gloriosa esposa d Cristo como «diáfana como el cristal» (Apocalipsis 21:11); di fana, sin sombra de pecado, completamente sin mancha en santidad del mismo Dios. Ese es el destino divino del adorador.
La adoración también inspira una consagración mayor la vida de adoración. Una cosa es adorar en la congregació
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«Cuando pensé para saber esto, fue duro tra- bajo para mí, hasta que entrando en el santua- rio de Dios, comprendí el fin de ellos» (Salmo 73:16-17).
Al ir al santuario de Dios, el salmista comprendió. Y así lo creyentes comprenden hoy día los caminos de Dios, median la adoración en su santuario, en la congregación. Cuando lo hijos de Dios se congregan para adorarlo, uno viene con mensaje, otro con una exhortación u otro con una profecía; el cuadro surge y toma forma. Al reunir las contribuciones todos los santos de la congregación, la iglesia aprende acere de lo que Dios dice y hace en la tierra en el presente.